Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dilluns, 9 d’agost de 2010

PAISAJES FAMILIARES (I)

Se me permitirá un par de entradas rurales. Y biográficas. Ésta y la siguiente.

El verano es época de regresar al pueblo, como hacen muchos. En esta sociedad urbana nuestra, la mayoría somos de pueblo. Rurales que se trasladaron a la ciudad en los movimientos migratorios que ahora se estudian, en unas circunstancias económicas muy determinadas. Somos hijos del desarrollismo hispano, nos guste más o nos guste menos. Imagino que esos flujos se habrán dado en otros países, que también allí se hablará de desarrollismo o de algún equivalente.
Recuerdo cuando era pequeño. Nos embutíamos toda la familia en el Seat 850 (cómo cabíamos sigue siendo un misterio), cargábamos las cosas en el maletero y en la baca, y como tantos otros salíamos hacia el pueblo llenos de felicidad. Algunos iban incluso con más moral: eran quienes atravesaban la península hacia Extremadura, Castilla o la zona del norte. Quienes bajaban a Andalucía eran unos héroes de la paciencia. Para nosotros, catalanes, el trayecto era menor.

Pero nosotros teníamos dos pueblos. Mi padre es de un bonito pueblo de la llanura leridana. Mi madre de las montañas pirenaicas. Las circunstancias familiares hicieron que acabásemos heredando casa en ambos pueblos, en uno de ellos compartida con mis tíos hasta que hicimos obras y la dividimos en dos: así pues, desde siempre fue necesario cumplir con ambos pueblos, visitarlos y habitar nuestras dos residencias veraniegas.
Mi padre, decía, nació en la llanura leridana, no lejos de Lleida pero más hacia el norte, hacia la tierra seca y árida que anuncia ya el prepirineo. En ese enclave nací yo también, puesto que mis padres, tras casarse y el viaje de novios de rigor a Mallorca, se pusieron a vivir en el pueblo de mi padre. Hablaré de este pueblo en la próxima entrada.

Mi madre, en cambio, procede del Pirineo, de un pueblecito diminuto (no llegan a diez habitantes en invierno, y los casi veinte de verano son un verdadero derroche). Es de este pueblo, de mi pueblo de montaña, en el cual me encuentro pasando unos días, del que quiero hablar. (Ya le dediqué una entrada en mi otro blog).

Se trata de un pueblo encaramado en lo alto de una montaña. No es un pueblo de paso: se va(o no se va). La carretera general circula a lo largo del río, abajo, en el valle. Si los conductores se detienen un momento y levantan la vista, ven mi pueblo, esas cuatro casitas presididas por el campanario, en lo alto de la montaña. Si alguien desea acercarse deberá tomar un desvío y comenzar la lenta ascensión llena de curvas y más curvas, de un camino que se adentra en los bosques, de peligrosos precipicios. Ahora es ya mucho más seguro. La carretera de ascensión está asfaltada y han colocado quitamiedos en las curvas. Y una vez arriba, quien llegue se encontrará con un pasaje silencioso, poblado de casas de piedra de enormes muros, donde casi nunca hace calor (las paredes, tan amplias, protegen de todos los excesos), con una plaza presidida por la Iglesia, con una fuente y con un lavadero colectivo de esos antiguos. Lo demás: montañas, árboles, silencio y unas agradables vistas al fondo del valle por donde circulan los coches que sí van a alguna parte. También caminos que recorrer y rincones en los que descansar un rato.

Nuestra casa me encanta. Es antiquísima: me sorprendo en ocasiones pensando en mis antepasados que la habitaron, tratando incluso de visualizarlos. El tiempo es una ficción, lo sabemos. Así que siempre he pensando que, acaso no nítidamente, sea posible en ocasiones conectar algún extraño interruptor que permita visualizar cómo vivieron aquellas gentes. O acaso el interruptor sea genético (recuerdo cuando se hablaba de memoria genética, hace ya unos cuantos años). Es una casa antigua, cómo no, que hemos ido arreglando en la medida de lo posible. Pero ahora está necesitada de otra reforma: renovar el tejado y crear un par de nuevas habitaciones, convertir un antiguo pajar adyacente en un comedor más amplio y asegurar los cerramientos, que el invierno es muy frío y aquí nieva mucho. Las obras están previstas para la próxima primavera.

Aquí me quedo, descansando unos días.

(Las fotos son mías y de mi hermano, de veranos precedentes)

34 comentaris:

Jose Vte. dilluns, 09 d’agost, 2010  

Desde luego se ve un pueblo tranquilo y apacible. Yo no tengo experiencia de pueblo, mis padres emigraron a la capital, y por circunstancias vendieron la casa de mi madre del pueblo, así es que yo tengo, digamos, cultura de capital.
Pero me atraen mucho, siempre que podemos las vacaciones las pasamos en algún pueblo donde previammente hemos alquilado alguna casa rural.
Esas vacaciones siempre las disfrutamos mucho. Algo de envidia si que da.
Un abrazo y felices vacaciones

Curiyú dilluns, 09 d’agost, 2010  

No puede haber diez habitantes en un pueblo, y por más que sea invierno. Al menos, serán veinte. Pero en todo caso, tu descanso me hace sentir un poco más aliviado y saber, que todo no es acelerador en este mundo
Un abrazo.

Susana dilluns, 09 d’agost, 2010  

Ese pueblo tuyo -el de las montañas- me ha abierto hasta a mí el interruptor de ver cómo vivían en un entonces que allí es mucho más próximo. Disfruta mucho de esa paz, que seguro que una dosis tan intensa de naturaleza carga pilas como pocas cosas. Un abrazo enorme.

Txema dilluns, 09 d’agost, 2010  

Eres afortunado con tener nada menos que dos opciones. Pese a lo que creas cada vez queda menos gente con pueblo. Es mi caso por ejemplo, nací. crecí y viví en ciudad.

Ahora vivo en un pueblo pero soy postizo y a veces se nota. Además es uno de eso pueblos que en realidad no lo son. Llenos de madrileños hartos de la ciudad acaban por ser un híbrido extraño.

saludos

Alba 3,1416 dilluns, 09 d’agost, 2010  

Mi pueblo natal esta a 9 km de la ciudada donde resido ahora. Mi tio paterno , cada año por Navidad me invitaba a la "gran ciudad".
Cada dia hago el recorrido de los 9 km para trasladar a mi madre a esta ciudad donde trabajo, duermo y "vivo" para cuidarla de noche-madrugada.
Tengo recuerdo de autobuses, de trenes,... y sabes? hoy no siento raices en ninguna de las tres urbes.
Te felicito por tener y poder conservar estos sentimientos.
Un abrazo

mariajesusparadela dilluns, 09 d’agost, 2010  

Carga las pilas, Ramón, que no hay nada mejor que dormir toda la noche sin ruido de coches y de ciudad.

Dilaida dilluns, 09 d’agost, 2010  

Seguro, seguro que cuando vuelvas a la gran ciudad tus pulmones vendrán recargados.
Esos pueblos son los que me gustan a mi, donde el ruido humano es mínimo y la música de la naturaleza aún no ha sido contaminada.
Feliz estancia, bicos

Maia dilluns, 09 d’agost, 2010  

Pues esta entrada es un relato maravilloso, lleno de magia y calidez. Me encanta como lo has escrito. Un gran abrazo,

Anna Jorba Ricart dilluns, 09 d’agost, 2010  

Tienes una gran suerte y es un privilegio que tu familia pudiera conservar estas dos casas en estos pueblos...¿? del pirineo catalan...
La vida del pueblo para unos dias, si eres muy de ciudad está bien...Desde luego que respirarás aire más puro y tambien disfrutarás del fresquito por las noches...
Gracias por acercarnos las fotos...este año son mis viajes virtuales los que disfruto con vosotros....

Isabel Martínez dilluns, 09 d’agost, 2010  

Me gusta es este pueblo del Pirineo donde estás. Debe ser un remanso de paz.

Miro las fotos y me viene a la mente aquella bonita canción de Mercedes Sosa que decía algo así como "Me gustan los pueblos chicos de gesto antiguo, con gente que da la mano y saluda al sol..."

Aprovecha estos días en ese paisaje privilegiado y oxigénate todo lo que puedas.

Besos, querido amigo, que hoy tengo un respiro y puedo venir a este faro acogedor.

NINA dilluns, 09 d’agost, 2010  

Cómo puede ser que exista un pueblo de 10 haitantes?
Y la gente? ...dónde está? Por qué se han ido todos? Por las fotos, parece bellísimo!

Felipe dilluns, 09 d’agost, 2010  

Qué lastima que la ruralidad se vaya perdiendo.Y es que el desarrollismo del tardofranquismo hizo que muchos pequeños pueblos quedasen semidesiertos.

La política de conservar lo rural ha brillado por ausencia en este país.Se me dirá que cuesta mucho dinero que estos pequeños pueblos dispongan de los servicios esenciales.Pero,a poco que se piense,la ruralidad y sus espacios medioambientales son de una gran significación humana(no ya sentimental)para los habitantes que se trasladaron y que de vez en cuando acuden a sus pueblos como origen de su ciudadanía.

Extraños tiempos en los que se ambiciona la quietud y la 'sinceridad' del paisaje.

Saludos

Eastriver dilluns, 09 d’agost, 2010  

(No tengo acentos...)En el Pirineo han sido muchos los pueblos que han ido quedando abandonados. Queda apartado y durante mucho tiempo se cuido lo minimo: sin las comodidades y con la poca vida que aportaban estas tierras los pueblos se fueron abandonando. En mi pueblo quedaron algunas familias que se resistieron a abandonarlo. No es broma lo de los diez habitantes, no es una hiperbole. En invierno creo que son exactamente ocho los habitantes que mantiene. Lo cual no significa que las casas de quienes se fueron se abandonaran: se cuidaron y la gente regresaba en verano. Aqui disfrutamos de tranquilidad y de temperaturas muy agradables. Pero tanta tranquilidad es buena unos dias: para quienes estamos acostumbrados a la ciudad esto nos resultaria inhabitable. Unos dias, sin embargo, esta muy bien: se te ensncha el alma. Un abrazo pirenaico.

Antònia Pons Valldosera dilluns, 09 d’agost, 2010  

Ramon, aquest poble és de la Vall Fosca, segur, pel campanar. I a mi em sembla que hi he estat. Dis-nos el nom si us plau. Podría ser cap al final de tot o també em recorda Enviny.
Fa més de trenta anys jo vaig fer de mestra per aquells indrets. Recordo l'olor i el cant del cucut a la primavera, també les tamborinades i el retrunys dels trons que em tenien esfereïda. Llavors només volia fugir i tornar-m'en cap al pla. Ara bé que hi tornaria cap allà dalt si més no per fugir d'aquesta calor de la plana.
Llavors deia, hi havia un poble: Peracalç que només en tenia tres d'habitants i Cabestany tambés eren 3 i Mentuy on només hi havia una família i un vell pastor. Selluy estava abandonat i el veies a baix quan pujaves al prat de comú de Bretuy a buscar carreretes.
I tant que hi neva i a l'obaga es queda la neu enganxada tot l'hivern. Aquest pobles del Pallars tenen una parla que m'encanta i a més unes històries que s'han de sentir explicar. Recordo un vellet que sempre m'explicava que havia aprés el castellà a la Ribera del Duero on va fer la mili. Llavors el tren només arribava a Balaguer. Diu que va anar de Bretuy a Balaguer a peu i allí va pujar al tren fins a Lleida. Jo no m'ho podia creure i com que sempre he estat una mica foteta li vaig dir:
-Així que vau pujar a Balaguer, no?
Doncs ja, pel tros que faltava no calia, home de Déu, no calia.
Per cert no em diguis que no saps què són els minairons. No pot ser. Ara no t'ho penso dir però per si de cas vigila si et trobes un vell canut d'agulles per casa. Viuen allí i són molt treballadors però molt, molt dolents.
Què farem, què direm? conten que diuen quan obres el canut i pobre de tu si no els tens una feina preparada.
Saps quan les rentadores comencen a ballar i es mouen? o quan l'ordinador fa rucades? Doncs són ells.
Gaudeix de la pau, de vegades massa, del nostre Pirineu. I vigila amb la carretera. A la del poble on era jo hi havia uns "apartaderos" perquè dos cotxes no passaven i hi havies de pujar amb segona amb un 850 de 4 portes que pobre! arribava a dalt a punt de bullir!
Ai, quins temps!
Una abraçada.

emejota dilluns, 09 d’agost, 2010  

¡Qué preciosidad de lugar! Eres afortunado porque eres hijo de una naturaleza tan bella. Entiendo muy bien lo que dices, porque necesito de alternativas para sentirme plena, un abrazo.

Mercedes Thepinkant dilluns, 09 d’agost, 2010  

¡Qué suerte tener dos pueblos! Era lo único que envidiaba de mis amigas cuando eramos pequeñas. En verano se iban todas a "su" pueblo. Yo no tenía pueblo propio, iba al de mis primos.
http://thepinkant.blogspot.com/2009/02/el-guardabarros.html

RGAlmazán dilluns, 09 d’agost, 2010  

Parecen las dos opciones muy apetecibles. Suerte de poder vivir el verano en ambos pueblos. ¡Que los disfrutéis!

Salud y República

Alfonso dilluns, 09 d’agost, 2010  

Parece la entrada un capítulo del Cuéntame cuando iban a Sagrillas XD, ahora que recuerdo, nuestro primer coche fue un 850 de segunda mano, catalán de Barcelona :) los coches parece que emigran también jj

nocheinfinita dilluns, 09 d’agost, 2010  

¡Que tranquilidad se debe respirar en ese bonito pueblo¡

Disfruta.

Un beso

noche

Eastriver dilluns, 09 d’agost, 2010  

Antonia, has viscut aquests pobles i saps del que parlo. Recordo una vegada en que una tronada va fer moure la casa, paraula... es va remoure tota com si en lloc d-un tro s-hagues tractat d-un terratremol... (perdona accents i signes... aquest teclat no va be). No es el Pallars, es a la frontera entre l-alt urgell i la cerdanya, tot i que el pallars es certament per l-estil... el pirineu i prepirineu catala es bastant similar, sigui la comarca que sigui. A veure si endevines la setmana vinent, Antonia, que per l-altre poble meu pel que dius segur que hi has passat...

Alfonso, que risa, si, esto parece un capitulo de cuentame... sorprendente la emigracion de los coches de barcelona. El nuestro era un seat 850 especial, jeje, no era cualquier cosa. Ignoro como eran los 850 que no eran especiales... si se que los especiales eran muy pequeños.. Un abrazo.

Noche, Rafa, Emejota,
Mercedes, gracias por acompañarme tambien...

Susana, recuerdo perfectamente que una vez viniste a este pueblo pero ai, no me encontraste... Obviamente era antes de la epoca de los moviles... ahora no nos ocurriria... Un beso.

Anna, he hecho estas dos entradas dedicadas a mis pueblos porque recorde una entrada rural tuya... sabes a cual me refiero.

Saludos a todos.

Antònia Pons Valldosera dilluns, 09 d’agost, 2010  

Oh i tant que sí. Ja el sé però no pateixis que no ho xerraré.

Stalker dimarts, 10 d’agost, 2010  

Impresionante, Ramón...

Huye, huye de la humedad barcelonesa y disfruta.

Por un momento te he imaginado como Heidi, saltando con las cabras en un alto prado pirenaico.

Viendo estas fotos apetece renunciar al amargo fruto civilizatorio: la urbe inhabitable y el extraño sistema de vida que nos hemos dado (¿no habríamos podido hacerlo un poco mejor?)

Desaloja la mente y recupera fuerzas para el nuevo ciclo...

un abrazo

Ciberculturalia dimarts, 10 d’agost, 2010  

Qué suerte que conservéis los antecedentes rurales y podáis disfrutar de vuestra propia casa. Mi familia es toda urbanita y la ruralidad, que a mi también me encanta, la tengo que buscar cada vez que la necesito.

Conozco algunos sitios del pirineo catalán y son una verdadera delicia. Disfrútalo mucho y carga bien las pilas para el otoño.

Un abrazo, Ramón y gracias por compartir con nosotros este espacio personal.

Raticulina dimarts, 10 d’agost, 2010  

En breve estaré yo también en la casa del pueblo heredada (tenemos documentos del s.XVII)en la Cerdanya.
A los incrédulos decirles que en mi pueblo de de este valle pirenaico sólo hay un habitante en invierno, ya que el pueblo tiene 4 casas...
Disfruta de la tranquilidad y de ese cielo incomparable.

Un abrazo

Miguel Baquero dimarts, 10 d’agost, 2010  

El pueblo y el paisaje de alrededor tienen una pinta fascinante. Quizás no para vivir todo el año, porque en invierno seguramente será muy duro, pero sí para perderse por allí el mayor tiempo posible. Me encanta esa emoción contenida y esa forma educada de acercarse a los pueblos que tenemos los urbanitas; antes se iba despreciando a los pocos habitantes, o a lo grosero de sus costumbres, o a lo escueto de sus entretenimientos; hoy por suerte hemos sido educados de otra forma y me conmueve esa sincera admiración de lo rural. Creo que es de buena gente.

Edmundo dimarts, 10 d’agost, 2010  

Vala bucólica para escapar de tanto insoportable ruido. Un abrazo.

Jose Lorente dimarts, 10 d’agost, 2010  

Que alguien me explique qué tenían de malo esos pueblos y qué de bueno estas ciudades para que la gente saliera corriendo de allí a hacinarse en estas urbes deshumanizadas.

Mi pueblecito está en Teruel: cien personas en invierno y seiscientas en verano, mucho más que el tuyo pero aún ni una manzana del ensanche.

Disfruta del retiro.
Un abrazo.

Maripaz Brugos dimecres, 11 d’agost, 2010  

Ramón, que preciosidad de rincón!! Te vendran fenomenal estos dias para empezar con fuerza el nuevo curso.
Me encantan los pueblos y la vida tranquila en ellos, pero tengo que reconocer que soy muy urbanita y un pueblo muy pequeño y con pocas personas a lo largo del año, llegaria a agobiarme un poco.
De todas las maneras, es bonito volver a nuestras raices y sentir nuestros ancestros cercanos. De alguna manera esos lugares son algo muy unido a nosotros.
Un abrazo y felices vacaciones.

AROBOS dimecres, 11 d’agost, 2010  

Soy de pueblo y vivo en un pueblo. Y me encanta la vida de los pueblos pequeños, cuanto más pequeños, más me gusta. Debe ser para quien vive habitualmente en la ciudad un enorme placer volver a las raíces, volver al pueblo de la infancia. Así que te imagino gozando de esas vacaciones rurales.

Fackel dijous, 12 d’agost, 2010  

Ramón. Los que somos híbridos, padre de una parte de España y madre de otra parte de España, y más si nuestra infancia ya nos pilla en tiempos lejanos, tuvimos mucha suerte. Las vacaciones del niño se pasaban en el Norte y los nueve meses restantes en la Meseta. Los meses de verano eran suficientemente antitéticos respecto a los de la normalidad del lugar fijo de residencia como para aprender de ellos, gozar de ellos, mirar, jugar intensa e imparablemente, cambiar de costumbres, hablar con otro acento y habitar otro mundo.
Me enriqueció tanto la experiencia veraniega durante mi infancia que mi pubertad fue un desastre. Entonces no existían vacaciones pagadas para la familia y me tuve que adaptar a los veranos en la misma ciudad ruda y conocida.

Así que vive y revive tu propia ausencia. Un abrazo.

madison divendres, 13 d’agost, 2010  

Qué envidia me das chico.

María divendres, 13 d’agost, 2010  

Los pueblos se multiplican de habitantes en el verano, en cambio en el invierno están desiertos como si apenas hubiera habitantes, pero ahora muchas son las personas que suelen ir a descansar en el verano, a recuperar la paz y la tranquilidad perdida por el bullicio, ruido y prisas de las ciudades. Yo recuerdo de niña que me encantaba ir al pueblo de mis padres, me pasaba el verano allí, tenía muchas amigas y estábamos todo el día jugando en la calle.

Me gustó mucho este post, me hiciste recordar tiempos pasados, y además, como dice madison qué envidia me has dado.

Un beso.

María divendres, 13 d’agost, 2010  

Ya te metí en mi pluma para no perderte amigo.

Otro beso.

Camino a Gaia dilluns, 16 d’agost, 2010  

Me alegra saber que tenemos en común ser de pueblo. Los paisajes forestales se parecen bastante a aquellos en los que habitualmente trabajo. Mi pueblo es mucho mas grande, puede que seamos doscientos habitantes, pero la vida es tranquila.
Feliz descanso.

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