Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dimarts, 14 de desembre de 2010

CUANDO FUI ENCUESTADOR

De todos mis trabajos eventuales me quedo con el de encuestador. No porque me gustase, que era horrible, sino porque simboliza mi juventud.

Cuando era estudiante, puesto que en casa me podían pasar poco dinero, traté de buscarme la vida con las encuestas. Una amiga argentina (ilegal, naturalmente) me habló de las encuestas de Cloti, cierta muchacha que daba trabajo a ilegales pagando verdaderas miserias (una parte, supongo, de lo que le pagaban a ella). Como no tenía nada mejor me presenté en la casa de Cloti, en el centro de Barcelona y salí de allí tras un curso de formación de veinte minutos que la propia Cloti impartía en el comedor de su casa y con la primera encuesta bajo el brazo. Yo era el único trabajador catalán de la empresa. El resto, negros, árabes y sudamericanos. Listos, formados, pero fatalmente ilegales.

De aquella época han pervivido varias cosas. La primera, el axioma terrible: "Jamás te creas (del todo) una encuesta". Es cierto. Si la encuesta oficial consistía en quince páginas de preguntas pesadas y reiterativas lo que hacíamos todos era resumirla y preguntar cuatro cosas. Nos inventábamos el resto. Por ejemplo, preguntábamos: "¿Está mucho, poco o nada satisfecha (en femenino, que el mercado es muy sexista) con su detergente Ariel?" y a partir de la respuesta (y de la efusión en la respuesta) llenábamos todas las páginas con ochos, con cincos o con doses. Por tanto, de las encuestas es mejor creerse solamente el sentido general: los detalles son pura invención.

Las mejores eran las de bancos, que se pagaban bien. Pero también aprendí ahí lo mentirosos que pueden llegar a ser. Nos daban unas hojas en que constaban sus clientes de una zona determinada y las cuentas que tenía cada cliente, así como su grado de solvencia. Nuestra obligación era ir a sus domicilios como por casualidad y preguntarles: "¿Tiene usted alguna cuenta en el Banco X?". Naturalmente nos decían que sí, y entonces nosotros, gratamente sorprendidos, aprovechábamos para preguntar. En cierta ocasión llevaba pocas, unas diez, cuando me encontré por la calle con un moro de la empresa, que era listo como el hambre. Y me quejé de mi falta de eficacia. Me dio el truco. Nada de fingir la casualidad. El truco estaba en llegar, llamar por el interfono y anunciar solemnemente: "Buenas tardes. Soy un interventor del Bilbao Vizcaya. Sabemos que tiene usted una cuenta (o dos, o tres) con nosotros y nos gustaría poder hacerle unas preguntas para mejorar nuestra atención y recoger posibles quejas". Te abrían todos y te hartabas de rellenar y cobrar. Siempre he pensado en la sorpresa de la gente que, tras abrir la puerta, se encontraba con que el interventor del banco que le visitaba en su casa se llamaba Ahmed y llevaba unas zapatillas medio destrozadas.
Otras encuestas agradables eran las de leche fresca (regalábamos una bolsa de plástico con leche, de las de antes). Las peores, las de aseguradoras (la gente huye con esa palabra). También recuerdo las de la Administración, las de coches, las de cerveza, las de detergentes... En una ocasión me mandaron a encuestar sobre Sanidad Privada a la calle Robadors, que para quien no conozca Barcelona diré que, de antiguo, ostentaba el sobrenombre de carrer de les putes. Todos los pisos estaban realquilados y era habitual encontrarse en las estrechas escaleras montones de parejas que subían y bajaban, o que se parapetaban en un rincón sin tiempo a llegar arriba.

Lo peor de las encuestas era que luego llamaban para asegurarse de que era real, de que nadie se la había inventado. Solían llamar a un diez o quince por ciento. Lo único bueno es que llamaban al cabo de un mes y medio, o a veces dos, y la gente ya no recordaba con precisión lo que había contestado. Lo malo era mucho más. Sobre todo darse cuenta de que la ley de Murphy existe y que, si te habías inventado una, seguro que llamaban. Naturalmente, de cada nueva remesa, yo me hacía una a mí mismo. Tenía un papel al lado del teléfono en que había escrito los personajes que debía representar dependiendo de donde llamaran. Si llamaban por la encuesta del Banco Urquijo, yo tenía cuarenta años y era asesor literario. Si llamaban por la de Leche Pascual, le había hecho la falsa encuesta a mi madre que, naturalmente no estaba en casa. Si llamaban por la de Catalana Occidente, yo tenía entonces cincuenta y cinco y era un prejubilado de telefónica. Y además, en cada nueva remesa, encuestaba siempre a mis amigos y a mis familiares. Falsas encuestas, por supuesto. Llamaba a mi tía y le advertía: "Si te llaman de Colgate, que lo usas y te gusta mucho". "Si te llaman de La Caixa, que consideras que podrían limpiar más a menudo los ceniceros". En una ocasión compaginé dos encuestas. Una para viejos y otra para adolescentes. Las de ancianos eran muchísimo más fáciles, porque te invitaban a entrar en su casa y te invitaban a café con leche con galletas. El problema de compaginar fue que, en una ocasión, le hice la encuesta para adolescentes a un anciano de noventa años, con dificultades para expresarse. Juro que no me di cuenta hasta llegar a los datos personales, cuando leí: "¿Estudias o trabajas?". Sentí que el mundo se me venía encima. Pero pensé, "bah, sería mucha casualidad que la revisaran.". La revisaron, y me llevé el broncazo del siglo. Cloti me dijo que jamás había pasado tanta vergüenza.

Permanece mi simpatía por estos esforzados trabajadores. Si me pillan, nunca tengo un no, porque sé lo que revientan los nos. Les contesto varias, en nombre mío, de mis padres, de mis amigos inventados, y a todas les enchufo mi teléfono. El otro día una chica, tras tenerme veinte minutos contestando sobre cierto Peugeot que yo quería comprar por indicación suya, me miró con cara triste y me dijo: "Ahora, lo que me vendría que ni te figuras es que tu mujer me contestara una sobre Don Limpio". "¿No puedo ser yo?", le pregunté. "No, ha de ser una mujer". (Así de machistas siguen siendo los mercados). Lo tuve claro: "Venga, dispara. Me llamo Margarita y uso Don Limpio de toda la vida". Ella se asustó: "No, no... necesito una Margarita que no use Don Limpio". Como puede verse, contribuyo, sin mala conciencia, a la gran mentira comercial.

36 comentaris:

mariajesusparadela dimarts, 14 de desembre, 2010  

Ramon, me ha encantado. De verdad. Lástima que por aquó no vienen a hacer encuestas...
Y, que diferentes somos las personas: yo hubiera terminado la historia con la chica diciendo "No, necesito una Margarita que no use don Limpio"...y lo demás ya nos lo imaginamos (y más)

MAMÉ VALDÉS dimarts, 14 de desembre, 2010  

Que mundo tan duro el de encuestador, que dura es la calle...

Que entrada tan original con un tema tan peculiar, mira por donde hemos conocido un poco de tu oscuro pasado, je je je un saludo.

Maia dimarts, 14 de desembre, 2010  

Me imagino la cara de la chica y me río sola. En la facultad tuve que hacer encuestas y creo que fui la única estúpida que hizo todas verdaderas pero al menos los análisis estadísticos salieron de maravilla. El trabajo más extraño que hice en mi vida fue contar autos. Sí, así como los niños compiten quién ve más autos rojos o negros o lo que fuere, yo me pasé una semana entera sentada en la calle contando autos en pleno invierno. Al menos no estaba sola. Era para saber si hacía falta poner un semáforo en una esquina. Ahora creo que ponen un sensor en la calle o algo así.

Ciberculturalia dimarts, 14 de desembre, 2010  

Me ha entusiasmado tu entrada de hoy, Ramón. Esas encuestas de tu juventud te enseñaron muchísimo por lo que veo. Te enseñaron a no confiar en ellas. Pero seguro que te proporciona una buena experiencia.
Un trocito pequeño y simpático de tu vida nos has dejado hoy.
Un beso

Miguel Baquero dimarts, 14 de desembre, 2010  

Pues fíjate que a mí nunca me han hecho una encuesta, pero cada vesz que veo las encuestas que manejan los políticos pienso que tienen que ser poco fiables, porque yo seguramente en temas políticos, si voy por ejemplo a votar a la izquierda, diría que a la derecha, para que se confiasen y luego se llevaran la desagradable sorpresa. Claro que seguramente el que vaya a votar a la derecha hace lo mismo y claro, entonces sí, las cuentas cuadran

almalaire dimarts, 14 de desembre, 2010  

Ay como me ha gustado esta entrada :)... Estoy viendo"intervenir" a Ahmed con sus zapatillas destrozadas

Yo fui teleoperadora casi cuatro años y siempre he pensado en hacer un post sobre eso...lo malo es que cuando me pongo a escribir termino pensando "no, esto no hay quien se lo crea" a mi misma me cuesta creer las cosas que viví :)

Un abrazo

yraya dimarts, 14 de desembre, 2010  

Y quién no ha hecho encuestas de joven?
Yo he hecho de yogures y de intención de voto, cosa que no era muy legal hasta que me pillaron, es que ganarse unas pesetillas extras, cualquier cosa valia.

J. G. dimarts, 14 de desembre, 2010  

he vivido en ese mismo lugar y época personal similar lo que cuentas, o casi, otra versión claro, nunca necesité a K por entoces, lo descubrí después.

saludos

Ataúlfa Braun dimarts, 14 de desembre, 2010  

Muy divertida esta entrada y la experiencia. Yo también contribuyo a contestar encuestas y recoger todos los papelitos que me dan, faltaría más, con lo que les cuesta cobrar los dinerillos.
Lo único "malo" es la propaganda gratuita que les has hecho a las empresas que citas en tu texto ;)))
Yo prefiero no pensar en mis trabajos de primera juventud, porque en cuestión de sueldo y contratos estamos en las mismas. JASP nos llamaban. Pero al menos me reía más, eso sí es cierto.

Un petó jovenet etern!

emejota dimecres, 15 de desembre, 2010  

Gracias por el buen rato que me has hecho pasar. Me consta que ese tipo de empleos es duro, duro, claro que con un poco de gracia se puede cumplir el objetivo. Hay que ver todo lo que se aprende haciendo encuestas ¿verdad? Pena la última chavala, todavía con ciertos prejuicios, demasiado joven quizás. Un fuerte abrazo.

Dilaida dimecres, 15 de desembre, 2010  

Encuestas, a mi también me tocó hacer algunas y es dura la vida del encuestador y también hice alguna trampilla ¡qué tiempos aquellos!.
Bicos

Montserrat Sala dimecres, 15 de desembre, 2010  

Pocos encuestadores nos llaman ahora en los domicilios. el miedo y los avisos de tantos atracos, hacen que la gente cierre sus puertas a cal y canto.

Txema dimecres, 15 de desembre, 2010  

Que grande eres Ramón.

Un abrazo

Anna Jorba Ricart dimecres, 15 de desembre, 2010  

Sospechaba que esto era así...Ramón...
¿habrá alguna cosa en la que creer que lleve entre manos el ser humano?...

Isabel dimecres, 15 de desembre, 2010  

Comprendo tu tolerancia, yo no tengo ninguna cuando llaman insistentemente a casa a horas intespectivas. Ahora no veo tanto a los encuestadores por la calle. Las multinacionales les han habilitado extensiones de cubículos donde llamar y llamar sin mojarse.
Comprendo lo duro del trabajo, pero que te molesten tanto con tanta publicidad también lo es.

RGAlmazán dimecres, 15 de desembre, 2010  

Formé parte de un Grupo de Sociólogos que hacíamos estudios y entre ellos los cuantitativos con cuestionarios. Lo primero que hay que hacer es dar un curso de formación en condiciones a los encuestadores, y luego se hacen controles para ver que los encuestadores realizan su trabajo. No me quiero enrollar, pero en una empresa seria es difícil que los encuestadores engañen con datos falsos.
Es un trabajo muy duro y difícil, sin embargo es verdad que se emplea a menudo a gente sin experiencia que se puede cargar el resultado de la encuesta.

Salud y República

Curiyú dimecres, 15 de desembre, 2010  

Y que importantes nos sentimos las gentes cuando nos hacen una encuesta!!! Vamos por el mundo gritando que nos hicieron una y que le dijimos tal cosa y que les pusimos a los encuestadores los "puntos sobre las íes", creyendo por caso, que la encuesta se la hicieron a Darío Andrés Ruido y no, como es verdad, a un número miserable e insignificante.
Abrazo.

lucarturo dimecres, 15 de desembre, 2010  

De la necesidad, virtud. Muy entretenida tu entrada y además, ya leeré las encuestas siempre con la conciencia de que detrás lo que puede haber es una enorme labor de simulación.

Jose Vte. dimecres, 15 de desembre, 2010  

Me ha encantado, Ramón, una entrada divertidísima, aunque a los que estén realizando las encuestas no les hará tanta gracia.
Yo también suelo atender a los encuestadores, me pongo en el lugar de esa persona y me imagino lo duro que debe de ser el ver como te van dando con la puerta en las narices a cada momento.
Pero vamos, yo tampòco me las creo mucho, no siempre contestas la verdad.

Un abrazo

Jose Lorente dimecres, 15 de desembre, 2010  

Supongo que más de uno hemos tenido que lidiar con empleos ingratos en algún momento de nuestra vida, pero lo interesante sería poder localizar en ellos algún aspecto positivo, con tú has hecho, de forma entrañable y con gran sentido del humor.

Espero que Cloti no te guarde rencor.

Un abrazo fuerte para ti y para todos los personajes que alguna vez has sido.

Isabel Martínez Barquero dimecres, 15 de desembre, 2010  

He disfrutado muchísimo de esta entrada. Está magníficamente narrada y resulta amena y divertida. Cuentas sonriendo y eso se nota muchísimo. A veces, incluso, hasta oigo tu carcajada y la mía la corea.

Un pequeño recuerdo entrañable y precioso, mi querido Ramón. Además, ahí tienes campo para un relato bien salado: veo a Cloti de personaje total, al morico Ahmed tan listo en plena representación teatral ante el fono, al barcelonés (tú mismo) de bolsillos agujereados y anémicos... Las clases de formación de Cloti, los trapicheos para rellenar más encuestas..., todo ese mundo que tú YA has recreado. Estás todos los elementos del relato: sólo quedan los hilvanes y la posterior costura definitiva.

Besos siempre.

Antònia Pons Valldosera dimecres, 15 de desembre, 2010  

Una entrada divertídisima por como la cuentas. Esa Cloti me recuerda a una pariente de mi marido aunque no creo que fuera ella.
También me ha servido para hacer próposito de enmienda: yo a los encuestadores telefónicos les despacho con un: no puedo tengo la sartén en el fuego. En mi descargo decir que alguna sí que he contestado aunque desde que la publicidad se hace vía telefónica cuelgo sin opciones a respuestas: no me gusta esta publicidad, les digo, así que buenas tardes y no vuelva a llamar porque si lo hace, voy a considerarlo acoso.
Debo confesar y confieso que nunca me he dedicado a nada parecido.
Lo que yo me inventaba eran formularios que enviaban del departament d'Ensenyament en mi última etapa laboral. A mi me gusta enseñar pero no la burocracia, así que cuando llegaba un formulario de esos lo guardaba en el cajón y me olvidaba. Cuando el director insistía contestaba pero sin leer la pregunta: pito, pito, gorgorito.
De todos modos si alguien llama para preguntarme si alguien me ha hecho una encuesta voy a decir que sí aunque no me acuerde.
Por cierto el otro día me llamó una chica con el rollo de que tenía un regalo para mi. Le dije que gracias, no. Se ofendió y todo y acabó viniendo a casa. La atendió mi marido que es un santo varón ( si no lo fuera no me habría aguantado, 35 años de casados el próximo 23) y se ve que la dejó explicarse. Cuando vi que llevaba 3 minutos abajo, bajé yo y allí estaban las 2 nenas ejecutivas-agresivas en plan te vendo estas colecciones que valen 500 y de regalo te rebajo 100. Le dije que qué parte del "no me interesa" no había entendido. Se fueron pitando. Y mi marido muerto de la risa, diciendóme que había que ver lo borde que me había puesto.
En otra ocasión vino otra vendedora a la que avisé que tenía tiempo pero no ganas de comprar. Subió, yo no les invito a café, me mostró las novedades, se enrolló y yo le seguí la veta. Al final sacó el contrato y le dije: no, ya te lo había avisado. me gustan las colecciones pero no voy a comprar. Se puso al borde de la apoplejía.
"Si quieres te vendo la Larousse y mi historia del Arte que me dijeron que era una inversión cuando las compré y claro, me encantaría rentabilizarla"
Se fué mascullando palabrotas, mientras una que es educada le iba diciendo: vuelve cuando quieras, ha sido un placer. Si quieres comprar, ya sabes".
Un abrazo.

Carlos dimecres, 15 de desembre, 2010  

He pasado un rato muy ameno con tus encuestas que dan para mucho. En solidaridad contigo te diré que yo también estuve una temporada muy corta haciendo encuestas mientras estudiaba. No recuerdo (ni haré el esfuerzo de recordar) sobre que trataban, pero realmente eran un pelín largas. Me tocó una zona dura de Barcelona que es La Mina, donde hay mucha miseria pero de aquella corta etápa me han quedado grabados siempre dos momentos. En uno, una pareja de ancianos se ofreció a abrirme al ver que tenía un montón de papeles porque creían que venía a verderles una enciclopedia y así acabé revisando sus estanterías llenas de enciclopedias de todo tipo (si hubiera vendido enciclopedias, algo tan duro, allí tenía una mina). La otra historia la recuerdo con mucha ternura, pues me encontré con un viejo anarquista desencantado que tenía ganas de explicar un montón de historias y yo como era receptivo pasé allí un par de horas con café y galletas escuchándole hablar sobre la república y la guerra civil. Creo que no realicé ninguna de las dos entrevistas.
Un abrazo Ramon.

m.eugènia creus-piqué dimecres, 15 de desembre, 2010  

Que bueno Ramón, me lo he pasado pipa leyendo todas tus aventuras como encuestador, te lo montaste muy bien, me ha gustado mucho.Un abrazo.

Anònim dimecres, 15 de desembre, 2010  

Aii Ramon com m'has fet riure!!!

viejos tiempos... jajajaja. Recuerdo paseando por Rubí, el carrer Robadors, el carmelo como si fuese hoy. En el piso de la Cloti que alternava la danza del movimiento con las encuestas
Te has olvidado de un dato importante, jejejeje que al final estabamos tan cansados que ya llamabamos por telefono i todo ..
Besos.

Eastriver dimecres, 15 de desembre, 2010  

Rosa, tu vas viure aquestes i d'altres històries, vas conèixer a la Cloti, vam riure molt en aquells anys. Sí, això de les enquestes dels bancs va ser a Rubí, jajaja, ho havia oblidat. Com també habia oblidat que vam acabar fent les enquestes per telèfon. Quin tràfec!, jaja.

NINA dijous, 16 de desembre, 2010  

jijiji...!!!

Yo también trabajé encuestando! Me acuerdo una vez que me tocó en un supermercado y la gente estaba reacia a contestar porque le quitaba yo el tiempo, entonces los ayudaba a hacer las compras mientras contestaban las preguntas! Qué pesada me sentía!

Baci

Thiago dijous, 16 de desembre, 2010  

jaja genial, muy testimonio de primera mano.... Pobres encuestadores. La verdad es que no he tenido que contestar ninguna salvo las de los trabajadores de las ONG que tienen todama la calle Preciados, aunque eso no es tanto una encuesta como fichar un nuevo socio... Ya he salvado a las ballenas, a los niños con las úlceras de Buruli, a los refugiados, y no sé a cuántos más....

bezos.

◊ Dissortat ◊ dijous, 16 de desembre, 2010  

Algunas veces hemos tenido que hacer cosas que aunque no han sido de lo más, nos han proporcionado ciertas "experiencias" y mucho saber estar. Recuerdo que con la crisis de los 90 no había demasiado trabajo que digamos y acabé como agente censal durante 6 meses. Censábamos propiedades, y además de estar unas horas atendiendo a los citados en la Cámara Agraria, teniamos otras horas para acudir a las casas de aquellos que no venían por miedo a tener que "pagar más" si sabiamos que tenían tierras que aún estaban a nonbre de parientes muertos o cosas similares. Toda una historia que me has hecho recordar con buen humor. Eran otros tiempos.

¡Saludos!

Menda. dijous, 16 de desembre, 2010  

Uf, admiro el trabajo de esos muchachotes encuestadores. Sobre todo si dan con gente como yo. creo que me tienen en una lista negra.

Isabel Romana dijous, 16 de desembre, 2010  

Me he divertido mucho con tus aventuras de encuestador. Y te diré una cosa: a partir de ahora, procuraré ser más amable con ellos. Te confieso que, aunque suelo responderlas, no siempre lo hago con el mejor ánimo y humor. A veces fastidian. Pero ya digo, me acordaré de tí e incluso me avendré a representar a más de un personaje. ¡Qué menos! Saludos cordiales.

Javier Martinez V. divendres, 17 de desembre, 2010  

Ramón, he volado en el tiempo, gracias a tu texto, hasta aquella época juvenil en la que también hice de encuestador, apenas había ingresado a la universidad y todo trabajito temporal era bueno para conseguir un poco de dinerillo. He reído mucho con tus anécdotas. Leyendote he pasado un buen momento.

Un gran abrazo.

Alfonso dissabte, 18 de desembre, 2010  

Yo en mi casa no hago encuestas porque no me fío de nadie jeje. Las hago por internet, una agencia me pidió el favor, me dan unos puntos y cada equis tiempo me regalan un libro. Y yo les contesto, cuánto gano, qué compro, que artistas me gustan más en publicidad, más o menos eso.
En las encuestas políticas cuando me preguntan, siempre pregunto para que medio es, y entonces le digo lo que ya sé que van a publicar al final jaja.
Pero la verdad, el trabajo de encuestador/a es duro, y pesado.

Lembranza dissabte, 18 de desembre, 2010  

Que dura es la vida del encuestador, terminas con los pies destrozados y la mandíbula desencajada de tanto intentar sonreír. A mi todavía me llaman de algunos seguros para hacerme una póliza, mi hija estuvo una temporada haciéndolo y cuando no llegaba a los que tena que hacer en el día buscaba a alguien de la familia para hacerlos. Duro, muy duro. Saludos

Maripaz Brugos dissabte, 18 de desembre, 2010  

Que buen relato Ramón...de esos que te hacen pasar un rato estupendo. Nos has descubierto el mundillo de los entrevistadores desde dentro.

Yo casi siempre suelo contestar cuando me hacen una encuesta...me dan mucha pena y les hago el favor.

Esther diumenge, 19 de desembre, 2010  

Yo estoy viviendo esa época ahora. Me siento completamente identificada y yo, ahora, también me paro y respondo encuestas muy amablemente :)

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