Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dijous, 30 de desembre de 2010

NOCHEVIEJA EN PARÍS

Por vez primera he decidido alejarme de las uvas y pasar la nochevieja en otro entorno. París era el lugar adecuado. Porque París es elegante y europeo, pero cuando te cansas de tanta elegancia y europeidad, París es también gamberro, romántico y artístico.

Conocía París de una estancia veraniega. Los meses de frío no dan para tantos paseos, o dan quizá para otro tipo de paseos, más tranquilos, no amenizados ni por el helado ni por el botellín de agua, sino por el café con leche, por el té o por la merienda desde el otro lado de los cristales. También por eso, porque París tiene excelentes "otros lados de los cristales", París era también el lugar adecuado.

Siempre lo es. Así como infinito (obligatorio leer París no se acaba nunca). Desde París os mando un abrazo y os deseo un feliz año.

(Cuando vuelva tendré una gran alegría. Han quitado ese tostón que era CNN+ y en su lugar han puesto el 24 horas de Gran Hermano. He luchado por tener ese canal toda la vida: afortunadamente nos han escuchado. No ha sido fácil: hemos tenido que soportar doce años de escasez informativa sobre ese reality show. Cuando vuelva, España será más justa, más seria, un país mejor informado. Por eso volveré de París. Para poder estar bien informado.


Es lo que le faltaba a un país como el nuestro. Afortunadamente cada vez más centralismo, menos jueces como Garzón, más buenos augurios para el PP, cadenas católicas como la impagable 13 TV, jubilación a los 67, pérdida de derechos, un Tribunal Constitucional que arregla los estropicios de los catalanes, militarización para que nadie mueva un dedo... No entiendo ni cómo me marché, ni que fuera para cinco días. Viva España y que viva el 2011 de la moderación.)

((No, no, ahora en serio, ahora en serio. Que nada sea tan malo como anuncian los augurios y que seamos todos muy felices. Feliç 2011 per a tots!))

diumenge, 26 de desembre de 2010

BARCELÓ Y LA SOLEDAD

Una de las pocas cosas buenas que circula más o menos libremente por las españas es las exposiciones. Y no todas. Ya me gustaría poder disfrutar de muchas que nacen y mueren en la Villa y Corte (también le gustaría poderlas disfrutar a alguien que vive en Sevilla, o en Bilbao, o en A Coruña, pero ya sabemos que el centralismo es un mal que beneficia a pocos y perjudica a muchos, y lo digo desde la crítica propia, pues también es tremendamente centralista esta Barcelona respecto a otros enclaves catalanes, lo constato con pesar).
Hace muy poco estuve visitando en el CaixaForum de mi ciudad la exposición sobre ese mallorquín universal que se llama Miquel Barceló. Una exposición impresionante que llegaba procedente del CaixaForum madrileño.

Recuerdo que mi primera aproximación a la enorme plasticidad de Barceló se produjo hace la friolera de doce años, cuando el MACBA (Museu d'Art Contemporani de Barcelona) organizó una muestra. Me sorprendí con las sopas, ese raro invento que Barceló pintaba tirado por el suelo de su estudio, dándole vueltas al pincel y a las manos, girando como si removiera una sopa de colores y de sensaciones. Plazas de toros, por ejemplo, o plazas urbanas, cualquier elemento circular le era bueno para mezclar y transmitir. Lo que en pequeño hubiera resultado anecdótico en las grandes dimensiones, gigantescas casi, de algunos de sus cuadros, se convertía en verdadero estallido.

En doce años ha mejorado, pienso. Y lo más importante: ha evolucionado enormemente. Acudir a la retrospectiva del CaixaForum sirvió para darme cuenta de que ya no pinta sopas sino texturas, en una pintura que evoluciona y se redescubre casi constantemente (había cosas muy recientes, que ya anuncian otro camino). Si la primera vez, hace doce años, Barceló llamó poderosamente mi atención, ahora se ha convertido en un verdadero referente, en un pintor excelso. Su cuadros trascienden las dos dimensiones y salen literamente del marco, creando ondulaciones que sustituyen las mezclas de antes. Decía la comisaria que su gran problema es que pinta mucho: claro, las obras pierden valor ante una obra abudante. Pero yo lo celebro. Jamás podré comprarme un cuadro de Barceló, así que cuanto más pinte más posibilidades tendré de poderlo disfrutar, y más caminos habrá él ensayado.

Las fotos pertenecen a cuadros recogidos en la exposición que comento, "La solitude organisative, 1983-2009" y están tomadas de internet.

divendres, 24 de desembre de 2010

NADAL

(Y Susana, en nombre de todos quienes somos o hemos sido lobos, nos desea también unas felices fiestas desde Grito)

dimecres, 22 de desembre de 2010

¿DÓNDE?

He hablado recientemente de democracia en Grito de Lobos mientras parafraseaba (en el título) el verso de Gil de Biedma "De la vida me acuerdo, pero ¿dónde está?" . Os remito a mi entrada en ese blog colectivo, y os remito también a Gabilondo, y al Dúo Dinámico, y sobre todo a los comentarios de los compañeros, que siempre iluminan. Pasad y veremos si estáis o no de acuerdo conmigo.

Esta es la entrada original:

Una buena manera de mirar el mundo ahora que el año acaba (o de mirar el año ahora que el mundo acaba, que uno ya no sabe) es ver el siguiente vídeo de Iñaki Gabilondo. Lo vi por primera vez, hace ya unos meses, en el blog del amigo progresista de Madrid (el Diario) y pensé entonces que resumía perfectamente lo que llevábamos de año. La crisis, los mercados, todo eso. Pero desde entonces hasta ahora ha seguido lloviendo. Y asistimos a la concreción de nuevas medidas deliciosas. Los sesenta y siete. La ley Sinde. La pérdida de derechos. Que, aunque cueste de tragar, seguimos militarizados. Que cada día más los mercados continúan gobernándolo todo. Que continuamos avanzando por el camino del pensamiento único. Que el neoliberalismo está de moda. Que algunas izquierdas lo hicieron muy mal. Que está en peligro la libertad de expresión. Que Assange tiene un pie en Guantánamo, digo en USA. Que la misma cadena que recogió el vídeo que hoy os traigo va a desaparecer en menos de diez días para acoger algo tan delicioso como los mejores momentos de Telecinco o algo peor. Vean el vídeo pero que nadie se hunda luego.


Pero uno es optimista. A pesar de los pesares es optimista. A pesar del pesimismo terrible, uno es optimista. Convenzámonos de ello, aunque nos cueste. Porque nos engañaron. No sé en qué momento del camino, pero nos engañaron.

Queda solamente la rabia que nos hace mantener en pie: sigue habiendo gente que no se vende y juro que les admiro locamente, como la cosa rara que son. Ellos son mis líderes. Lo proclamo.

Y espero que para terminar se me permita ponerme almodovariano, que a veces sienta bien. Ya sé que poca gente traga al Dúo Dinámico, pero Pedrooooo es otra cosa. Además los himnos son necesarios porque nos dan fuerza. Aquí está. Porque vamos a resistir a pesar de todo, ¿verdad?

dissabte, 18 de desembre de 2010

DISCOGRAFÍA INICIAL

Todos tenemos una banda sonora. La mía comienza con las canciones de los payasos de la tele, que un día sin duda me gustará recordar, y las sintonías de algunas series míticas de mi infancia, en aquellos tiempos en que sólo existían dos canales, la primera (lo de La1 vino después) y la UHF (lo de La2 perteneces a esta época contemporánea y yo estoy hablando de la edad antigua). Series que yo me bebía con verdadera fascinación, como Los ángeles de Charlie o Con ocho basta. (De Starsky y Hutch, otra de mis preferidas, curiosamente no me quedó grabada su música).


Y series que, no sé si por horario, no sé si por violentas (me río ahora de la violencia de aquellos años) quedaban restringidas por culpa de los rombos: sobre todo la mítica Los hombres de Harrelson.

Pero todas estas músicas quedan cercanas a mi presente si las comparamos con algunas otras, las de aquellas sobremesas de los sábados en que descubríamos una ficción que era capaz de aglutinar a toda la familia alrededor de la mesa. La primera serie que recuerdo de aquellos sábados es una que yo supongo antiquísima, puesto que mi recuerdo no es nada nítido: Pinocho. De esa serie recuerdo básicamente tres cosas: la belleza sorprendente de una mujer, Gina Lollobrigida (la Lollo, la llamaban algunos), una música que se me antojaba tristísima, y la panza gigantesca de un ballena. Escuchar la canción de Pinocho consigue todavía ponerme triste. No es para menos...


Una de las consecuencias de la vida es desdibujar los límites.

Así, ahora, no consigo descubrir qué fue primero, si el huevo (Pippi) o la gallina (Heidi). Creo que primero fue el huevo, la historia de un niña excéntrica y peligrosa, la niña de las coletas, que vivía sola en una casa con un mono, un caballo y su magia. Todos atendíamos a Pippi Calzaslargas, cuyas salidas de tono nos parecían muy divertidas.

Heidi era otra cosa. Los dibujos animados nunca me han gustado demasiado, ni siquiera en mis años infantiles, pero Heidi era un culebrón. ¿Cómo no sorprendernos con una música tipo tirolesa, con sus gorgoritos, y con un mensaje tan optimista, de esos que te reconcilian con la vida? ¿Cómo no aprender a amar las montañas y la naturaleza tras ver esas postales? ¿Cómo no comprender el valor de la antítesis narrativa, de la semiótica estructuralista incluso, viendo el devenir de esas parejas Clara/Heidi, abuelito/señorita Rottenmayer, campo/ciudad, etc?

Marco no nos llegó tanto. Demasiado lacrimógena (y mira que Heidi no se quedaba atrás). Demasiado lenta, también, porque Marco deseaba ir en busca de su amada mamá pero nunca se ponía en marcha, y cuando lo conseguía era desesperante observar cómo cruzaba Argentina y ciudad a la que llegaba, ciudad de la que su madre hacía un mes escaso que había partido. De todas formas, aunque sabías que al final acabaría bien, ¿cómo no querer asistir a tan aplazado encuentro?

Más tarde llegó Orzowei. De esta serie recuerdo poco. Era una especie de tarzán juvenil. Lo que sí puedo recordar todavía, con verdadero horror, es el programa de economía doméstica que la tele nos proponía antes: El canto de un duro, que yo hubiese jurado que presentaba la inefable Adela Cantalapiedra (¿alguien la recuerda?) pero que resulta que no, que la presentadora era Mari Carmen García Vela. Jamás he odiado tanto un programa: era larguísimo, lo cual implicaba que nunca llegase la serie esperada.

Por aquellos años también llegó Mazinger Z, serie que inauguraba el gusto por los robots y por una estética decididamente más gamberra que la de Heidi o Marco. Con Mazinger Z se rompía de golpe la unión familiar entorno a una serie de televisión. Era, por tanto, una serie más adolescente, o preadolescente, que infantil. Por tanto quizá Mazinger inaugure, en cierta medida, una nueva etapa de mi vida.

Finalmente, de esos primeros años, recuerdo la sintonía que iniciaba una serie mítica española, Curro Jiménez, y la de otro programa de Televisión Española no menos mítico: El hombre y la tierra. Ambas merecen su lugar en este espacio dedicado a mi Discografía inicial.


Y a esas series, a muchas de ellas, van unidos dos recuerdos adyacentes. El de los cromos que compartíamos en el patio del colegio (tengui, falti) y que comprábamos, junto con el álbum, en los quioscos. De ellos permanece un olor, el del pegamento fresco con que pegábamos los cromos, que ahora sería un olor sospechoso de drogadicción. En aquellos lejanos tiempos a nadie se le podía ocurrir que los niños nos colocáramos con tanto pegamento. Y también otro recuerdo, el de los discos pequeños, de 45 revoluciones (llamados singles) con las sintonías de algunas de estas series. Recuerdo que en mi discografía ocupaban un lugar de honor las canciones originales de Orzowei (¿lo cantaba Enrique, de Enrique y Ana?) y la versión, que ahora me parece espantosa, de Mazinger Z.

dimarts, 14 de desembre de 2010

CUANDO FUI ENCUESTADOR

De todos mis trabajos eventuales me quedo con el de encuestador. No porque me gustase, que era horrible, sino porque simboliza mi juventud.

Cuando era estudiante, puesto que en casa me podían pasar poco dinero, traté de buscarme la vida con las encuestas. Una amiga argentina (ilegal, naturalmente) me habló de las encuestas de Cloti, cierta muchacha que daba trabajo a ilegales pagando verdaderas miserias (una parte, supongo, de lo que le pagaban a ella). Como no tenía nada mejor me presenté en la casa de Cloti, en el centro de Barcelona y salí de allí tras un curso de formación de veinte minutos que la propia Cloti impartía en el comedor de su casa y con la primera encuesta bajo el brazo. Yo era el único trabajador catalán de la empresa. El resto, negros, árabes y sudamericanos. Listos, formados, pero fatalmente ilegales.

De aquella época han pervivido varias cosas. La primera, el axioma terrible: "Jamás te creas (del todo) una encuesta". Es cierto. Si la encuesta oficial consistía en quince páginas de preguntas pesadas y reiterativas lo que hacíamos todos era resumirla y preguntar cuatro cosas. Nos inventábamos el resto. Por ejemplo, preguntábamos: "¿Está mucho, poco o nada satisfecha (en femenino, que el mercado es muy sexista) con su detergente Ariel?" y a partir de la respuesta (y de la efusión en la respuesta) llenábamos todas las páginas con ochos, con cincos o con doses. Por tanto, de las encuestas es mejor creerse solamente el sentido general: los detalles son pura invención.

Las mejores eran las de bancos, que se pagaban bien. Pero también aprendí ahí lo mentirosos que pueden llegar a ser. Nos daban unas hojas en que constaban sus clientes de una zona determinada y las cuentas que tenía cada cliente, así como su grado de solvencia. Nuestra obligación era ir a sus domicilios como por casualidad y preguntarles: "¿Tiene usted alguna cuenta en el Banco X?". Naturalmente nos decían que sí, y entonces nosotros, gratamente sorprendidos, aprovechábamos para preguntar. En cierta ocasión llevaba pocas, unas diez, cuando me encontré por la calle con un moro de la empresa, que era listo como el hambre. Y me quejé de mi falta de eficacia. Me dio el truco. Nada de fingir la casualidad. El truco estaba en llegar, llamar por el interfono y anunciar solemnemente: "Buenas tardes. Soy un interventor del Bilbao Vizcaya. Sabemos que tiene usted una cuenta (o dos, o tres) con nosotros y nos gustaría poder hacerle unas preguntas para mejorar nuestra atención y recoger posibles quejas". Te abrían todos y te hartabas de rellenar y cobrar. Siempre he pensado en la sorpresa de la gente que, tras abrir la puerta, se encontraba con que el interventor del banco que le visitaba en su casa se llamaba Ahmed y llevaba unas zapatillas medio destrozadas.
Otras encuestas agradables eran las de leche fresca (regalábamos una bolsa de plástico con leche, de las de antes). Las peores, las de aseguradoras (la gente huye con esa palabra). También recuerdo las de la Administración, las de coches, las de cerveza, las de detergentes... En una ocasión me mandaron a encuestar sobre Sanidad Privada a la calle Robadors, que para quien no conozca Barcelona diré que, de antiguo, ostentaba el sobrenombre de carrer de les putes. Todos los pisos estaban realquilados y era habitual encontrarse en las estrechas escaleras montones de parejas que subían y bajaban, o que se parapetaban en un rincón sin tiempo a llegar arriba.

Lo peor de las encuestas era que luego llamaban para asegurarse de que era real, de que nadie se la había inventado. Solían llamar a un diez o quince por ciento. Lo único bueno es que llamaban al cabo de un mes y medio, o a veces dos, y la gente ya no recordaba con precisión lo que había contestado. Lo malo era mucho más. Sobre todo darse cuenta de que la ley de Murphy existe y que, si te habías inventado una, seguro que llamaban. Naturalmente, de cada nueva remesa, yo me hacía una a mí mismo. Tenía un papel al lado del teléfono en que había escrito los personajes que debía representar dependiendo de donde llamaran. Si llamaban por la encuesta del Banco Urquijo, yo tenía cuarenta años y era asesor literario. Si llamaban por la de Leche Pascual, le había hecho la falsa encuesta a mi madre que, naturalmente no estaba en casa. Si llamaban por la de Catalana Occidente, yo tenía entonces cincuenta y cinco y era un prejubilado de telefónica. Y además, en cada nueva remesa, encuestaba siempre a mis amigos y a mis familiares. Falsas encuestas, por supuesto. Llamaba a mi tía y le advertía: "Si te llaman de Colgate, que lo usas y te gusta mucho". "Si te llaman de La Caixa, que consideras que podrían limpiar más a menudo los ceniceros". En una ocasión compaginé dos encuestas. Una para viejos y otra para adolescentes. Las de ancianos eran muchísimo más fáciles, porque te invitaban a entrar en su casa y te invitaban a café con leche con galletas. El problema de compaginar fue que, en una ocasión, le hice la encuesta para adolescentes a un anciano de noventa años, con dificultades para expresarse. Juro que no me di cuenta hasta llegar a los datos personales, cuando leí: "¿Estudias o trabajas?". Sentí que el mundo se me venía encima. Pero pensé, "bah, sería mucha casualidad que la revisaran.". La revisaron, y me llevé el broncazo del siglo. Cloti me dijo que jamás había pasado tanta vergüenza.

Permanece mi simpatía por estos esforzados trabajadores. Si me pillan, nunca tengo un no, porque sé lo que revientan los nos. Les contesto varias, en nombre mío, de mis padres, de mis amigos inventados, y a todas les enchufo mi teléfono. El otro día una chica, tras tenerme veinte minutos contestando sobre cierto Peugeot que yo quería comprar por indicación suya, me miró con cara triste y me dijo: "Ahora, lo que me vendría que ni te figuras es que tu mujer me contestara una sobre Don Limpio". "¿No puedo ser yo?", le pregunté. "No, ha de ser una mujer". (Así de machistas siguen siendo los mercados). Lo tuve claro: "Venga, dispara. Me llamo Margarita y uso Don Limpio de toda la vida". Ella se asustó: "No, no... necesito una Margarita que no use Don Limpio". Como puede verse, contribuyo, sin mala conciencia, a la gran mentira comercial.

dissabte, 11 de desembre de 2010

VERDI, SHAKESPEARE, HUGO, LE ROI Y RIGOLETTO

Se ha convertido en lugar común señalar que entre Verdi y Shakespeare es el segundo quien expresa con mayor intensidad y profundidad el sentir del alma humana. Pero es que Shakespeare es Shakespeare, lo mismo que Cervantes es Cervantes. Luego, música y literatura son caminos diferentes para llegar a la emoción y al cuestionamiento. A la inquietud. A la exaltación. Y probablemente a la sabiduría.

De todas formas me gustaría recordar una anécdota que habla de la ópera como de forma privilegiada para expresar la complejidad afectiva, uniéndola y creando belleza. Se trata del famoso cuarteto Bella figlia dell'amor del Rigoletto de Verdi. La obra está inspirada en el drama Le roi s'amusse de Victor Hugo. El novelista y dramaturgo asistió a una representación de la ópera de Verdi para ver qué había hecho el músico con sus personajes. Le gustó mucho. Y una cosa tuvo que reconocerle.

El momento del Bella figlia ocurre en dos escenarios contiguos. Por un lado, el interior de una posada, donde el duque de Mantua, libertino y burlador, le canta a la prostituta Maddalena, que coquetea con él. En la calle, Rigoletto, furioso, ha llevado a su hija Gilda para que vea que efectivamente el duque la engaña. Asistimos a la unión de las cuatro voces típicas (tenor, soprano, barítono y mezzo) conformando, desde expresiones emocionales totalmente diferentes, el más famoso cuarteto de la historia de la ópera. El duque se muestra chulesco y libertino. Maddalena juega con él y coquetea burlona. Rigoletto, sosteniendo a su hija, clama venganza entre dientes. Y Gilda ofrece un lamento lleno de desengaño y rabia.

Cuando Victor Hugo vio lo que había hecho Verdi no pudo menos que quitarse el sombrero y reconocer que él, en el teatro, en la literatura, nunca podría conjugar cuatro voces tan distintas en una misma melodía, y unificar, de esta forma, tan dispares sentimientos. Yo también me quito el sombrero, como Victor Hugo. Ahí, en esas mezclas, la música puede unos extremos donde la literatura no llega.

(Versión en concierto, con las voces destacadas de la Netrebko y la Garanca en los papeles femeninos, el espléndido tenor Ramón Vargas y el barítono Ludovic Tézier)

dimarts, 7 de desembre de 2010

DIÁLOGO DE POETAS

El diálogo con los poetas siempre es fructífero. Me gusta leerlos al caer la tarde o antes de acostarme. No hace falta mucho. Coger un libro y abrir una página al azar, y extasiarse durante unos minutos, los que dura la lectura y el posterior análisis rápido, si es que lo hay.

De esta forma, casi un juego, uno descubre poemas que son como centellas, como estrellas que pasan. Se me dirá que de esta forma caprichosa se conoce mal a un poeta, de forma desordenada, y nunca su obra completa. Seguramente es cierto. Pero uno ha descubierto que es imposible llegar a saberlo todo. Por eso celebro tanto lo que sé como lo que ignoro. Porque todo lo que ignoramos nos está esperando para ser descubierto en cualquier momento.
Otras veces observamos que habíamos aprendido mal, o de forma incompleta. Y cuando llega ese descubrimiento, el poema que antes no habíamos comprendido del todo adquiere su verdadero significado y uno se siente un poco menos tonto. Y un poco más afortunado. Un ejemplo. Había leído, emocionado, un poema de Martí i Pol hace muchos años. Iba dirigido a un tal Antonio. En la edición (barata) de estudiante que me acompañó unos años no me daban más datos. Pensé que era alguien de la fábrica, o de su pueblo (la poesía de Martí i Pol siempre es muy biográfica). Y ahora acabo de descubrir, en otra edición que hace años que corría por casa, ese mismo poema ya completo. Ese Antonio a quien le escribía el catalán no era otro que Antonio Machado. Qué sorpresa y qué riqueza.

Decía al principio de esta entrada que el diálogo con los poetas es siempre fructífero. También lo es, de forma especial, el diálogo entre poetas, que es de lo que se trata aquí. Yo he hablado en otras ocasiones, bastantes, de don Antonio, y no quería glosarle hoy porque quedan muchos poetas extraordinarios que compartir. Pero la sorpresa hace que me recuerde a mí mismo ante la tumba de Antonio Machado y comprenda más y mejor a Miquel Martí i Pol. Por eso os hablo hoy, con la sola voluntad de compartir un poema que por fin ha encontrado su verdadero sentido y que ha conseguido emocionarme más si cabe.

No t'he dut flors, Antonio, t'he portat
un silenci amorós, per no interrompre
el teu íntim diàleg amb la mort
que fa tants anys que dura. Compartir-te
ha estat deturar el temps, per retrobar-me
més ingenu que mai i amb un sanglot
a flor de pell, com una criatura.
No t'he dut res, Antonio, però estimo
més que abans aquest mar que m'ha vist créixer
i prop del qual confio de morir
d'ençà que he vist que tu m'hi acompanyaves.


(Traducción bienintencionada mía)

No te traje flores, Antonio, te he traído
un afectuoso silencio, para no interrumpir
tu diálogo íntimo con la muerte
que dura desde hace tanto. Compartirte
ha significado detener el tiempo, para reencontrarme
más ingenuo que nunca y con un sollozo
a flor de piel, igual que un niño.
No te traje nada, Antonio, pero amo
más que antes este mar que me vio crecer
cerca del cual confío en morir
desde que vi que tú me acompañabas.

divendres, 3 de desembre de 2010

DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE

La necesidad interior nace de tres causas místicas y está constituído por tres necesidades místicas:

1. Todo artista, como creador, ha de expresar lo que le es propio (elemento de la personalidad).

2. Todo artista, como hijo de su época, ha de expresar lo que le es propio a esa época (elemento del estilo, como valor interno, constituido por el lenguaje de la época más el lenguaje de la nación, mientras ésta exista como tal).

3. Todo artista, como servidor del arte, ha de expresar lo que le es propio al arte en general (elemento de lo pura y eternamente artístico que pervive en todos los hombres, pueblos y épocas, se manifiesta en las obras de arte de cada artista, de cada nación y de cada época y que, como elemento principal del arte, no conoce ni el espacio ni el tiempo).

Basta con penetrar en los dos primeros elementos con los ojos espirituales, para que se nos haga patente el tercer elemento. Entonces comprendemos que una columna “toscamente” labrada de un templo indio está animada por el mismo espíritu que cualquier obra viva “moderna”.

Se ha hablado, y se sigue hablando mucho, del factor personalidad en el arte, y de vez en cuando y con mayor frecuencia cada día se habla del estilo futuro. Aunque estas cuestiones son muy importantes, vistas desde la perspectiva de los siglos y de los milenios pierden urgencia e importancia.

Sólo el tercer elemento de lo pura y eternamente artístico tiene vida eterna. No pierde sino gana fuerza con el tiempo. Hoy, una escultura egipcia seguramente nos conmueve más a nosotros que a sus contemporáneos: las características vivas de la época y de la personalidad, al mismo tiempo que mitigaban su fuerza, la unían con lazos muy estrechos a los espectadores de su tiempo. Por otro lado, cuanto más fuerte sea la participación de los dos primeros elementos de una obra de arte “actual”, tanto más fácil será el acceso al alma de sus coetáneos, y cuanto mayor sea la participación del tercer elemento en la obra “actual”, tanto más se debilitarán los otros dos y será difícil su acceso al alma de los coetáneos. Por eso a veces tienen que pasar siglos hasta que el sonido del tercer elemento llegue al alma de los hombres.

El predominio del tercer elemento en una obra de arte es, pues, un signo de su grandeza y de la grandeza del artista.

Las tres necesidades místicas enumeradas son los tres elementos necesarios de la obra de arte, y están fuertemente trabados (...)


Kadinsky; De lo espiritual en el arte (1911), Barcelona, Labor, 1991, págs.72-73

dilluns, 29 de novembre de 2010

UNA LECTURA

Observo en prensa y televisión que, desde España, se interpretan los resultados de las elecciones catalanas en clave básicamente española. Evidentemente se trata de una lectura sesgada e interesada. Es posible ver, claro, un ascenso del PP y un descenso acusado del PSC. Eso existe, y supongo que responde, en parte, a lo que ocurre en la política española. Pero hay bastante más.

En Catalunya son muchos los enfadados con el PSC. Parte de culpa es de la crisis, pero no toda (desde el propio PSC se ha reconocido esto). La tozudez socialista ha hecho que, desde diferentes sectores, haya personas enfadadas con las políticas cotidianas. Los socialistas generalmente han actuado con engreimiento e intransigencia en algunos aspectos. Han mantenido posiciones férreas y antipopulares, porque siempre han presumido de tener experiencia de poder. Esas posiciones han costado mucho dinero extra al erario público y han reportado una cierta antipatía al proyecto socialista catalán, francamente poco dialogante. No hablaré de autovías del litoral, de túneles, de infraestructuras, porque se desconocen estas pequeñas polémicas fuera. Además, hay también un enfado de base. Si ZP fue presidente en buena medida por el apoyo entusiasta del electorado catalán, ¿dónde estaban Chacón y Corbacho cuando muchos catalanes salimos a la calle en julio? ¿Sólo se nos quiere para apoyar a ZP? ¿Para cuándo el grupo parlamentario propio? ¿Era necesario que Montilla se resistiera a ponerse tras una pancarta que rezaba que Catalunya era una nación? ¿Se es una nación solamente cuando lo permiten desde Madrid? Son esas pequeñas cosas que, sumadas, terminan justificando el hartazgo.

La caída tremenda de ERC puede explicarse, entre diversos factores, por el monumental enfado de los republicanos a causa del apoyo del partido a los socialistas en 2006. Recuerdo que cuando Montilla fue proclamado President algunos republicanos se paseaban por la calle con un pin-senyera en la solapa junto a un lacito negro. Me pareció una exageración descomunal. Lo fuera o no, ellos no lo han olvidado. Y naturalmente, dejando de lado los votos de Esquerra que han ido a CIU, otros tanto se han juntado al proyecto de Laporta. Es el voto independentista enfadado con sus padres.

Algo indiscutible es la derechización del panorama político. O el resultado notable de los fascistas y racistas de Plataforma per Catalunya. Yo soy de los que piensan que si se hacen cosas mal hay un sector que se rebela. Y se rebela de forma ignominiosa, desde luego, porque son unos nazis. Que tomen nota todos y que hagan las cosas bien para que semejantes partidos no crezcan. Pero están ahí y, como decía hoy Ciber, "Ojo".
Observo también una polarización notable entre dos bloques de los que prácticamente nadie habla: por un lado el grupo de partidos constitucionalistas (PP, PSC y Ciutadans) y del otro los nacionalistas (cada vez más independentistas porque, claro, el nacionalismo acaba siendo independentista; CIU, ERC y Solidaritat). Los nacionalistas han pasado de sumar 69 escaños en 2006 a los 76 actuales. Si el gran logro del tripartito fue mezclar ambas tendencias, lo cual era bueno para España aunque España no se enteró, el fracaso del tripartito ha exaltado la polarización. El voto nacionalista se intercambia (nadie duda que parte del voto de ERC ayer fue a parar a CIU) y se agudiza (el propio Mas se ha definido como independentista). También se intercambia en el otro grupo (¿cuántos votos socialistas del cinturón rojo de Barcelona se han pasado al PP?). Y en medio de ambas tendencias IC, que pretende también cambiar la constitución y evolucionar hacia el federalismo (y que tampoco sería, por tanto, exactamente constitucionalista).

Cuando leo los titulares madrileños, que hablan solamente de Rajoy y de ZP, pienso que se están perdiendo parte de la película. Probablemente porque no la quieren mirar. ¿Se vieron en España las esteladas de la gente que aplaudía a Mas? En El Mundo y ABC la imagen de cabecera era Mas y señora ante lo que parecía sospechosamente una rojigualda (naturalmente era una senyera convenientemente recortada). Ellos van a lo suyo: que si los socialistas se derrumban, que si los populares están a un paso de la Moncloa. Es lo de siempre: a los periféricos se nos quiere solamente para fortalecer su feudo. No solamente no se nos entiende sino que además se utiliza nuestra voz para afianzar posiciones. Nos usan y luego nos leen como quieren. Es una muestra más de la falta de respeto que como catalán percibo.

diumenge, 28 de novembre de 2010

VISTAS DE (MI) CIUDAD




dimecres, 24 de novembre de 2010

MONTSERRAT

Me gustan las montañas, el campo, el monte, seguramente más que el mar. Y también es cierto que en ocasiones, en algunos lugares determinados, soy capaz de sentir la energía que brota de la tierra. Será por mi natural influenciable, no diré que no, pero lo cierto es que creo que puedo captar la energía de algunos lugares y de algunas personas.

He sentido esa energía especial, esa energía ctónica y telúrica, en muchos y diversos lugares. Muchas veces al lado del mar, es verdad (pienso ahora en Cadaqués y muchísimos lugares de nuestro Mediterráneo). Otras en lo alto de algunas montañas (en Delfos, este verano pasado). En algunas ciudades, en amplios territorios (Galicia, por ejemplo) o rincones no muy grandes. Son sensaciones, probablemente mediatizadas.

Hay un lugar muy telúrico en Catalunya: la montaña de Montserrat. Quien la haya visitado sabrá aproximadamente de qué hablo. No sé si es por ello o por una simple cuestión estética, pero me siento muy cercano a ella. Sé que es una montaña emblemática del catalanismo y creo que puedo decir que mi interés no tiene que ver con motivos políticos. Aunque me interesa la política, no todo en mi vida gira en torno a ella. Cuando me refiero a la naturaleza no olvido nunca que el planeta es el mismo para todos.
Ir a Montserrat equivale a subir al Monasterio, que está en lo alto de la montaña. Una vez allí uno puede optar por lo religioso o por el contacto con la naturaleza, además de disfrutar de las vistas. Este verano fuimos a Montserrat. En tren hasta Monistrol, y luego tomamos el funicular que trepa hasta los pies del Monasterio, encaramándose por la montaña. Una vez allí subimos, en un cremallera de vértigo, a la parte más alta, por encima incluso del Monasterio. Las vistas son espectaculares.
De Montserrat me gustan efectivamente las vistas; las caprichosas formas de los picos redondeados. También la espiritualidad de la gente, que no siempre está relacionada con la religiosidad o el clericalismo (un poco lo que ocurre con el Camino).

Este verano pasado observé algo nuevo. Una especie de tradición de última hornada. En la puerta del Monasterio, en un patio, las personas se colocan en la parte central y levantan los brazos hacia lo alto. Quienes hacían este extraño ritual eran extranjeros (ante la mirada estupefacta de los catalanes de a pie). ¿Dónde y cómo se ha iniciado esta tradición tan reciente? ¿Se debe a algún autor inspirado de guía de viajes que se la inventó? ¿Lo hizo una día alguien por casualidad y ha acabado convirtiéndose en una moda? Era como una coreografía perfectamente ensayada que todos conocían. Llegaban, algunos se descalzaban, miraban hacia el cielo, y levantaban los brazos. ¿Desde cuándo...? Da igual: me apropié del ritual. Si es cierto que algunos lugares pueden cargarnos de energía, no vamos a desaprovecharla los autóctonos. La poesía del entorno hizo el resto.

dissabte, 20 de novembre de 2010

LOS ENERGÚMENOS

Desde hace un tiempo recupero textos de prensa para compartirlos con los amigos de El far. El de hoy (Energúmenos) apareció en La Vanguardia el día 1 de octubre. Su autor es Sergi Pàmies, novelista catalán hijo de la también escritora Teresa Pàmies y del político comunista Gregorio López Raimundo. Si se me permite una pequeña implicación, diré que me gustaría dedicarlo a ese catalán impresentable, colaborador de El Mundo y de Telemadrid, llamado Salvador Sostres. Y a tantos otros energúmenos que nos rodean, nos asfixian, nos ahogan y al final nos estorban, que ensucian el aire que nosotros hemos decidido respirar tranquilos.
El energúmeno avergüenza a sus hijos y a sus padres, a no ser que sus hijos y sus padres también sean energúmenos, en cuyo caso se sienten orgullosos de él. No respeta el turno, ni las colas, habla en voz alta en el cine, aparca siempre en doble fila y cuando, con razón, le ponen una multa, blasfema y repite que "sólo eran cinco minutos", porque el energúmeno considera que sus cinco minutos son mucho más importantes que los cinco minutos de los demás. El energúmeno ronca, pero no porque tenga un problema respiratorio o de sobrepeso. Lo hace para fastidiar y hacerse notar incluso cuando duerme. En los aviones, suele reclinar violentamente su asiento hacia atrás y si algún pasajero pone mala cara ante sus ruidosos aspavientos, lo fulmina con la mirada, buscando el conflicto que le permita discutir, amenazar y comportarse como el energúmeno que es.

El energúmeno presume de todo: de haber pagado menos por su coche que el común de los mortales, de tener amigos influyentes y de no llevar nunca ropa interior. Cuando practica el sexo, ya sea pagando o de forma gratuita, el energúmeno resopla como un cochino hasta alcanzar el clímax y se queda dormido al momento, a ser posible encima de sus víctimas, que suelen morir por asfixia o aburrimiento. Sea de derechas, de izquierdas o de centro, el energúmeno trata mal a los camareros y a los taxistas y cuando habla de su mujer delante de ella utiliza la palabra "esta" en un tono que fluctúa entre la condescendencia y el desprecio.

El energúmeno cree que hay que tener deudas para ser alguien y no pagarlas nunca para ser respetado. Nunca desconecta el teléfono móvil, llama de tú a los adultos que no son de su raza, amenaza a los profesores que suspenden a sus hijos y, siempre que puede, paga con dinero negro. Cree que los hombres que se depilan son unos maricones, que las mujeres son un poco putas y que todos los políticos son unos ladrones. Tiene soluciones drásticas para resolver el paro, la crisis, la delincuencia, la contaminación, la inmigración y los malos arbitrajes, y si cometes el error de escuchar sus argumentos, descubres que la solución es la misma para todo: mano dura. A veces, gracias a la lotería del azar, el energúmeno se tropieza con otro energúmeno. Y aunque el encontronazo suele ser desagradable, proporciona a los que no son energúmenos cierta esperanza. La esperanza de comprobar que, con un poco de suerte, los energúmenos acabarán eliminándose los unos a los otros y que, cuando hayan desaparecido, el mundo será un lugar un poco menos insoportable.


Sergi Pàmies

dimecres, 17 de novembre de 2010

MONTILLA ET ALT.

Lo único malo de que el papa se haya largado es que aquí ha coincidido con el inicio de la campaña electoral. Y a mí me pilla con el pie cambiado.

Ya hace cuatro años la cosa no me gustó nada. Pero seguía existiendo una ilusión para detener a la derecha. Se presentía que, aunque nada fuese lo ideal, porque no lo era, y las cosas no pintaran bien, al menos era posible conseguirlo y se pensaba que merecía la pena. Teníamos la experiencia de los tres primeros años de tripartito. Pensábamos en 2006: "Probablemente en estos tres años los partidos de izquierda no han podido conseguir lo que pretendían, por el marcaje directo a Maragall, a Carod y al resto". Ahora ya no pienso eso. Ahora pienso que lo han hecho tan mal como han sabido, y es desmoralizante.

Montilla nunca fue santo de mi devoción, pero no me parecía mal tener un President nacido en Córdoba. Creí que decía algo bueno de los catalanes, siempre con fama de tan nuestros. Ganó Montilla, ni que fuera por pactos, y nadie dijo nada bueno ni alabó lo que yo creía que iban a alabar. Como siempre; lo malo de los catalanes se censura al instante. Lo bueno, ni se menta. (Aunque probablemente esto sea válido para cualquier comunidad, por desgracia). Y la cosa política del día a día se fue enrocando hacia el horror.

Digámoslo claro... En algunos sectores han hecho una política de derechas que CIU jamás se atrevió. No es casual que el PSC se hunda en las encuestas. Remontarán algo, porque siempre remontan algo los partidos. Pero la esencia de los socialistas en Catalunya ha sido, en resumidas palabras, gobernar sin complejos, gobernar con poca o escasa inteligencia (a la vista está lo contentos que estamos todos), gobernar no escuchando a la gente, gobernar con una cierta jactancia maleducada que me recuerda a la más vil derechona de siempre, y hacer alguna cosa buena, que justo es que les reconozcamos también. Asistimos ahora a un discurso de izquierdas preelectoral que básicamente nos lleva a preguntarnos que por qué lo que prometen para los próximos cuatro años ha estado tan alejado de la realidad de los siete previos. Digamoslo sin ambages: mi cabreo con el PSC actualmente no tiene límites. Porque ellos han dinamitado un sueño. El sueño que tuvimos muchos tras 23 años con Pujol. Tras 23 años de derechas, más civilizadas que las derechas peperas pienso yo, pero derechas al fin.
Con sus socios no me alargaré, porque quien ha marcado la pauta de estos años anteriores es el PSC, digan lo que digan ahora. Por un lado ERC ha estado oscilante en muchas cosas, con un cierto temor, sintiendo desde el primer día que se equivocó y no queriendo repetir antiguas salidas de tono. Un poco como bailando el baile de estos cuatro años pero tímidamente en una esquina. Algún acierto y mucha apatía. Miedo a meterse en jardines, no fueran a decirle que eso le pasaba por pactar con los socialistas. No creyéndose el gobierno, en definitiva. IC, un poco lo mismo. No han sabido defenderse y parecen abocados al lugar donde parecen estar más cómodos: la oposición. Es agotador: que den la imagen de oposición eterna. Porque es como decir, tú sueña que la cosa se quedará en un sueño.

Por eso, sin garantías, me siento al cabo de la calle. Quien me conoce sabe que no soy quejoso por naturaleza, y sabe también que pienso que en lo político hay que tener aguante y optar siempre por el mal menor. Pero, en este caso, siento que me han estafado, y eso son ya palabras mayores. Les contaré un secreto: no sé a quién votar. Por primera vez no sé a quién votar. Sé qué no votar, eso sí (ni PP, ni PSC, ni Ciutadans, ni CIU, ni por supuesto a la innombrable Rosita, la loca del pelo rojo).
Pero este gobierno, además de malo, ha sido idiota. Asómense al cartel de campaña de IU, con ese verde eléctrico horrible y Joan Herrera, que la verdad es que me cae muy bien, pero tan serio y desangelado. Parece una campaña diseñada por su enemigo del alma. Pero hay más. ¿Saben qué periódico han estado regalando en Cercanías desde que la Generalitat asumió las competencias? Véanlo. La Vanguardia. Sería como si, en vísperas electorales, Zapatero regalase El Mundo a los esforzados trabajadores que asisten a sus trabajos en ferrocarril. De juzgado de guardia.

diumenge, 14 de novembre de 2010

¡SAHARA YA!

Llevo tiempo, mucho, pensando en dedicar una entrada al conflicto del Sahara pero no sabía cómo. Este no es un blog estrictamente político o de actualidad, aunque lo político y la actualidad se asomen en bastantes ocasiones. Trato de no seguir la actualidad estrechamente. El far de Maians, como antes Ramon. Eastriver, pretenden recoger anhelos, pensamientos, experiencias diversas, recuerdos, según mi apetencia y mi tiempo disponible. Al principio me dije que no iba a comentar nada de actualidad, pero de repente uno lee algo y no puede evitar dar su opinión. Y bueno, no me parece mal integrar también la actualidad en este cajón de sastre que pretende ser esto.

Decía que hacía tiempo que pensaba dedicar una entrada al conflicto del Sahara sin saber cómo hacerlo. ¿Qué decir? ¿Qué novedad aportar? Tras leer Sahara Ponent, de Antònia, por ejemplo, uno piensa que es mejor callarse, porque en su blog aporta voces en primera persona y aporta opiniones muy documentadas. También otros blogs que he ido conociendo gracias a ella. Como el excelente Últimas noticias sobre los territorios ocupados.

O, ya de forma no específica, Ciber habla con su rabia y su ironía del tema en alguna entrada. O Rafa Almazán, Kabila. Y otros muchos amigos, en estos días, como la entrada de yraya recientemente. Es bueno cuando ocurre esto; cuando comienzas a abrir blogs y de repente todos hablamos de lo mismo. Es bueno porque significa básicamente que todos estamos de acuerdo y que el grito es grande, intenso, fuerte (porque convendremos que somos todos algo así como exponente de lo que se cuece bajo la superficie, si se me permite usar tan unamuniana metáfora).
No sabía cómo hablar del Sahara. No sabía y no sé. Porque no tengo nada nuevo que decir. Pero en cambio tengo la sensación imperiosa de que debo gritar. Tampoco tenía nada nuevo que decir cuando mataron a Miguel Ángel Blanco y aquella muerte me horrorizó, como a todos. Tampoco tuve nada que decir cuando mataron a Ernest Lluch, cuando mataron a tantos otros. Cuando Aznar, el despreciable, puso las patas encima de la mesilla auxiliar de Bush. Cuando los curas y la derechona salieron en procesión homófoba para criticar las libertades que poco a poco vamos consiguiendo. Cuando el Partido Popular le dio unas tijeras nuevas a ese órgano deslegitimado y partidista que es el Tribunal Constitucional.

Pero si en aquellas ocasiones grité porque sentí que debía hacerlo no puedo quedarme ahora callado. Alguien ha hablado recientemente de limpieza étnica. Mientras tanto asistimos impotentes al olvido y a la aniquilación de un pueblo maltratado. España no quiere líos y se calla. Francia ya sabemos con quien se alinea. Estados Unidos lo mismo. ¿Existe justicia en este mundo? ¿Qué puede hacer un pueblo pobre que no tiene el apoyo de tres importantes países? ¿Continuar muriéndose olvidado de todo el mundo?

Muchas son las injusticias que asolan el planeta. En estos días me llega, como un alarido, la retransmisión de la muerte de un pueblo. Muerte con tiros, con silencio, con censura. Y me resisto a callarme aunque no tenga nada nuevo que decir.
(También me maravilla la inmensa desfachatez del PP. ¿Eran ellos quienes estaban en la manifestación de Madrid? ¿O soy yo que ya veo cosas imposibles? Lo que es moverse por un puñado de votos. Es como si Sarah Palin se manifestara a favor del salario digno... Increíble significa que nadie se lo cree.)

dijous, 11 de novembre de 2010

INCONTABLES BESOS

Uno de los grandes amores literarios es el vivido por el poeta latino Catulo (S.I a.C.) y la simpar Lesbia (probablemente Clodia, dama de enorme belleza y de vida licenciosa). Fue un amor desgarrado, contradictorio, apasionado, radical. Odio, venganza, pasión y la más inesperada ternura se fusionaban en una relación con muchos, y pronunciados, altibajos.

En un poema que me gusta mucho Catulo medita lo siguiente: si él sigue amando a Lesbia después de tantos años, si sigue fascinado por ella, pero los celos que persisten le llevan a denigrarla públicamente, los insultos que ella le dirige deben ser también prueba de su amor inalterado. Y le pide entonces a quien le escuche que lleve su declaración de amor a Lesbia, que estará en aquellos momentos, y ahí la perversión y la rabia del poeta, acostada con trescientos amantes a la vez.

El poema que hoy os traigo es uno de los más bellos poemas de amor que yo he leído. Es el canto a vivir el instante apasionado, es una invitación al beso y al placer, es una apuesta por la libertad personal frente a quienes juzgan la pasión ajena, es un intento de subvertir la vida por la fuerza de la entrega. A través de los siglos, habla Catulo:

Vivamos, Lesbia mía, amémonos
y nunca nos importe un solo as
todo cuanto murmuren los ancianos.
Los soles que declinan luego pueden
salir una vez más, pero nosotros,
apenas que decline nuestra luz
tendremos que dormir noche perpetua.
Entrégame mil besos, después cien,
y, luego ya, otros mil, y cien de nuevo,
otros mil más aún, luego otros cien.
Después, cuando sumemos muchos miles,
los revolveremos para no saber la cuenta,
para que nadie, con mala intención, pueda mirarnos,
sabiendo cuántos fueron nuestros besos.

(La traducción la he tomado de internet, con algún cambio a mi gusto a partir de otras dos traducciones manejadas. Y la pintura que encabeza esta entrada es de Alma Tadema, siempre sugerente a pesar de tanta melancolía.)

dilluns, 8 de novembre de 2010

SUBSIDIO

Siempre he defendido el estado del bienestar.

Para mí, hoy en día, ser de izquierdas significa en realidad unas pocas cosas. Un compromiso con los otros y con la sociedad, por ejemplo. Con el medio ambiente y la sostenibilidad. Una lucha contra el silencio y la mentira, y una apuesta por la libertad, por unas normas que sean iguales para todos, para repartir derechos que nos igualen realmente, que en definitiva las obligaciones y los derechos sean los mismos. Para mí ser de izquierdas significa también una apuesta por la igualdad de todos y una intención de ayudar a los más débiles. Concibo ser de izquierdas, finalmente, como un prurito inexcusable de ser mejor individualmente, de luchar por una coherencia interna, de desterrar los prejuicios del tipo que sean, de rechazar siempre la hipocresía y el mercadeo.

Y todo esto, que es la base de la sociedad que yo quiero, resulta imposible sin lo que se ha llamado el estado del bienestar. Sanidad y educación para todos, eso para empezar. Ayudas a los más necesitados, a los desprotegidos, a los menos fuertes. Potenciar, incluso económicamente, la discriminación positiva. Pero también un subsidio para cuando las cosas van mal.

Lo que voy a decir ahora no es algo que haya percibido de forma residual. Son muchas, muchísimas, las personas que conozco que integran el subsidio del paro en su vida diaria. Como un año y pico de vacaciones pagadas. El otro día una persona me lo comentaba sin empacho ninguno:

- Esperaré a diciembre, a que se me termine el paro, para buscar una nueva ocupación. Es que el dinero que te dan está muy bien y francamente resulta difícil renunciar a él alegremente, teniendo en cuenta que se trata del 80% de tu sueldo. Quiero decir que resultaría una imbecilidad renunciar, sinceramente.

Esta conversación real no es un detalle. Es mucho más que eso. Conozco personas que, llevándolo al extremo, trabajan el tiempo necesario para cubrir el cupo. Una vez logrado se las apañan para quedarse sin trabajo y vivir del paro el tiempo que dura. Es decir, han integrado el paro a su forma habitual de vida laboral, exigiéndolo incluso, algo así como unas vacaciones que les pertenecen porque han cotizado. Otros no llegan a ese extremo: se limitan, si les llega el paro, a gastarlo como un premio que nadie puede discutirles.

Es evidente que se trata de un abuso. Tanto lo uno como lo otro. No puedo entenderlo, me cuesta comprender ese egoísmo extremo. Yo, que no he cobrado jamás ni un duro del estado que no me haya ganado, y que por no estar no he estado de baja más que una vez (dos meses, por una lesión), siento que soy sinceramente un imbécil. Quizá la razón la tengan ellos y no yo. Quizá ya sea hora de reclamar también mis dos años de vacaciones pagadas. Soy funcionario y eso no va a ocurrir nunca. Afortunadamente, dirán algunos. Afortunadamente seré de los que trabajaré siempre para que algunos impresentables puedan vivir de gorra. ¿Cómo no me va a enfadar?

¿Qué va a ocurrir? Probablemente que los abusos de muchos acabarán con algo que, bien usado, es un beneficio tan grande que seguramente ni nos damos cuenta.

¿Y a mí? ¿Qué me va a ocurrir? ¿Voy a dejar de estar a favor del estado del bienestar del cual muchos abusan? No creo. Ocurriría solamente si un día me diese por dejar de ser de izquierdas, lo cual lo juzgo harto improbable.

Lo que sí me ha ocurrido ya es que mis sueños de juventud se han visto alterados por el empuje de la vida y de sus tramposos moradores. Con el subsidio del desempleo me está ocurriendo lo mismo. Exijo un control más férreo, la verdad. Me resisto a pagarles a algunos sus abusos, esos mismos que luego tienen la desfachatez de criticar mis dos meses de vacaciones. De lo contrario, si veo que un sinfín de personas se aprovechan de algo en lo que creo firmemente, no me quedará más remedio que alinearme con aquellos que dicen que el estado del bienestar es una sangría imperdonable que acabamos pagando siempre los mismos.

Somos nosotros mismos muchas veces quienes destruimos los sueños que decidimos habitar.

(Tengo amigos que están en paro. Es evidente que no me refiero a ellos: me refiero a los caraduras que abusan. Esos caraduras que pueden hacer que la gente legal no se pueda aprovechar de algo lícito y que yo defiendo.)

dissabte, 6 de novembre de 2010

PUES ESO

dijous, 4 de novembre de 2010

TARDE JUEVES

Esta tarde de jueves he asistido a una manifestación en Barcelona. Es fácil imaginar cuál. De todas formas, por si alguien tiene curiosidad, lo cuento en una entrada en Grito de Lobos.

Esta es la entrada:

Si alguien viera la movida barcelonesa para recibir al Papa seguramente se sorprendería. Calles cortadas, perímetros de seguridad, sillas de madera donde antes había coches, recomendaciones institucionales... Yo no le espero, naturalmente. Pero como esta entrada va dirigida a Grito de Lobos, me cuido muy mucho de ser desagradable. Ya seré más corrosivo el sábado en mi blog.

He estado en la manifestación de esta misma tarde en la Plaça Sant Jaume de Barcelona. La Plaça Sant Jaume es el centro histórico de la ciudad, el antiguo foro romano. La plaza se abre en lo alto de una pequeña colina, actualmente casi imperceptible (aunque si te fijas puede observarse) que antiguamente recibió el nombre de Mont Taber. Ahí, en el corazón de la Barcino romana, estuvo ya el centro político, y ahí sigue estando.

Hoy en día las manifestaciones de pequeño formato se celebran allí, para que las consignas lleguen al Palau de la Generalitat, en esa plaza. He asistido ya a varias. La última, el acto de apoyo al juez Garzón del que di cuenta en mi anterior blog. Naturalmente cuando la manifestación se prevé masiva se realiza en otro lugar; en el Paseo de Gracia, desde la Diagonal hasta la Plaza Catalunya. A veces, cuando el número de participantes es muy elevado, no se detiene ahí sino que sigue, por la Gran Vía, hasta la plaça Tetuan. Recuerdo especialmente tres: dos contra ETA, con motivo de las muertes de Miguel Ángel Blanco y de Ernest Lluch, y la última contra la sentencia del Tribunal Constitucional recortando el Estatut, este mismo verano, que también conté en mi blog.

A pesar de que se ha llenado la plaça Sant Jaume, la de hoy ha sido una manifestación de pequeño formato. ¿Significa esto que la queja y la indiferencia que vive mi ciudad en torno a la presencia del Papa es de pequeño formato? No. Predomina la indiferencia. La gente pasa del papa, exactamente lo mismo que pasa de la religión.

Pero yo considero que no es suficiente. Considero que debemos gritar fuerte contra esta visita por todo lo que significa (y todo lo que cuesta). Uno de los conferenciantes ha pronunciado unas palabras contundentes. No estamos en épocas de grandes conquistas, a la vista está. Estamos en la época de mantener lo que se tiene, de luchar para que no nos roben lo que hemos conseguido (y Rajoy nos quiere robar, recordémoslo y empapémonos de El País del domingo). Se trata de hacernos fuertes para que no puedan eliminar lo que tardamos tanto tiempo en conseguir. La laicidad, por ejemplo. Por eso he ido. Como tantos, quiero preservar mi sociedad de la presencia castrante de la Iglesia. Quiero preservar mi vida cotidiana de una visión acrítica y acientífica. Quiero ampliar derechos y no restringirlos. Deseo que la sociedad avance en la dirección contraria a la que proponen ellos. Finalmente, entre el número enorme de amenazas que observo a mi alrededor (laborales, sociales) está también la amenaza de la Iglesia. Es así. Y así lo constato.

Por eso, como podéis ver, en el balcón de mi casa cuelga ya el Jo no t'espero.
Dóciles nunca.

(Y pido disculpas por la mala calidad de las fotografías)

dimarts, 2 de novembre de 2010

VIAJE EN EL TIEMPO

Ya sé que la mayoría habrá visto las imágenes que hoy traigo pero no he podido resistirme. En una película muda rodada en el estreno de la película del gran Chaplin El circo, del año 1928, aparece una mujer aparentemente hablando por teléfono móvil. No solamente con el teléfono en el oído, no: en un momento determinado de la filmación, hacia el final, parece que está hablando. Existen en youtube varios vídeos que reproducen la toma: me he decantado por la siguiente porque es donde considero que se ve mejor.

Es evidente que en 1928 no existían los teléfonos móviles. Según algunos se trataría de alguien que, tras viajar en el tiempo, se coló teléfono en mano desde nuestra época en el documental, tras asistir previsiblemente al estreno.

Imaginemos que esto último es cierto. Imaginemos que la señora, tal como parece, está hablando por teléfono. Si hablaba significa que ya entonces existía la tecnología para hacerlo. ¿Existían ya en aquella época las antenas de telefonía móvil? ¿No fallaba la cobertura?


Imaginemos por un momento esta escena. Cualquiera de nosotros está mirando una película de la época muda. Y de repente se ve a sí mismo, en su apariencia actual, en el metraje. Ello significaría que a no mucho tardar va a viajar en el tiempo, irá hacia la época de la película muda que está viendo y va a intentar (y naturalmente conseguir) participar como extra en la película que verá en 2010, unos 80 años más tarde.

Apliquemos esto a la señora del móvil. Si se trata de una contemporánea de todos nosotros, ¿ha viajado ya? ¿O acaso viéndose a sí misma en ese documental ha llegado a la conclusión de que tendrá que viajar en el futuro para poder salir en la película en la que ya sale?

Nada es tan evidente como parece. Ni siquiera el tiempo. O probablemente deba decir: nada es tan evidente como parece. Y mucho menos, el tiempo.



(Entendámonos: para que me crea estas imágenes, tendrían que demostrarme que existieron antes de que su descubridor las diera a conocer. De lo contrario puedo pensar que esa parte del documental es apócrifa y una burla del director irlandés George Clarke, que fue quien presuntamente las descubrió. O que se trata de un efecto óptico y la señora en realidad se estaba protegiendo del aire con la mano. O, qué caramba, puedo pensar que la hipótesis mayoritaria es la real y que efectivamente la señora ha viajado en el tiempo, posibilidad que los científicos en realidad nunca han negado.)

divendres, 29 d’octubre de 2010

MI WIKIDUDA

A priori aplaudí la existencia de Wikileaks. Me pareció una contribución a la claridad informativa. Siempre es bueno, me dije, que la verdad largamente censurada, salga a la luz, por dura y desagradable que sea.

Pero las dudas aparecieron pronto. Primero, porque naturalmente filtraciones han existido siempre, y generalmente por motivos perversos. Segundo, porque la exigencia de verdad debe ser aplicada al momento presente, no solamente a lo que ocurrió diez años atrás. Y parece que nos hemos conformado en saber las cosas con tanto tiempo de retraso, y que asumimos que mientras tanto nos siguen engañando.

Por eso, tras un fin de semana intenso (el pasado), mi duda se ha convertido en la Wikiduda de muchos. Agradecería que, quien quisiese, me diese su opinión.
¿Es Wikileaks un intento generoso de destapar aspectos oscuros de nuestra historia reciente y restablecer, de esta forma, la verdad?


¿O es Wikileaks un intento perverso, oscuro y turbio de continuar envenenando las relaciones entre civilizaciones para favorecer el odio necesario que posibilite que no se detenga la guerra-gran negocio?

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