Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

diumenge, 16 de gener de 2011

MENTIRA UNO: LA MENTIRA DE UN LIBRO

En esta época de desencantos conviene tener presentes las grandes mentiras que nos contaron. No para extasiarnos con ellas y hundirnos aún más. Para lo contrario. Para que las mentiras que fuimos descubriendo (las pequeñas, las grandes, las enormes) nos recuerden, por contraste, que la vida también está compuesta de grandes certezas.

Hoy comienzo con una pequeña mentira, de las que no te llevan a ningún desengaño, sino de las que quedan guardadas en el pequeño rincón de las anécdotas. La actualidad de este enero me la ha recordado. Pretendo que sea la primera mentira de mi vida que recuerde aquí, en el blog.
Hace cinco años y medio que dejé de fumar. Estaba a punto de aprobarse la primera ley antitabaco. Yo dejé de fumar en previsión de malestares futuros. Tan crudo me lo pintaban que pensé que no me quitaría nadie de fumar; que me quitaría yo mismo.

Yo era (soy, supongo que siempre seré) un toxicómano de la nicotina. Había comenzado a fumar cuando tenía quince años. Recuerdo (juro que parece otra mentira, y en cambio es totalmente verdad), recuerdo que fumaba en el instituto, en plena clase. Era un alumno de primero de BUP y mientras me peleaba con las mates o con la literatura encendía mis Fortuna, Ducados, Winston, Marlboro, Camel, Lucky o lo que se terciara (rubio o negro, daba igual). Fumábamos todos en clase, profesores y alumnos. A la salida, más tabaco. Siempre tabaco. Mientras leía, mientras escribía, mientras veía alguna película, cuando tomábamos algo con los amigos, cuando paseábamos. Recuerdo los mareos descomunales con los primeros cigarrillos: al volver a casa, dando tumbos, de un lado para otro de la calle, como si me hubiera bebido un coñac tras otro. Hasta que me acostumbré a la nicotina, lo que ocurrió a las pocas semanas.

Fumé durante años y años de forma compulsiva. Y la ley de Zapatero (la primera) me dio tanto miedo que decidí dejarlo antes de pasarlo mal. Decidí pasarlo mal por propia voluntad. Porque sufrí horrores, lo nunca escrito. El tabaco se había colado en mi vida, en mi ropa, en mi pelo, en mis sueños y en mis pesadillas. Nunca olvidaré el último cigarrillo. Hace casi seis años. Domingo por la noche, antes de acostarme. Quedaban cinco en la cajetilla. Si había decidido que a partir de la mañana siguiente no iba a fumar más debía acabar los cinco que quedaban en una hora y media. Fumé sólo cuatro, porque el quinto ya no me atreví a encenderlo, casi al borde de la intoxicación.

Hice una cosa bien: conocerme un poco. Supe que con el estrés cotidiano del trabajo servidor sería débil y no podría. Así que lo dejé en verano, al inicio de las vacaciones (me daba rabia también, porque pensaba que me las estaba amargando). Y, como ocurre a veces en la vida, me conocí un poco más y supe que era fuerte. Porque a pesar del horrible sufrimiento lo conseguí.
Lo único que utilicé fue chicles de nicotina durante una semana. Cuando vi que me estaba enganchando a los chicles los dejé también, ya al borde del abandono. Hubo otra cosa que pensé que me iba a ser de gran ayuda (y he aquí la mentira del título): leer el libro que por aquel entonces leía todo el mundo: Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo de Allen Carr.

Jamás he odiado tanto un libro. Lo leí antes de ponerme, como si se tratase de una terapia (en el fondo lo era). Me escamaron afirmaciones espantosas: en un momento el autor llegaba a decir que el tabaquismo era peor que las armas atómicas porque había matado a más gente. Solté el libro con rabia. Siempre he pensado que esta afirmación, aunque sea verdad, no es otra cosa que una sandez, ni que sea por el potencial peligro que supone la energía atómica, y más aplicada a la espantosa industria armamentística.

Fue una mala entrada con el libro. Y tuve una peor salida. Porque cuando estaba retorciéndome de sufrimiento, por el mono, me acordaba de él y pensaba que no existe nada peor que la mentira. El autor había mentido bellacamente. Se podían decir mil cosas. Que dejar de fumar es saludable, que conviene hacerlo, que se puede conseguir. Pero decir que es fácil es una soberana tomadura de pelo. Para mí no fue fácil en absoluto. Estoy contento de haberlo dejado, lo recomiendo absolutamente a todo el mundo, pero jamás le mentiría a nadie diciéndole que es fácil. Le diría que no se arrepentirá. Y que el esfuerzo habrá valido la pena. Eso sí.

Supongo que cada persona necesita sus propias estrategias. Para algunos ciertas mentiras acaban siendo una ayuda, porque todos nos acabamos convenciendo a veces de que nuestras mentiras son grandes verdades. Nos agarramos a ellas para seguir caminando. Yo prefiero la versión cruda. Que no me digan que subir la montaña es fácil. Que me digan que es una tortura pero que el espectáculo que se divisa desde lo alto vale la pena por encima de todas las cosas.

32 comentaris:

Maia diumenge, 16 de gener, 2011  

En primer lugar me hiciste acordar a mi época en la facultad hace veinte años atrás. Los fumadores nos sentábamos al fondo, abríamos la ventana en pleno invierno, tirábamos los fósforos en el piso (porque tenía mucha más onda que un encendedor y salía más barato), poníamos los pies sobre el banco de enfrente y disfrutábamos como locos. Nadie nos decía nada. A veces algún que otro profesor nos pedía que cerráramos la ventana o nos pedía un cigarrillo. Era una maravilla. Ahora mi hija me vuelve loca con que si no lo dejo me voy a morir y ella va a quedar huérfana y yo le explico que por tres míseros cigarrillos diarios no me va a pasar nada pero es más terca que la madre. El libro me lo pasaron y lo empecé a leer. Me dijeron que es tan bueno que dejaría de fumar si lo leía entero. Por las dudas lo dejé por la mitad.

Txema diumenge, 16 de gener, 2011  

También yo fumé bastante hasta que un buen día decidí dejarlo. No lo he conseguido del todo porque, de vez en cuando, cae algún habano y también (ahora mientras escribo) me fumo una buena pipa.

Pero los cigarrillos prácticamente han pasado a la historia. De hecho pueden pasar meses sin que los pruebe. Y no los hecho de menos.

Desde luego la comparación del arma atómica con el tabaquismo es de lo más desafortunada, incluso aunque nominalmente sea cierto.

Si, las mentiras no suelen tener buenas consecuencias, incluso esas que se llaman piadosas y que tratan de evitar algún mal mayor.

saludos

mariajesusparadela diumenge, 16 de gener, 2011  

Yodejé defumar a pelo. Sin parches, ni chicles ,ni libros. Por la brava: el toro por los cuernos. Y me daba unas cornadas que me mataba. pero después del primer día me dije: si hoy fuí capaz, es que soy capaz. Y cada minuto "ahora no fumo" porque era cada minuto ( de 40 cigarrillos al día a nada y el paquete entero en la mesilla de noche).
Hace casi treinta años...

Jose Vte. diumenge, 16 de gener, 2011  

Yo también dejé de fumar hace unos diez años, después de mas de 30 años haciéndolo, desde los catorce.
Cuando me preguntan, también digo que cuesta mucho dejarlo, pero que se puede hacer, si yo lo hice, cualquiera con un poco de voluntad lo puede conseguir, pero costar cuesta lo suyo.
Yo lo dejé a la enésima intentona, y en una ocasión llegué a estar un año sin fumar, y volví.
Esta decisión es una de las que mas orgulloso me siento de todas las que he tomado en mi vida.

Yo lo recomiendo, y la medida del gobierno me parece positiva.

Un abrazo

Felipe diumenge, 16 de gener, 2011  

El dejar de fumar es sólo un problema de tener gran voluntad y de decir éste no me mata.Sí,ya sabemos que eso no es fácil.No existen más terapias que el propio convencimiento de que ,al principio, se pasa mal.Sin embargo,no hay otra salida:voluntad y más voluntad

Raticulina diumenge, 16 de gener, 2011  

Ay, Ramón , me he reido al final porque precisamente yo dejé de fumar con ese libro (bueno, lo dejé unos 10 meses...). Lo compré una tarde, lo leí del tirón por la noche decidida a no cuestionar nada de lo que dijera y me levanté pletórica de optimismo por la mañana anunciando a todo quisqui que había dejado de fumar. Y me fué facil!, aún ahora me extraña el poder de sugestión que tuvo en mí. Desde los 14 fumadora, sólo lo había dejado una vez, por unos meses, y recuerdo que lo pasé fatal.
En esos 10 meses sin fumar, día a día noté la mejora físicamente. Si algún día vuelvo a intentarlo, creo que será esa sensación la que me de ánimos.
Cada uno ha de buscar su momento, sus recursos y la estrategia que pueda.
Felicidades por estos seis años. Eres un campeón.

josep estruel diumenge, 16 de gener, 2011  

En este caso yo aparto las mentiras y me quedo con tus verdades, que son todas, y ya era hora que encontrase a alguien que diga que realmente se pasa mal durante mucho tiempo y que uno siempre será un fumador que ya no fuma. Creo que esta ley que han sacado ahora ya lo hubiesen podido hacer la primera vez. Por lo que realmente me alegro no es por nosotros, -que también- los fumadores y no fumadores, es por nuestros hijos pequeños, que estos ya crecerán sin humos. Y lo más importante: no creo que a ellos se les ocurra fumar. -espero-
Una abraçada.

Ciberculturalia diumenge, 16 de gener, 2011  

Me encanta tu nueva sección.
Por cierto, qué curioso!
Yo dejé también de fumar, (la última vez porque he ido y venido con el tema varias veces), unos días antes de la nueva legislación.
Más curioso aún porque también leí, creo que ese mismo libro, o uno similar.
Pero yo fui más cobardica. Como sabía por otras veces lo duro que es el "síndrome de abstinencia", decidí no sufrir y con prescripción médica previa tomé ZINTABAC. Mano de santo. No tuve síndrome y ha sido la vez que mejor y más fácil me fue dejarlo.
Espero no volver.
Pero tienes razón, el libro era una mentira y una panplina total.
Los valientes como tu, a puro pecho
Los demás con ayudas.

Besos

J. G. diumenge, 16 de gener, 2011  

Dejé de fumar con lo mal que me sentó la primera calada. Todavía recuerdo el lugar, a la altura del nº 3 de la Calle Tuset de Barcelona.

Saludos.

ana diumenge, 16 de gener, 2011  

Me alegro de que dejaras de fumar, creo que la voluntad de una persona basta para conseguirlo, querer es poder aunque cueste, yo nunca he fumado y ni falta que me ha hecho nunca.

Un abrazo

Dilaida diumenge, 16 de gener, 2011  

Uf, yo y mi vida de fumadora.
Lo mío con el tabaco comenzó más o menos a los 14 años, interna en un colegio de monjas, el placer de la nicotina no era nada comparado con el subidón que sentías por estar saltando las normas y cometiendo una falta grave. En aquella época fumaba cuando tenía dinero; a lo largo de mi vida lo dejaba en los embarazos, porque me molestaba, pero enseguida volvía de nuevo.
Me costó mucho dejarlo, después de 8 años, todavía hoy, siempre traigo un boli en el bolsillo y al salir a la calle lo llevo entre los dedos.
Tengo dos hijas fumadoras por mi culpa y ahora que no soy capaz de conseguir que lo dejen, me doy cuenta del daño que les hice.
Bicos

emejota diumenge, 16 de gener, 2011  

Admiro muchísimo a todos los que habeis sido capaces de dejar un cuelgue tan intenso. Mi caso es rarito, empecé a los 13, no me gustaba, tras el cigarrito mentolado diario caía una chocolatina, pero es que quería ser mayor. A los quince decidí que ya era mayor, por tanto mejor dos chocolatinas y olvidarme de algo que no me gustaba. Todavía me gusta el chocolate, el negro. Petons.

Alfonso dilluns, 17 de gener, 2011  

Yo empecé a fumar con 17 años, pero ya me di cuenta que aquello me hacía daño. Un sábado creo que de 1992, escuché por la radio que el 31 de mayo era el día antitabaco. Y dije pues no fumo. Y dejé de fumar.
Recaí hace cinco años con la enfermedad de mi hermana, pero sólo duré seis meses y me volví a quitar.
Pero es muy difícil quitarse. Ni libros ni leches (el libro lo leí después por curiosidad).
Además, dejar de fumar después de la recaída me costó mucho más.
ASí que me defino como un fumador que no fuma :) y espero no caer más.

almalaire dilluns, 17 de gener, 2011  

Yo dejé de fumar en el momento justo en que me enteré de que estaba embarazada. Esa noche le avisé a mi santo de que a partir de entonces tampoco se fumaba en casa. Me miró como las vacas al tren, pero aceptó. A mi no me costó dejarlo, Ramón, nada. Llevaba fumando desde los diecisiete y acababa de cumplir treinta y uno...No volví a fumar durante casi dos años, pero siempre creí que volvería, y lo peor es que lo intenté, jaja, pero ya no pude.

El libro lo compré después, para mi santo y yo creo que lo dejó sólo por no leérselo ;)

Un beso

Júlia dilluns, 17 de gener, 2011  

Los libros de autoayuda suelen servir para vender libros y para poca cosa más.

Sobre el tabaco, no he fumado nunca porque no me ha gustado, pero la campaña actual me inquieta, por la exageración y la tendencia al dogmatismo y a buscar víctimas fáciles de nuestros grandes males.

Por no hablar del gusto por la delación del 'pueblo'.

Culturajos dilluns, 17 de gener, 2011  

Me quedaré con dos mentiras: una a proposito de un libro y otra, de una película.

El libro es El Secreto y sus leyes psicológica que me retorcieron por dentro. Mi resumen sería: si pasas penurias es porque quieres, tú decides atraer tu suerte. Leí hasta la pagina 25 mientras cuidaba a un familiar que lo tenía en la mesita de noche.

La película es Avatar. Ayer vi Atlantis, el paraiso perdido; y la película de hombres azules es una versión, por no decir un plagio de la segunda.

Dos mentiras que dejo bajo este faro que cada vez veo más lejos y eso que Barcelo está a un paso.

Quisque

Curiyú dilluns, 17 de gener, 2011  

Me sentí muy estúpido el día que le dije a mi madre, enferma de cáncer: "pensá que hay gente que sufre mucho más".
Que reverendo idiota.
Desde afuera, es muy fácil ver los sufrimientos del otro.
Un abrazo.

RGAlmazán dilluns, 17 de gener, 2011  

Hace veintidos años que dejé de fumar y todavía me despierto, alguna vez, asustado porque he soñado que he vuelto a hacerlo. Tremendo el poder de la nicotina. De fácil nada, pero se consigue.

Salud y República

felicitat dilluns, 17 de gener, 2011  

Eas, yo nunca pude fumar en el Insti, jajaja... lo hacía fuera, y adulterado con sustancias varias, las sustancias varias las dejé hace tiempo, sin leer ningún libro. El tabaco no me lo he planteado porque no soy una fumadora muy fumadora, los tres o cuatro cigarrillos me son muy apetecibles y los saboreo, aunque han habido tiempos en que fumaba un paquete y medio diario. Me hace mucha gracia que digas lo de la montaña... jajaja... yo siempre me cago en todo cuando estoy en plena subida!, pero ah...., cuando llego arriba, ese trago, ese bocata, ese cigarro mirando todas las maravillas que ofrece la naturaleza, me siento libre!, aunque hay quien diría que soy una adicta al trago, al bocata, al tabaco y a subir montañas...jajajajaja. Creo que hoy en día nos ha tocado ahora ser los perseguidos, aunque hay aspectos razonables. Te felicito por llevar a cabo un deseo, me da igual que sea el del tabaco, la voluntad vale mucho, no hay libro para eso. Besos.

Desclasado dilluns, 17 de gener, 2011  

Je... Aquí uno que lo tiene aún pendiente lo de dejarlo. Así que callo y me lo planteo por enésima vez.

nocheinfinita dilluns, 17 de gener, 2011  

Me leí el libro hace años... aún sigo fumando 0_0

Un beso (sin nicotina):)

noche

Míchel dilluns, 17 de gener, 2011  

Siempre hay que mirar la parte positiva; después de las primeras semanas de mocos, flemas, carraspea y dolor de garganta viene... ahhh el olor, el olfato y el sabor; el disfrute de la comida y la bebida.

Anna Jorba Ricart dilluns, 17 de gener, 2011  

Si alguna cosa ha hecho sentirme libre desde hace 18 meses...es haber dejado de fumar despues de 40 años de hacerlo en los lugares más insospechados...

Cecilia Alameda Sol dilluns, 17 de gener, 2011  

Fácil no es, desde luego. Pero imposible tampoco. Como se demuestra con tu caso.
Y una cosa que he comprobado, no por mi experiencia, que no la tengo, sino por la de muchas personas a mi alrededor: lo que funciona no son los parches, ni los chicles, ni los libros, ni las agujas. Lo que funciona es el poder que uno tiene para hacer lo que se propone, sea por la razón que sea.
Lo que funciona es decir: hoy lo dejo. Y lo dejas. Es el método más efectivo.
Una de las cosas que yo más deseaba para este año es que una persona muy querida lo dejara de una vez. No porque me molestara su humo, que está muy lejos, sino porque quiero que esté bien.

Thiago dimarts, 18 de gener, 2011  

Hoy vamos a coincidir -salvando las distancias- en un post sobre lo de fumar...

Este tema está plagado de mentiras. mienten los que dicen que todo el mundo se muere ahora de fumar, y mienten los fumadores cuando hablan de fascismo y de "libertades individuales". Es la ceremonia de la confusión. Está claro que malo es, pero si es tan malo pq no lo prohiben directamente? O pq no prohiben el alcohol? sin embargo lo mantienen y prohiben las otras drogas, pq en esta el estado gana dinero.

Pero me pone malo ver a la derecha ahora hablando de dictadura. Nadie ha prohibido fumar, sino fumar delante de gente, que no es lo mismo. Tampoco nadie se pone a follar en un bar y sin embargo no está prohibido follar, jaaj


Bezos.

◊ Dissortat ◊ dimarts, 18 de gener, 2011  

Hace 13 años que dejé de fumar y como tú, solo usé una semana de chicles de nicotina, y lo hice porque después de años de fumar 40 cigarrillos al día ya estaba asqueado de la dependencia que aquello me causaba. De todas maneras, tengo un amigo que usó un libro y lo dejó. No sé que decía ese libro, pero sigue sin fumar. No es fácil dejarlo, pero yo no lo pasé tan mal como mucha gente que conozco y que sigue fumando.

Recomiendo dejar de fumar pero creo que la actual campaña antitabaco es un poco exagerada.

Saludos

Isabel dimarts, 18 de gener, 2011  

Yo no fumo, pero las tres personas cercanas a mí que lo han dejado de forma radical, sin ninguna terapia de ayuda, creo lo han hecho por una motivación distinta y yo pienso que si no hay un buen motivo no se consigue.

Isabel Romana dimarts, 18 de gener, 2011  

Creo que fue un acierto que te dejaras de fumar, antes de que la renuncia forzosa te pudiera trastornar. Estos días he leído artículos verdaderamente apocalípticos y fuera de toda razón escritos por personas que me parecían equilibradas y muy inteligentes - y me siguen pareciendo - hasta que les han prohibido fumar en lugares públicos. Y es que el vicio nos trastorna mucho.
Por mi parte, te diré que dejé de fumar hace casi un cuarto de siglo y nunca me he arrepentido, como nunca he vuelto a coger un cigarrillo, por si acaso... Lo hice como tú, a las bravas.
Un abrazo.

Miguel Baquero dimecres, 19 de gener, 2011  

Ya, pero es que si no hubiera puesto el adjetivo FÁCIL posiblemente no hubiera vendido ni un libro. Igual la gente hizo lo que tú, ciscarse en él a las veinte páginas, pero el caso es que vendería millones de ejemplares. Y ya está.

tula dimecres, 19 de gener, 2011  

Es una buena idea dejar de fumar, lo dejé hace 15 años, ha sido un viaje sin retorno, un viaje al espacio profundo desde donde ya no es posible regresar...
Un buen día me di cuenta de que cuando uno dice que quiere a alguien se supone que es en todos los sentidos, querer a tu hijo y ...fumar..., a tu pareja y ...fumar, querer al planeta, a los seres vivos , a las plantas y .....fumar.??¿¿
Para empezar cuando fumaba no me quería nada de nada, ahora ya me quiero un poco...y a los demás.
un abrazo.

ARO dimecres, 19 de gener, 2011  

Yo lo dejé hace más de cuatro años. En unas trágicas circunstancias: la muerte de un ser querido, aún joven, propiciada quizás por el consumo de tabaco. Tras la despedida, me fumé un cigarro pausadamente, largamente, pensando que ese era el último cigarro de mi vida. Y lo fue hasta ahora y espero que para siempre.

Camino a Gaia dijous, 20 de gener, 2011  

Yo no tuve ese problema. Fui tentado como casi todos, e intenté fumar mi primer cigarro a escondidas y como un acto de iniciación a la vida adulta. Pero tras el primer ataque de tos, mandé a la porra al cigarro y a quien a costa de su propio dispendio había preparado la ceremonia.
Otro tanto ocurrió cuando me ofrecieron un porro, porque con eso no se tosía. Gracias a esas dos experiencias, todo el humo que he tragado ha sido como fumador pasivo y de muy mala gana.
Ahora parece que por fin, no tendré que verme obligado a fumar en contra de mi voluntad cuando estoy en un lugar público. Creo que la ley antitabaco es una de las pocas que no hace daño a nadie.
A mí, la mentira me la dijeron al invitarme al primer cigarrillo.

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