Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dijous, 14 d’octubre de 2010

LA VENTANA DE AMSTERDAM

(Prometo, aunque pueda parecerlo, que este tema no me lo inspiró Fátima con su entrada reciente. Quedé estupefacto cuando la leí, porque yo acababa de redactar esta. Suelo redactarlas y dejarlas en la nevera, esperando en forma de borrador el momento justo para corregirlas, ilustrarlas y sacarlas. La entrada de Fátima me confirmó que estamos unidos por un hilo invisible. Por mucho que sepa eso desde hace tiempo, jamás dejará de sorprenderme. Aprovecho, eso sí, para llevaros a su blog, tranquilo, íntimo, elegante, personal. Un beso, Fátima. Y que siga la telepatía.)

Hace algunos años estuve en Amsterdam. No voy a contar ahora el viaje, no voy a traer postales. Pero sí que deseo explicar una impresión de aquellos días.

Hubo mucho. Las bicicletas, por ejemplo. En aquellos años en las ciudades españolas no habíamos asistido al impulso descomunal de la bicicleta como medio de transporte. Ahora no me sorprendería; en aquellos días, la falta de costumbre me dejó boquiabierto. Jamás había visto tantas bicicletas juntas.
Luego me sorprendieron los coffee-shops, donde una abuelita encantadora entró a buscar sus madalenas de maría para compartir con las amigas. Me sorprendió también que pudieras comprar costo a la carta: hachís de diferentes denominaciones de origen, como el vino.

También el barrio rojo, con las putas en los escaparates, espatarradas con el parrús asomando bajo las minúsculas braguitas. No es mi intención ahora hacer una valoración moral. Sólo digo que me sorprendió. Como me sorprendieron las actitudes respetuosas que todavía no habían llegado aquí: ahora en Barcelona las parejas de gays y lesbianas pasean cogidos de la mano y no pasa nada. En aquellos años recuerdo que no estábamos tan acostumbrados y ver una pareja de abuelitas lésbicas en el Vondelpark, tiernamente de la mano, me gustó muchísimo. No en vano en Amsterdam existe el Homomonument, el monumento a los homosexuales.

También en Amsterdam vi, por primera vez, una iglesia convertida en museo. Cuando quise visitar la Catedral me avisaron de que hoy ya es una pinacoteca y que no está abierta al culto. De hecho, qué poco culto hay en Amsterdam y qué tranquilos viven...

Me sorprendió, cómo no, el silencio, esa manera de hablar que tienen, silenciosa y discreta. Me sorprendió el silencio de las calles, de los mercados, de los entornos. El sur es vocinglero y, a veces, faltón.
Todo ello me impactó porque era inusual en Barcelona. Hoy ya no. Culto, cada vez menos. Gays, cada vez más. Lo mismo que las bicicletas. El ruido sigue más o menos igual, aunque seguramente hay más. Siguen sin estar las putas en un escaparate y sigue siendo ilegal fumar droga en locales públicos.

Pero de Amsterdam me sorprendió otra cosa que no creo que llegue a la Península. Yo había visto que no había casi cortinas. Pasabas por la calle y con tan solo mirar dentro de los grandes ventanales de los pisos bajos veías a la familia comiendo, charlando, mirando la televisión. Nadie se escondía, porque seguramente nadie se sentía observado.

Teníamos el hotel en la zona del parque. Era finales de julio. Estaba en el hotel, fumando, asomado a mi ventana, mirando a la calle. Entonces vi, enfrente, una familia que cargaba el coche y se iba, presumiblemente de vacaciones. Cerraban su casa. Las luces. Y se marchaban dejando su casa protegida sólo por los cristales.

Porque las ventanas de Amsterdam no sólo no tenían cortina, sino que además las ventanas de los pisos bajos no tenían rejas. La familia que se marchaba apagaba las luces y se iba, seguramente de vacaciones, todo el mes de agosto. Dejaba su casa cerrada pero a la vista de todo el mundo. Yo, que provenía de una sociedad en la cual si me ausentaba una semana debía pedir a la vecina que me vaciara el buzón para que los cacos no vieran que el piso estaba cerrado, me sentí inmediatamente fascinado. ¿Cómo no fascinarme por un norte que respeta, que no cotillea, que no violenta, que no roba? Eso es lo que vi. Un ladrón, de una pedrada, hubiera podido entrar directamente a su salón. Pero la familia, a juzgar por su tranquilidad, parecía no barajar esa posibilidad.

Y hoy se me ha ocurrido mirar por ese juguete divertido que es Google maps, preguntándome si los vecinos que se fueron de vacaciones han puesto rejas en sus ventanas. No, todavía no. Alguno, por lo que observo, ha puesto cortinas, señal de que algo está cambiando lentamente. Pero rejas en los pisos bajos no, solamente en los sótanos como ya había entonces.

Por eso me fascinó el norte. Y frente al sur, orgulloso y acrítico, reivindico una sociedad segura, madura y respetuosa. Mira que me gusta el sur, a rabiar incluso. Pero yo, qué queréis, aspiro al norte.

38 comentaris:

MAMÉ VALDÉS dijous, 14 d’octubre, 2010  

Estoy totalmente de acuerdo con esta entrada tuya, visité Amsterdam en 1993 y la describes perfectamente, es de los lugares que volvería sin dudarlo, a parte de los edificios, los paisajes, los canales, su cultura y sobre todo por la mentalidad que tienen los que allí viven. Para lo bueno o lo malo estamos como se dice siempre a años luz je je je

mariajesusparadela dijous, 14 d’octubre, 2010  

Efectivamente, el blog de Fátima es una preciosidad.

Dilaida dijous, 14 d’octubre, 2010  

Nunca estuve en Amsterdam pero mi hija mayor si estuvo y vino tan impresionada como tú de todo eso que cuentas.
Bicos

Jose Vte. dijous, 14 d’octubre, 2010  

Yo nunca he estado en Amsterdam, pero es verdad que tienen fama de saber apreciar la libertad y respetarla.
Esos son valores de los que en Españas podríamos aprender algo, aunque ese detalle que cuentas de las cortinas que empiezan a ponerse, hablan de la globalizacion mundial que se está produciendo.

Curiyú dijous, 14 d’octubre, 2010  

Me tienta. Un día de estos tomaré mi bicicleta y me iré a Amsterdam a ser feliz. Llevaré una puta en el caño y le contaré cuentos. Y me voy a enamorar, ya perder mi identidad en Amsterdam.

RGAlmazán dijous, 14 d’octubre, 2010  

También a mí me llamo la atención lo mismo --yo fui allí hará veinticinco años--, las bicicletas, las putas y las ventanas.
Es curioso que ahora que vengo de Ecuador, la sensación de la gente allá es justo la contraria, naturalmente nada de bicicletas --es verdad que son todo cuestas--, de putas están escondidísimas, supongo, y un sentimiento de inseguridad tremendo. Mi cuñado --estábamos en una casa residencial, con vigilancia privada en la entrada-- escondía el ordenador, debajo de la cama, cuando nos íbamos. Mientras que yo lo dejaba en cualquier sitio.
Son tres realidades distintas. A pesar de todo, si un día me pierdo, que me encuentren donde hay chispa, no en Holanda, prefiero más al sur.

Salud y República

Anna Jorba Ricart dijous, 14 d’octubre, 2010  

Agradable entrada Ramon, me gusta como describes las cosas, viajar contigo se hace facil, pues te imaginas todo al leerte...
¡ojalá!...tuviéramos la mentalidad que parecen tener los holandeses...
¿sabes que no sé que quiere decir "costo a la carta", al inicio de tu relato...confieso mi ignorancia, que ni google me ha aclarado esa expresión...
El blog al que has hecho referencia es muy atractivo...
Gracias.

Eastriver dijous, 14 d’octubre, 2010  

Mamé, Amsterdam en 1993 debía ser un flash... Yo estuve en 2003, diez años después que tú, y ya me flipó, figúrate... Sí, creo que aquí nos falta un poco todavía, al menos en lo referente a educación y trato. Un abrazo.

Dilaida, todo el mundo que he conocido que ha estado en Amsterdam ha vuelto valorando mucho lo que tiene esa pequeña ciudad. Es un referente de silencio, de educación, de apertura. Igual no tienen tanta animación como en el Mediterráneo pero tampoco la mayoría de sus problemas humanos.

José Vte., me temo que poco a poco esa sensación de seguridad que se respiraba se irá perdiendo. Sí, es el espanto de la globalización que nos ha traído más pegas que cosas buenas.

Curiyú, si te vas a Amsterdam no lleves puta, que ahí hay muchas... De hecho hay de todo: agua, putas, sexshops, drogas, pocos curas y mucho respeto. Se parece bastante a la felicidad.

Rafa, la seguridad me resulta fundamental. Seguridad para moverme, para respirar, para dormir a pierna suelta... El sur me gusta, ya lo he dicho, pero creo que nuestra asignatura pendiente está en el norte.

Isabel Martínez Barquero dijous, 14 d’octubre, 2010  

No he ido nunca a Ámsterdam. Es una asignatura pendiente, como tantas otras.
Pero amigos que han ido resaltan lo que tú y lo que resaltó Fátima en su entrada.
Me adhiero a la reivindicación de ese respeto absoluto que allí se da, al medio ambiente (las bicis), a la tolerancia sexual y demás virtudes.
También me dijeron que se trata de una ciudad muy alegre y colorista.
Pero... (porque todo tiene un pero) importemos esas virtudes a nuestro cálido Sur sin perder lo que de bueno tenemos nosotros. No restemos, sumemos. ¿No te parece?

Por último, me ha encantado la remisión al magnífico blog de nuestra buena amiga Fátima, una delicia auténtica.
Me gustas tanto en tu generosidad, querido Ramon, te refleja y te retrata tanto... Eres un sol.

almalaire dijous, 14 d’octubre, 2010  

Ay, como me gustaría ir allí, y hasta vivir allí. El clima no sería un problema, que a mi lo que no me gusta mucho es el sol y todo lo demás me parecen ventajas :)

Me he reído mucho con el comentario de Curiyú y con tú respueta, eso de "pocos curas y mucho respeto ,se parece bastante a la felicidad".

Igual algún día consigo ir, de momento gracias a ti por acercarmela un poco. Un abrazo.

emejota dijous, 14 d’octubre, 2010  

Ahí estamos, ya es sabido lo bien que me siento en Alemania, lo mismo me pasaría en cualquier país del centro de Europa, pero sin duda, mi país favorito es Noruega aunque de momento mi capital favorita no sea Oslo sino, Esto (-es-el-) colmo. Y es que aunque el sur me encanta, el norte me priva. Bueno que me gustan todos siempre que sean educados, limpitos y discretos. Ja,ja. Un abrazo.

Eastriver dijous, 14 d’octubre, 2010  

Anna, costo es hachís, chocolate (no del de comer, claro). Se hace a partir de la resina del cannabis. Había de muchos tipos. Aquí, si vas a comprar, te dan lo que sea, allí había unas garantías. Un abrazo.

Isabel, se trata de importar, claro. Que de repente fuéramos más educados, silenciosos, respetuosos no iba a implicar que el jamón perdiera calidad, por un decir. Yo pienso que lo bueno que tiene el sur (la espontaneidad, por ejemplo) puede llegar a cansar mucho. La calidez, a la que aludes, cada día me parece más tramposa: somos muy cálidos pero a la que nos descuidamos nos sacan los ojos o nos dejan a caer de un burro. Me gusta, ya lo digo en la entrada, pero las virtudes que realmente admiro son las del norte. Incluso la lluvia me gusta. Un abrazo.

Alma, por lo que dices seguro que te iba a gustar mucho. Escápate cuando puedas, que está a una horita y media de avión. Es una ciudad incluso para vivir, es cierto... silenciosa, discreta, ecológica. Allí, en Holanda, ni tienen una Marbella ni, menos aún, los moradores horribles que la habitaron, por un decir.

Emejota... discretos, limpios, educados... voy para allá. No conozco ni Noruega ni Suecia, pero me han hablado muy bien. Un gran abrazo.

Ciberculturalia dijous, 14 d’octubre, 2010  

Iré ahora a ver el blog de Fátima. Me fío de tu recomendación.
He estado tres o cuatro veces en Amsterdam y tienes razón porque aunque la ciudad ha evolucionado desde la primera vez que fui, hará ya muchos años, lo básico se mantiene.
Una ciudad que a mi me fascina y que me produce serenidad.

Gracias por traernos este trocito de ella.

Un beso

Fàtima T. dijous, 14 d’octubre, 2010  

Me ha encantado esta entrada, Ramón.
He estado jugando un rato con esta vista del Google street view para ver si localizaba esa ventana con cortinas, y lo primero que me ha venido a la mente al verla es si serían extranjeros los que viven ahí.
En nuestro medio es impensable ausentarse unos días sin cerrar a cal y canto, o sin pedirle a alguien de confianza que nos haga el favor de regarnos las plantas y guardarnos la correspondencia para que “parezca” que hay alguien en casa.
Es curioso eso que dices de la telepatía y tal vez no sea tanta casualidad... Porque siento que muchos de los que estamos unidos por esta afición de los blogs y, más aún, por la afición de visitar ciertos blogs dentro de la blogosfera, compartamos puntos de vista sobre algunas cosas además de algunas aficiones, como el gusto por leer, que por lo que veo es algo bastante común entre los blogueros.
He disfrutado mucho leyendo tus impresiones sobre la ciudad de Amsterdam.
Es una ciudad bonita, realmente. O pienso que lo es, por las pocas cosas que vi y algunos detalles que logré captar al vuelo y no se me escaparon.
Gracias a todos los que habeis comentado sobre mi blog.

Un abrazo.

Montserrat Sala dijous, 14 d’octubre, 2010  

Hola Ramón. A mí me pasó lo mismo, la primera vez que subí al Norte de Europa el año 1979, Llegamos hasta Diinamarca, i te podria explicar la cantidad de cosas que me llamaron la atención. Un a ella era ver las panaderis llens du mil clases de pan y bolleria. Com ahora pero aquí, pero entonces en nuestras panaderias solo habia barras de a medio y de a cuarto y pan hogaza.
Pasear en verano por ls avenidas de Copnhague i ver gente tumbada en bañador,por los parterres de cesped tomando el sol, con su toalla. otra cosa que me sorprendió, fue paseando por Berna en un barrio de casas unifamiliares, con frutales dentro de las verjas, y la fruta caida fuera en la via publica, y que nadie tocaba para nada. Los garages abiertos de para en par con coches dentro y enseres de todas clases,
En los lagos si te acercabas a la orilla habia patos que venian en busca de unas migajas que te cogian de la mano, sin el menor temor.

Una educación con respeto grande por las cosas y las personas. Una educación avanzada en relación a la nuestra de aquellos momentos, en que el pillaje y la picarescas estaban al orden del dia.

Enfín que no acabaría. Gracias por hacerme recordar tan buenos momentos pasados de mi vida.

Camino a Gaia dijous, 14 d’octubre, 2010  

He viajado poco. Muy poco diría yo. A mi pueblo no llega la banda ancha. No puedo siquiera hacer esos viajes virtuales. Así que es un verdadera delicia salir de viaje contigo. Porque uno recibe el mejor legado que puede dejar un viaje: las sensaciones. Me ha gustado poder visitar Amsterdam, y comprobar que las bicicletas sirven para dar alas a las expectativas de un mundo mejor.

tula divendres, 15 d’octubre, 2010  

Pues si, el espíritu del norte en cuanto a lo social.
Fueron muchos años bajo la bota del dictador, ..eso se nota, como los nuevos ricos....nos queda mucho que aprender en todos los campos, político, social...
abrazos.

Carlos divendres, 15 d’octubre, 2010  

Amigo Ramon, confirmo las impresiones que tienes de Amsterdam de cuando yo la visité. Y realmente comparamos esta ciudad u otras tan cosmopolitas como Berlín y siempre sacamos a relucir una gran falacia, eso de que en las ciudades del norte sólo se vive en el interior, puertas adentro, familiarmente para así destacar el carácter abierto y alegre de nuestro sur. Otra cosa es que el tiempo no nos permita disfrutar más, pero hay algunas ciudades del norte (como las citadas) que son mucho más vitales que la mayoría de las de aquí.
Pero le doy la razón a Isabel, en todo caso se trata de importar algunos detalles de educación y tolerancia en los que todavía no andamos muy sembrados. Por los demás mi ciudad no tiene nada que envidiarles a los vecinos del norte. Un abrazo.

Ataúlfa Braun divendres, 15 d’octubre, 2010  

Conozco Amsterdam a través de las visiones de Monsieur de Bougrelon, con esas brumas decadentes y ese frío húmedo.
Si te sirve de consuelo en muchas casas de los acomodados & cool barrios londinenses, tampoco ponen cortinas. Es lógico tienen poco sol y han de aprovechar la claridad del día. Además, con tantos canales también es normal que vayan en bicicleta...
Lo de las cortinas es más propio de los que se quieres resguardar del sol y marcar su intimidad: españoles, franceses, italianos.
Pero ese norte al que tanto os gustaría pareceros contradice muchas de las cosas que decís en otros blogs. Cuidado, Europa sólo es un reflejo de libertades, estamos en tránsito. Por cierto, quiero recordar que en Holanda se afianza la extrema derecha. No quiero aguarte la entrada, Ramón, pero tampoco todo es tan ideal.
Un saludo

Raticulina divendres, 15 d’octubre, 2010  

Debí ir a Amsterdam con una amiga entre el 89 y el 92 (no recuerdo el año exacto)y la encontré tan respetuosa y civilizada como tú. Me encantó la ciudad. Pero mi recuerdo más vívido es la visita al museo de la tortura, ya ves...
Yo sí podría vivir allí, y más al norte aún, arriba de todo, básicamente porque no me gusta pasar calor y por el espacio, son pocos y toca a mucho espacio por cabeza...

Un abrazo

Edmundo divendres, 15 d’octubre, 2010  

No sé por qué, siempre me sentí atraido por Holanda y por Bélgica. Quizá sea esa afición por lo bajo.

Eastriver divendres, 15 d’octubre, 2010  

Ciber, visto así es cierto, es una ciudad serena como todos los lugares tranquilos y seguros. Y además me parece también lo suficientemente amena. Besos.

Fátima, ya sabes que me sorprendió mucho tu entrada, porque la noche anterior, o dos noches antes había estado redactando ésta. Y claro, la sorpresa fue tan grande que supe que debía remitir a tu blog, porque es un poco como Amsterdam: elegante, silencioso, tranquilo, sosegado y respetuoso. Un abrazo.

Montserrat, qué gracioso lo que cuentas y qué bien lo cuentas. Esos detalles, para alguien de la España de la transición, debía ser la leche. Imagina, yo estuve en este siglo y, como digo en la entrada, ya muchas cosas me sorprendieron... Lo de la gente tomando el sol en el césped me sigue sorprendiendo donde voy, ya sea Bélgica o el Central Park. Un gran abrazo, una gran abraçada.

Camino, siempre escribes tan bonito y tan sincero, que logras conmoverme muchas veces. Las bicicletas sirven para eso que dices y para más cosas, hacer ejercicio por ejemplo. Así que será cuestión de reivindicarlas... Un abrazo.

Tula, la dictadura y la Iglesia hicieron mucho daño... Del norte nos ha llegado el aire puro. Un abrazo.

Eastriver divendres, 15 d’octubre, 2010  

Carlos, qué buen matiz aportas... es mentira eso de que aquí nos divertimos más, o somos más abiertos. Es un tópico. En el norte uno descubre que la gente también se divierte. Y, si por el tiempo pueden salir menos, lo aprovechan para leer más. Un abrazo.

Ata, corazón, es verdad que en todas partes hay de todo. Es verdad que en el norte hay tipejos aborrecibles y políticas peligrosas... Pero, ¿no están también en el sur? No, yo lo que decía es que, puestos a poner en una balanza las cosas buenas del norte y las del sur, yo creo que pesan más las del norte. Como dije, yo aspiro al norte. Pero es lícito que alguien aspire al sur... Mejor incluso: menos esfuerzo ha de hacer. Nada; aunque tú te vayas hacia el sur y yo tire hacia el norte, siempre encontraremos un momento para compartir un café y hablar de nuestras vidas pasadas y, ayyyy, de nuestras vidas presentes. Un petó molt fort. Per cert, has anat a veure els quadros del Jordi??? Jo hi vaig anar ahir! Petons.

Rat, que no soportamos el calor ninguno de los dos... Si será eso lo que nos acerca al norte!!! ¿Museo de la tortura? Ua, qué torturada adolescente debías ser en tan lejana época... Un gran abrazo lleno de cariño, que siempre me alegro cuando te encuentro.

Edmundo, lo que para nosotros es fascinación por el norte, en ti es fascinación por lo... ¿bajo? Glups, cómo somos, cómo somos, jajajaja. Un abrazo.

Ataúlfa Braun divendres, 15 d’octubre, 2010  

Claro que hay cosas del norte que me gustan, pero he quedado muy desengañada de las políticas unionistas. Además, creo que el sur sí tiene autocrítica, pero la falsa democracia no la deja emerger, ése es el problema.
Viajar es maravilloso y en todos los lugares hay cosas y gentes hermosas, eso no te lo voy a negar. Pero ir a los países del norte de vacaciones es una cosa y vivir las realidades, es otra.

Sí, soy mediterránea y además rioplatense de adopción. Recuerda que España está en medio, como siempre, entre el norte y el sur, según la perspectiva. Y que el estado del bienestar ha existido porque el norte ha explotado (con el consentimiento de sus dictadores y politicuchos) todos los recursos que ha podido. Creo que me he politizado demasiado, pero así soy.
Igual, no hay problema, en Barcelona, en Nápoles, en Montevideo o en Buenos Aires encontraremos un café donde hablar del tema.

I no, per cert, encara no he pogut veure l'obra del Jordi. Tinc un horari complicat i miraré d'escapar-me un dia al migdia.

Petonarros

nocheinfinita divendres, 15 d’octubre, 2010  

Igualitos que en España... ainsss¡¡

Un beso

noche

Jesús Garrido divendres, 15 d’octubre, 2010  

ciudad eterna, incluso para dar rienda suelta a los bajos instintos

Antonio divendres, 15 d’octubre, 2010  

Nunca la visité, pero me has despertado aún más el interés que tenía por hacerlo. Tu relato impecable y nutritivo.

Un abrazo

Eastriver divendres, 15 d’octubre, 2010  

Ataúlfa, es que seguramente todo se puede resumir en eso que tú dices: en el norte tienen una tradición democrática. Con sus peros, sus interrupciones, lo que quieras... pero la tienen. Mira Francia: es asombroso y envidiable el tejido social que se levanta contra Sarko. Tienen Sarkos, como todos los países, pero nos llevan años de ventaja. Yo aspiro a agarrarles. Un abrazo.

Noche, también es verdad que poco a poco nos vamos acercando a ese mundo ideal. Pienso que estamos mejor que hace veinte años. Es que ni lo dudo. Un beso.

Jesús, a los bajos y a los altos... Porque la oferta cultural es muy potente. Y la oferta más carnal a la vista está. Por otro lado, te descubro un vilamatiano impenitente... nos vamos a llevar bien.

Antonio, tú sí que cuentas tus viajes con viveza extraordinaria. Si un día vas a Amsterdam estará muy bien acercarse a sus luces y sus sombras a través de tus ojos y tus palabras. Saludos.

Saludos también a Dani, gracias por el correo... Qué sorpresa tu entrada de hace años. La he visto antes pero salía para la cena. Esta noche o mañana me asomaré... Me ha divertido verte tan "adolescente", jeje.

Alfonso dissabte, 16 d’octubre, 2010  

Por circunstancias, he viajado poco y no conozco Amsterdam.
Tiene para mí el poder de lo exótico, pero yo soy del sur. Del sur de tu norte Barcelona, que ahí tú te consideras sur jeje
Para unos días no lo veo mal. Pero no soportaría tanto silencio. Mira que me quejo, pero el norte no lo aguantaría.
¿Qué hago yo sin mi sol y mi viento de levante? me muero.
Lo de las ventanas, yo siempre le digo a quien vive conmigo que parece que estamos en un escaparate. Siempre las ventanas levantadas y de noche, con la luz, espectáculo jaja
Pero de Amsterdam lo que nunca entenderé es lo de las putas en los escaparates. Me choca de verdad. Y mira que intento entenderlo, pero no me entra. Veo algo que no me gusta. ¿Esclavitud? Sí, ya , están porque quieren.. o no.

Bel M. dissabte, 16 d’octubre, 2010  

Me encanta Amsterdam, me encanta la crónica de este viaje y me encanta que repararas en una de las cosas que también a mí más me llamó la atención, ese dejar abierta su intimidad a través de esas ventanas.
Un abrazo.

◊ Dissortat ◊ dissabte, 16 d’octubre, 2010  

Lo de Las cortinas si que es realment sorprendente.La senmsción que te da es como que la gente no tiene nada que "esconder". Amsterdam es todo un modelo a seguir, además de ser una ciudad hermosa.

Saludos

ARO dissabte, 16 d’octubre, 2010  

He leído la entrada de Fátima que sugieres y me ha encantado. la tuya, también. No conozco Amsterdam; por lo que cuentas debe ser una ciudad atractiva, no sé si por su belleza urbana, pero sí por los comportamientos de la gente.

Miguel Baquero dissabte, 16 d’octubre, 2010  

Creo que lo comenté en el blog al que te refieres, que en España y, si quieres, a la gente del sur, la historia, y quizás el clima, nos ha hecho más de vivir hacia la calle y luego ocultar con persianas lo que es nuestra realidad

Thiago dissabte, 16 d’octubre, 2010  

Bueno, hoy tb. nos une ese hilo invisible pq mi post de hoy va de una bici robada... jaja

El caso es que eso que cuentas al principio del post me pasa a mí a menudo. Escribo post y los dejo en borradores, y de repente me doy cuenta que en otro blog -o en EL PAIS,que es mas grave- han sacado el tema del que yo hablaba. Y lo que es peor, en el periodico me copian hasta los post que no tengo escrito, pero ya los tengo en la cabeza ¿cómo lo harán? jajaja. Total que es tontería guardar post, es mejor darles salida.

Y nada, que me ha gustado el paseo por Amsterdam que yo, sin embargo, no lo conozco.


Bezos

Cecilia Alameda Sol diumenge, 17 d’octubre, 2010  

¡Cuánto nos queda por aprender! Algo hemos avanzado, sobre todo en algunos sitios. Lo de las bicicletas en Madrid es imposible porque no hay voluntad de los políticos de turno y porque las costumbres callejeras de esta ciudad son penosas. Falta educación vial, falta educación ecológica, falta educación para convivir... Lo digo con pesar, porque si no hubiera tantos paisanos que conducen mal, que no respetan a los ciclistas, que no se preocupan de la limpieza y las buenas maneras en público, si hubiera más paisanos luchando por una ciudad confortable, sana y moderna, no tendríamos los muchos problemas que tenemos ni tendríamos al mando a unos políticos que van a su bola y no solucionan problemas reales de la calle, porque la gente los vota aunque la ciudad esté hecha un desastre.
En cuanto a lo de las ventanas, sólo puedo decir que ¡qué envidia!

Eastriver diumenge, 17 d’octubre, 2010  

Alfonso, que el sur es muy bonito es indiscutible... pero yo no me quejo de eso, me quejo de tantas costumbres bárbaras que me molestan y me ofenden. De todas formas, ándate con cuidado con esos espectáculos, jeje. Un gran abrazo.

Bel, cuando te pasas es un gran motivo de alegría. Yo, también, como los ciudadanos de Amsterdam dejo siempre la ventana abierta para que os asoméis los que queráis. Sé que lo hacéis con buen espíritu.

Dissortat, quien nada tiene que esconder y quien vive rodeado de gente que tampoco tiene nada que mirar, es más libre. Salutacions.

Aro, efectivamente la gente es el máximo atractivo de los lugares en muchas ocasiones. Un abrazo, plantador de quejigos.

Miguel, efectivamente es muy mediterráneo y muy árabe lo de vivir en la calle. Y está francamente bien, ensancha los horizontes y las vidas. Lo que no me gusta es todo lo demás. Un abrazo.

Cecilia, ay, lo que haces es dar un golpe bajo!!! Nosotros suspirando por nuestra sociedad ideal y tú nos traes a colación a Esperanza y al resto de políticos terribles que tenemos que sufrir. Bueno, yo me refería más a costumbres generales, que de políticos corruptos los habrá en todas partes. Un gran abrazo, y gracias por asomar por aquí.

Ataúlfa Braun diumenge, 17 d’octubre, 2010  

Sí, aspirar a Francia...Bueno aunque sus sindicatos sean mejores que los nuestros, es la voluntad de la gente lo que los diferencia de veras. ¿Aquí hay voluntad de hacer esas manifestaciones multitudinarias? ¿La hay? ¿Hoy saldrán los estudiantes a putear o ya tuvieron bastante con las porras a la boloñesa?
No, Ramón, creo que no vamos a ponernos de acuerdo. Es la voluntad, son las ganas de hacer lo que diferencia ese idílico norte que pintas del olvidado sur. Por cierto que más al sur -"al sur del sur", como dice Drexler- también protestan y tienen una tradición democrática mucho más endeble y joven que la nuestra. Ahí abajo, en el culo del mundo, nadie se calla.
¿Aspiramos al norte o a que no nos revienten lo que se ha tenido durante 35 años?
¡Salud!

Eastriver dilluns, 18 d’octubre, 2010  

Ata, no hablo de personas, de colectivos. Hablo de inercias, de tradiciones, de costumbres. Solamente hablo de eso. Yo envidio el silencio, la educación del norte, el laicismo del norte, la discreción, el respeto del norte. En el sur hay voluntad, afortunadamente. Como la mía. Voluntad de aspirar al norte. De todas formas sé que en el norte hay también fascismo, hay hipocresía, hay todo lo connatural al ser humano. Y naturalmente no aspiro a ello. Hablo de una idea general pero bastante precisa de cómo me gustaría a mí que fuese la sociedad en la que vivo.

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