Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

divendres, 9 de desembre de 2011

CONSUMIR PREFERENTEMENTE ANTES DE

El domingo vi por la tele un documental sobre el que quiero llamar la atención (TV3, 30 minuts, El menjar que llencem). Se está hablando mucho en estos últimos años del tema de la sostenibilidad, de la gestión de residuos y, ya desde otro punto de vista, de la llamada obsolescencia programada que explicaría por qué nuestros electrodomésticos se estropean fatalmente al día siguiente de haber terminado la garantía, y que está muy bien retratado en el aconsejable documental Comprar, tirar, comprar. Sobre estos temas he leído cosas muy interesantes en prensa, en blogs, y he visto también documentales. De lo que habló el programa del domingo, sin embargo, no sabía tanto.

El reportaje hablaba de la enorme cantidad de comida en buen estado que tiramos diariamente. Los datos son aterradores y dan que pensar: un 20% de los alimentos del primer mundo van a parar a la basura cada día. De semejante despilfarro todos somos, en mayor o menor medida, responsables.

En el reportaje se centraban en lo que ocurre semanalmente en nuestras casas. ¿Cuánta comida caduca en nuestras neveras? ¿De cuántos alimentos nos deshacemos porque consideramos que no están suficientemente frescos? Una bandeja de carne, las sobras del pescado, un huevo, una bolsa de pasta no significan grandes cantidades. La cuestión está en sumar nuestra familia con la familia de al lado, y con la otra, y con todo el país.

Aparecía también lo que ocurre en los comedores escolares: chicos que llenaban sus platos en un self-service, dejando luego el plato medio lleno. Cogían, por ejemplo, cinco rebanadas de pan cuando resulta lógico suponer que como mucho se iban a comer dos. El reportaje pesaba los quilos de comida en buen estado que se tiraban a la basura cada tarde y los números resultaban vergonzantes. Y estos mismos escolares mostraban una absoluta falta de culpabilidad por lo que estaban haciendo. Si se les preguntaban si no se sentían mal por despilfarrar tanta comida su respuesta era que no, puesto que ellos habían pagado y por tanto podían hacer lo que quisieran con lo que era suyo.
En las grandes superficies la cosa era aún peor. El documental mostraba lo que hacen diariamente los supermercados antes de abrir: retiran todo producto que, o bien está a punto de caducar (aunque no lo haya hecho), o bien no presente una apariencia lo suficientemente fresca. En otras ocasiones tiraban también directamente los excedentes. Podrían haberlos llevado a otro supermercado de la misma cadena, pero pagar el camión del transporte significa pagar más dinero. Así que resulta más económico tirar cajas y cajas en lugar de recolocarlas en otras tiendas. Los datos eran los mismos: un 20% del total iba a parar a la basura. Viendo cubos y cubos de carne en buen estado dirigiéndose al camión de la basura uno pensaba en que de cada cien animales sacrificados para nuestra alimentación, 20 están siendo sacrificados para absolutamente nada.

Podría pensarse que los supermercados dan los productos de los que se deshacen a entidades de ayuda. No solamente no es así, sino que muchos restaurantes, según denunciaba el documental, rocían sus alimentos con lejía para evitar que la gente se agolpe a sus puertas para rebuscar en sus basuras. Por lo visto, da muy mala imagen.

Pero el resportaje iba un poco más allá: no solamente culpaba al consumidor, que sin duda tiene una parte de responsabilidad por su búsqueda obsesiva de la frescura aparente, sino también a las estrategias comerciales que llevan a ese despilfarro. Paquetes familiares que indudablemente acaban estropeados antes de ser consumidos, por ejemplo, o esas confusas firmas que llevan casi todos los productos en las cuales podemos leer aquello de CONSUMIR PREFERENTEMENTE ANTES DE..., leyenda que casi todos toman como sinónimo de caducidad cuando no lo es. Un producto puede perfectamente consumirse después de lo que indica la fecha en el envase. Y seguramente lo sería si un escrito tan tramposo no invitara a tirarlo a la basura para comprar otro.
Ver el reportaje significa enfrentarse directamente al absurdo de nuestro mundo. Unos, aun en crisis, tiran el 20 por ciento. Y otra parte del mundo, mientras tanto, sigue muriéndose de hambre. Todo ello sin atisbo de sentimiento de culpabilidad por parte de casi nadie.

Yo tengo días optimistas y días pesimistas. En los primeros pienso que los pequeños gestos son importantes y pueden modificar poco a poco el mundo. En los segundos pienso que no vale la pena sufrir ni medio minuto. Si me pongo cruel pienso que quienes entren en este blog dejarán un comentario escandalizado y el lunes tirarán el medio pollo que les sobró del domingo mientras juegan con su último iphone o estrenan aquellos zapatos tan caros.

Si me pongo más cruel todavía pensaré que yo mismo tiraré el lunes el medio pollo que me sobró del domingo mientras pienso que voy a comprarme un iphone porque la blackberry hace las fotos que son una pena.

O quizás no, quizás sea cierto que un mundo sostenible va a ser posible en el futuro: sostenible desde todos los puntos de vista. Y justo. Un mundo justo, también desde todos los puntos de vista.

Pero como no quiero acabar con este mal sabor voy a levantar mi copa metafórica (que apuraré, no pienso tirar ni una gota) y brindar por la justicia posible con el grito que más nos une a todos los republicanos del ancho mundo ibérico: ¡Viva Urdangarín!

Feliz puente.

34 comentaris:

Alfonso divendres, 09 de desembre, 2011  

Tengo la suerte de que mi pareja tiene un supermercado y su máxima es ¡aquí no se tira ná! Así que me ha educado a no tirar nada, porque la cuestión como tanta cosa, es de educación. Así que si algo no huele mal, se aprovecha.
Una anécdota de mi juventud :P al lado de mi instituto pusieron una tienda Bimbo, donde vendían los productos que caducaban (ya has explicado bien que nos pasamos por el forro lo de preferentemente de la fecha) al día siguiente y no los tenían que tirar. Los vendían creo que a diez pesetas o quince, o algo así. Yo me atiborraba en el recreo de bonys, tigretones y panteras rosas ¡Así salí! XDD

alma divendres, 09 de desembre, 2011  

¡Viva! :D

ellutegarín

Yo apenas tiro nada. Con el medio pollo hago croquetas...Con los yogures que caducan hago la prueba para saber si siguen estando buenos...porque me consta que muchas veces las marcas se limitan a cambiarles las tapas. Cocino una vez al día para que la comida que sobra se cene a la noche. Si es muy pesada para cenar, se come al día siguiente. El pan duro lo hago sopas de ajo o lo guardo y se lo llevo a mi madre para las gallinas...Me da mucha verguenza tirar la comida.

Un beso

mariajesusparadela divendres, 09 de desembre, 2011  

En ese mismo sentido yo siempre he dicho que la corona para la hija mayor. Vivan todos aquellos que nos lo ponen fácil.

Yo no tiro nada, Ramon: me paso la vida comiento "ya te vi" porque tengo vergüenza de tirar...Y eso que en mi casa los restos los comen los animales, nunca van a la basura. Aun así, me cuesta darles comida que puede ser aprovechada por mi.
En mi casa siempre se obligó a los niños a comer lo que tienen en el plato, para que aprendan a servirse lo que necesitan, con mesura. La educación empieza en el hogar.
A mi me cuesta tirar. Mucho.
Y, sin embargo, no me cuesta nada regalar y en eso soy generosa a más no poder.

RGAlmazán divendres, 09 de desembre, 2011  

Es verdad que es un mal general. Sin embargo, sin querer presumir, te puedo asegurar que yo tiro muy poco y que consumo muy poco en general. Sólo lo que me hace falta. Y la comida que sobra al frigo y se vuelve a aprovechar. No hay derecho. Pero el problema mayor está en que esto casi no ha cambiado. Lo que cuentas de los colegios lo demuestra. Parece que pagando se tiene derecho a todo y eso los niños lo aprenden rápido, sin tomar conciencia de lo que significan los alimentos y la escasez que hay de ellos en muchos sitios.
Es necesario, imprescindible, consumir menor y repartir los recursos, aunque eso vaya en contra de los principios del sistema capitalista. No podemos seguir derrochando por derrochar.

Salud y República

juan antonio divendres, 09 de desembre, 2011  

Hola Eastriver:
Esa falta de culpabilidad de los escolares, quizás tengamos la culpa todos, pues debemos hacer frente a este problema desde la base y la base son nuestros hijos.
Los albergues que dan asilo para dormir y comer que hay repartidos en todas las ciudades, podrían recoger a diario en las grandes superficies estos excedentes que están todavía en buen estado para ser consumidos de manera inmediata sin dar tiempo a que se echen a perder. Pero veo que faltan acuerdos, porque ni siquiera se ha tratado el tema o quizás por otro tipo de intereses ocultos.
Nosotros lo mejor que podemos hacer, es lo que tú has hecho y es ni más ni menos que denunciarlo, para que se vaya tomando conciencia del problema.
Un saludo.
P.D: El lunes o compras menos pollo o te lo comes entero.

Miguel Baquero divendres, 09 de desembre, 2011  

Con esa mentalidad de que como he pagado tengo derecho a todo, hasta a hacer el gamba, sólo vamos al desastre

Alfonso divendres, 09 de desembre, 2011  

Te he meneao el post :) http://www.meneame.net/story/tirar-los-alimentos

Encarni divendres, 09 de desembre, 2011  

Hace ya muchos años en un viaje al que fuimos mi marido y yo a Portugal, en el hotel se podía desayunar con autoservicio. Recuerdo que era Semana Santa, esa mañana mientras desayunabamos, un grupo de jovenes entre 18-20 entraron y cada uno en su bandeja pusieron más de lo que en realidad se iban a comer. Pero eso todos!! Cuando se marcharon dejaron un montón de restos de tostadas,zumos, bollería, en fin, una pena.

Y otra cosa importante, no sabes por ejemplo cuántas verduras se tiran para que el precio baje en las lonjas. Yo he visto agricultores tirar kilos de tomates, o pimientos, o pepinos, por que les resulta más rentable tirarlos directamente que bajar el precio de sus productos.

Yo no tiro nada, porque la comida no se ha de tirar, hay recetas muy apañás 'pa pobres' que son de escandalo. Si te sobra carne de cocido, haces croquetas o sandwis de pollo, si te sobra pan, puedes hacer migas o albondigas de pan que con caldito están muy buenas, o también pueden servir de guarnición con alguna carne en salsa. Si te sobra pisto,con un poco de carne picada se puede hacer unas ricas lasañas. ETc. (ya paro que esto se puede convertir en una entrada muy culinaria)

Ramón, esta ha sido la filosofía de aquí para atrás, estabamos tan atiborrados que tirar era pecata minuta, ¿ y a partir de ahora qué?

Ya se irá viendo.

Un abrazo sin fecha ...

nocheinfinita divendres, 09 de desembre, 2011  

Ramón, tengo muchas ganas de llevarte la contraria en alguna de tus entradas, pero no hay manera chico :))

No he visto el documental que dices, pero lo veo en el día a día, cuando voy a comer a algún autoservicio veo cómo llenan las bandejas de comida y luego las dejan a medias ¡qué derroche, sin pensar siquiera la gente que no tiene nada¡
Yo la comida no la tiro, pero algún capricho innecesario si me doy O_O.

Ah... ¡Y qué viva el Urdanga¡

Euphorbia divendres, 09 de desembre, 2011  

Quina llàstima que no l'he vist, però miraré si el puc veure per internet, m'interessen molt aquests temes. Crec que es tracta d'educar als nostres infants i tornar a la idea que havia fa anys que tot s'havia d'aprofitar. Hem passat uns anys que ens creiem que viviem en un món on tot era il·limitat i hem de tornar als bons costums de l'aprofitament, dels canelons de l'àvia i les croquetes. Abans es deia que llençar menjar era pecat, no cal tornar a idees religioses qui no vulgui però sí que hauriem de fer veure als nostres fills que és súmament immoral.

emejota divendres, 09 de desembre, 2011  

Este es un tema, de los pocos, que consigue enfurecerme. No tiro nada, nada, nada, ya te contaré más, aunque lo más fácil consista en haber nacido en la postguerra.
Ya te enseñaré algunos truquis. No sabes lo barato que sale comer en casa sin tirar, organizándose mínimamente. Luego lo que te ahorras te lo puedes gastar por ahí comiendo en restaurantes para que el paro no haga mella en el sector. Petó.

Isabel Martínez Barquero divendres, 09 de desembre, 2011  

Procuro no tirar nada, porque pasé por épocas que me enseñaron a reciclarlo todo: pollo sobrante o carne de cocido, croquetas; caldo, al congelador, como lentejas y potajes en general; garbanzos del cocido, fritos con un poco de aceite de oliva, que están de muerte, riquísimos; pan del día anterior, nos lo comemos porque nos gusta y, además, las tostadas del desayuno no lo olvidan; cava, champán o vino, para las salsa, no veas lo rica que está la panga al horno con cebolletas, un poco de nata líquida y un buen chorro de cava; restos de jamón o chorizo, a unos guisantes o a unos macarrones... y así con lo que se te ocurra.
Tira quien no tiene imaginación para sacar espléndidos platos de lo que sobra.

En cuanto a la distinción entre fecha de caducidad y de consumo preferente, haces bien en recalcarla. Yo lo hacía muchísimo en la época mía de Toledo, cuando trabajaba de abogada de una federación de consumidores y usuarios.

Y en cuanto al consumo impulsivo en general, no va con mi carácter. Soy poco caprichosa y nada sensible a la publicidad.

Petons, Ramon y ¡viva Urdangarín! Jajaja.

Josep divendres, 09 de desembre, 2011  

Yo si que lo vi Ramon, y como otros de este mismo "tipo" me dan una vergüenza ajena insoportable. Nosotros en casa ya empezamos por no comprar cantidades exageradas. Sabemos de sobra lo que necesitamos y sobre esto compramos. Tanto a los hijos como a los nietos hemos procurado trasmitir lo que vimos de pequeños en casa. Imaginate los años 50!. Yo pienso que la gente que hace esto, no solo lo hace con la comida, lo hace con todo. Cuanta ropa se tira, juguetes ya ni te cuento, libretas casi sin usar o mal utilizadas, cuentos de niños que no se comparten con nadie ni se llevan a las bibliotecas, zapatos..todo Ramon, parecemos ricos. Por supuesto la comida es, en mucha diferencia lo que no hay que tirar, pero da igual, la gente no tiene la cultura de pensar que otros si lo necesitan.
Y no se si está relacionado con tu post, pero hay una cosa que aunque parece insignificante para mi no lo es: los famosos huevos Kinder.
Esta sola palabra ya merece un post.
Al niñ@ se le compra este huevo de chocolate por fuera y un juguete por dentro. Fijate que la mayoria o una gran parte desmenuzan el chocolate para coger el juguete de dentro, que seguramente ni jugará, ni luego comerá. Al dia siguiente otro huevo para el niñ@.
Felicidades por esta entrada. Ojala te lean miles.

Cabopá dissabte, 10 de desembre, 2011  

En eso de tirar soy bastante "conservadora" no tiro nada, de nada y si tiro algo me entra remordimiento...Así me lo ensañaron y así lo he enseñado...

Soy de las que tuesta el pan si sobra, me como los yogures caducados(comprobado, no pasa nada)

Anécdota: una vez me dejé media caja de cartones de leche en la playa,me los traje e hice arroz con leche casi para un mes....
Buena entrada, de estas hacen falta en muchos medios y hacer conciencia sobre todo a los super, los restaurantes, bares,etc...Además tiran lo perecedero a horas intempestivas con el consiguiente mal olor...
Oye en mi entrada anterior repartía Faros para quienes se los quisieran llevar, ya sabes, si quieres uno nada más que tienes que volver a asomarte a mi ventana. Será un placer ver mi faro junto al tuyo.
Muchos besicos.

PD. Por fin te he hecho un hueco en mi ventana y allí estás.

Antònia Pons Valldosera dissabte, 10 de desembre, 2011  

Doncs a mi em va agafar l'impuls incontenible d'anar-me'n al caprabo més proper, esperar que llencin això que diu que està a punt de caducar i omplir la cistella, seria un estalvi important i potser em podria comprar l'IPAD;)
No cal que li fem vives al'Iñaki que de viu ja veiem prou que ho és. I l'altre, el campexano, no marxarà ni amb un gendre xoriço ni amb dos. Hi està prou bé per allà a les sarsueles.
Un petó.
PS/ Puc confessar i confesso que a la meva època de menjadora de pinso compost (menjador escolar) també havia llençat menjar perquè era incomestible. Ja de gran, no llenço gairebé res, alguna tomata del juràsic que s'havia amagat darrera de tot, algun kiwi agre que ha escapat al meu reconeixement en comprar-lo. Si sobra quelcom es recicla o s'ho menja la gosseta.
Per cert la verdura escalfada, passada per la paella amb un allet és boníssima i la truita de bròquil per a mi és un plat de gourmet al que no puc resistir-me.

GANADORA dissabte, 10 de desembre, 2011  

Muy interesante el post. Nos informa y nos impulsa a reflexionar y a actuar en consecuencia. Gracias por divulgar, por compartir.

Un besito casto.

NINA dissabte, 10 de desembre, 2011  

Ramón... primero... quién es Urdangarain?
segundo... gracias por el link!

tercero:

yo noto en mi hija, sobre todo, una tilinguería excesiva que no sé de dónde le viene.
En mi casa no se tira nada; y antes de hacerlo, se le da a alguien o en última instancia se lo come mi perra y ahorro de su carísimo y asqueroso (a juzgar por la cara que me pone cuando le sirvo elplato) alimento en bolsitas.

Ayer quiso mi niña comer "panchos" con salchichas con piel, de las tipo alemanas.
Acá le llamamos así a los... pues no sé cómo es en España! En Estados Unidos se llaman hot dogs.

Como ella piensa que debo ser su esclava, ni siquiera me hace compañia cuando preparo las cosas.
El hecho es que las salchichas se explotaron y ella no las quiso comer.
Los demás, las comimos expolotadas pues saben lo mismo.
No hubo manera de que lo entendiera...

Realmente me preocupa su actitud.
Le haré leer tu post, tal vez aprenda algo.

Besos, amigazo!

Juglar dissabte, 10 de desembre, 2011  

Excelente entrada.
Creo que es cuestión de educación. Si en casa reciclo y aprovecho todo lo aprovechable, es porque mis padres nos lo inculcaron desde pequeñitos.
No se nos permitía levantarnos de la mesa, mientras quedara algo en el plato.
Sé que exageraban en muchos aspectos, pero supieron transmitirnos la conciencia de "no derrochar".
En épocas de apretarse el cinturón, como está sucediendo en la actualidad, esa formación será indispensable para salir adelante.
Un abrazo afectuoso.

MariluzGH dissabte, 10 de desembre, 2011  

Pues no vi el programa pero con el resumen que haces, como lo hubiese visto... yo llevo mal eso de tirar y soy partidaria de reutilizar reciclando los pocos sobrantes que dejamos (dicho sea de paso que cocinamos lo justo para el consumo diario); y aunque me reconozco algo friki con las tecnologías, tampoco salgo corriendo por la última moda, mi teléfono móvil se puede considerar 'precolombino' :)

un abrazo

Dirty Clothes dissabte, 10 de desembre, 2011  

es una situación lamentable, en cualquier caso yo prefiero pensar que los pequeños gestos pueden ir cambiando el mundo poco a poco... al menos yo duermo con mi conciencia más tranquila sabiendo que hago todo lo que está en mi mano para, por ejemplo, no tirar comida a la basura, en mi particular lucha contra el sistema, contra el que uno solo es imposible competir, pero que si nos juntamos todos seguramente algún día podamos cambiar este tipo de injusticias¡¡¡

saludos¡¡¡¡

Juan Carlos dissabte, 10 de desembre, 2011  

Una de las cosas que hacen que se tiren tantas cosas es en las grandes superficies el poner bandejas de fruta, manzanas por ejemplo, con 6 piezas que hay que comprar porque no venden esas mismas manzanas al peso. Por lo que se lleva a casa más de lo que se va a comer.
Salu2

Desclasado dissabte, 10 de desembre, 2011  

Coño, me has dejado hecho polvo, tocada la conciencia. Y eso que no suelo tirar apenas y como cosas "oficialmente" caducadas, pero me duele no haber sabido esto hasta hoy.
Un abrazo.

Camino a Gaia diumenge, 11 de desembre, 2011  

En un mundo basado en el consumismo, el despilfarro da prestigio social.
Nos ha educado la televisión, sin menoscabo de la responsabilidad individual, nuestros valores proceden de la ingeniería social de un sofisticado marketing.
Nuestro modelo económico es un monstruo con metabolismo acelerado. De forma subliminal suministra los valores que nos rigen desde el supuesto encefalograma plano de ausencia de ideología.
Consumir preferentemente antes de, la moda, la obsolescencia programada son retroalimentaciones de una maquinaria que caerá por su propio peso.
Supongo que debemos estar preparados para la caída del modelo.

Luarna diumenge, 11 de desembre, 2011  

Hace unos meses me hice vegetariana. El mundo puede cambiar, pero pasa porque cambie el nuestro propio, poco a poco. Se puede ser responsable comiendo carne, pero está probado que así se genera menos impacto medioambiental. La cuestión es gastar lo que se necesita. Y si se está dispuesto a sacrificar, hacerlo. Si todos hacemos, todos ganamos.

yraya diumenge, 11 de desembre, 2011  

No vi ese documental, bueno es que por no ver no veo la tele (me lo prohibe mi religión) jajaja.
Es vergonzante lo que sucede con todo esto, en el cole donde trabajo también veo estas cosas y no por parte de los chicos, si no de la misma cocina, de verdad que se me encoge el corazón en pensar que hay tanta gente pasando gana y que en muchos sitios se le de 0 valor. Lo de rociar los alimentos con lejía me parece una maldad extrema, pero ya sabemos que hay de todo...
Todo es cuestión de educar a esta generación que va subiendo a ver si cambiamos algo poco a poco.
Un abrazo

Antònia Pons Valldosera diumenge, 11 de desembre, 2011  

En algunos comentarios he leído que se considera educativo obligar a los niños a terminarse todo lo que hay en el plato. Nunca he estado de acuerdo con esta máxima. Normalmente quien sirve es un adulto que no suele tener en cuenta el apetito que pueda tener el comensal. Las personas han de comer lo justo, no más, nunca levantarse ahítos. El secreto está en que una ración de carne es la que cabe en la palma de la mano y de pescado la que cabe en toda la mano. La de verduras es la que puedes coger con la mano también. Lo que en catalán decimos un menat. Los padre adultos confunden el amor con el alimento y eso es un grave error, y una fábrica de niños con sobrepeso o obesos en el peor de los casos. Lo mismo cuando el niño tiene mas apetito y quiere repetir cuando ya ha comido lo suficiente.
En verano fui a un italiano, pedí una ensalada y os aseguro que era una ración tan grande que hubiera tenido para tres días. Naturalmente sólo pude comer una cuarta parte. Ahora ya sé que si vuelvo podremos comer 3 personas con una sola ración. Si me hubieran obligado a terminarla me hubiera puesto mala en el supuesto que hubiera podido tragar.
Nos hemos olvidado de la frugalidad.
Yo diría que la mejor educación para nuestros niños sería enseñarles a comer despacio, masticar e insalivar bien porque el cerebro tarda 20 minutos en sentir la sensación de saciedad por tanto si comemos deprisa comemos más de lo que necesitamos. Enseñarles que es mejor comer 5 veces al día que dos. Hablo de repartir los alimentos en 5 raciones a lo largo del día. Y para no tirar en casa: planificar las comidas y comprar sólo lo necesario tanto de carne-pascado como de fruta-verdura e ir a hacer la compra después de haber comido porque si vas con hambre se tiende a comprar més y menos sano. Escoger los tamaños de las frutas, mejor medianas que grandes.
No digo que no haya tirado nunca nada, pero sí que es lo que más rabia me da por eso suelo pesar las raciones, una costumbre que puede parecer farragosa al principio pero que va muy bien ya que nunca sobra si no quieres que sobre.
Saludos domingueros

ana diumenge, 11 de desembre, 2011  

deberíamos concienciarnos mucho más sobre estos temas, he visto cerca de donde trabajo a los dependientes de los supermercados tirar de todo, fruta, carne, bollería, yogures, sólo porque caducan en dos o tres días, y luego los indigentes lo rebuscan entre todas las demás miserias, y no hay derecho.

Creo que es un problema de todos y la solución de todos también, empezando por nuestras casas.

Un besico.

Maripaz Brugos dilluns, 12 de desembre, 2011  

Ramón, has pueto el dedo en la llaga como se suele decir.
Hemos creado una sociedad de despilfarro donde no se valoran las cosas. Mucho tiene que ver la educación recibida.
Cuando yo era pequeña viviamos con lo justo, no me faltó nunca lo necesario, incluso tuve mis caprichos infantiles que al ser mas bien pocos, lo valoraba en su justa medida.
Con esa mentalidad con el tema de la comida soy muy estricta, nunca tiro nada. Me parece algo muy gordo hacerlo.
No por eso uno deja de ser inmune al contagio y de vez en cuando me sorprendo a mi misma con alguna salida de tono.
La mayoria de las veces terminamos hartos de tener tantas y tantas cosas.
Una entrada para pensar.

Jose Lorente dilluns, 12 de desembre, 2011  

Los días de pesimismo pienso que esto no hay quien lo arregle, y los de optimismo que esto no puede ir peor.

Muy buenas reflexiones.
Y muy bueno el medio pollo del viernes. Por Urdangarín, por supuesto.

Un abrazo.

MAMÉ VALDÉS dilluns, 12 de desembre, 2011  

Usar y tirar, y alguna veces tirar sin usar, medio mundo pasando hambre por no engordar y otro medio pasando hambre por no tener nada que llevarse a la boca, que contradicción, un saludo.

Stalker dimarts, 13 de desembre, 2011  

En mi opinión, el necesario debate sobre el despilfarro forma parte de un debate mayor sobre el consumo: no basta con no despilfarrar, habría que apaciguar el inmoderado apetito consumista, no sólo en alimentos. Decrecimiento y no sostenibilidad (la sostenibilidad está basada en la idea de progreso y crecimiento)

a este paso, el siglo XXI va a vivir una crisis alimentaria global sin precedentes (ya existe esa crisis, pero aún no ha llegado a Occidente); la especulación y las políticas alimentarias que devastan continentes, unida al crecimiento demográfico desenfrenado (y la consiguiente aceleración del cambio climático con desertizaciones, etc.) nos abocan a un futuro de precariedad extrema.

Urge un cambio de mentalidad global...

brindo por esa copa que apuras, como se decía antes, "hasta las heces"...

Sergio dimarts, 13 de desembre, 2011  

Excelente, entrada. Lamentablemente es una cuestión que además de conciencia y civismo no existe interés político en erradicar, y me da igual la tendencia o color del poder, no interesa, no se acaba por que no les sale de los cojones, hablando claro y rápido.

...Nunca aprenderemos (http://superehore.blogspot.com/2011/10/cuando-aprenderemos.html)

Lola Mariné dimarts, 13 de desembre, 2011  

El hambre de miles de personas nos pilla lejos, como los asesinatos y las desgracias que vemos en la tele.
Nada como verle las orejas al lobo para ir tomando conciencia. Acabaremos comiendonos los productos caducados porque no tendremos mas remedio, lastima que cuando pasen las vacas flacas nos olvidaremos y volveremos al consumismo desaforado.
Saludos
(joé! que mal cuerpo se me ha quedado...)

Anònim dimecres, 11 de juliol, 2012  

i que dir de l´ingent cantitat de menjar que es llança a l´hosteleria,(deixalles dels clients i a la cuina) te poses a multiplicar i et tornes boig.

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