Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.
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dissabte, 11 de desembre del 2010

VERDI, SHAKESPEARE, HUGO, LE ROI Y RIGOLETTO

Se ha convertido en lugar común señalar que entre Verdi y Shakespeare es el segundo quien expresa con mayor intensidad y profundidad el sentir del alma humana. Pero es que Shakespeare es Shakespeare, lo mismo que Cervantes es Cervantes. Luego, música y literatura son caminos diferentes para llegar a la emoción y al cuestionamiento. A la inquietud. A la exaltación. Y probablemente a la sabiduría.

De todas formas me gustaría recordar una anécdota que habla de la ópera como de forma privilegiada para expresar la complejidad afectiva, uniéndola y creando belleza. Se trata del famoso cuarteto Bella figlia dell'amor del Rigoletto de Verdi. La obra está inspirada en el drama Le roi s'amusse de Victor Hugo. El novelista y dramaturgo asistió a una representación de la ópera de Verdi para ver qué había hecho el músico con sus personajes. Le gustó mucho. Y una cosa tuvo que reconocerle.

El momento del Bella figlia ocurre en dos escenarios contiguos. Por un lado, el interior de una posada, donde el duque de Mantua, libertino y burlador, le canta a la prostituta Maddalena, que coquetea con él. En la calle, Rigoletto, furioso, ha llevado a su hija Gilda para que vea que efectivamente el duque la engaña. Asistimos a la unión de las cuatro voces típicas (tenor, soprano, barítono y mezzo) conformando, desde expresiones emocionales totalmente diferentes, el más famoso cuarteto de la historia de la ópera. El duque se muestra chulesco y libertino. Maddalena juega con él y coquetea burlona. Rigoletto, sosteniendo a su hija, clama venganza entre dientes. Y Gilda ofrece un lamento lleno de desengaño y rabia.

Cuando Victor Hugo vio lo que había hecho Verdi no pudo menos que quitarse el sombrero y reconocer que él, en el teatro, en la literatura, nunca podría conjugar cuatro voces tan distintas en una misma melodía, y unificar, de esta forma, tan dispares sentimientos. Yo también me quito el sombrero, como Victor Hugo. Ahí, en esas mezclas, la música puede unos extremos donde la literatura no llega.

(Versión en concierto, con las voces destacadas de la Netrebko y la Garanca en los papeles femeninos, el espléndido tenor Ramón Vargas y el barítono Ludovic Tézier)

dissabte, 17 de juliol del 2010

MEZZO

Descubrí la ópera por pura casualidad. Alguna vez lo he contado: la despreciaba por burguesa y conservadora. De haber nacido diez años antes me gustaría pensar que hubiese bajado a tirar tomates y lionesas a las señoras encopetadas que salían puestísimas del Liceo en los años de la transición. Pero aquella inquina que preocupaba tanto a las señoras de mi calle, que se paseaban con aquellos espantosos vestidos de pieles odiadas y con toda la suficiencia de quien disfruta de las prerrogativas franquistas, me pilló demasiado joven. Asistía, con mis diez años, a los relatos sorprendidos.

- No se podrá bajar al Liceo. En casa estamos por dejar el palco.

- Tanta democracia no puede acabar bien.
Tenía diez años pero me alcanzaba la rabia de quienes salían a la calle a molestar a señoras insoportables, de aquellas que decían que hacer la mili te hacía hombre.

Con semejantes antecedentes jamás pensé que acabaría aficionado a la ópera. Siempre digo que no he cambiado desde aquellas épocas. En esencia sigo pensando lo mismo. Pero algunos aspectos se modifican con el tiempo, se priorizan otros. Sin embargo, en el terreno de la música sí que se ha dado no sé si un cambio; en todo caso una clara ampliación de perspectivas. De los grupos de mi adolescencia la mayoría no me dicen nada. En cambio sigo salvando a unos cuantos. Normal: todo se somete a la prueba del tiempo. Y, en última instancia, la lista musical se ha visto ampliada por lo que nunca sospeché: la música clásica.

Las mezzos siempre se han visto relegadas a un segundo plano. Pero a mí me gusta mucho su musicalidad densa, profunda, interna, oscura. ¡Qué sorpresa descubrir que grandes papeles estaban escritos para ellas, no para sopranos! Así la Carmen de Bizet, o la pizpireta de El barbero de Sevilla, de Rossini. Y luego está el repertorio para castrato que en la actualidad acometen generalmente ellas o los contratenores. Ello significa que tienen una verdadera cantera en Haendel y en otros barrocos.
La Bartoli es una mezzo muy famosa y no siempre afortunada, pues en su intento por descubrir nuevo repertorio, cae a veces en la recuperación de piezas francamente poco interesantes. No pretendo listar las principales mezzos del momento y/o las históricas (aunque cómo olvidar a Berganza o a Marilyn Horne). Sólo deseo poner un vídeo en que pueda apreciarse esa vocalidad oscura de la que hablaba al principio. Elina Garanca servirá muy bien para ese propósito. Y respecto al aria, hubiera servido perfectamente el rondò de La Cenerentola de Rossini, pero hoy me inclino por el Parto de Mozart en La Clemenza, una de mis óperas favoritas.

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