Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dimarts, 20 de desembre del 2011

IMÁGENES DE LA NAVIDAD EN BARCELONA

A mí no me gustaba nada la navidad cuando era adolescente. Representaba entonces lo que sigue representando: el consumismo, la hipocresía y la ñoñez. Pero un año, cuando ya había dejado atrás la adolescencia, cuando ya trabajaba, me encontré un cinco de enero parado por la calle viendo como pasaba la cabalgata de los Reyes Magos. Entonces me acordé de mi mismo sobre los hombros de mi padre, viendo pasar los Reyes. Y recordé esa ilusión infantil. Pensé también en mi familia, en la navidad que acabábamos de pasar. Y supe que al día siguiente por la tarde comenzarían a retirar las luces y todos los escaparates se vestirían de rebajas, y yo tendría que madrugar nuevamente porque el trabajo estaba esperando y la buena vida había acabado ya. Y en esos momentos, cómo no, maldije el tiempo que se iba y maldije no haberlo aprovechado. Porque, lo supe entonces, la navidad representa también la familia, significa los amigos, significa pararse a disfrutar de una tarde viendo una peli. Significa el invierno, que me gusta mucho. Y significa la infancia.

(En la foto de arriba podéis ver los galets gigantes de decoración que han colocado en Rambla de Catalunya. Son los mismos que el ayuntamiento esparció hace unos años por la ciudad. Así de original era el Ayuntamiento socialista de Barcelona, ejem. Los galets es la pasta típica para la sopa del día de Navidad. Como se sabe los catalanes celebramos el día de Navidad y no la Nochebuena, aunque a la hora de la verdad y puestos a celebrar, uno acaba celebrándolo ya todo.)


(Las dos fotografías inmediatamente superiores corresponden a la pista de hielo que han puesto este año en la plaza Catalunya. Sí, la misma plaza que un día se vio invadida por los indignados recoge ahora una atracción con clara finalidad consumista. Sonriamos de todos modos...)
(Una de las citas ineludibles del periodo prenavideño en Barcelona es la Fira de Santa Llúcia, delante de la Catedral, que se celebra desde épocas muy antiguas, dedicada básicamente a la venta de belenes y objetos de decoración navideña. La fotografía de arriba es de la entrada a la fira este año.)
(Y otro emblema es la decoración de El Corte Inglés, claro está. En esta foto se puede ver la gran cantidad de fotógrafos aficionados que plantaron sus trípodes delante de los grandes almacenes para fotografiar la decoración de la plaza. Yo les fotografié a ellos)

Es por eso que ese día, viendo pasar los Reyes supe que aquel a partir de entonces nunca más iba a decir que no me gustaba la navidad, no fuera a arrepentirme más tarde, cuando el tiempo haya hecho más estragos. Al contrario, iba a vivir intensamente las próximas, disfrutando en cada momento de la gente querida.

Desde ese año cuando comienzan a poner las luces en Barcelona espanto los pensamientos inevitables y me quedo con los planes pequeños de lo que voy a hacer con los míos: esa cena entrañable, el brindis, las luces de la decoración, los padres, alguna salida, la gente que quiero... Porque ese año supe que si la navidad es una época en que los sentimientos están más a flor de piel, aunque sean previsibles, vale la pena aprovecharlos para ser un poco más feliz. Y vivirlo intensamente. Porque la vida, al final, son los buenos momentos que hemos pasado y no las cosas que hemos adquirido.

Que tengáis unas felices fiestas y que sepamos verle siempre lo positivo a todo. Para ello os paso este enlace (gracias Mateo Santamarta) en el que se recogen los cinco arrepentimientos más comunes en las personas que están en el tramo final de sus vidas. Para que no lo perdamos de vista. Y para que sepamos aprovechar todos los instantes, incluidos los buenos momentos que nos trae la Navidad.


(Y finalmente mis mejores deseos: Bones Festes)

dimecres, 14 de desembre del 2011

LAS ENFERMERAS RUSAS

Durante estos días he estado mirando con atención a Rusia, por el pucherazo de ese ser despreciable llamado Putin, y de su cachorro (o su cacharro, que no viene de una vocal a estas alturas). Y he pensando que los pobres rusos han tenido muy mala suerte casi siempre con sus gobernantes. Mi memoria me ha traído, por ejemplo, a esa momia llamada Boris que le daba al vodka en demasía y luego pellizcaba el trasero de las secretarias o se paseaba beodo haciendo el número o bailando los pajaritos (que en su caso era aproximadamente lo mismo). El siguiente vídeo les dará una idea, por si se habían olvidado, que no lo creo.

He estado mirando con atención, y con indignación, el pucherazo ruso, que ha hecho que muchos ciudadanos salieran a protestar a las calles. Siempre que el pueblo sale a la calle nos produce admiración. Entonces pensamos que queda una esperanza para el mundo, y que la maldad y la mentira no pueden triunfar siempre. Pienso que se ha hablado poco, o será que estamos tan preocupados con lo nuestro que ni fuerzas tenemos para ocuparnos de otros asuntos. Pero Putin, y su cachorro Medvédev, representan esa Rusia despreciable, en la que los nuevos ricos se pasean dando asco y la mayoría del pueblo se muere de hambre. Pero mientras que nadie se ocupa de los que se mueren de hambre, a los que dan asco se les recibe con las mejores sonrisas, porque si bien es innegable que dan grima el dinero nunca lo da.
Mirando en estos días a la corrupta Rusia me he acordado de la Rusia soviética, esa que cayó por sus propios errores. Esa que celebraba los días de fiesta con tanques, soldados, misiles y muchas momias mirando el desfile desde el Kremlin. Me he acordado de esas momias, pero me he acordado poco, porque casi nunca salían y cuando lo hacían se les veía de lejos. Nombres como Brézhnev, Andrópov y Chernenko son suficientemente representativos de por qué la gente no se daba tortas por entrar en el régimen comunista. Daban mal rollo, esa es la verdad. Seguramente desde Occidente se acentuaban los males, no diré que no, pero se bastaban por sí solos para dar yuyu.

Y puesto a recordar me he acordado también de la enfermera rusa que da título a esta entrada. ¿Que quién es esta enfermera? Algo así como la encarnación de lo que viene siendo Rusia desde hace muchos años, para desgracia de los rusos. Y, digámoslo claro, una encarnación de lo que este mundo neoliberal que nos toca sufrir quisiera poner de moda. De aquello en lo que nos estamos convirtiendo. La enfermera rusa, es decir, la dama del sueño, la señora de los silencios, la mujer narcótica, la fémina de los ansiolíticos, Madame Morfina, Lady Opio, la dueña de la mudez.

En agosto del año 2000 el submarino nuclear ruso Kursk, tras un experimento, se perdió con todos sus tripulantes a bordo, muchos de ellos vivos. Mientras el submarino permanecía depositado sobre el fondo marino, sin posibilidad de movimiento, en la superficie medio mundo sufría por los marineros y se intentaban diversas operaciones de rescate. Meses después se logró recuperar y se descubrió que los tripulantes que habían sobrevivido habían contado aspectos de su larga e inútil espera escribiendo a oscuras desde la parte trasera del submarino, probablemente oteando desde las ventanillas alguna luz que acudiera a rescatarlos.

El triste episodio hizo que se cuestionaran muchos aspectos relativos a la seguridad de los soldados. Cuando se celebró el funeral oficial la madre de uno de los muchachos muertos en el accidente se levantó y, gritando, trató de pedir explicaciones a quien se las pudiera dar. Pero ahí estaba ella, la enfermera rusa. Diligente, veloz como una rata, sacó de alguna parte una jeringa que inyectó sin miramientos en el hombro de la dolorida madre que cayó en un instantáneo sopor (y evidentemente se calló).

Viendo y leyendo la polémica sobre las recientes elecciones con trampa en Rusia me he acordado de ella. Y he pensado que seguramente tenemos enfermeras rusas infiltradas en todas las ciudades, en los pueblos, en todas las calles, preparadas para inyectarnos raudas una buena dosis de tranquilizante y hacernos callar al instante. No es broma: estemos atentos. Haberlas, haylas.

divendres, 9 de desembre del 2011

CONSUMIR PREFERENTEMENTE ANTES DE

El domingo vi por la tele un documental sobre el que quiero llamar la atención (TV3, 30 minuts, El menjar que llencem). Se está hablando mucho en estos últimos años del tema de la sostenibilidad, de la gestión de residuos y, ya desde otro punto de vista, de la llamada obsolescencia programada que explicaría por qué nuestros electrodomésticos se estropean fatalmente al día siguiente de haber terminado la garantía, y que está muy bien retratado en el aconsejable documental Comprar, tirar, comprar. Sobre estos temas he leído cosas muy interesantes en prensa, en blogs, y he visto también documentales. De lo que habló el programa del domingo, sin embargo, no sabía tanto.

El reportaje hablaba de la enorme cantidad de comida en buen estado que tiramos diariamente. Los datos son aterradores y dan que pensar: un 20% de los alimentos del primer mundo van a parar a la basura cada día. De semejante despilfarro todos somos, en mayor o menor medida, responsables.

En el reportaje se centraban en lo que ocurre semanalmente en nuestras casas. ¿Cuánta comida caduca en nuestras neveras? ¿De cuántos alimentos nos deshacemos porque consideramos que no están suficientemente frescos? Una bandeja de carne, las sobras del pescado, un huevo, una bolsa de pasta no significan grandes cantidades. La cuestión está en sumar nuestra familia con la familia de al lado, y con la otra, y con todo el país.

Aparecía también lo que ocurre en los comedores escolares: chicos que llenaban sus platos en un self-service, dejando luego el plato medio lleno. Cogían, por ejemplo, cinco rebanadas de pan cuando resulta lógico suponer que como mucho se iban a comer dos. El reportaje pesaba los quilos de comida en buen estado que se tiraban a la basura cada tarde y los números resultaban vergonzantes. Y estos mismos escolares mostraban una absoluta falta de culpabilidad por lo que estaban haciendo. Si se les preguntaban si no se sentían mal por despilfarrar tanta comida su respuesta era que no, puesto que ellos habían pagado y por tanto podían hacer lo que quisieran con lo que era suyo.
En las grandes superficies la cosa era aún peor. El documental mostraba lo que hacen diariamente los supermercados antes de abrir: retiran todo producto que, o bien está a punto de caducar (aunque no lo haya hecho), o bien no presente una apariencia lo suficientemente fresca. En otras ocasiones tiraban también directamente los excedentes. Podrían haberlos llevado a otro supermercado de la misma cadena, pero pagar el camión del transporte significa pagar más dinero. Así que resulta más económico tirar cajas y cajas en lugar de recolocarlas en otras tiendas. Los datos eran los mismos: un 20% del total iba a parar a la basura. Viendo cubos y cubos de carne en buen estado dirigiéndose al camión de la basura uno pensaba en que de cada cien animales sacrificados para nuestra alimentación, 20 están siendo sacrificados para absolutamente nada.

Podría pensarse que los supermercados dan los productos de los que se deshacen a entidades de ayuda. No solamente no es así, sino que muchos restaurantes, según denunciaba el documental, rocían sus alimentos con lejía para evitar que la gente se agolpe a sus puertas para rebuscar en sus basuras. Por lo visto, da muy mala imagen.

Pero el resportaje iba un poco más allá: no solamente culpaba al consumidor, que sin duda tiene una parte de responsabilidad por su búsqueda obsesiva de la frescura aparente, sino también a las estrategias comerciales que llevan a ese despilfarro. Paquetes familiares que indudablemente acaban estropeados antes de ser consumidos, por ejemplo, o esas confusas firmas que llevan casi todos los productos en las cuales podemos leer aquello de CONSUMIR PREFERENTEMENTE ANTES DE..., leyenda que casi todos toman como sinónimo de caducidad cuando no lo es. Un producto puede perfectamente consumirse después de lo que indica la fecha en el envase. Y seguramente lo sería si un escrito tan tramposo no invitara a tirarlo a la basura para comprar otro.
Ver el reportaje significa enfrentarse directamente al absurdo de nuestro mundo. Unos, aun en crisis, tiran el 20 por ciento. Y otra parte del mundo, mientras tanto, sigue muriéndose de hambre. Todo ello sin atisbo de sentimiento de culpabilidad por parte de casi nadie.

Yo tengo días optimistas y días pesimistas. En los primeros pienso que los pequeños gestos son importantes y pueden modificar poco a poco el mundo. En los segundos pienso que no vale la pena sufrir ni medio minuto. Si me pongo cruel pienso que quienes entren en este blog dejarán un comentario escandalizado y el lunes tirarán el medio pollo que les sobró del domingo mientras juegan con su último iphone o estrenan aquellos zapatos tan caros.

Si me pongo más cruel todavía pensaré que yo mismo tiraré el lunes el medio pollo que me sobró del domingo mientras pienso que voy a comprarme un iphone porque la blackberry hace las fotos que son una pena.

O quizás no, quizás sea cierto que un mundo sostenible va a ser posible en el futuro: sostenible desde todos los puntos de vista. Y justo. Un mundo justo, también desde todos los puntos de vista.

Pero como no quiero acabar con este mal sabor voy a levantar mi copa metafórica (que apuraré, no pienso tirar ni una gota) y brindar por la justicia posible con el grito que más nos une a todos los republicanos del ancho mundo ibérico: ¡Viva Urdangarín!

Feliz puente.

dissabte, 3 de desembre del 2011

LA SOPA FRÍA

Llevo algunas semanas retrasando la opinión sobre las elecciones. Dije que prefería dejar que se enfriara la sopa. De lo que redacté aquella noche de domingo, tras la marea azul, poco queda. No porque mis ideas se hayan modificado sino porque el tiempo hace verlo y escribirlo todo más tranquilo.

El mío no es un blog específicamente político pero, en tanto que medio de expresión, me ha gustado en ocasiones convertirlo en vocero político. Pero siempre siendo sintético porque tampoco merece la pena más. Además ya doy la opinión, y me la formo, en blogs políticos de primera división de gente querida y admirada. Veamos pues los puntos de la sopa.
Punto primero: no me gusta obviamente el avance del PP. Ya dejé escrito en una entrada de mi primer blog por qué no me gusta este partido. El tema es que, más allá de que sea un partido de derechas, que ya de por sí siento que no va conmigo, la derecha caciquil, rancia, pacata y que supura moralina (y la aplica, por desgracia) me horroriza hasta límites insospechados. Para mí el PP es (o incluye) esa derecha. Si fuera una derecha más civilizada, más europea, seguiría sin gustarme, que sabemos cómo las gasta la derecha europea. Pero no me daría el mismo asco.

Punto segundo: ¿a alguien le extraña el batacazo del PSOE? A mí no. Es más, pienso sinceramente que es un batacazo merecidísimo. Lo ha hecho muy mal estos últimos años, su gestión de la crisis es absolutamente deficiente, y sus pactos con el PP han dejado a muchos en casa. ¿Significa eso que piense que el PSOE lo ha hecho siempre tan mal? No, confieso públicamente que aplaudí el PSOE de la primera legislatura de ZP. Pero éste ya era otro PSOE.

Punto tercero: Ha supuesto una gran alegria la subida de IU. Pero, ¿qué pienso sinceramente del partido de Cayo Lara y su equivalente catalán Iniciativa? Que su rumbo errático no les permitirá nunca gobernar ni por asomo. No me gusta el mundo que tenemos, también yo opto por cambiarlo, pienso además que es necesario hacerlo (más allà de cuatro cambios cosméticos). Pero mientras sigamos jugando en esta liga las respuestas deben ser las de esta liga. En caso contrario no resultan creíbles a una mayoría de persones. Que ante la debacle de la izquierda socialista, IU no crezca muchísimo más a mí no me puede contentar y sí en cambio que me exige ser muy crítico. No puede ser que IU se contente con ese voto flotante que aterriza en sus filas cuando el PSOE se hunde, y se le escapa con el cuento del voto útil cuando el PSOE se viste de auténtico.

Punto cuarto: de Rosita la pastelera no diré nada. No me gusta esa mujer, me gusta menos que nadie. Del mantenimiento de ERC en Catalunya tampoco diré nada aunque me alegro. De quien sí diré es de los vascos. Bueno, no diré. Me levanto y les aplaudo. Ya está.

Punto quinto y último: el caso catalán. Me siento orgulloso, así de claro. Algunos dirán: ¿orgulloso de qué? ¿De los recortes que Mas anunció a las veinticuatro horas? En la actual circunstancia me temo que los hubiera hecho cualquiera. El debate sobre qué cortar y qué no sigue en punto muerto (y ese sería el gran debate). Y yo nunca he sido de CIU ni creo que lo sea nunca. Entonces, os preguntaréis, ¿orgulloso por qué? Sencillamente, porque una vez más nadie duda de eso que se llamó el hecho diferencial. Ver un mapa azuloscurocasinegro, dominado por la gaviota, con la salvedad del País Vasco y Catalunya, a mí particularmente me hace ilusión, no voy a ocultarlo. Me gusta vivir en una tierra en que el pacatismo pepero no arraiga. Me dirán que el azul de CIU es también azul, y el pacatismo de Durán Lleida de antología, me dirán que son primos hermanos, me dirán lo que quieran decir, pero nadie va a evitar que yo me alegre profunda y anchamente de que en mi tierra no haya ganado el PP. Y quien no lo quiera entender, que no lo entienda. Ya que somos España, me gusta ser una España menos española.

Tengo un compañero de trabajo que me decía el otro día que ese mapa en que resaltan con otro color estas dos naciones, la vasca y la catalana, que algunos todavía se resisten a reconocer como naciones, es más bien una diana. ¿Una diana?, le pregunté. Sí, sonrió él. Saben a dónde disparar, lo tienen fácil, no tienen más que mirar lo que no es azul.

Pero ese sería otro tema: un tema viejo, antiguo, rancio, molesto, pesado, pero que vuelve siempre. El tema del encaje de Catalunya en España. En Madrid, el centralismo político ha tenido siempre muy claro hacia donde disparar. Yo ya tomé mi decisión hace un tiempo y no voy a seguir dándole vueltas. Mi banda sonora del día de las elecciones se resume en una canción mítica: El jorn dels miserables de Lluís Llach, una canción que a mí me recordará siempre al día en que en España (al menos en España) ganó el PP. La idea, justo es decirlo, no es mía: fue de Ramon Carreté del blog Amb vetusta gonella. También se sumó a este proyecto silencioso mi amigo Josep del blog Vivències. Yo hoy, como colofón a lo que fue y a lo que espero (temo) de esta España del PP, adjunto otra canción de Llach, "Companys, no és això" muy bien montada por cierto. Como suele suceder con los poetas, con menos palabras dicen más y mejor.

dilluns, 28 de novembre del 2011

ZARAGOZA, EL AVE, EL FUEGO Y JAIME PEÑAFIEL

Este verano estuve en Zaragoza. Era la segunda vez. La primera fue cuando tenía dieciséis o diecisiete años. De aquella primera visita permaneció, sobre todo, el impacto de la Aljafería. Se trataba de comprobar ahora si realmente valía la pena o fue una pequeña fascinación debida a la inocencia de la juventud extrema. Como cuando relees un libro treinta años después: no todos pasan, lo sabemos bien, la prueba del tiempo.

Como en Barcelona tenemos AVE, caro pero eficaz, decidimos tomarlo de buena mañana, y regresar después de comer. En dos horas nos íbamos a plantar en la ciudad del Ebro, veríamos lo más destacado, y volveríamos puntualísimos, sin habernos siquiera despeinado. O eso creíamos nosotros (es evidente que siempre la vida puede más y te reserva sorpresas no siempre gratas).

Zaragoza es una ciudad pequeña que merece mucho la pena. La zona antigua, los aledaños del Pilar, el mercado, las callejas... El Pilar es enorme y merece la pena verse, a pesar del estilo arquitectónico. (Es curioso, tanto que me gusta el barroco en pintura y literatura, en cambio en arquitectura prefiero de lejos la sencillez del románico o la fastuosidad vertical del gótico). También la Seo, la Catedral, muy cercana al Pilar. Y el río detrás, en una de esas típicas imágenes de la ciudad.
La Aljafería no me desengañó en absoluto. Es tal como la recordaba: un vestigio de esos reyes moros de la épica francesa (y española). Un paraje de enorme delicadeza árabe, una sorpresa encantadora. En ella están ubicadas las Cortes aragonesas y sus dependencias. Hicimos la visita de rigor y descubrimos, cómo no, que los encantadores Reyes Católicos dejaron su delicada huella, como solían hacer (es irónico, claro).

Tras comer en un agradable restaurante volvimos a la estación Delicias para regresar a Barcelona. En dos horas íbamos a estar en casa. Pero, como sucede a veces, o quizá mejor, como sucede siempre, el hombre propone y la vida dispone lo que le da la gana. Mientras íbamos hablando de las excelencias del AVE (qué rápido, que agradable, qué cómodo) el tren se detuvo en seco. Pensamos, cómo no, que se trataba de una parada técnica sin importancia.

Cuando llevábamos media hora era evidente que había ocurrido algo. Comenzamos entonces a deslizarnos por la vía a velocidad de tortuga. Lleida permanecía al fondo, lejana y sola (otra ironía). La bordeamos y continuamos, al mismo paso de tortuga, en dirección a Tarragona. Hasta que una nueva detención, con los consabidos chasquidos de lengua alrededor, hizo suponer que la cosa sería aún peor. Una amable señorita nos informó por megafonía que debido a un incendio íbamos a permanecer detenidos un rato más.

En concreto la minucia de media hora. Continuamos luego, a la misma ínfima velocidad de crucero. Una liebre nos hubiera adelantado. Miramos el reloj. A esa hora teníamos que estar llegando a Barcelona-Sants.

Cuando estábamos a punto de llegar a Tarragona se detuvo el tren de nuevo. La misma señorita que nos había hablado antes nos informó que debido a un agravamiento de la situación del fuego nos veíamos obligados a regresar a Lleida. Dicho y hecho. El tren volvió sobre sus propios pasos deshaciendo el camino andado. En media hora entrábamos en la estación de Lleida-Pirineus (que así se llama, aunque los Pirineos caigan a tres horas en coche). La estación estaba repleta de AVES, de TALGOS y de gentes diversas procedentes mayormente de la Villa y Corte. Todos en pie, fumando en los andenes, vociferando, gritando otros, amarrados a las botellas de agua, soportando el insoportable calor de tarde de julio. Y se dio entonces una de esas situaciones incómodas pero con un punto divertido.

La simpática señorita que se iba asomando ocasionalmente a la megafonía dijo en su mejor tono que nos dirigiéramos al vestíbulo de la estación. Iban a habilitar autocares que nos iban a transportar a la estación de Tarragona, lugar donde tomaríamos otro tren que nos llevaría en un santiamén a Barcelona. Eso sí: los autocares iban a ser ocupados por estricto orden de llegada al vestíbulo. Podéis imaginaros el resto: carreras, empujones, gritos, caídas. Los pijos madrileños del barrio de Salamanca perdieron toda compostura de clase y se tiraron a codazos, que de eso saben.

Servidor, en estas circunstancias, no pierde la calma. No es mérito: lo que ocurre es que no me gusta correr, y pienso, ya no viene de media hora. A quien sí le venía era al insigne periodista del corazón Jaime Peñafiel que, ataviado con su corbata, el pañuelito blanco asomando por el bolsillo de la americana y perfectamente maquillado, se dispuso a llegar rápido a la cola porque tendría algún programa en Barcelona aquella noche. Todos nos dispusimos a guardar nuestro turno en una cola quilométrica pero como siempre ocurre también en estos casos, la gente es aficionada a la trampa y a colarse. Con las consiguientes quejas y protestas de los obedientes, entre los cuales me proclamo a mucha honra.

El calor era tremendo, como suele ser en mi ciudad natal. Todos seguíamos allí, bajo el sol justiciero, esperando los autobuses que no llegaban, o llegaban poco a poco. Miré entonces al periodista Jaime Peñafiel. El sol había comenzado a afectarle al maquillaje. Mucho menos encantador que en la tele, parecía que acababa de meter la cara dentro de un plato de aceite.

En cuando llegaron los autocares (una horita de cola) nos llevaron a Tarragona donde, tras una hora y media de trayecto por la Nacional (la autopista también estaba cortada) tomamos un tren que nos dejó en nuestra ciudad cinco horas y media más tarde de lo que el rapidísimo AVE había previsto.

Lo peor no fue eso, lo peor no fue ni siquiera haberse topado con J.P. Lo peor, y de largo, fue el incendio; esa lacra de todos los veranos. Pero ese sería otro tema.

dimarts, 22 de novembre del 2011

LONDON TAXIS

(¿Esperaba alguien una valoración de las elecciones del domingo? Yo sí. Yo sí esperaba hacerla. Mejor dicho: la hice, la redacté. No una valoración al uso, que ni soy analista político ni tengo ningún interés en serlo. Lo que escribí fue solamente un apunte de urgencia. Pero todas las retóricas nos aconsejan no redactar en caliente. Y más que me lo aconsejerían a mí, que tengo tendencia al desaliento exaltado. Así que ahí queda esperando. Dejemos que se enfríe, como la sopa. Y más adelante, la semana próxima por ejemplo, os cuento lo que pienso de este país azuloscurocasinegro. De momento, prefiero ponerme colorista.)


----------
Este verano pasado estuvimos en Londres, ciudad alucinante, un New York a la vuelta de la esquina. Era la segunda vez que íbamos, y nuestra idea era patear lugares y museos que habían quedado pendientes y acercarnos a Cambridge, Oxford y Liverpool. Debo decir que Londres me gustó más esta segunda vez. Probablemente porque he sabido entender que, sin ser una ciudad bonita como puede ser París, es una ciudad vivísima, cosmopolita, en la que se cuece todo. Una New York a hora y media de avión. Un lujo, vaya. Diré sólo que conté, en los teatros del centro, unos quince musicales, ¡quince! Además de unas treinta obras de teatro, sus dos óperas y un cine en cada esquina. Sin contar con los museos: el British (esta vez no fuimos), la National Gallery (maravillosa) y las dos Tate Gallery (la clásica y la moderna). Pero podría hablar también largo y tendido de Harrod's, y de su excelente té negro. Pero será otro día.

Londres parece una ciudad nada amable. Es trepidante, eso sí, pero olvida a la gente y sus circunstancias (a quienes no son jóvenes, me refiero). Son muchísimo más humanas nuestras ciudades. Por poner un ejemplo: un billete de metro cuesta la friolera de cuatro libras con veinte. Existen abonos y demás, pero el precio es excesivo desde todos los puntos de vista.

Por culpa de estos precios en el momento de movernos preferíamos ir en taxi. Primero porque, curiosamente, el taxi está a un precio parecido al de Barcelona, y por tanto en comparación con el metro resulta económico incluso. Y en segundo lugar, porque Londres, al ser una ciudad de callejas estrechas y no en forma cuadricular como el ensanche barcelonés, tiene muchísimos menos semáforos, y va más deprisa. También nos desplazamos bastante en autobús, más económico que el metro.
Siguen existiendo los típicos autobuses rojos de dos pisos, sin puertas, pero hay menos que la primera vez que fui. Su uso ha quedado reducido prácticamente a los turistas. Recuerdo que, hace diez años, cuando me subí por primera vez, me sorprendió la empinada escalera que ascendía al piso superior. No tenían puerta y no se detenían en las paradas, sino que la gente saltaba entrando y saliendo aprovechando los semáforos. Una locura. Ya entonces pensé, ¿cómo harán los viejos de Londres para tomar transporte público?

Los taxis londinenses son los más cómodos del mundo. Amplios, altos, grandes. No tienen maletero, así que pones las maletas contigo y no te cobran suplemento. Al taxista se le habla desde fuera, colocándose uno al lado de la ventanilla (atención, lado derecho, ya se sabe). Y cuando uno ha llegado se le paga también desde fuera. Y además incorporan publicidad. Ya no son negros, como antaño, o al menos no son negros todos, sino de vivos colores, anunciando espectáculos y viajes. Resultan vivos, cambiantes, como la ciudad misma.

dimecres, 16 de novembre del 2011

LA PERRA ENFERMA

Jaime Gil de Biedma mantuvo siempre su homosexualidad en el ámbito de lo íntimo sin llevar a cabo lo que ahora se define como "salida del armario". Las presiones familiares (una estirpe castellana de rancio abolengo transplantada a Barcelona) y laborales (un cargo directivo en Tabacos de Filipinas) aconsejaron vivir su vida sin expansiones de ningún tipo. También es cierto que los camareros de los restaurantes que frecuentaba recordaron durante muchos años que fue de los primeros en ir a cenar con sus sucesivas parejas sin ocultar nada. Pero en cualquier caso, nunca se mostró públicamente para el gran público. Eran otras épocas y nuestros años 60 malos tiempos para cualquier forma de lírica.

Por eso cuando, ya enfermo, acudió a la Residencia de Estudiantes para dar una lectura de poemas un jovencito le pidió que recitara el poema Loca, el jovencito ensayó una pícara sonrisa de entendido. Gil de Biedma no le siguió el juego. Recitó el poema sin inmutarse. La loca era una mujer, creían los que menos se enteraban. El jovencito sabía que una loca es un gay afeminado, en un prototipo de la marginalidad que a medida que la homosexualidad se va normalizando va desapareciendo o viéndose menos.

Desde esta perspectiva el poema es, quizá, más doloroso. Porque la loca es, además, un ser marginado por su opción sexual. Una perra enferma de soledad.

La noche, que es siempre ambigua,
te enfurece -color
de ginebra mala, son
tus ojos unas bichas.

Yo sé que vas a romper
en insultos y en lágrimas
histéricas. En la cama,
luego, te calmaré

con besos que me da pena
dártelos. Y al dormir
te apretarás contra mí
como una perra enferma.

dijous, 10 de novembre del 2011

SOY PEPERO (Y TEMPLÉ MI CORAZÓN CON PICO Y BARRENA)

Cuando el día 20 gane Mariano, España será más que nunca España. Yo, lo sabéis, lo espero como agua de mayo.

Será más que nunca España porque volverán las máquinas a centrarse en los raíles de la ortodoxia. Porque, digámoslo claro, el Partido Popular no es una derecha como tantas: es una derecha que recoge el franquismo sociológico que jamás pidió perdón. Es tiempo de poner las cosas en su lugar: probablemente no fue tan malo ese franquismo. ¿Marginó y castigó un poco? Nadie es perfecto. Los periféricos sufrieron cuarenta años de prohibición cultural sistemática, pero las circunstancias históricas fueron las que fueron. Y en el fondo, no sé qué diferencia hay entre estar enterrado en un cementerio y estarlo en una cuneta. Finalmente, ¿que no había democracia? Vaya democracia de mierda que tenemos ahora, si me permitís que lo diga. No, que no os engañen. Franco fue un buen hombre: el hombre necesario. Su represión nos vino que ni pintada, y España evolucionó muchísimo. Y encima no existían independentistas... (o si existían se les callaba rápido)
Como el PP representa esa España, por eso estoy contento y cuento las horas para que llegue Mariano. Y además existe otra bendición: el Partido Popular representa también el pacatismo moral, la religiosidad extrema, la moralidad dirigida, la España negra de Frascuelo y de María, la vida conventual, monástica, censora y pascual. Y eso es otra cosa maravillosa. A partir del próximo 20, fuera aborto, fuera pedir la opinión a las mujeres y que libremente puedan elegir, fuera matrimonio gay, esa aberración, vuelta a los valores inmortales y tradicionales. Cuando se produzca el momento del histórico triunfo si no grito Viva España no será porque no lo sienta: será porque me dará pavor equivocarme y gritar Viva Honduras.

Vayámonos haciendonos a la idea de la dicha inconmensurable que nos espera. Os traigo dos vídeos. Vamos a por el primero. Dadle al play, cerrad los ojos y dejaros arrobar por esos cantos papales extraordinarios. ¿No es maravilloso que vaya a ganar el Partido Popular? Decidme, ¿no es maravilloso eso?



Y ahora os voy a contar un secreto visionario: las alturas habían señalado este momento desde hace años. La gente no sabe leer las señales, porque si las supiera leer hubiera sabido que no falta demasiado para el cambio. Os cuento de qué signo se trata.

En tiempos de carestía y pobreza de vocaciones religiosas una encantadora muchacha castellana llamada Verónica Berzosa decidió hacerse monja. Al poco se convirtió en abadesa y al poco, también, fue llenando su convento de nuevas vocaciones: chicas guapas y pijas, hijas la mayoría de familias de kikos, del opus, de legionarios, y de otras bendiciones divinas. En no mucho tiempo se le quedó pequeño el convento y le montaron otro. Y, al poco también, le permitieron a Sor Berzosa crear su propia congregación que vistió unos hábitos hechos con tela vaquera (os lo juro, de tela vaquera, para marcar más esa juventud). Naturalmente, en épocas de pobreza vocacional, la gesta de la nunca perezosa sor Berzosa está adquiriendo por la región vaticana connotaciones de milagro. Ha sido recibida por el Papa, al cual le dio un abrazo efusivo y un beso (casto), y la han visitado los portavoces de la jerarquía para bendecir su trabajo. Aquí tenéis un vídeo que os pido, por favor, encarecidamente, que veáis hasta el final. Vais a moriros (de gozo), vais a flipar (en un sentido místico), vais a trasladaros a las regiones lucientes del alma castellana de tradición teresiana y vais a sentiros más que nunca orgullosos de ser hondureños, digo españoles.

¿Qué otra España podía estar anunciando el milagro de Sor Berzosa? Una España del PP, o sea, déjate.

Os bendigo a todos. Y el día 20, votadme bien. Démosle una alegría a esta santa.

¿Queréis más señales del advenimiento de la nueva era? Mirad el calendario y veréis qué día es hoy. Todo se conjuga, como cuando a Moisés se le abrieron las aguas. Que tengáis, pues, un feliz 11/11/11, mientras seguimos esperando al mesías Mariano.

divendres, 4 de novembre del 2011

PERIÓDICOS GRATIS PARA VOTANTES INDECISOS

Hace cinco o seis años estuve trabajando en un instituto al cual llegaba el diario El Mundo. No sé en otros lugares de España pero en Catalunya El Mundo no tiene muy buena prensa, o al menos levanta muchas susceptibilidades. Todos los institutos suelen estar suscritos a un periódico (generalmente El País, La Vanguardia, El Periódico o Avui, a veces a más de uno). Pero, ¿suscrito ese instituto a El Mundo? Extraño.

Lo hablé con varios compañeros. Todo el mundo parecía molesto y extrañado. Una compañera y yo preguntamos por esa extraña suscripción. El director, muy amable, nos confirmó que el instituto no le pagaba ni un duro al periódico. Sencillamente, no se sabía si por error o porque alguien lo pagaba de su bolsillo (dio un tono especial a esta posibilidad), el periódico había comenzado a llegar al centro hacía ya cuatro o cinco años.

Cuando pasaron las semanas y fui conociendo más a los compañeros descubrí el verdadero sentido de las palabras del director. Uno de ellos, ideológicamente bastante definido, consumía El Mundo con verdadera voracidad y supuse que todo venía de él. Pero la duda persistía: ¿costeaba con su dinero la suscripción?

Meses después, durante una cena de fin de semana con gente ajena al trabajo comenté el tema con una amiga que coordinaba las tareas de un geriátrico. Me dijo, muy sorprendida, que también en su centro de la tercera edad recibían El Mundo, sin que nadie lo hubiera pedido. Y me aseguró que nadie pagaba esa suscripción fantasma.

Desconozco si ocurre en otros lugares. Pero desde entonces me pregunto si podría ser que personas afines ideológicamente a ese periódico, cuando frecuentan (como trabajadores, como usuarios) un centro por el que pasa mucha gente, avisen al periódico en cuestión, abriendo la vía de una suscripción gratuita. A nadie se le escapa la ideología de ese diario, ni se le escapa que a los votantes hay que convencerlos en una labor de zapa, lenta, diaria, cotidiana, indesmayable. ¿Que pierden dinero distribuyendo periódicos gratis? No pasa nada: para algo están las subvenciones públicas y el agradecimiento de quienes llegan, cuando llegan. No acuso: me limito a suponer.

Y la primavera pasada, paseando por una localidad cercana a Barcelona, atiné a pasar por delante de un geriátrico. Y allí, en la calle, había un montón de Mundos del día, apilados sobre una silla (la cámara confirma que no miento). Quien pasaba por la calle podía servirse, como si se tratara de un periódico gratuito. Dentro, en los jardines, los abuelos paseaban tranquilos, mientras otros, bajo una pérgola leían ceñudos lo que les contaba un periódico que ni habían comprado ellos ni había comprado nadie. Me gustaría saber si alguien conoce algún otro caso de ideología servida gratuitamente mientras llega el día de las elecciones.

(Ya comenté en el blog que, en campaña y precampaña, en Rodalies de Catalunya, servicio de tren del que soy usuario, regalan diariamente La Vanguardia, periódico afín a CIU, como se sabe. La cosa comenzó en las anteriores autonómicas, siguió en las municipales (al final de mi entrada sobre Montilla está la foto) y ahora se está repitiendo. Se inicia aproximadamente dos meses y medio antes de la jornada electoral. Una vez pasado el día de las urnas, se acabó el diario gratis).

dissabte, 29 d’octubre del 2011

EN LA CASA DE GIANNI

Normalmente no comento películas ni novelas en el blog. Es éste un blog no diario, así que procuro hablar de cosas que, en principio, no estén relacionadas con ningún tipo de actualidad, ni la mía ni la política. Pero sí recuerdo haber hecho alguna vez lo de comentar una película o un libro que vi o leí hace tiempo por el solo hecho de que pervive, de que regresa a mi memoria de forma intermitente, señal de que vino para quedarse.

Este verano pasado vi una película encantadora (del año 2008). Cuenta la historia de un hombre de mediana edad, divorciado, sin trabajo, sin oficio y sin beneficio, que vive con su madre nonagenaria. Cierto día el dueño del piso en el que viven, harto de que le deba tanto dinero del alquiler, promete perdonarle algunos meses si se ocupa de su madre, también nonagenaria, durante un largo fin de semana. Gianni, tal es el nombre del protagonista, lo habla con su propia madre y acepta. Y reciben en casa a la madre del dueño del piso. La escena, típica de comedia, muestra el modo como son tratados muchos abuelos en nuestra sociedad: el propietario lleva a su madre con la misma despreocupación con que llevamos el perro a una perrera en verano. Para que la mujer no se encuentre sola la acompaña una prima también de edad provecta.
Gianni recibe, aquella misma mañana la visita del médico, que es amigo suyo. Al ver que Gianni está cuidando a tres ancianas tiene una idea: dejarle también él a su propia madre y poder acometer de esta forma el viaje pendiente con su esposa aprovechando el maldito ferragosto, tan duro de pasar en la capital. A Gianni se le va llenando la casa de abuelas.

Muchos temas actuales aparecen en la película: el paro, la marginación, el papel de los ancianos en una sociedad que los desprecia. Y emerge una lectura por un lado descorazonadora, por el otro edificante en su propia épica pequeña: los marginados actuales (parados y ancianos) suman fuerzas y son felices a su modo, con la sola ayuda de un plato de pasta al dente y la compañía que se hacen unos a otros. Horarios, pastillas, normas y cuidado dietético quedan algo relegados: es la manera para que las abuelas se sientan felices en la casa de Gianni.
Las ancianas de la película, que llevan sus propios nombres, son actrices no profesionales, lo cual otorga a la comedia una mayor frescura. En especial la encantadora Valeria de Franciscis, la mujer de rostro más arrugado que he visto en mi vida: tras una vida dedicada al teatro amateur se estrenó en el cine en esta película una vez superados los noventa. Está graciosísima y muy creíble. Ella es la prueba de que nunca es tarde para debutar en lo que sea.

Si buscáis podéis verla online. Os dejo el trailer.

---
Para acabar un breve apunte de última hora. No importante, anecdótico tan solo. La página web de la BBC, con motivo de la próxima cifra redonda de siete mil millones de habitantes en nuestro planeta, ha puesto un marcador que nos permite descubrir qué número de habitante fuimos en el momento de nuestro nacimiento y también qué número de persona viva sobre la tierra tenemos. Anecdótico, ya os digo. Le dais a este enlace y podéis descubrirlo. Que lo creáis más o menos ya es otra cosa.

Feliz puente.

diumenge, 23 d’octubre del 2011

MONET (CASI) ABSTRACTO

Como dije en una entrada anterior, durante mi fin de año parisino coincidimos con la exposición sobre Monet. Dije en esa entrada que probablemente se trate de la mejor exposición que he visto nunca. Monet me ha fascinado siempre. Pero se trataba en este caso de su obra completa. Creo que nunca me había ocurrido lo ir pasando salas y desear que la cosa no acabase todavía. (Podéis haceros una idea visitando la web oficial que todavía existe)

Dejamos la visita para uno de los últimos días por la tarde. El frío era tremendo. Caía una lluvia muy fina que acabó por convertirse en agua nieve. La exposición era en el Grand Palais, Champs Elysées, tocando casi con la Concorde. Había ya oscurecido, el frío como digo era temible y había muchísima gente esperando para entrar. Pero muchísima. La siguiente fotografía está sacada de la red pero podría ser perfectamente del día en que yo estuve.
¿Qué haces cuando, bajo el agua nieve, aterido de frío, con metros y metros de cola para entrar, te informa un amable señor que te quedan unas tres horas bajo la lluvia? Haces lo que hicimos nosotros: esperar, intuyendo que valdrían la pena todas las calamidades.

Como suele suceder en estos casos, siempre pillas algún español con el que poder entretener la espera. También la entretuvimos gracias a un violinista (cómo son estos franceses) contratado por el Grand Palais para amenizar la cola interminable a base de Vivaldi. Daba cosa ver cómo el agua le bajaba por la frente y se acumulaba en forma de gotas en la barbilla. Indesmayable, no desafinó ni una nota. De fondo seguía imparable el bullicio de la ciudad maravillosa.




Compré el catálogo para conservar en formato papel un recuerdo, ni que fuera pálido, de la belleza que había observado. La obra de Monet, casi entera, no es fácil de digerir. Por la noche, en el hotel, entrando en calor, me asomé a la ventana y vi la tour Eiffel iluminada, recordé el poema de Rubén que tanto me gusta (y en tanto cae la nieve, en el cielo de París), canturreé la tristísima aria de La Traviata Parigi, o cara, y comprendí en toda su amplitud qué significa París en nuestras vidas. Y, ya puestos, volviendo siempre a Monet, reparé en esa tendencia a la abstracción que se observa en los grandes cuando además son viejos.

Porque efectivamente Monet, hacia el final de su vida, experimentada toda la luz y todos los reflejos en la Catedral de Rouen, todos los ocres de sus Meules, el colorido vivo de los puentecillos orientales, explicado todo el blanco de la nieve francesa y de la niebla londinense, una vez experimentado todo lo que deseaba, observa que precisa más que nunca la idea y no tanto el detalle. Entonces, sorprendentemente, aparece un Monet que yo no conocía: el Monet que tiende a la pintura abstracta, que la anuncia. Una vez pintado el mundo se hacía necesario el esquematismo.

Estas tres pinturas del último Monet bastarán para ejemplificar esa gradación, ese progresivo oscurecimiento de lo figurativo.


Cuando uno ha explicado el mundo como nadie, con una pincelada tiene suficiente. La abstracción surge entonces como forma desnuda de conocimiento. Como idea que contiene todas las potencialidades. Pero nunca como futilidad, ni como snobismo, ni como tontería (eso serán los posteriores, quienes sin tener talento se escudaron en la abstracción y en el arte conceptual). Yo, al menos, en muchas ocasiones lo veo así.

Feliz semana a todos.

dilluns, 17 d’octubre del 2011

ELLA FITZGERALD (Y UNA FOTO DEL 15-O)

De entre la tríada de damas de la canción negra (Billie Holiday, Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald) seguramente era esta última la que tenía la voz más bella, aunque las tres son especiales. De Ella Fitzgerald hay otra cosa que me sorprende, o me divierte: su imagen de ama de casa. Yo creo que ni queriendo caer en el divismo hubiera podido. Se parecía demasiado a la vecina negra que muchos hubiéramos podido tener.

El siguiente vídeo, una grabación de 1974, me parece una maravilla. Su actuación es fantástica. Pero parece que cinco minutos antes haya estado en la cocina rellenando el pavo de Navidad. Por eso tiene mayor grandeza, porque es como si la señora que hace cola a tu lado en el supermercado se pusiera a cantar y lo hiciera como los ángeles.


---------
Para acabar por hoy, una imagen que vale más que mil palabras, o como mínimo tanto como una metáfora. El sábado estuve por el centro de Barcelona, ocupada por la mani. Y así, como se ve, estaba la Bolsa de Barcelona (en Passeig de Gràcia), convertida en un vertedero. La gente depositó con todo el cariño cuanta más mierda mejor en la señorial puerta de entrada. Esta foto, a pesar de la mala calidad, es un símbolo del estado actual del capitalismo: la suciedad, tanto tiempo bajo las moquetas, ha comenzado a aflorar y amenaza con invadirlo todo.

dimarts, 11 d’octubre del 2011

LAS NOTICIAS DEL FAR

Un día, en la hemeroteca-web de un periódico, encontré la inesperada historia de un fontanero malherido porque la señora de la casa, recién llegada, lo encontró tumbado en la cocina, con la cabeza bajo el fregadero, reparando las tuberías, y pensando la mujer que se trataba de su marido comenzó a acariciarlo "cariñosamente". El buen hombre, ante las inesperadas caricias, reaccionó levantando violentamente la cabeza y provocó el accidente que no sabemos si le costó la vida.

Parece una leyenda urbana y no una noticia. Probablemente lo sea. Pero es cierto que lo encontré en las páginas de un periódico (ya sabemos que, en todos los temas, es prudente no creerlo siempre todo) y así lo traje a mi blog hace unos meses.

Desde entonces, cada vez que entraba en la hemeroteca para buscar otros temas me iba fijando en la cantidad extraordinaria de noticias sorprendentes que aparecían. Y comencé a guardarlas. Automáticamente, con una sonrisa la mayoría de las veces. Ahora pienso que puedo compartirlas en el blog.

De entre todas las noticias sorprendentes una de mis preferidas son las de ancianas que hacen algo increíble. Me recuerdan los personajes de los tebeos o de las series de dibujos animados. Imaginemos, por ejemplo, una abuela luchando a brazo partido con un tigre y descerrejándolo. Así leí la historia de la anciana campesina que supo defenderse:
O esta otra anciana con suerte:
Esta última me parece increíble (bueno, la primera también). Empecemos diciendo que 120 metros equivalen a la altura de las torres KIO de Madrid, unos 30 pisos de altura. Imagínense una anciana cayéndose al mar desde esa altura y no haciéndose casi ni un rasguño. Uno, que nació, respetadme!, con el cine, casi no puede evitar imaginarla en su caída libre. Como si de un chiste negro se tratara. Pura fantasía. Aunque también es cierto que la realidad supera la ficción.

Otro grupo de noticias, también simpático, es el de los ladrones chapuceros. La del ladrón con mala suerte, por ejemplo:
Menos graciosa resulta la historia del ladrón que se aprovecha de la buena fe de sus invitados. Este ladrón no nos resulta simpático: su modo de proceder es demasiado político.
Y finalmente la historia del cura envenenado en plena misa, cayendo con espasmos tras darle un sorbo al vino de consagrar, algo que no se le hubiera ocurrido ni a los guionistas de CSI ni al mejor Almodóvar. Supongo que es cierto cuando dicen que la realidad supera la ficción.
Tengo más noticias de este tipo. Otro día las pongo. Saludos.

dimecres, 5 d’octubre del 2011

CONSPIRACIONES

Cuando Lady Di murió en un túnel de París mi padre dijo (lo sigue manteniendo) que se la habían cargado. Cuando mucho tiempo después apareció un carta que la difunta había escrito en los últimos años, temiendo que su suegro y su exmarido la asesinasen fingiendo un accidente automovilístico, mi padre no dijo nada. Se limitó a sonreír.

Este verano pasado leí un artículo de agosto en el periódico Ara que me hizo pasar un buen rato (se recogía en el artículo la noticia del Simposio Mundial sobre la Teoría de la Conspiración, celebrado este verano pasado en Valencia... sí, Simposio Mundial sobre la Teoría de la Conspiración, habéis leído bien). En él se señalaban algunas de las principales teorías conspirativas que circulan por el mundo.


El asesinato de Ben Laden y lo que hicieron con su cadáver, es una de ellas. El tema del origen del SIDA y la creación del VIH en un laboratorio sería otra. El asesinato de los Kennedy, convertido casi en leyenda inagotable, es probablemente una de las más recurridas. O, como ejemplo de teoría conspirativa reciente, el polémico asunto de la violación nunca aclarada que cometió Strauss-Kahn, motivo por el cual dimitió de su cargo directivo en el FMI (¿le tendieron una trampa porque su presencia en el Fondo Monetario resultaba incómoda por algún motivo?).

Hay muchísimas más, también recogidas en el artículo que señalaba antes. Todos sabemos de las teorías que existen sobre el posible montaje de la llegada del hombre a la luna. Esta teoría conspirativa está, hoy por hoy, bastante desacreditada. Pero siempre surge algún detalle que la pone nuevamente sobre la mesa. Por ejemplo, la certeza de que, por mucho que los viajes por el espacio nos resulten más familiares, el hombre haya abandonado la órbita terrestre en contadísimas ocasiones. El Challenger, por ejemplo, se quedaba aquí cerquita. La Estación Internacional está también dentro de nuestra órbita. De hecho el hombre la abandonó solamente cuando fue a la luna. Se puede decir que sin ensayos previos. Nunca antes. Nunca desde entonces. Salió de la órbita terrestre, se dirigió a la luna, descendió, se posó perfectamente, estuvo unas horas, volvió a elevarse, se unió a la nave nodriza y regresaron a la tierra. Varias veces, en los sucesivos viajes. Pero el hombre, desde entonces, nunca más ha vuelto a abandonar nuestra órbita. Saber esto te hace pensar. Por lo menos, a mí sí.

Otro de los temas estrella de las conspiraciones es el de la verdadera naturaleza de los atentados del 11-S. ¿Lo tramó Ben Laden? ¿Fue asunto de los propios norteamericanos que necesitaban justificar futuras guerras? Suena tremendo, pero la caída de uno de los edificios del complejo del World Trade, concretamente del edificio 7 (sede de los servicios secretos y de varias divisiones de la Defensa, ni más ni menos) sin que le hubiera afectado el impacto de ninguno de los aviones, hace sospechar que no todo es claro en este caso. Ahora, por cierto, con el tema del reciente décimo aniversario, se ha creado una página web, Remember Building 7, en que se recoge esa extrañeza. Vale la pena darle un vistazo, porque uno acaba sospechando que ciertamente, no nos lo contaron todo, o nos lo contaron como quisieron. (También recomiendo una página que recoge, en catalán, las cinco principales teorías conspirativas relacionadas con el 11S).

Sobre el tema de las teorías conspirativas hay varias páginas en la red, alguna muy interesante. Yo os recomiendo Despiertate! OK, en español, en la que se se pueden leer teorías relativas a la matanza de Noruega de este verano pasado (muy bien hilado, no diré que no) u otros muchos temas (me sorprendió saber, por ejemplo, que quien bebe agua de mar no enferma nunca). Resulta curioso pasearse por este blog que dice poner sobre la mesa las verdades que los diferentes gobiernos mundiales pretenden escatimarnos.

Dejando de lado la cuestión de la credulidad (con la historia oficial o con la teoría conspiratoria) y la convicción de que en la vida no todo es blanco o negro, mantenía el artículo antes citado que el ser humano siente fascinación por las conspiraciones porque se ha sentido engañado demasiadas veces por la versión institucional.

Teorías conspirativas surgen a cada paso, y sobre los temas más impensados. Las rayas que los aviones dejan en el cielo, por ejemplo. Desde el punto de vista de la química se explican por la diferencia de temperatura entre el frío de las capas altas y el calor que desprenden los aviones. Cuanta más humedad exista en esas capas altas, mayor cantidad de trazos de aviones divisaremos. Pero últimamente se ha generado una teoría conspirativa, la de los chemtrails, que relaciona el aparentemente cada vez mayor número de trazos con programas ocultos sobre el control del clima y cosas peores.

Hay más teorías conspirativas, muchísimas más. Cada hecho histórico genera la suya, como el descubrimiento de América (¿descubrimiento?, no me gusta esa manera de decirlo) o el incendio de Nerón. A veces, si el hecho histórico es de suficiente envergadura, genera varias. Conspiraciones existen también, a otro nivel, en nuestro entorno. En el trabajo, en la escalera, en la vecindad. La conspiración nace de la idea de que nada es como parece ser, surge al pensar que existen motivos ocultos en todo acto humano, en toda circunstancia aparentemente casual. Nace de la incredulidad humana, de la conciencia de sentirnos engañados, estafados, manipulados. Seguramente no todas son reales; podríamos asegurar que no todas lo son. Pero el sólo hecho de que una lo sea abre las puertas a que las demás puedan serlo.

Finalmente, estaría bien hablar también de las pequeñas teorías conspirativas domésticas, familiares, íntimas. Las que sufrimos cotidianamente. Pero ese sería otro tema.

dijous, 29 de setembre del 2011

DE PARÍS, CUANDO HACÍA FRÍO

Ahora que septiembre ya gira hacia su final, a pesar del calor insoportable, recuerdo mi último viaje a París. Fue el pasado fin de año y quise contarlo aquí, pero no alcanzó el tiempo. Al poco empecé un paréntesis en el blog que hizo que el tema quedara colgado.

Hacía un frío descomunal, al menos para los desacostumbrados barceloneses que disfrutamos todo el año de temperaturas fácilmente soportables. Pero París es siempre París. Una ciudad elegante y enormemente bella. Con esos contrastes que implican pasar de un extremo a otro con la misma facilidad con que cruzamos de rive a rive.

París durante fin de año luce más, si cabe. Es la ciudad de los excesos, también. En las galerías Lafayette los escaparates son pequeños teatrillos infantiles con marionetas y muñecos que cobran vida. Por la zona de Notre Dame y los puentes la melancolía lo invade todo. Por Saint Germain se vive y se bulle de forma ya expresionista ya enormemente mundana (ambas formas tienen mucho en común, como se sabe). Por la Ópera Garnier y los grandes boulevares la amplitud de las calles te expone brutalmente al frío. Por los Campos Elíseos brillan los 300 árboles iluminados con infinidad de luces. París, durante las navidades, es más. ¿Cómo no amarla? ¿Cómo no desear ser parisien?
Lo deseé intensamente cuando, bajando por la rue Mouffetard (en la foto), por el barrio latino, disfrutando del mercado popular que hay en aquel lugar, llegamos a una plaza donde sonaba el karaoke más insólito que he visto nunca. Mientras un señor con acordeón tocaba, la gente se ponía a cantar, leyendo la letra en unos folios plastificados que el músico traía. Se organizó un coro espontáneo que no sonaba nada mal. Una pareja bailaba tan arrebatadamente como la letra de Sous le ciel de Paris permite suponer, mientras los demás cantaban, probablemente recordando a Edith Piaf. Para entender lo que sentí en esos momentos basta con escuchar la canción e imaginar que bajando por el Quartier Latin te asalta la melancolía.

Los parisinos, para entrar en calor, engullen vino caliente, que resultaría a priori un método poco sofisticado. Para compensar, comen y cenan en Maxim's o en Le Procopé. A este último fui, pero solamente porque ofrecían un menú de 20 euros, que París es muy caro y yo un funcionario de sueldo recortado. Le Procopé, en la rive gauche, es el café más antiguo del mundo. Data de 1686 y ahora funciona como restaurante. En él, Voltaire consumía sus 40 tacitas de café diario. Fue una inesperada sorpresa, de esas que en cada esquina te regala París.

Y en esta estancia plenamente hibernal disfruté de otro regalo inmenso, inmenso. La exposición de Monet en el Gran Palais. Una exposición que a mí me recordó un poco a la histórica antológica de principios de los 90 sobre Velázquez en el Prado, en el sentido de recopilación de obras dispersas del autor conformando casi su opera omnia. Fue tan extraordinario ver a Monet completo que puedo decir que creo que es la exposición más bonita que he visto en mi vida. O una de las más bonitas.

No me alcanza el tiempo. Así que si París bien vale una entrada, Monet merece otra. Prometido.

dissabte, 24 de setembre del 2011

MONUMENTAL COLOSAL

Este domingo se ha de celebrar, en la plaza de la Monumental, la que teóricamente es la última corrida de toros en Catalunya.

Digo teóricamente porque ya no me fío, y sé por experiencia que lo que decidimos los catalanes se suele corregir por los sabios del Estado. De todas formas, ojalá sea la última.

Se dicen muchas cosas de forma partidista. Por ejemplo, se dice que aquí prohibimos los toros porque representan la cultura española. No sé los motivos de todo el mundo. Pero sí sé que los toros son una bárbara afición completamente ibérica: se dan, desde el siglo XVIII, en Castilla, en Andalucía. Desde algo más tarde en Valencia, en Portugal, en el sur de Francia, en Catalunya. A principios del siglo XX había ni más ni menos que tres plazas en mi ciudad y Barcelona era una plaza grande, como ahora puede ser Madrid o Sevilla. Por tanto, y que quede dicho: los toros, si bien no son exactamente una tradición catalana, sí que arraigaron en Catalunya. Y mucho. Si yo me alegro de que se prohiban no es, por tanto, por motivos identitarios.

Me alegro de que la del domingo sea la última corrida por unas pocas razones. Las siguientes:

- Los toros me parecen un espectáculo bárbaro, violento, completamente superado. Rechazo cualquier tipo de folclore, tradición o afición que se base en el sufrimiento de un ser vivo.

- La sensibilidad actual tolera mal este tipo de espectáculos que, de todas maneras, van desapareciendo por sí mismos. Las razones arqueológicas no justifican, pues, su pervivencia.

- Su prohibición en Catalunya forma parte de un proceso netamente democrático. Recogida de firmas, presentación de una ILE (Iniciativa Legislativa Popular... ojalá hubieran más), debate parlamentario en una Comisión, votación en el Pleno. Anular esta decisión significaría un paso más en el descreimiento democrático que sufrimos todos los ciudadanos de este Estado. Los catalanes, si se me permite, lo sabemos de una manera doblemente especial.

Celebro, pues, que la del domingo sea la última corrida taurina catalana. Ahora sólo queda esperar tres cosas: que no obligue nadie a dar marcha atrás, que el ejemplo se extienda y que los correbous sigan la misma suerte.


Hasta la próxima semana.

dissabte, 17 de setembre del 2011

GRAFITIS: EL FUEGO Y LOS PIRÓMANOS

A pesar del tiempo que hace que no lo hago, me divierte recoger grafitis. En ocasiones, a pesar de su puerilidad, están repetidos, incluso a mucha distancia física uno de otro. ¿La misma persona? ¿La misma banda? Los grafitis despiertan inesperadas sospechas.

En otras ocasiones recogen una queja. Te quedas mirando el grafiti mientras esperas el bus y piensas que sí, que tiene razón quien lo haya escrito; ojalá la crisis la hubieran pagado ellos y no nosotros. Los grafitis despiertan también inusitadas complicidades.

  © Blogger template 'Isolation' by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP