Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.
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divendres, 4 de novembre del 2011

PERIÓDICOS GRATIS PARA VOTANTES INDECISOS

Hace cinco o seis años estuve trabajando en un instituto al cual llegaba el diario El Mundo. No sé en otros lugares de España pero en Catalunya El Mundo no tiene muy buena prensa, o al menos levanta muchas susceptibilidades. Todos los institutos suelen estar suscritos a un periódico (generalmente El País, La Vanguardia, El Periódico o Avui, a veces a más de uno). Pero, ¿suscrito ese instituto a El Mundo? Extraño.

Lo hablé con varios compañeros. Todo el mundo parecía molesto y extrañado. Una compañera y yo preguntamos por esa extraña suscripción. El director, muy amable, nos confirmó que el instituto no le pagaba ni un duro al periódico. Sencillamente, no se sabía si por error o porque alguien lo pagaba de su bolsillo (dio un tono especial a esta posibilidad), el periódico había comenzado a llegar al centro hacía ya cuatro o cinco años.

Cuando pasaron las semanas y fui conociendo más a los compañeros descubrí el verdadero sentido de las palabras del director. Uno de ellos, ideológicamente bastante definido, consumía El Mundo con verdadera voracidad y supuse que todo venía de él. Pero la duda persistía: ¿costeaba con su dinero la suscripción?

Meses después, durante una cena de fin de semana con gente ajena al trabajo comenté el tema con una amiga que coordinaba las tareas de un geriátrico. Me dijo, muy sorprendida, que también en su centro de la tercera edad recibían El Mundo, sin que nadie lo hubiera pedido. Y me aseguró que nadie pagaba esa suscripción fantasma.

Desconozco si ocurre en otros lugares. Pero desde entonces me pregunto si podría ser que personas afines ideológicamente a ese periódico, cuando frecuentan (como trabajadores, como usuarios) un centro por el que pasa mucha gente, avisen al periódico en cuestión, abriendo la vía de una suscripción gratuita. A nadie se le escapa la ideología de ese diario, ni se le escapa que a los votantes hay que convencerlos en una labor de zapa, lenta, diaria, cotidiana, indesmayable. ¿Que pierden dinero distribuyendo periódicos gratis? No pasa nada: para algo están las subvenciones públicas y el agradecimiento de quienes llegan, cuando llegan. No acuso: me limito a suponer.

Y la primavera pasada, paseando por una localidad cercana a Barcelona, atiné a pasar por delante de un geriátrico. Y allí, en la calle, había un montón de Mundos del día, apilados sobre una silla (la cámara confirma que no miento). Quien pasaba por la calle podía servirse, como si se tratara de un periódico gratuito. Dentro, en los jardines, los abuelos paseaban tranquilos, mientras otros, bajo una pérgola leían ceñudos lo que les contaba un periódico que ni habían comprado ellos ni había comprado nadie. Me gustaría saber si alguien conoce algún otro caso de ideología servida gratuitamente mientras llega el día de las elecciones.

(Ya comenté en el blog que, en campaña y precampaña, en Rodalies de Catalunya, servicio de tren del que soy usuario, regalan diariamente La Vanguardia, periódico afín a CIU, como se sabe. La cosa comenzó en las anteriores autonómicas, siguió en las municipales (al final de mi entrada sobre Montilla está la foto) y ahora se está repitiendo. Se inicia aproximadamente dos meses y medio antes de la jornada electoral. Una vez pasado el día de las urnas, se acabó el diario gratis).

dissabte, 19 de febrer del 2011

AFICIONADOS

Kabila, desde su blog esencial, llamaba la atención el otro día sobre lo que podríamos llamar la corrupción fiscal de los equipos de fútbol. Contestándole, se me ocurrió que existía, además, otra vergüenza de todos conocida. Menos profunda, menos arcana, muchísimo más tópica, por tanto mucho más ruidosa. No tiene que ver con los directivos, ni con los grandes clubes, ni con vergonzosas cantidades, sino con la actitud que exhiben muchos aficionados. Y con el hecho de que nadie parece inquieto por ese ambiente en el que se mueven muchos jóvenes. Por un lado, todos estamos teóricamente preocupados por la educación. Por el otro, exhibimos productos televisivos indignantes y climas futbolísticos indecentes. La preocupación pedagógica es, como la angustia por el hambre en el mundo, el horror por el negocio armamentístico internacional o la destrucción del planeta, como tantas otras cosas, una verdad a medias. En el fondo, a todo el mundo le importa una porra la educación de los jóvenes.
Recuerdo que ese día, cuando leí el texto de Kabila, había visto un informativo donde mostraron la actitud de unos aficionados contra el barcelonista Piqué, supuestamente relacionado con Shakira. Fueron a darle donde más dolía. Los gritos se convirtieron en cantos, y la letra del nuevo himno rezaba, a lo bruto, "Shakira es una puta". Independientemente del partido que fuera (cada dos meses hay un nuevo partido del siglo importantíiiisimo) se trataba de una muestra de machismo imperdonable. ¿Qué hacer? ¿Parar el partido? Pues, ¿por qué no?

Si fuera una excepción podría pensar que los árbitros no supieron cómo reaccionar. Pero me acuerdo de otros episodios por los que tampoco nadie protesta, al menos de forma seria. En ocasiones, al que tiene la pelota, para desanimarle, se limitan a gritarle que se muera. Una expresión que puede justificarse como mero recurso retórico. Otras resultan menos ambiguas.

En una ocasión Etoo amenazó con abandonar el partido si el público continuaba profiriendo insultos racistas. De hecho, todos los jugadores de color (o negros, no me parece nada insultante decirlo sin eufemismos) han sufrido los insultos en el campo de juego. Y todos sabemos que el jugador madridista Guti, en sus tiempos en el Real Madrid, debía escuchar los gritos que le acusaban de "maricón" de forma contundente en casi todos los partidos.

Es antipática la moda de lo políticamente correcto, es cierto. No conviene ir de estrechos, pienso, ni procurarle al lenguaje una profilaxis que no tiene la vida. Pero el extremo que comento queda muy lejos. Queda en la zona del insulto, de la mala educación, de todo aquello que una sociedad enferma exhibe sin complejos y sin voluntad de erradicación.

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