Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dimarts, 28 de setembre del 2010

UNA VOZ: SÍLVIA PÉREZ-CRUZ

(No sé hasta qué punto queda bien lo de dedicar una entrada del blog a alguien. Pero, aun a riesgo de ser considerado poco elegante, no puedo pasar por alto que fue Susana quien me acercó a Sílvia, a su música, a su voz. Así pues, gràcies Susana per ser sempre referent en tantes coses.)


Sílvia Pérez-Cruz es la cantante del grupo Las Migas, del cual hablé en mi blog anterior (por cierto, acaban de sacar su primer disco, Reinas del matute). Hoy no quiero hablar de este grupo de flamenco formado por una alemana, una bretona, una sevillana y una catalana, sino solamente de la vocalista. Sílvia tiene una voz personalísima y envolvente. Quienes la hemos escuchado cantando flamenco con Las Migas nos hemos emocionado vivamente. Además su directo es espectacular. Pero Sílvia toca otros palos, muy bien por cierto. La voz de Sílvia contiene ese embrujo y esa magia que convierten un momento en el momento. Se trata de una voz que parece que pinta con colores y lamentos el aire, que suspende los ánimos y procura instantes enormemente delicados. Es una voz de acero revestida de cristal. Poetiza sentimientos y lugares. Y además, enormemente versátil.
Aquí, tres muestras. Primero, una habanera. En segundo lugar una apuesta muy íntima en catalán con su otro grupo Immigrasons (una mezcla entre Inmigración y sons=sonidos). Y finalmente, con Las Migas, en un vídeo con fragmentos de sus versiones. Puesto que en la radio siempre se oye lo mismo y los canales de distribución son los que son, los blogs sirven para descubrir cosas que inauditamente pasarían desapercibidas. Y si ya se conocen, para disfrutarlas.








(No es una falta: Sílvia, en catalán, es palabra esdrújula. De ahí el acento.)

dissabte, 25 de setembre del 2010

CANDIDATA DEL PUEBLO

Descubro en la prensa un sondeo sorprendente. Si Belén Esteban se presentase a las elecciones quedaría en tercer lugar, tras PP y PSOE, hundiendo a IU en la miseria (más todavía: con el 7% para Belén y un exiguo 3% para IU). Dicho sondeo se realizó en un programa de TV esta pasada semana. Podemos pensar que la cosa no es seria. O pensar que, dejando la seriedad de lado, un resultado real se acercaría bastante a lo que dice el muestreo. Dicho programa glosó, más todavía, la figura grotesca de este personaje (del cual no pongo foto porque ya aburre). Lo peor es que el resultado me parece fiable. El programa, sin ser líder, obtuvo un buen índice de audiencia (muchísimo peor en Catalunya, con orgullo lo apunto).
No ceso de preguntarme cómo es posible que el país esté así. Nos habían dicho que el índice cultural había subido, que estábamos construyendo un país serio. En lugar de eso tenemos una televisión de pena (tampoco peor que en otros sitios, todo hay que decirlo) en la cual lo que impera son los gritos, la mala educación, la insolencia, la ordinariez. La mentira. El otro día quedé estupefacto ante un concursante al que le preguntaban: ¿Es verdad que ha mantenido relaciones sexuales con un miembro de su propia familia? Y el hombre, aparentemente avergonzado, decía que sí. Una voz decía que eso era verdad y todo el mundo se ponía a aplaudir, incluida la propia familia, porque eso significaba que había ganado. ¿Hay alguien que pueda creerse que eso es real? Claro, mucha gente que, acrítica, lo toma como se lo sirven. Pero lo peor: ¿alguien se ha quejado de que semejantes productos, y muchísimos otros, se emitan en horario infantil? Porque veamos, ¿esta bien que los niños tengan acceso a semejante mierda? ¿O preferimos que la infancia siga siendo ese espacio protegido para poder crecer con seguridad y dignamente ? Me callo ya porque todavía asomará un pepero que, dándoselas de liberal desvergonzado, me acusará de prohibicionista.
Vuelvo a la encuesta. Me acuerdo de Ciccolina, la que enseñando las tetas se convirtió en diputada italiana. Como tenemos ese poco apego al norte, es posible que en lugar de imitar a las naciones que podrían enseñarnos algo, acabemos imitando a Italia. Sería gracioso. Sobre todo por una cosa, por la única. Porque Belén iba a barrer a Rosita, mi amiga pizpireta de la UPD. Y eso sí que sería grande. No sería tan grande que, puestos a imitar, acabásemos teniendo un Berlusconi en casa. Lo cual, siguiendo por este camino, no me extrañaría nada.

dimarts, 21 de setembre del 2010

EL LUGAR QUE LES CORRESPONDE

El sábado pasado murió José Antonio Labordeta, músico, político y viajero culto. Cuando me topé con la noticia en los diarios digitales que consulto cada mañana lo cierto es que lo sentí mucho. Nunca he sido seguidor de su carrera musical, la verdad. Pero sus programas de televisión por las tierras de España consiguieron rescatar lo más genuino, lo verdaderamente auténtico, lo admirable, de este país que tantos enfados nos provoca. En su programa de la tele demostró que sin melindres y sin cursiladas se puede cantar a la belleza y descubrirla. Demostró que la belleza a veces es seca y árida. Y que los paisajes naturales nunca están completos si les falta el paisaje humano.

Tras muerte hemos asistido al duelo generalizado en todo el Estado, especialmente destacado en su tierra. Se le quería, es indiscutible. Y mucho. Como se quiere a las personas que el pueblo adivina que nunca se vendieron.

Pero Labordeta se ha convertido en símbolo para describir esa derecha que desprecio con toda el alma. Esa derecha que no supo comprender su poética y que le ridiculizó (el de la mochila, le llamaban, o el mochilero, aún más denigrante) por haber hecho bien aquello que los millonarios nunca sabrán hacer: mezclarse con las gentes humildes y aprender de ellas. Labordeta se erige frente al PP con todas las de ganar: tiene (presente, siempre presente) la sensibilidad que a los otros les falta. Tiene el buen gusto. Y tiene la valentía.
Cuando Labordeta les mandó a la mierda, se convirtió en una anécdota de los programas de zapping. No entendieron nada. Labordeta les mandó a la mierda, pero lo hizo con esa humildad que tienen los grandes. No fue un insulto. No fue gritar "¡Váyanse a la mierda!", como hizo el gran Fernán Gómez, insultando a gritos. Lo de Labordeta fue otra cosa: fue darlos por perdidos, constatar que no tenían remedio. Y cuando ahora vemos el vídeo descubrimos que hubo más. Vean las risas de los fachas mientras Labordeta les canta las verdades. Vean la risita del ministro Cascos, a quien el tiempo ha puesto en su lugar (de mierda), mientras la bancada contraria aplaude. Se reían porque estaban convencidos que quien estaba cayendo en el ridículo era Labordeta. Jamás supieron que, siete años después, íbamos a tener claro que los verdaderamente ridículos son ellos. Porque Labordeta hizo aquello que todos soñamos: mandarlos al lugar que, por justicia, les corresponde.

dissabte, 18 de setembre del 2010

IMPRESIONES Y POSTALES: VERANO 2010 (I)

Parafraseando (y modificando) el título de Federico quiero traer algunas de las postales de este verano ya ido.
La primera es, cómo no, de Atenas, ciudad de la que he hablado en dos entradas recientes (ésta y ésta). Lo que más me sorprendió es la dejadez, la miseria, la marginalidad, el abandono. ¿Nos engañaron cuando entramos en la Unión Europea y asumimos el euro? Recuerdo que nos decían que sería la panacea del bienestar y del equilibrio económico. En Atenas uno se hace cruces de que esa sea también la Europa prometida. Pero aparte de esta miseria ya dije que Atenas es una fascinante mixtura de épocas, y por tanto procura variadas sensaciones. Maravillosa la Acrópolis, el barrio de Plaka y aledaños, y el espíritu casi oriental de pequeños bazares de especias.
La segunda es del Santuario de Apolo en Delfos. ¿Sabéis que fue lo que más me sorprendió? Que Delfos esté entre montañas (el monte Parnaso, por otro lado), casi a lo alto, con unas vistas espectaculares. La magia de los siglos quedó fijada en Delfos. Me fascinó, sin discusión posible.
La tercera es del canal de Corinto, gigantesca obra humana de finales del XIX que sin embargo ha quedado pequeña y se mantiene como atracción. Es imponente. Une dos mares, el Egeo y el Jónico, y desgaja definitivamente el Peloponeso del continente. Gracias a un puente, puedes cruzarlo y aprender lo que es el vértigo.
La cuarta, Epidauro. El santuario de Epidauro no fue solamente el gran teatro que conocemos, sino un santuario dedicado al dios Eusculapio y un hospital. Puesto que para sanar el cuerpo se necesita ilusionar y emocionar, construyeron el extraordinario teatro. Fue construido hace 25 siglos y su estado de conservación es óptimo, la verdad. Me sentí muy pequeño recorriéndolo, más por las medidas del tiempo que por las medidas del espacio. Me impresionó.La quinta, las ruinas de Micenas. Queda muy poco de la gran civilización griega. Se me hace difícil este tipo de ruinas pues, en realidad queda tan poco, que uno debe imaginarlo casi todo. Pero lo que se conserva vale mucho la pena: la puerta de los leones y la tumba de Atreo, muy bien conservada. La de arriba es de la puerta de los leones.
La sexta, y última por hoy, es una postal del crucero. El primero que hacía en mi vida. Experiencia totalmente aconsejable. Lo temía pues las muchedumbres del estilo vacaciones en el mar no son mi ideal de compañía. Por eso fue sorprendente lo mucho que me gustó. Ideal para una época de stress pues se consigue una relajación absoluta. Cómodo para desplazarse: un hotel que se mueve por la noche y te deja cada día en un rincón que vale la pena verse. La anécdota: cuando hay mala mar comprendes plenamente la etimología de la palabra mareo. Pues bien, ya en tierra firme sigues sintiendo exactamente la misma sensación que cuando estabas navegando. Creí que era paranoia mía pero descubrí que le ocurría a todo el mundo. Recibe el nombre de síndrome del marinero y dura unas 24 horas.

Continuaré recordando...

dimarts, 14 de setembre del 2010

LO QUE DIJO EL GRAFITERO

No hay error. Ni siquiera uno.

No hay un error de concordancia. Quien escribió este texto no pretendía decir "Rita es franca". En ese caso seguramente hubiera escrito "Rita es sincera", o "Rita es legal", o en caso de ser joven, "Rita es la más mejor". Quien escribió este texto pretendía decir lo que dijo. Que Rita es Francisco Franco Bahamonde. Una comparativa, por tanto.

No hay siquiera un error ortográfico en el verbo acentuado. Podría ser que quien escribió el texto lo hiciera en catalán/valenciano/balear, lengua en la cual las terceras personas del verbo SER se acentúan.

Finalmente, y para situar el contexto, la fotografía fue tomada en Valencia capital hará cosa de cinco meses. Lo digo por si se les ocurre de qué Rita estaba hablando el grafitero.

divendres, 10 de setembre del 2010

PSEUDOLOGÍA FANTÁSTICA

Mentiría si dijese que he visto Ich bin Enric Marco. No la he visto todavía pero estoy a la espera. Esta película documental es un viaje a la mente y el alma de ese Enric Marco que ha quedado fijado, en la historia, como un gran impostor. Se inventó que había estado preso, como republicano español, en el campo de concentración nazi de Flossenbürg. Como sea que en los archivos del campo faltaban algunas hojas relativas a los ingresos de presos pudo asegurar durante años que había estado ahí. Se convirtió, en tanto que superviviente de campo de concentración, en presidente de la Amical Mathausen y comenzó a visitar centros educativos, platós de televisión, a asistir a numerosas conmemoraciones y dictar conferencias sobre su experiencia. Y a todos ponía los pelos de punta escuchar esas historias de nazis en boca de ese ser desvalido que lo había vivido en primera persona.
Parece ser que nunca se enriqueció con ello. No lo hizo por el dinero. Acaso sintió que inventándose un pasado heroico era escuchado más atentamente y se sintió también más respetado.

Siempre me extrañó, me sorprendió, me inquietó esta historia. Es un caso especial de impostura. No estamos tan acostumbrados a ella. No mintió para llenarse los bolsillos sino para llenarse el alma. Curioso, sorprendente. Por eso estoy esperando ver la película que citaba más arriba: un documental sobre este curioso personaje.

Hace un par de años descubrí, gracias a un documental de Cuatro, otro caso exactamente igual. Y también protagonizado por una catalana. Alicia Esteve, perteneciente a una acaudalada familia barcelonesa, era una mujer que, cuando los atentados de las torres gemelas, se encontraba en Barcelona haciendo un máster caro. Como dominaba a la perfección el inglés y había vivido temporadas en NY, a mediados de 2002 se trasladó a esa ciudad. Allí se enteró de que los supervivientes de las torres, olvidados por todos (todo el mundo hablaba solamente de las víctimas) se reunían en una iglesia cercana a la zona cero. Alicia, rebautizada como Tania Head, asistió a una de esas reuniones, tomó la palabra e inventó una historia. El día de los atentados estaba en una de las torres y se salvó milagrosamente bajando como pudo de la planta ochenta y pico. Y su novio, un nombre tomado al azar de una lista de víctimas, murió en la otra torre.
La historia de Tania, naturalmente inventada, llegó al corazón de la gente más que las historias reales. Ayudó a organizar el grupo, se convirtió en la presidenta, se codeó con alcaldes y gobernadores, ocupó espacio en prensa y televisión. Hasta que se descubrió el pastel y Tania/Alicia huyó como un conejo. El documental (11-S: me lo inventé todo) puede verse online en la siguiente dirección.

Según algunos psicólogos, las patologías de Enric y Tania reciben el nombre de Pseudología fantástica. Se trataría de "una tendencia a mentir compulsivamente, según la cual personas inteligentes, necesitadas de estima, cuentan historias buscando protagonismo y llegan a creérselo". El ser humano necesita sentirse escuchado. Y, a quienes escuchamos, la mentira nos parece a veces más verdad que la verdad misma.

dimecres, 8 de setembre del 2010

INTERÉS GENERAL

Me sabe mal que la segunda entrada consecutiva en mi blog remita a Grito de Lobos. Me justifico diciendo que la anterior era por un motivo que valía la pena. Y la presente es porque acabo de poner un texto mío en ese blog.

Se trata de un grito radical contra ese pesebre de privilegios que se llama monarquía. ¿Cuánto cobra el rey, en realidad? Difícil establecerlo con exactitud. ¿Cuál es su fortuna? Abundante parece ser. ¿Cómo la consiguió? ¿Con su sueldo que no está nada mal, o en base a regalos y negocios privilegiados?

El motivo último que genera este escrito mío es la fundación Hesperia, de reciente creación. Un millonario cedió su fortuna a los herederos del rey con la condición de que la mitad fuera a parar a una Fundación de interés general. ¿Saben ustedes qué significa interés general para esta dinastía que mantenemos entre todos? Si quieren saberlo y si, además, quieren ver al rey haciendo la peineta, vayan a Fundaciones y otras mentiras.

Aquí va el texto original:
Cuando en julio de este año defendí que la libertad se conseguía con un poco de ira fue porque cada vez parece más evidente que es necesario que la gente se enfade para que salga a la calle. Y si bien es cierto que no soporto la violencia también es cierto que toda denuncia contiene una parte de ira consustancial. ¿Alguien se imagina que existiese este blog si no estuviésemos llenos de ira contra muchas cosas? Pero creo que merece la pena delimitar y comprender que ira no significa violencia física, por ejemplo, o que para pedirle moderación al personal ya está Mariano Rajoy (y luego dan cumplida cuenta, con sus actos, de lo que ellos entienden por moderación).

Hoy quiero gritar airado contra Su Majestad y su parentela abundante y untadísima, aún a riesgo de que me organicen un sumarísimo. Con el sueldazo generoso de que disfrutan (pagado por todos) como mínimo deberían tolerar la crítica. Se me dirá que el señor es rico, lo cual no es ningún pecado. Y yo responderé primero que en algunas ocasiones sí es un pecado la riqueza. Y añadiré luego que si esa riqueza ha sido almacenada gracias a una situación de privilegio y poder, de regalos y prebendas, y a ocupar un lugar privativo al que se accede por sangre( con ese justo empujoncito franquista), representa un pecado por partida doble. Y si encima la riqueza se ve incrementada año tras año, mes tras mes, día tras día, en este instante en que tantos españoles están pasándolo mal, la cosa es para gritar muy airado y actuar en consecuencia. Aun a riesgo de que, como ya hizo en el año 2004 en Euskadi, me haga la peineta de puro campechano como es (a unos republicanos que le silbaban, parece ser). Fíjense en su mano izquierda...


Veamos. Según Libre.red , a los 8.9 millones de euros anuales que percibe la casa del Rey, deben sumársele los 6 millones de euros que aporta Administraciones Públicas para gastos diversos relacionados con la monarquía (asesores y funcionarios reales). Y a estos 14'9 millones (de euros, claro) debe añadírsele una cantidad indeterminada para el mantenimiento de las residencias reales (según algunas fuentes, unos 18 millones). Pero la suma no ha terminado todavía pues estos millones no incluyen el transporte, ni los coches oficiales, ni el sueldo de los conductores. Ni lo que cuesta el mantenimiento del yate Fortuna (un regalo, por cierto, de los empresarios que, como no llegaban vieron incrementada la suma con esos 400 milllones de pesetas de dinero público que aportó el gobierno balear). Por lo bajo, es decir, sin contar estos regalos, serían pues esos 33 millones de euros que reza el artículo . Con un fácil ejercicio de calculadora observamos que el sueldo diario del Rey es de 90.410 euros, es decir, unos quince millones de las antiguas pesetas diarias. Cierto, cierto, luego él reparte con la familia, no todo es para él. ¿De verdad seguimos pensando que la monarquía nos sale barata?

Pero aunque 33 millones de euros anuales sean una cantidad notable que seguramente ninguno de nosotros oleremos en nuestra vida, se convierten en una cantidad irrisoria si tenemos en cuenta la fortuna que revistas como Forbes le calculan al monarca. A 33 millones anuales, ahorrando todos y cada uno de los céntimos, el Rey hubiese tardado la friolera de 54 años en reunir los 1800 millones que se le atribuyen. Como es evidente que de la asignación anual mucho se ha gastado, como es lógico y natural, cabe preguntarse cómo ha acumulado ese dinero. Dicho de otra manera, cuáles son los negocios del Rey. Recuerdo hace cosa de quince años en que el nombre del amigo del monarca Manuel Prado se vio envuelto por primera vez en asuntos turbios. No pasó nada, o casi nada. Al Rey, al menos, no le pasó nada. Tampoco cuando se relacionó con personajes tan particulares como Ruiz Mateos (que cuando lo de Rumasa reconoció haberle entregado al rey la nada despreciable cantidad de mil millones de las antiguas pesetas) o el empresario ejemplar catalán Javier de la Rosa. O Mario Conde, si se quieren añadir más nombres ilustres a la lista. Se ha hablado mucho de los regalos que ha recibido el Rey. Pero también de cosas enormemente ilegales, como el asunto de los cuadros del marqués de Hernani, tema que, sin pruebas, es mejor obviar. Existe también una bibliografía maldita sobre el tema, como cabe suponer.

Otro de los nombres relacionados con el del Rey es el del empresario y banquero catalán, del Opus por cierto, Luis Valls Taberner. Valls Taberner (su hijo unió el Valls y el Taberner con un guión; así luce Cristina ambos apellidos) ayudó económicamente al entonces príncipe. Visitando su página de la Wiki puede leerse, en el apartado Otros datos, algo relativo a sus aportaciones a Juan Carlos.
Pero según algunos esa cantidad de 1800 millones parece que se queda corta. Alfonso XIII, cuando partió felizmente al exilio, se encontró con una mano delante y otra detrás. Su nieto ha aprendido de la historia. Pero, ¿puede ser aún mayor la cifra de 1800 millones? Poco importa: cuando los cientos de millones se acumulan, se acaban por perder las cuentas. Se habla de regalos secretos, de dinero repartido y escondido gracias a testaferros que hubiesen podido trabajar a nombre del patrón. Yo pienso que ya no viene de aquí: las cifras acaban siempre por ser engañosas. Lo único que no es engañoso son los hechos y me parecen ya bastante claros.

Que la monarquía es un gran y productivo negocio ya nadie lo duda. Pero seguir diciendo que nuestra monarquía es barata equivale a no querer ver la realidad. Se me dirá que un Presidente de la República haría lo mismo. Probablemente. Pero hay diferencias notables, a parte de la elemental de los votos. Por un lado un Presidente electo sería siempre mucho más cuestionado (se evitaría la innegable sacralización de la familia real que todos sufrimos) y por tanto sería vigilado de cerca y no se le ahorrarían críticas a sus desmanes (recuérdese la boda de la hija de Aznar). Por otro lado, existiría una mayor nitidez en la diferenciación de la esfera pública y la esfera privada. Por si todo ello no fuera suficiente y por mucho que cayera en deesmanes el Presidente electo, ni tendríamos que mantener a toda su familia ni la cosa iba a durar tantos años como está durando la broma borbónica. Cuestión de democracia, de limpieza, de alternancia, de libertad, por tanto.

Es por eso que saber que la reciente operación real se ha hecho por la Sanidad Pública mientras la factura por el alquiler de las instalaciones hospitalarias subía a 25000 euros me parece una verdadera tomadura de pelo.

Pero no terminan ahí las tomaduras de pelo. La infanta Cristina se compró hace unos años un chalé valorado en mil millones de pesetas (gastos de mantenimiento y carísimas facturas de protección y vigilancia aparte) en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Imagino lo que costará mantener a su otra hermana o al Príncipe, que por cierto recibió el exclusivo regalo de una residencia privada en el complejo de la Zarzuela con motivo de su boda. No es demagogia: comprendo que el jefe del Estado no puede vivir en un piso en Carabanchel o la Verneda, ni viajar en utilitario. Comprendo que ciertos cargos exigen unas medidas de protección que se resuelven mejor y más económicamente incluso residiendo en un lugar en que la protección sea fácil. Comprendo que existen servidumbres de representación que exigen espacios adecuados y elegantes. Pero de ahí a que la protección, la elegancia, el regalo, se haga extensiva, de por vida, a los familiares directos (¿los indirectos no? ¿seguro?) va un trecho muy largo.

Siento que de un tiempo a esta parte se está asistiendo a un cierto desenmascaramiento de esta familia. Podríamos preguntarnos el motivo pues estas cosas nunca ocurren gratuitamente. Sin voluntad de ser exhaustivo ni cronológico recuerdo ciertos momentos más o menos recientes en que la familia real se ha visto rodeada por la polémica.

Cuando la hermana de la princesa fue contratada por el socialista ayuntamiento de mi ciudad para un cargo absurdo con sueldo millonario juro que se me nubló la vista. Ahí el abuso es de mi ayuntamiento, pero lo cierto es que siempre se aprovechan los mismos y sus familias políticas.

Cuando una revista gamberra fue secuestrada por mostrar a los príncipes en una actitud íntima me pareció fuera de todo sentido. Con lo que cobran deben tolerar las críticas e incluso las bromas inofensivas. De lo contrario la tan pregonada libertad es una falsedad.

Cuando la reina tomó partido claramente y optó por la enseñanza religiosa (en una época en que, recordémoslo, los obispos y el PP montaban manifestaciones en contra de las políticas laicistas del gobierno ZP) o apostó por la teoría creacionista o se manifestó claramente contra el matrimonio homosexual; es decir, cuando la reina nos dijo a todos que ella era seguidora convencida del Partido Popular, servidor hizo extensivo el anuncio al resto de la feliz familia, y les desprecié todavía un poco más. Porque además de todo lo que llevo dicho han decidido romper esa imparcialidad que acaso les otorgaba un mínimo sentido. (Ya Sofía se había cubierto de gloria cuando, años atrás, había manifestado que los últimos años de Franco no fueron una dictadura exactamente y que existía más libertad que la que se reconoce ahora).
Cuando, finalmente, (y aquí el motivo de mi última indignación monárquica, sigan leyendo) recibieron una herencia millonaria hace no mucho, pensé que se confirmaba que eran una familia con suerte. La mitad de la herencia millonaria que recibieron se repartirá entre los príncipes y los nietos reales. Y la otra mitad del dinero otorgado por el millonario Balada deberá ir, por expreso deseo del otorgante, a una fundación de interés general .

Pues bien, ya está decidido. Y es aberrante. Está muy claro qué significa para esta gente interés general. Se ha creado una fundación, llamada Nueva Hesperia, con domicilio en la Zarzuela, que será la que recibirá y gestionará ese dinero. ¿Cuál es el interés general que propone defender esta nueva fundación? Agárrense: el estudio y apoyo a la institución monárquica, tanto en España como en el extranjero, así como su fomento a través de las ciencias y las artes. Sí, para las testas coronadas es frecuente, como ven, lo de confundir interés privado con interés general. Son, así lo siento, despreciables.

Clamemos y gritemos por la República. Luchemos por destronar privilegios indignos. Sólo si nos llenamos de ira, podremos conseguirlo. ¿Ven como la ira es buena? ¿O prefieren ustedes a Sus Majestades?




dilluns, 6 de setembre del 2010

Y MÁS OBJETOS

(Si en la entrada anterior hablaba de seres humanos convertidos en objetos le toca ahora el turno a su contrario: el objeto que nació con forma de ser humano. Les dejo esta foto, la de la maniquí que salió a tomar el sol, y les invito a que si pueden se pasen por Grito de Lobos, un blog colectivo que ahora se ha vestido de homenaje, ya verán...)

divendres, 3 de setembre del 2010

OBJETOS

Una de las cosas que tanto las guías como algunos amigos que habían estado en Atenas (no todos) me recomendaron vivamente era el cambio de guardia en el Parlamento. Yo no puedo entender por qué los cambios de guardias gustan tanto a la gente. En Londres ocurrió lo mismo: que no me perdiera el cambio de guardia en Downing Street o en la casita adosada de la soberana y su prole. Luego, tras el cambio de guardia, las chicas rubias, los niños y las señoras mayores se acercan a los soldaditos para hacerse fotos. Un poco por fetichismo inconfesable en el caso de las féminas, estoy seguro, y otro poco por tipismo entendido al turístico modo.

En el Parlamento griego cada hora los inmóviles muchachos son sustituidos por otros. Durante esos sesenta minutos está terminante prohibido moverse, ni que sea para algo tan humano como escupir a la vieja que se les pone al lado para hacerse una foto o tocarle las tetas a la rubia que sonríe tontamente. Lo merecerían, claro. Luego, cada quince minutos, los dos soldados inmóviles intercambian sus puestos: el de la derecha se va hacia la izquierda y al revés. Cuando lo leí en la guía imaginé que era para evitar el síndrome de la clase turista. Algún soldadito les caería fulminado de un ictus radical a lo largo de la historia y debieron pensar que un poco de movimiento, ni que fuera marcial, les preservaría la circulación.


Como tenía tiempo y pasaba por ahí me acerqué para fotografiar el ritual horario. Y efectivamente, con puntualidad británica aparecieron por una esquina tres nuevos soldados. El del medio ejercía de guía, los de los extremos llegaban con mala cara para sustituir a los amigos que estaban ya contando los minutos para largarse del sol inclemente (la secuencia de llegada está en las tres fotos superiores). Con esas parsimonias militares que siempre me pusieron enfermo, con esa lentitud vacilona que puede adivinarse, todos se fueron moviendo cual figuras de un reloj antiguo que marcara la hora en punto. Unos se desplazaban hacia atrás, otros se acercaban por el frente, ladeaban sus cuerpos, caminaban alzando exageradamente las piernas para acabar acercándose al lugar de la guardia. Una coreografía perfecta y rancia. Me fijé que había un personaje que observaba atentamente. Era un militar vestido de campaña que mantenía el público a raya sin dejar de observar a sus pupilos.

Una vez los nuevos soldados ocuparon sus puestos de inmovilidad, los antiguos guardianes se colocaron a diestra y siniestra del personaje que acompañaba la comitiva y se alejaron. Los recién llegados ocuparon sus puestos, en los que iban a permanecer durante una hora. (Lo que sigue a la llegada de los nuevos puede verse en las fotos de abajo).



Y entonces, cuando ya todo había acabado, entró en juego el militar de campaña, el que había observado el mínimo gesto a la búsqueda de cualquier defecto coreográfico. Ni corto ni perezoso se acercó a los recién llegados, se sacó una gamuza del bolsillo y se la pasó a los soldados por la cara como si les sacara brillo. Quedé estupefacto. De piedra. Los estaba refregando como si se trataran de unas estatuas de mármol, como si no fueran personas, como si se hubieran convertido en un objeto (naturalmente los otros ni se movían, inmóviles, sin pestañear). Les arregló también el gorro, les ajustó el traje, ocultó algún mechón rebelde y, para acabar, se podrían pensar que como una madre atenta, volvió a pasarles la gamuza por el rostro. Como si sacara lustre a dos figuras de tamaño humano que se había comprado para decorar su jardín. Y los otros dos, convertidos en objetos, comenzaron a aguantar a los turistas que se acercaban mientras el militar de campaña, a lo lejos, contemplaba emocionado a los soldados objetos.




(Esta entrada tendría su punto divertido si no fuera una crítica atroz. Si lo que vi en Atenas no fuera, en realidad, una metáfora terrible)

dimarts, 31 d’agost del 2010

RILKE

Yo nací, respetadme, en una época en que no existían todavía los manuales de autoayuda. Pero los de mi generación, y generaciones anteriores, supimos descubrir que ciertas palabras de grandes autores nos enseñaban el valor de las cosas, nos descubrían facetas ignoradas de nosotros mismos y, de paso, nos coeducaban en la convivencia de géneros. Tuvimos grandes maestros... y no salimos tan mal. Ahora, claro, con los manuales de autoayuda y con el bendito coaching todo funciona mucho mejor, ejem.

Por ejemplo: yo nunca fui poeta pero recibí, puntual, las cartas de Rainer Maria Rilke.

"Creo, sin embargo, que usted no ha de quedar sin solución si sabe atenerse a unas cosas que se parezcan a éstas en que ahora se recrean mis ojos. Si se atiene a la naturaleza, a lo que hay de sencillo en ella; a lo pequeño que apenas se ve y que tan improvisadamente puede llegar a ser grande, inmenso; si siente este cariño hacia las cosas ínfimas y, con toda sencillez, como quien presta un servicio, trata de ganar la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se tornará más fácil, más armonioso, de algún modo más avenible. Tal vez no en el ámbito de la razón, que, asombrada, se queda atrás, pero sí en lo más hondo de su conocimiento, en el constante velar de su alma, en su más íntimo saber.

Por ser usted tan joven, estimado señor, y por hallarse tan lejos aún de todo comienzo, yo querría rogarle, como mejor sepa hacerlo, que tenga paciencia frente a todo cuanto en su corazón no esté todavía resuelto. Y procure encariñarse con las preguntas mismas, como si fuesen habitaciones cerradas o libros escritos en un idioma muy extraño. No busque de momento las respuestas que necesita. No le pueden ser dadas, porque usted no sabría vivirlas aún -y se trata precisamente de vivirlo todo. Viva usted ahora sus preguntas. Tal vez, sin advertirlo siquiera, llegue así a internarse poco a poco en la respuesta anhelada y, en algún día lejano, se encuentre con que ya la está viviendo también. Quizás lleve usted en sí la facultad de crear y de plasmar, que es un modo de vivir privilegiadamente feliz y puro. Edúquese a sí mismo para esto, pero acoja cuanto venga luego, con suma confianza. Y siempre que ello proceda de su propia voluntad o de algún hondo menester, écheselo a cuestas sin renegar de nada.

(...)

Yo creo que también en el hombre hay maternidad. Tanto en su espíritu como en su cuerpo. Pues su modo de engendrar es así mismo una especie de parto. También es parto cuando crea al impulso de una íntima plenitud. Acaso haya entre los sexos mayor grado de parentesco y afinidad que el que se supone comúnmente. Y la gran Renovación del mundo consistirá quizás en que el hombre y la mujer, una vez libres de todo falso sentir y de todo hastío, ya no se buscarán mutuamente como seres opuestos y contrarios, sino como hermanos y allegados. Uniéndose como humanos, para sobrellevar juntos, con seriedad, sencillez y paciencia, el arduo sexo que les ha sido impuesto."


Rilke; Cartas a un joven poeta, Carta IV.

dissabte, 28 d’agost del 2010

ATENAS Y LOS CÍNICOS

Jamás una ciudad me sorprendió tanto. No para bien. Atenas es una enorme ciudad que representa justo aquello a que no nos tiene acostumbrados Europa. En nuestro continente político (está claro que cuando hablamos de Europa hablamos de la Unión política porque la verdadera Europa va más allá) lo feo y degradado se esconde y se expulsa. Atenas lo exhibe.

Me habían hablado de los drogadictos y los pedigüeños griegos pero jamás sospeché que la cosa fuera tan seria. En los alrededores de la plaza Omonia, en pleno centro, en un trecho de cien metros, uno se encuentra con veinte vendedores callejeros (vendiendo verdaderas reliquias caseras), diez homeless, diez drogadictos colocados (algunos cayéndose por los rincones, algunos durmiendo a sacudidas epilépticas, algunos dando estertores con las agujas todavía colgando de sus brazos), amén de representantes de todas las etnias y colores, preferiblemente árabes y negros, en un peligroso y sospechoso pasar el tiempo, sin nada que hacer. En cada esquina, controlando el espectáculo tremendo, un coche de policía está detenido, con los agentes bien visibles caminando arriba y abajo. El resto del escenario es fácilmente imaginable: suciedad sin límite, gritos, alguna persecución inesperada, los quioscos abarrotados que venden de todo, los aires acondicionados de la zona que gotean sobre las cabezas de los transeúntes, tiendas abigarradas, muchas de ellas con especias, que te hacen creer que te encuentras en algún país musulmán. Lo verdaderamente sorprendente es que esto ocurre en el corazón mismo de Atenas.

El espectáculo de la pobreza extrema y peligrosa, más allá de las meditaciones sociales que pueda generarme, me provoca básicamente la apetencia tremenda de alejarme. Me siento muy inseguro en ese entorno, probablemente porque no estoy acostumbrado. Ello no significa que sea insensible al sufrimiento de esas gentes, ni tampoco que no me cuestione este mundo injusto, dador de desigualdades y sufrimientos atroces. Quien me conoce sabe que no sólo me lo cuestiono sino que me duele enormemente que las víctimas sean siempre los mismos, a quienes se conoce en aberrante expresión como carne de cañón. Pero esa evidencia no me hace perder de vista el peligro que en semejantes ambientes uno puede encontrarse. Y a quienes me llaman clasista o burgués por ser honesto y reconocer esto, solamente puedo darles la razón y decirles que vayan ellos a pasear por esas calles, que para mis paseos yo prefiero otras.

¿Significa esto que no me gustó Atenas? No, no exactamente. Me sorprendió la pobreza delincuente y arrabalera en pleno centro (la otra pobreza, de la cual provengo, no me asusta ni me sorprende), la inseguridad, el alejamiento de los patrones europeos. Me hizo pensar en la crisis griega, real, cierta, verdadera absolutamente. Atenas tiene rincones muy agradables, y no hablo de los turísticos, naturalmente, que más bien me asustan por otros motivos. Atenas tiene también milenios de sensaciones en cada piedra y eso se nota.


De esa indolencia y miseria atenienses dan cumplida cuenta los perros abandonados que pueblan las calles. Jamás vi tantos. ¿No se recogen? ¿No se llevan a perreras como aquí? (Donde por cierto, en Catalunya al menos, no se sacrifican, de lo cual me alegro mucho). Los perros abandonados de Atenas son perros sucios, cada uno con su collar. No andan casi: el calor les aturde, duermen en medio de la calle, en los rincones. Permanecen como un símbolo de una ciudad en ruinas a la que le cuesta levantarse.

A pesar de todo, vale la pena Atenas. Pasear por Plaka y Monastiraki, descubrir la Acrópolis y el foro, maravillarse en el museo Arqueológico, subir al monte Lycabettus, imaginar las olimpiadas en el Estadio Olímpico, visitar lugares cercanos como Delfos, Micenas, el canal de Corinto, Epidauro. A la vuelta y tras cualquier esquina, espera durmiendo el espíritu de Diógenes Laercio.
(Los cínicos del título no son los pobres, ni los drogadictos, ni la policía, ni los turistas como yo que lo contemplamos todo con escrúpulos vivísimos. Usé cínico en un sentido estrictamente etimológico.)

dimarts, 24 d’agost del 2010

LA PAKISTANÍ

Recuerdo que ocupé un cargo directivo hace años. Mala experiencia: mucho trabajo, poco poder de decisión, escasa compensación económica y mucha ingratitud. Me avisaron: quien asumía mi cargo debía asumir la carga más pesada, Lola. Lola era una mujer alta, mayor, de larga melena oscura y muy morena de piel. Respecto al carácter era lo que diríamos una excéntrica con mucho mal humor. La mala fama la perseguía. Por mala persona. Por agresiva. Por insolente y maleducada. Por cizañera. Por gritona. Capaz de desesperar al más temperado. Dos años antes habíamos tenido una discursión histórica, no recuerdo bien el motivo. La cosa prometía. Quise saber en qué consistía exactamente su trabajo y me respondieron con una frase memorable.

- Es pakistaní.

- ¿Pakistaní? - pregunté sorprendido

- En la Administración, a quienes uno no sabe nunca demasiado bien a qué se dedican, les llamamos pakistanís porque la gente al verlos siempre se pregunta lo mismo: ¿y pakistán?

Perspectiva espantosa: tener que aguantar a una tía insoportable que nadie sabía para qué estaba. Es de esas cosas que tiene la administración: reuniones para todo y funcionamiento muchas veces absurdo. De ello se aprovechan siempre los más vivos y de ahí deriva la mala fama que luego hemos de soportar todos, incluso los más esforzados, que somos la mayoría.

Hablé con los jefes y les pedí que, en cuanto yo tomase el nuevo cargo, Lola dejase de venir. Si nos la ahorrábamos las cosas iban a funcionar mejor. No pudo ser, naturalmente. Iba a tener que aguantarla aunque no me apeteciese y no sirviese para nada.

Lola venía sólo un día de la semana, generalmente los lunes, para asistir a dos reuniones de coordinación que con su sola presencia solían acabar a tiros. Le di muchas vueltas, pensé mucho, traté de clarificar aquello que se esperaba de mí en el nuevo cargo y al fin tuve una idea. La propuse a mis superiores y no les pareció mal. Lo difícil era que Lola quisiera aceptarlo. Me reuní con la pakistaní y le pedí su ayuda.

- Debemos hacer algo, Lola, y debemos hacerlo juntos - le dije - Y tu ayuda me resulta fundamental. Quiero remodelar de arriba a abajo todos los documentos del centro, adaptarlos a la realidad social de nuestros días, actualizarlos a partir de largas y completísimas encuestas, votarlos, reestructurarlos y volverlos a reestructurar, modificarlos y modernizarlos.

Lola me miró. No lo veía claro. Añadí rápido:

- Creo que pueden acabar siendo unos documentos de referencia. Naturalmente íbamos a firmarlos ambos. Creo que pueden circular mucho y ser muy comentados.
De sobras sé que hay documentos, citados por algunos, que sólo sirven para justificar horas de trabajo y sueldos a final de mes. Documentos que permiten pregonar el mucho trabajo realizado pero que luego nadie lee. Me miró y sonrió un poco.

- ¿Tú sabes dónde te metes? ¿Tú sabes el volumen de trabajo que supone todo eso?

- Sé perfectamente que es trabajo imposible de acometer en un año. Se necesitan un par o tres.

- O cuatro - añadió ella, entusiasmada.

La engatusé. Evitaría las dos reuniones semanales con Lola (y con otras mujeres insoportables, de esas que siempre disfrutan gritando un rato) aunque a cambio iba a tener durante dos horas semanales a Lola para mí solo. La idea me daba pavor, pero estaba dispuesto a ponerle mucha melaza y a cazarla desde la primera reunión a solas.

La cacé. Pasé los dos años razonablemente bien. Realmente la mujer era complicada. Una lianta, que se dice ahora. Cada lunes nos poníamos a redactar los famosos documentos que no iban a servir para nada. Pero fui acortando esas dos horas en base a cafés y confidencias. Porque fueron llegando las confidencias de Lola y yo descubrí un alma atormentada y solitaria. Me seguía causando pavor, porque era complicada y difícil, con momentos de verdadera mala leche, seguía sin aguantarla nadie, pero a la vez me despertaba algo parecido a la ternura. Como era sumamente aburrido luchar con normativas absurdas que efectivamente luego nadie leyó, le proponía un café, un desayuno, un cigarrillo (yo entonces todavía fumaba). En dos años acabamos los documentos. Ella me contó su vida, se me abrió como la urna del pulpo Paul, y lloró en más de una ocasión. Y el último día me abrazó fuerte.

- Siempre creí que la complicidad en las relaciones laborales se había terminado. Hoy sé que, en el trabajo, la amistad todavía es posible.

Se calló porque se le quebró la voz. Y yo pensé en lo sola que está muchas veces la gente arrolladora, la gente que nadie soporta. Mi gran secreto es que, dos años después, yo seguía sin soportarla. Pero eso no se lo dije nunca aunque su tormento particular me causase una cierta lástima. Lo que no justificaba que estuviera dispuesto a aguantarla en aquellas eternas llamadas telefónicas que comenzaron justo aquel verano.
Costó zafarse. Y aunque sentí que la había engañado durante aquellos dos años, me consolé pensando que en la vida cada uno utiliza sus armas y que mi estrategia había servido para que ni yo ni nadie se destrozara los nervios ni las cuerdas vocales en eternas reuniones inútiles. De aquella experiencia me han quedado algunas sensaciones vívidas. La soledad radical de los gritones, por ejemplo. La inutilidad de las reuniones de trabajo. O la certeza de que con miel se cazan más moscas que con vinagre.

dissabte, 21 d’agost del 2010

BOUS EMBOLATS

Hace muy poco tuve una gran alegría que algunos están ya luchando por neutralizar: el Parlament de Catalunya prohibía la fiesta de los toros (moratorias aparte). Naturalmente expuse mi alegría en este blog.

De aquella excelente iniciativa popular que acabó triunfando permanecía solamente un lunar que no quise entonces que me amargara la alegría: los bous embolats y demás fiestas que siguen basándose en el sufrimiento de un animal. Por motivos claramente electorales (estas fiestas que critico se celebran sobre todo al sur de la provincia de Tarragona y en la Comunidad Valenciana) permanecieron fuera de la prohibición. Como no soporto mezclar cuando la mezcla no lleva a ninguna parte (y mezclar ahí equivalía a aguar una excelente noticia) no dije nada. Tiempo habría de seguir luchando.
Ha llegado ese tiempo. He visto ahora en la tele esas imágenes que cada año me avergüenzan: algunos tirando del rabo de los toros, colocándoles teas de fuego en la cornamenta, el sufrimiento del animal (quemazones en los ojos, agresiones, golpes...). Entre un ser humano y un animal, un ser humano siempre. Indudablemente. Pero el respeto a los animales también nos hace mejores a nosotros. Respetarlos equivale a construir un mundo mejor.

Cuando hace un mes el Parlament prohibió las corridas hubo muchos que, seguramente sensibilizados por el animal lo mismo que yo, priorizaron el tema identitario. En lugar de alegrarse por la prohibición acentuaron la paradoja: mientras se prohibían los toros se continuaban permitiendo otras fiestas. Esa paradoja la vimos todos. Pero acentuarla entonces era otra forma de hacer política, no una forma de avanzar.
Me da exactamente igual si un animal es agredido en Pamplona o en Sant Feliu de Guíxols. Me opongo frontalmente a esa forma de entender la vida y la fiesta. Me molestan también las personas que cuando algo bueno se consigue no dudan en acentuar la contradicción en lugar de alegrarse hoy para seguir luchando mañana.

Es exigible una ILP contra los bous embolats y es exigible que quienes votaron entonces contra la fiesta nacional voten también ahora, en coherencia, contra estas otras formas de maltrato.

Os dejo dos canciones de Ska-p, un grupo mucho más interesante que los que suenan en Los 40 principales. La primera canción (Wild Spain, Salvaje España) carga contra estas fiestas populares que se basan en el sufrimiento animal, no sólo contra la "puta fiesta". Y la segunda, Torero asesino, sería un equivalente en Ska de las viejas canciones protesta; un poco panfletario si se quiere, pero todas las luchas, incluso las que tienen más razón, lo son.

(Quiero advertir que algunas de las imágenes del primer vídeo son especialmente horribles. Me gustaría que quien defiende que los toros son arte mirara entero el vídeo y luego tuviera huevos de mantenerlo.)





dijous, 19 d’agost del 2010

BUS

Tras la vida rural, regresa la ciudad con fuerza.

dissabte, 14 d’agost del 2010

PAISAJES FAMILIARES (y II)

Hablaba en mi anterior entrada de mi pueblo de montaña. Pero como dije, uno es rico en pueblos y tengo otro. Ese otro es, con mayor propiedad, mío, pues es donde nací.

Es un pueblo situado en la sequedad de la llanura leridana. En primavera nace el cereal y los campos se cubren de unas inmensas alfombras verdes. Pero ese mismo verde se va tornando primero amarillo, luego ocre, a medida que se va secando. En verano llega la cosecha y entonces reaparece el marrón de la tierra, la aridez de una poética no comprendida por todos, sobre todo cuando la paja embalada es recogida y los restos quemados y la tierra removida. Recuerdo que uno de los mil juegos de mi infancia consistió justamente en construir complejas edificaciones con aquellas gigantescas balas. Hasta techo les poníamos. El gran inconveniente eran los picores que se derivaban.
El pueblo donde nací tiene tres iglesias. Sólo dos se conservan para el culto. Una de ellas, la de Sant Pere, tiene un gran campanario que puede verse cuando te acercas en coche a lo lejos. Aquí me bautizaron, en la iglesia del campanario, y me cuentan las crónicas que tocaron las campanas, razón por la cual jamás seré duro de oído (eficacia contrastada). La otra iglesia tiene un campanario de espadaña y una extraordinaria portada románica que es como un libro abierto. Esta iglesia, la de la portada, es muy bonita y muy pequeña, con la discreción altomedieval y su medida humana. En ella reside (digámoslo así) la patrona del pueblo, una talla románica que tiene mucha gracia y encanto (como la mayoría de vírgenes románicas): la Virgen de la leche, porque está amamantando al niño. Mi pueblo tiene callejas estrechas, alguna considerablemente empinada, alguna plaza encantadora, mucho calor (y mucho frío en invierno), gentes muy agradables y un curioso, acaso sorprendente, interés por la cultura.

Cuando era niño y comenzaban las vacaciones escolares, el Seat 850 que glosé en mi anterior entrada nos acercaba al pueblo de la llanura. Y aquí, los niños en compañía de las abuelas, permanecíamos los dos meses y medio de verano. Eran los veranos de infancia, ese paraíso en mi caso afortunado y cuasi mítico (como el de muchos), de esa mitología doméstica y necesaria. Nos pasábamos el día en la calle, jugando con los vecinos y amigos, alguno de los cuales ha pervivido en el campo de los afectos (mi amiga Rosa). Sólo existía una exigencia: respetar aquello tan misterioso que recibía el nombre de "l'hora del sol" en que el calor apretaba tanto que estaba prohibido jugar y campar por las calles. El mayor misterio era el momento preciso en que la hora del sol acababa y ya todos volvíamos a salir. Preguntaba constantemente a las abuelas: "¿Se ha acabado ya la hora del sol?", y ellas me decían que no. Hasta que, en un momento determinado, decían que sí y se abrían las puertas. Jamás conocí la verdadera frontera entre el no y el sí, entre la hora del sol y lo que los baleares llaman "s'hora baixa". Y esto me lleva a pensar en ese terror que existía en aquellos tiempos por dos cosas: las insolaciones y los cortes de digestión. Las abuelas de entonces eran muy precavidas.

¿Es posible amar los espacios? Sí, porque espacio y tiempo son lo mismo, y un lugar representa una época de tu propia vida. Para siempre mi pueblo será mi infancia, el lugar en el cual seguramente he sido más feliz.

Es donde me encuentro ahora. Aquí me quedo unos días más, recordando y mirando las estrellas, raro privilegio para un urbanita.


(Las que ilustran esta entrada, también en este caso, son fotografías de mi hermano o mías)

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