Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.
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dissabte, 28 d’abril del 2012

RUBIANES SOLAMENTE

El día 23 de diciembre se estrenó Pepe & Rubianes, una película documental de Manel Huerga sobre este querido cómico galaico-catalán, como él mismo se definía. No sé si en el resto de España se le conoce; si poco, si mucho, si nada. Sí sé que seguramente era mejor cómico que muchos que llenan teatros y arrasan en las audiencias, como sé también que su compromiso cívico y político le hicieron enormemente incómodo: le persiguieron, le apartaron y a la postre le redujeron hasta su temprana muerte. Si alguien no le conoce, viendo el vídeo siguiente puede entender por qué resultaba tan incómodo. La Iglesia y los fachas fueron sus grandes fijaciones, y dijo de ellos cosas tan gordas como las del siguiente vídeo.

Lo que se entiende menos es que Pepe Rubianes, el deslenguado, el maleducado, el hombre que de cada cinco palabras pronunciadas tres eran un taco, el políticamente incorrecto, se ganara el aprecio del siempre conservador pueblo catalán. Aquí se le quiso, y mucho. Y se le extraña. En la película documental de Huerga que vi hace pocos meses por TV3, con amigos entrañables como el director teatral Joan Lluís Bozzo, el cómico y ex sacerdote Carles Flavià, el sacerdote políticamente incorrecto Manel Pousa (el "pare Manel") o el cantautor Joan Manel Serrat hablando cariñosamente de él, puede comprobarse. (Todos ellos, y algunos/as otros/as que también aparecen en la película, se autodenominan Las viudas de Rubianes. Recientemente se ha originado una desagradable polémica entre ellos y la hermana y heredera del cómico, que les acusa de aprovecharse de su memoria, pero no entraré en asuntos tan desagradables que pienso que Pepe no merece).

Curiosos estos personajes, amigos de Rubianes. El "pare Manel", por ejemplo, tan inclasificable, o Carles Flavià. No es casual que todos ellos fueran amigos. El pare Manel es uno de esos curas perseguidos por la jerarquía, que hace lo que le da la gana, y que monta festivales para conseguir dinero para los pobres con lemas que le escuecen hasta el horror al señor obispo. Y Carles Flavià es un cómico muy interesante que ha abandonado el sacerdocio porque no era exactamente lo suyo: durante muchos años combinó la juerga nocturna con regresar pronto a casa para poder oficiar la misa de ocho. En una ocasión sus amigos gamberros, que ignoraban que era cura, le preguntaron por qué tenía que retirarse tan pronto (a las siete de la mañana, dónde vas a parar, eso es muy pronto si pasas las noches en los tugurios del barrio chino): él les dijo que tenía que oficiar misa. Obviamente los amigos se partieron de risa. Como el otro no puso objeción cierto día le acompañaron. Entraron en una iglesia, se sentaron y vieron, sorprendidos hasta el extremo, como su amigo de juergas aparecía con la sotana y comenzaba su trabajo. (Ante estos catalanes me da mucha rabia que actualmente los catalanes más famosos en España sean los muy aburridos de CIU, sinceramente).

Rubianes, el añorado, el admirado, se hizo popular en España gracias a una intervención que los fachas (sus odiados fachas) supieron aprovechar. Él, comprometido con la causa republicana y de izquierdas, comprometido con una España seguramente federal y nada patriotera y menos facha, se metió con la España eterna, y lo hizo con mucha gracia. Creo recordar que con motivo de la presentación de su espectáculo Lorca eran todos, espectáculo que reivindicaba a todos los muertos de la guerra en una época en que las derechas demostraron a las claras que su opción pasaba por el olvido, asistió a un programa de tv3 y allí, hablando de la unidad de España, tuvo la osadía de ser terrible. Se pasó tres pueblos pero dijo cosas que, bien entendidas, son impecables. Porque él pensaba que había otra manera de ser español. Y no se lo perdonaron. Contened la respiración y mirad el vídeo en que los fundidos en negro sirven para separar elementos para el escándalo (creo que lo montó alguien muy escandalizado).



Tras aquel escándalo se marchó a África durante mucho tiempo. Contaron en la película que a partir de entonces se le hizo difícil caminar tranquilamente por la calle: le insultaban y le aplaudían a partes iguales, pero los insultos eran especialmente crueles. Eso en Barcelona; a Madrid ni se planteaba ir, como es natural. Permaneció inquebrantable el apoyo de sus amigos de siempre (Buenafuente, por ejemplo, que le entrevistaba cada tanto, o periodistas catalanes como Om o Soler), pero la vida en la piel de toro se le hizo casi imposible (normal cuando aquí ser español implica serlo desde el lado facha de la vida). Es por eso que se largó, y se inventó que se había casado con una negra guapísima, que era lo que seguramente hubiera deseado. En la película me llamó la atención una cosa que dijo el propio Pepe, en un vídeo que grabó desde África yo creo que para un programa de Buenafuente: que la vida política española, vista desde el continente de la miseria, se le antojaba una pelea de pijos. Una pelea de pijos en la que él también participaba cuando estaba, y que por eso prefería permanecer lejos.

Independientemente de todo lo político, qué pena que se muriera Pepe, la verdad. Porque era un alma libre que salía por la tele y decía lo que ya nadie dice. Si la forma de ser español pudiera ser la que entendía él (libremente, sin imposiciones, sin elementos sacrosantos) qué cómodos íbamos a sentirnos todos en este país que machaca hasta la aniquilación a quienes no respiran el mismo aire. Ved en las fotos cómo celebraron algunos su temprana muerte. Y ved también mi admiración indesmayable por ese galaico-catalán a quien prefiero millones de veces antes que a esa idea de España que se identifica con el dominio, la censura, el odio, la agresión, la mutilación y el asco. Tenía razón Rubianes: antes África que esa España.
Y para terminar, ved lo que escribió Álex de la Nuez en su blog en el año 2007 sobre este tema: ilustrador.

dimarts, 28 de febrer del 2012

OTRA FORMA DE ENTENDER EL CATOLICISMO

La primera vez que oí hablar de Teresa Forcades i Vila fue con motivo de la gripe A, creo que en el año 2009. Eran mis primeros tiempos con el blog y recuerdo que comentábamos en los foros y comentarios a las entradas que había algo extraño en esa gripe, y que resultaba sospechosa la forma en que se habían exagerado los peligros (eso pensábamos y eso acabó siendo) y la forma en que las farmacéuticas estaban ganando a manos llenas. Fue entonces cuando llegó Teresa, una monja benedictina de la que no sabíamos nada, pero que decía las cosas claras y a la que intuíamos llena de razones.

El hecho de que Teresa fuera monja desorientó a muchos. No parece el quehacer más habitual de las sores el llamar la atención sobre enriquecimientos sospechosos y sobre compras masivas de ciertas vacunas por parte de los estados. Pero supimos luego que Teresa era más que eso: era doctora en medicina y en teología.

A partir del famoso vídeo, que iba acumulando visitas y más visitas, que era traducido y consultado por otros países, Teresa Forcades acabó convertida en personaje popular en Catalunya. Era parodiada en los programas de la tele e invitada a los debates. Nos mostró cómo vivía en el monasterio en un interesante programa de la serie de El Convidat. Y así fuimos sabiendo más de ella.

Esta monja benedictina vive en el Monestir de Sant Benet, en la montaña de Montserrat, y es una especialista en medicina interna y en teología feminista. Nada de lo que fuimos sabiendo nos extrañó: era inevitable que alguien que se atrevía a enfrentarse a las todopoderosas farmacéuticas fuera una mujer comprometida con el feminismo, que deseara una renovación profunda de la Iglesia, que hiciera manifestaciones a favor de la ordenación sacerdotal de las mujeres, que tuviera una actitud en muchas ocasiones comprensible con el aborto, que pensara que la homosexualidad no es un pecado sino otra forma de vivir la afectividad. Teresa Forcades, además de valiente, era inteligente, comprometida y progresista. Es decir, una representante de esa otra Iglesia, de la no oficial.

Pero ella pertenece a la Iglesia y es por eso que sus discursos son siempre, en ese sentido, enormemente prudentes, aunque también meridianamente claros. Con motivo de la presentación de su libro La teología feminista en la historia recorrió muchos lugares de España y de hispanoamérica dando conferencias, planteando siempre la necesidad de un cambio profundo. Y esta semana ha sido entrevistada en el diario Ara, entrevista que podéis leer en castellano en esta entrada. Le pregunta el periodista, por ejemplo, "¿Lo que hace la industria farmacéutica, primero asustarnos y después vendernos la solución, no es también lo que hace la Iglesia?", y responde la hermana Forcades: "Sí, y cuando lo hace es un abuso de poder." Pero también habla de las medicinas alternativas, de la medicalización, de su visión de la religión, de su vivencia espiritual, de su simpatía por los indignados, de sus propios temores por una jerarquía a la que pone en jaque.

En uno de los vídeos de la página del periódico, que pongo debajo, hablaba por ejemplo del famoso TDAH,
trastorno de déficit de atención e hiperactividad de los niños, señalando por ejemplo que, y traduzco del catalán, "la hiperactividad infantil es una etiqueta que (...) es posterior a la síntesis del medicamento que va bien para esta etiqueta. Desde un punto de vista crítico esta circunstancia debe hacernos sospechar. No demuestra nada, pero (...) lo cierto es que primero hemos tenido el medicamento y cuando ha estado a punto para ser comercializado han existido una serie de iniciativas pagadas por las empresas que patrocinan este medicamento que generan las informaciones en las que nos basamos epidemiológicamente para decir que hay niños que tienen este problema. Y después, naturalmente, deben comprar esta pastilla" Es decir, nuevamente un engaño que genera múltiples beneficios económicos y que ella desea denunciar en su próximo trabajo sobre la desmedicalización. Si alguien entiende el catalán puede ver y escuchar el resto del fragmento en el siguiente vídeo.

Yo no soy nada partidario de las mitificaciones cotidianas (de las otras menos), pero sí de erigir en referente a personajes de nuestra propia cotidianidad o de los medios. Por eso hablo de Teresa hoy aquí. Sus palabras son a menudo un regalo. Como también lo es su breve libro Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas que se puede descargar gratuitamente en el presente enlace.

dijous, 23 de febrer del 2012

BIANCA

Yo fui un niño Tintín. No sabía entonces ni del fascismo que se escondía en sus páginas y que había influido a su autor, ni del racismo, aunque viajaba al Congo con ellos. Supongo que ciertas sutilezas no se han hecho para un niño de diez años. Ahora sí, ahora veo a Tintín dando clases a los negritos y se me cae el cómic al suelo, cuando ciertos comentarios sitúan a los negros un escalón intelectual por debajo de los blancos. Podemos aventurar que, puesto que me formé con estos comics escritos por un fascista y racista, y yo no me tengo por ninguna de las dos cosas, en realidad los niños son más impermeables de lo que los pedagogos suponen.

Cuando algunos menosprecian a los creadores por sus ideologías yo sé que son unos tontos. ¿Quién sabe en realidad qué pensaba Goya de la vida? Pero pensara lo que pensara, ¿voy a dejar de extasiarme con sus pinturas? Es evidente que no. La ideología, la política, pertenece al terreno del ahora, y siempre que no sea tan cercana a nosotros que llegue a ofendernos directamente, yo apuesto por obviarla cuando me acerco al arte, a cualquier forma de arte.

Tintín me gustaba porque su realidad era reconocible para mí (quizá por eso nunca me interesó Astérix, aunque no digo yo que no me hubiera gustado). Yo fui un niño poco imaginativo, aunque con muchísima imaginación (toma paradoja). Lo que ocurre es que mi imaginación nunca se adentró por los terrenos de la fantasía ni por parajes históricos. Preferí la seguridad de lo reconocible o por lo menos verosímil: agencias de noticias, redacciones de periódicos, historias de arqueólogos, viajes en avioneta, las campiñas francesas o belgas, el África real, el Tíbet, el Egipto que contaba Sábado Cine. Con Tintín y sus amigos viajé por el mundo entero, y hasta fui a la luna. ¿Verosímil, dije? Nunca supe de un concepto más laxo.

De todos los amigos de Tintín yo me quedo con... con todos, menos con Fernández y Hernández (Dupond y Dupont en francés, y también en catalán, que respetó los nombres originales), que me daban tirria. Esos gemelos absurdos se parecían demasiado a los hombres que no callan pero no dicen nada. En cambio el rabioso y sin embargo buenazo capitán Haddock, o el locuelo y sordo profesor Tornasol, o el perrito Milú, o Tintín mismo fueron amigos y lograron entrar a formar parte de esa familia de ficción que todos almacenamos. Ah, y Bianca Castafiore.
La Castafiore, que luego inspiró una cadena de comida italiana (Pastafiore), era una soprano italiana con el apodo de el ruiseñor milanés, que era amiga de Tintín y su troupe, que estaba secretamente enamorada de Haddock, y que de tan pagada de su voz como estaba a la mínima comenzaba a dar gorgoritos espantosos provocando el horror de todos. Porque la Castafiore era gritona e inoportuna, y nos parecía muy divertida. Sobre todo cuando llenaba de besos al capitán que no sabía cómo sacarse de encima a semejante momia.

Y cuando se ponía a cantar, que era a la mínima ocasión, siempre entonaba la que a mí me parecía una aria cómica inventada por Hergé: "Ah, me río de verme tan bella en este espejo...". Todos la temían cuando Bianca se veía tan bella en un espejo, e inventaban todas las tretas posibles para que dejara de mirarse, es decir, de cantar. Veamos aquí como el capitán mete al loro en la sala en la que está grabando su disco de arias.
Cierto día, mucho tiempo después de mis primeros tintines, me encontraba en el Liceo viendo una representación. Nunca había visto la ópera, no la conocía: se trataba del Fausto de Gounod. Era la historia, bien conocida por todos, de un hombre que pacta con el demonio para conseguir todo lo que él desea. Y de esta forma conseguía regalar un cofre de joyas y un espejito a su amada Marguerite que, al ver tanta joya, ella que era tan pobre, comenzaba a probársela mientras se observaba en el espejo. Y entonces, justo entonces, comenzaba una de las arias más conocidas de la ópera. La soprano, con sus abalorios en los dedos y en el cuello, se puso a entonar aquello de "Ah, me río de verme tan bella en el espejo...". Fue un momento en que la realidad y la ficción se fundieron, como suele sucederme bastante a menudo.

Yo supe ese día que Hergé, a pesar de todo lo que contaban de él, no me había engañado.


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Resulta inevitable, en el mundo en que vivimos, que todo objeto de éxito se acabe convirtiendo en objeto de culto, y generando acto seguido su propio merchandising, es decir, su propia maquinaria para sacarle más dinero al invento. El otro día descubrí la Tintin shop de Barcelona, situada en una de las plantas del centro comercial Las Arenas. A mí me siguen siendo suficientes sus historias (muy de tarde en tarde aún las releo) porque todo lo relacionado con las religiones modernas me produce tanto pavor como lo relacionado con las convencionales.

dilluns, 28 de febrer del 2011

LA LUCHA Y LA MUERTE DE FERRER

(En una entrada anterior hablé de la llamada Setmana Tràgica de Barcelona. En ella comenzaba explicando cómo se iniciaba una guerra en Marruecos a la que eran convocados los hombres españoles pero que servía, como muchas guerras, para intentar asegurar los intereses de la minoría que llevaba la batuta. El pueblo, consciente del abuso que estaba sufriendo, convertido en carne de cañón para asegurar los intereses de una minoría, se amotinó dando lugar a lo que se conoce como Setmana Tràgica, en julio de 1909. En ella se cometieron abusos, sobre todo contra la Iglesia. Una Iglesia que había ayudado perpetuar un sistema que propiciaba todo tipo de abusos contra los más débiles.)
En manos de la Iglesia estaba la educación española. Una educación pobre, escasa y que no pretendía potenciar la crítica ni pretendía exterderse hasta alcanzar la gran mayoría de capas desfavorecidas. Las niñas prácticamente no iban al colegio, los niños iban los primeros años hasta que, en edad de trabajar, eran reclamados por las fábricas y los empresarios. Hasta entonces se limitaban a enseñarles a leer y escribir, sumar y restar, un poco de geografía, mucha religión y una moral que les llevara al sometimiento.

El gobierno no ayudaba. No existía una verdadera voluntad política para mejorar la situación de la enseñanza, ni para hacerla obligatoria hasta ciertas edades. Ni para desvincular cultura de religión. Ni para potenciar un pensamiento crítico que pudiera acabar siendo peligroso para sus intereses.

Un hombre de personalidad interesante y arrebatada, un anarquista no violento (porque en la época ser anarquista violento era prácticamente sinónimo de terrorista, y muchos anarquistas querían dejar clara su vocación pacifista) decidió hacer algo. Era pedagogo y se llamaba Francesc Ferrer i Guardia. Creo la Escuela Moderna. La primera estuvo situada en la calle Bailén de Barcelona. Luego se crearon otras sucursales. Pretendía formar niños y niñas libres a partir de técnicas pedagógicas modernas y europeas, con una educación socialmente comprometida y desvinculada totalmente de lo religioso. Pero el poder no iba a tolerarlo.
Les vino muy bien que en 1906 uno de los trabajadores de la Escuela Moderna, el bibliotecario Mateo Morral, natural de Sabadell, se decidiera por su cuenta a lanzar una bomba a Sus Majestades durante la ceremonia matrimonial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Los Reyes se salvaron, pero muchas personas murieron y Ferrer i Guardia se vio fatalmente señalado. Aunque parece probado que no tuvo nada que ver con el atentado, el hecho de que un empleado suyo fuera un terrorista que había intentado un regicidio fue suficiente para colocarlo en el punto de mira.

Poco a poco Ferrer i Guardia pudo reemprender las tareas pedagógicas laicistas de la Escuela Moderna, pero las autoridades y los religiosos seguían observando cómo la amenaza que suponía Ferrer se resistía a desaparecer. Y decidieron que a la mínima iban a acabar con él.

La mínima fue la Setmana Tràgica. Parece documentalmente fuera de toda duda el hecho de que Ferrer no tuvo nada que ver con ese estallido violento en Barcelona. Barcelona, como dije, era la rosa de foc, ciudad que ya en 1893 vio prácticamente volar por los aires el emblemático Teatre del Liceu por una bombas de otro anarquista mítico, Santiago Salvador. Las autoridades quisieron aprovechar la Setmana Tràgica para acabar con el anarquismo. Necesitaban un chivo expiatorio a quien culpar. Fue Ferrer. Pedagogo, anarquista, librepensador y fundador de la Escuela Moderna. Si acababan con él, el peligro de una verdadera escuela laica desaparecía.

Lo culparon de algo que no había cometido (inspirar la revuelta), lo encarcelaron, lo juzgaron y lo mataron. De un tiro. En el Castillo de Montjuïch, emblemático escenario de la represión centralista de Barcelona.
He estado leyendo en estos días un libro extraordinario. Se trata de un informe escrito por el periodista William Archer. El revuelo internacional del caso Ferrer fue enorme. Este periodista inglés fue enviado por su revista en 1910 para que redactara un reportaje de investigación sobre el caso. Archer llegó a Barcelona en 1910 y publicó su informe ahora hace cien años, en 1911. En tanto que inglés, su punto de vista es suficientemente objetivo, ajeno a las pasiones hispanas del momento. Y su veredicto es tan limpio como cabía suponer: Ferrer no tuvo nada que ver con la orquestación de la Semana Tràgica. Sencillamente la aprovecharon para acabar con él.

La muerte y la desaparición son, a veces, la mejor forma para acabar con una disensión, al menos temporalmente. Nos queda un consuelo: el paso del tiempo, que muchas veces acaba trayendo lo que en otra época fue visto como pervesión, como amenaza, como agresión. Pero para ello las figuras precursoras son necesarias. Como Ferrer, precursor del laicismo por el cual seguimos luchando todavía.

dilluns, 18 d’octubre del 2010

MIGUEL HERNÁNDEZ EN EL CORAZÓN

Al empezar este 2010 todo el mundo hablaba de Miguel Hernández con motivo del centenario de su nacimiento. Ahora, justo en este octubre (nació a finales de mes), la cosa se ha rebajado muchísimo. Yo, a principios de año, decidí homenajear de forma íntima a este poeta. Volví a leerlo (seguramente el mejor homenaje que se le puede hacer a un poeta) y leí la biografía que, precedida del escándalo, había publicado recientemente Eutimio Martín. El oficio del poeta, la biografía en cuestión, venía acompañada de las críticas por una supuesta desacralización del poeta de Orihuela. Nunca he tendido al mito, así pues puedo leer todo tipo de textos. No me cuesta nada separar la opinión del dato. Si existen los datos suficientes yo mismo puedo crearme una opinión. Así que no me molestó leer una biografía polémica porque sabía que sería capaz de obviar todo lo perverso, en caso de que lo hubiera.

Como suele suceder en la República de las Letras, había mucho de exageración. Muchísimo. La biografía, francamente recomendable, humanizaba al poeta. Era un pastor de cabras que quería cambiar de vida y jugó sus cartas. No me parece mal que la gente lo haga, siempre que no pise a nadie; no me parece mal que Miguel Hernández lo hiciera. Se creó un personaje, el del pastor cabrero, que tenía más de real que de máscara. Se buscó la vida entre las gentes que podían ayudarle en su pueblo, que casualmente eran todos unos fachas (cuatro falangistas y cuatro curas "más negros que su reputación"). Era bien sabido: Hernández comenzó siendo filofalangista. Hasta escribió un Auto Sacramental. A partir de su relación con Pablo Neruda, y otros, evolucionó hacia el comunismo.

Es sorprendente de qué manera los poetas de la época despreciaron a Hernández. Porque olía mal, por ejemplo. Porque no tenía tacto ninguno. Porque necesitaba ayuda para dejar el pueblo y no tenía empacho en pedirla. En todo ello abunda la biografía de Eutimio Martín. De ahí la polémica. Pero yo le justifico eso. Es lícito que, sin hacer daño a nadie, nos apoyemos en aquello que puede ayudarnos.

Pero Hernández no fue un aprovechado. Fue, primero, un grandísimo poeta. Y fue luego, y la biografía lo relata en tonos extraordinarios, un hombre íntegro y un hombre bueno. Ya en la cárcel, preso también de la enfermedad que lo llevaría a la muerte, fueron a verlo sus antiguos amigos falangistas. Alguno era ministro de Franco. Todos sabían que Hernández el comunista, Hernández el soldado (el único poeta que luchó en las trincheras), el autor de Viento del Pueblo, de El hombre acecha y de Cancionero y romancero de ausencias, jamás iba a rendirse, jamás iba a afiliarse al Movimiento. Como sabían que diría que no, ni siquiera se lo pidieron. Pero sí le pidieron que publicase en sus revistas. Así podrían ayudarlo. Que publicase en sus revistas iba a significar su docilidad, su acercamiento de alguna manera.
Hernández supo, seguro que supo, que publicar ahí, en la pestilente prensa de la dictadura, iba a ayudarlo. Pero también sabía que ninguno de sus libros de lucha iba a tener sentido a partir de entonces. Miguel Hernández eligió su obra. Eligió su coherencia íntima. Eligió el camino del corazón. Y dijo no.

Por eso, por su valentía, por su sinceridad, por su sensibilidad de poeta cuidadoso, nosotros en este octubre, le llevamos todos en el corazón.


(En la próxima entrada seguiré hablando de Miguel Hernández, pero desde otra perspectiva)

dimarts, 21 de setembre del 2010

EL LUGAR QUE LES CORRESPONDE

El sábado pasado murió José Antonio Labordeta, músico, político y viajero culto. Cuando me topé con la noticia en los diarios digitales que consulto cada mañana lo cierto es que lo sentí mucho. Nunca he sido seguidor de su carrera musical, la verdad. Pero sus programas de televisión por las tierras de España consiguieron rescatar lo más genuino, lo verdaderamente auténtico, lo admirable, de este país que tantos enfados nos provoca. En su programa de la tele demostró que sin melindres y sin cursiladas se puede cantar a la belleza y descubrirla. Demostró que la belleza a veces es seca y árida. Y que los paisajes naturales nunca están completos si les falta el paisaje humano.

Tras muerte hemos asistido al duelo generalizado en todo el Estado, especialmente destacado en su tierra. Se le quería, es indiscutible. Y mucho. Como se quiere a las personas que el pueblo adivina que nunca se vendieron.

Pero Labordeta se ha convertido en símbolo para describir esa derecha que desprecio con toda el alma. Esa derecha que no supo comprender su poética y que le ridiculizó (el de la mochila, le llamaban, o el mochilero, aún más denigrante) por haber hecho bien aquello que los millonarios nunca sabrán hacer: mezclarse con las gentes humildes y aprender de ellas. Labordeta se erige frente al PP con todas las de ganar: tiene (presente, siempre presente) la sensibilidad que a los otros les falta. Tiene el buen gusto. Y tiene la valentía.
Cuando Labordeta les mandó a la mierda, se convirtió en una anécdota de los programas de zapping. No entendieron nada. Labordeta les mandó a la mierda, pero lo hizo con esa humildad que tienen los grandes. No fue un insulto. No fue gritar "¡Váyanse a la mierda!", como hizo el gran Fernán Gómez, insultando a gritos. Lo de Labordeta fue otra cosa: fue darlos por perdidos, constatar que no tenían remedio. Y cuando ahora vemos el vídeo descubrimos que hubo más. Vean las risas de los fachas mientras Labordeta les canta las verdades. Vean la risita del ministro Cascos, a quien el tiempo ha puesto en su lugar (de mierda), mientras la bancada contraria aplaude. Se reían porque estaban convencidos que quien estaba cayendo en el ridículo era Labordeta. Jamás supieron que, siete años después, íbamos a tener claro que los verdaderamente ridículos son ellos. Porque Labordeta hizo aquello que todos soñamos: mandarlos al lugar que, por justicia, les corresponde.

divendres, 10 de setembre del 2010

PSEUDOLOGÍA FANTÁSTICA

Mentiría si dijese que he visto Ich bin Enric Marco. No la he visto todavía pero estoy a la espera. Esta película documental es un viaje a la mente y el alma de ese Enric Marco que ha quedado fijado, en la historia, como un gran impostor. Se inventó que había estado preso, como republicano español, en el campo de concentración nazi de Flossenbürg. Como sea que en los archivos del campo faltaban algunas hojas relativas a los ingresos de presos pudo asegurar durante años que había estado ahí. Se convirtió, en tanto que superviviente de campo de concentración, en presidente de la Amical Mathausen y comenzó a visitar centros educativos, platós de televisión, a asistir a numerosas conmemoraciones y dictar conferencias sobre su experiencia. Y a todos ponía los pelos de punta escuchar esas historias de nazis en boca de ese ser desvalido que lo había vivido en primera persona.
Parece ser que nunca se enriqueció con ello. No lo hizo por el dinero. Acaso sintió que inventándose un pasado heroico era escuchado más atentamente y se sintió también más respetado.

Siempre me extrañó, me sorprendió, me inquietó esta historia. Es un caso especial de impostura. No estamos tan acostumbrados a ella. No mintió para llenarse los bolsillos sino para llenarse el alma. Curioso, sorprendente. Por eso estoy esperando ver la película que citaba más arriba: un documental sobre este curioso personaje.

Hace un par de años descubrí, gracias a un documental de Cuatro, otro caso exactamente igual. Y también protagonizado por una catalana. Alicia Esteve, perteneciente a una acaudalada familia barcelonesa, era una mujer que, cuando los atentados de las torres gemelas, se encontraba en Barcelona haciendo un máster caro. Como dominaba a la perfección el inglés y había vivido temporadas en NY, a mediados de 2002 se trasladó a esa ciudad. Allí se enteró de que los supervivientes de las torres, olvidados por todos (todo el mundo hablaba solamente de las víctimas) se reunían en una iglesia cercana a la zona cero. Alicia, rebautizada como Tania Head, asistió a una de esas reuniones, tomó la palabra e inventó una historia. El día de los atentados estaba en una de las torres y se salvó milagrosamente bajando como pudo de la planta ochenta y pico. Y su novio, un nombre tomado al azar de una lista de víctimas, murió en la otra torre.
La historia de Tania, naturalmente inventada, llegó al corazón de la gente más que las historias reales. Ayudó a organizar el grupo, se convirtió en la presidenta, se codeó con alcaldes y gobernadores, ocupó espacio en prensa y televisión. Hasta que se descubrió el pastel y Tania/Alicia huyó como un conejo. El documental (11-S: me lo inventé todo) puede verse online en la siguiente dirección.

Según algunos psicólogos, las patologías de Enric y Tania reciben el nombre de Pseudología fantástica. Se trataría de "una tendencia a mentir compulsivamente, según la cual personas inteligentes, necesitadas de estima, cuentan historias buscando protagonismo y llegan a creérselo". El ser humano necesita sentirse escuchado. Y, a quienes escuchamos, la mentira nos parece a veces más verdad que la verdad misma.

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