Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.
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dijous, 29 de març del 2012

PERSONAS

A veces, una breve imagen pillada casi al azar propicia un replanteamiento sobre algún tema. O una nueva perspectiva.

Es lo que me sucedió el otro día. En el informativo de la tele (sería el de TV1 o de TV3, desde la desaparición de Cuatro no veo otros) aparecía un parado hablando de su experiencia. Y puso el énfasis en la cuestión de la autoestima. Vino a decir cosas que también yo, sin haber estado nunca parado, he llegado a plantearme en ocasiones. Y eso que hablo de oídas.

En ocasiones, dijo, cuando estaba a solas pensaba que probablemente su vida había sido un fracaso. Algunas veces pensaba incluso que un gran fracaso. Que algo había hecho mal, que probablemente él no servía para la vida (como si la vida fuera un trabajo, que supongo que un poco lo es), que su mala situación podía deberse esencialmente a no haber sabido manejar bien la existencia. El hombre lo resumía hablando de la anulación afectiva a que le llevaba esa situación.

Todos sabemos que el paro no son cifras, sino personas. Y lo más duro, seguramente, son las secuelas psicológicas. Me gustaría haber podido tener la oportunidad de hablarle a ese hombre para decirle que la culpa no era suya, que nadie había fracasado. Que la cosa era más sencilla, y más terrible. Que la vida de muchos necesita cobrarse estos peajes, exactamente como los imperios necesitan muertos en combate para que algunos puedan vivir como reyes. Y me hubiera gustado poderle dar una palabra de ánimo, con la certeza de que los males tienden a acabar algún bendito día, que espero que sea pronto.

Son esas cosas que le dan a uno: me gustaría decirle, me gustaría contarle a ese señor que sale por la tele. Tonterías... La vida luego hace que la realidad se imponga. No necesitamos tele, en realidad no la necesitamos.
A principios del presente curso descubrí que habían abierto un nuevo restaurante cerca del trabajo. Un miércoles, que es uno de los dos días que me quedo a comer en el trabajo, me dirigí hacia allí, diría que con excesiva desenvoltura, porque me dejé la cartera en el departamento del instituto. El dueño, un hombre de mi edad, era enormemente agradable y cocinaba muy bien. Como no había nadie más nos entretuvimos hablando. En el momento de pagar pasé un malísimo rato cuando comprobé que no llevaba el dinero. Alarmado le expliqué dónde trabajaba y prometí que volvería en un minuto. Pero el dueño no quiso, que se fiaba de mí, que mañana sin prisas... Me despedí algo azorado, dándole las gracias y sintiéndome ridículo. Naturalmente al día siguiente entré en el restaurante con el dinero en la mano y saldé mi deuda.


A partir de entonces cada miércoles durante meses me dirigí a mi nuevo restaurante mientras se iba creando una relación no exactamente de amistad pero sí de confianza y simpatía con Pau. La comida en el restaurante de mi nuevo amigo resultaba agradable, aunque me extrañaba que no hubiera nunca nadie. Sorprendente porque ya digo que cocinaba bien y no era caro (pero en épocas de crisis ni lo más extraordinario puede ser suficiente). Hasta que hará cosa de un par de semanas descubrí el restaurante con la persiana bajada. Oí a alguien dentro y llamé a la puerta de la cocina, que me pareció medio abierta. Una voz, la de Pau, me invitó a que pasara. Entré por la cocina y me dirigí al comedor. El espectáculo no puedo quitármelo de la cabeza: entre montones de cajas de embalar y trastos por doquier, Pau derrotado sentado en una silla con una botella de anís delante. Barba de dos días. Literalmente anulado. Le pregunté lo obvio: que qué pasaba. Tuvo las fuerzas suficientes para hacer un chiste.

- Estic arruinat - me dijo sonriendo amargamente pero con ironía - Semblo la Karen Blixen a Memorias de África.

Se levantó para darme un abrazo. Luego vino lo inevitable: el correo, la promesa de si me enteraba de algo, y nuevamente la autoestima: Ja ho veus, vaig néixer estrellat. Le dije lo que suele decirse en estos casos, pero lo dije sinceramente: que era educado, correcto, simpático, enormemente agradable y que cocinaba muy bien. Y que por tanto era una injusticia que se viera en esa circunstancia, y que llegaría un día en que volvería a tener suerte. Torpe, sí, seguramente, porque uno no está acostumbrado a encontrarse cara a cara con el rostro de la derrota. Me explicó que el restaurante había sido su última apuesta. Con ese fracaso había perdido sus ahorros e incluso su piso; no le quedaba otra que trasladarse a casa de su hermana. En fin, no sigo, porque la escena acaba siendo enormemente previsible.

También lo es cómo he quedado yo desde entonces. Me acuerdo mucho de Pau y deseo que pronto le vaya todo muy bien.

Sí, el paro no son cifras: son personas que las pasan canutas. Me gustaría pensar que nuestros políticos no pierden de vista este detalle nunca.

dissabte, 14 de gener del 2012

REPÚBLICA SÍ, PERO FEDERAL

Soy de los que piensan que la única solución para España es el Estado federal. Existen otras soluciones menos amables, claro está, soluciones que han funcionado en otros momentos y por largos periodos de tiempo: la represión, la censura, la falta de libertad, la imposibilidad de queja. Esa solución no la contemplo porque es la solución de la vara y no la de la convivencia. Luego, claro, está dejarlo todo como está ahora, cosa que muy probablemente ocurrirá: hacer como que no pasa nada, cantando las virtudes de nuestra monarquía constitucional y autonomista. Lo que pasa es que a mí, la monarquía no me gusta, de la constitución me siento ajeno y la autonomía en cierta medida está amenazada.

Pensamos, probablemente de forma algo inocente, que una solución para el país sería que España se convirtiera en una República. A mí mismo la idea de la República me exalta, me gusta, me apetece. Porque tenemos una visión equivocada de la República; una visión mítica generada por la Segunda decapitada por el franquismo (o el fascismo). Pero en esa Segunda, junto con muchos proyectos muy válidos, recogió también lo mismo que está recogiendo este Estado de las Autonomías que habitamos. ¿Alguien puede imaginar la de críticas que generó ya entonces el Estatut de Catalunya del año 32? Sí, las mismas quejas que hace cuatro años. ¿Alguien puede hacerse una idea de la fuerza de la derecha reaccionaria en la Segunda República? Sí, basta con mirar Intereconomía. ¿Alguien puede suponer las críticas que generaba cualquier intento de aprobar nuevas leyes progresistas? Lo mismo que ahora, exactamente lo mismo.

Yo, por tanto, dudo que la República a secas sea una solución adecuada. Tras la excitación de los primeros momentos, nada o casi nada iba a cambiar. Estas navidades pasadas Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución actual, señaló en una entrevista que los españoles quieren como Presidente de la República a Aznar o Bono. ¿Es necesario recordar lo que hizo la derecha republicana durante los cinco años de la Segunda?

Naturalmente prefiero una República a secas que una monarquía que afortunadamente, la gente va por fin conociendo. Pero una República, sin más, sería otra forma de acabar exactamente en lo mismo. Por eso decía al principio que la única solución que yo le veo a este país pasa por una República Federal. Eso que llevamos tanto tiempo reivindicando los catalanes (ya desde la Primera, hace casi 150 años, en que se presentó un proyecto de Constitución Federal en que se indicaba que España estaba formada por una serie de Estados). Esa sería una manera justa de continuar siendo España pero permitiendo que todos (o que casi todos) se sientan cómodos (y siempre que digo esto la gente me mira como diciendo, pero si yo ya estoy cómodo... tú sí, pero igual yo no, y cuando digo yo no me refiero a mí sino a nosotros, claro). Pero, como decía, no detecto en absoluto esa necesidad en otros rincones de España. Señal inequívoca de que no se comprenden las otras nacionalidades ni se empatiza lo más mínimo con ellas. Lo cual me lleva a pensar que el Presidente de la Tercera República seria casi con toda seguridad Aznar. O Bono. Y para este viaje no cojo yo grandes alforjas, sinceramente. En otras palabras, que para construir una República que dentro de tres años repita episodios como el del Estatut, el del boicot a los productos catalanes, el de la polémica por los traductores en un Senado que seguiría sin servir absolutamente para nada, para repetir todo eso ya nos sirve el Rey y su encantadora prole.
De todas formas es importante darse cuenta como España, aunque insista en no querer ver el problema territorial que tiene vuelve siempre a poner sobre la mesa el tema de las nacionalidades: las comunidades autónomas actuales son, naturalmente, muy parecidas a los Estados propuestos por la Constitución Federal que nunca llegó a aprobarse. Señal inequívoca de que incluso quienes no ven problema nunca, saben que el tema no deja de estar siempre encima de la mesa. Y que siempre vuelve.

Ahora que la Monarquía comienza felizmente a tambalearse, ni que sea un poco, me gustaría pensar que se plantea sustituirla por otra organización estatal más respetuosa y menos impositiva. Pero creo que no es así. Mientras que el uso de las otras lenguas españolas en la capital sea visto como un derroche sin sentido, no será así. Las mal llamadas nacionalidades permanecen, por tanto, abocadas a la queja y a la escisión. Y así será mientras la única nación española válida sea la castellana.

dissabte, 24 de setembre del 2011

MONUMENTAL COLOSAL

Este domingo se ha de celebrar, en la plaza de la Monumental, la que teóricamente es la última corrida de toros en Catalunya.

Digo teóricamente porque ya no me fío, y sé por experiencia que lo que decidimos los catalanes se suele corregir por los sabios del Estado. De todas formas, ojalá sea la última.

Se dicen muchas cosas de forma partidista. Por ejemplo, se dice que aquí prohibimos los toros porque representan la cultura española. No sé los motivos de todo el mundo. Pero sí sé que los toros son una bárbara afición completamente ibérica: se dan, desde el siglo XVIII, en Castilla, en Andalucía. Desde algo más tarde en Valencia, en Portugal, en el sur de Francia, en Catalunya. A principios del siglo XX había ni más ni menos que tres plazas en mi ciudad y Barcelona era una plaza grande, como ahora puede ser Madrid o Sevilla. Por tanto, y que quede dicho: los toros, si bien no son exactamente una tradición catalana, sí que arraigaron en Catalunya. Y mucho. Si yo me alegro de que se prohiban no es, por tanto, por motivos identitarios.

Me alegro de que la del domingo sea la última corrida por unas pocas razones. Las siguientes:

- Los toros me parecen un espectáculo bárbaro, violento, completamente superado. Rechazo cualquier tipo de folclore, tradición o afición que se base en el sufrimiento de un ser vivo.

- La sensibilidad actual tolera mal este tipo de espectáculos que, de todas maneras, van desapareciendo por sí mismos. Las razones arqueológicas no justifican, pues, su pervivencia.

- Su prohibición en Catalunya forma parte de un proceso netamente democrático. Recogida de firmas, presentación de una ILE (Iniciativa Legislativa Popular... ojalá hubieran más), debate parlamentario en una Comisión, votación en el Pleno. Anular esta decisión significaría un paso más en el descreimiento democrático que sufrimos todos los ciudadanos de este Estado. Los catalanes, si se me permite, lo sabemos de una manera doblemente especial.

Celebro, pues, que la del domingo sea la última corrida taurina catalana. Ahora sólo queda esperar tres cosas: que no obligue nadie a dar marcha atrás, que el ejemplo se extienda y que los correbous sigan la misma suerte.


Hasta la próxima semana.

diumenge, 28 d’agost del 2011

E-BOOK Y MINILEAKS

Vuelvo al blog compartiendo, por ejemplo, que me he comprado un e-book. Reconozco que soy generalmente reacio a los cambios, pero también que si estos funcionan me convenzo rápido. No me gustaban los ordenadores, pues mataban teóricamente el romanticismo de la escritura (a los veinte años se lucen paranoias de este estilo) y ahora no me despego. Por poner un ejemplo.

Con el e-book pasó lo mismo. Lo he despreciado durante tiempo, primero de forma categórica, más tarde con la fórmula más suave de esperaré a que se perfeccionen y unifiquen formatos. Pero este verano se acabó la espera.

Leer en la pantalla luminosa del ordenador es agotador y me temo que no óptimo para la vista. La pantalla sin luz directa del e-book prometía mayor confort. Por otro lado pude descargarme miles de libros (literalmente), desde clásicos consolidados a obras de más reciente aparición, desde novelas a ensayos y libros de poemas. Tras aprender su manejo y pasar una tarde seleccionando en mi colección de libros electrónicos comencé a leer. Y me di cuenta de varias cosas.

En primer lugar, que no se extraña el formato papel. Juro que no. Cuando se acababa la página mis dedos hacían como que querían agarrar la hoja para pasarla, como había hecho siempre. En segundo lugar, resulta muy cómodo poder aumentar el tamaño de la letra: si el formato es el adecuado (pdf o epub) la página no se descompone. Y en tercer lugar, con el e-book se lee diferente, en el sentido de que seguramente he leído cosas que jamás hubiera comprado. Se descubren textos extraños que uno no compraría por cuestiones de limitaciones de espacio y por precio. La experiencia ha sido como entrar en una Biblioteca pública donde hay muchas cosas que, aunque nunca las comprarías, te pica la curiosidad. Y al final te alegras de que te haya picado.
Pero todo tiene su parte negativa. Como creo que soy un ciudadano concienciado con la importancia de preservar las artes, y contribuir a ellas con mis medios, he querido comprar alguna novedad editorial en formato e-book. Los escritores siguen necesitando comer, y tengo claro que no deseo que desaparezca la literatura: quiero seguir comprando, por tanto. Y ahí ha venido la desagradable sorpresa. ¿Cómo puede un tomo que en librería cuesta 28 euros costar lo mismo en formato digital, sin gastos de papel, ni distribución, ni gastos de la librería que lo vende? Para mí un precio razonable serían unos cinco euros. Con un precio ajustado muchas personas se animarían a comprar novedades en formato digital y nadie perdería: ni el escritor, que continuaría recibiendo sus dos euros por volumen vendido, ni la editorial.

Vale la pena meditar sobre esto: no siempre el problema de la piratería está en la gente que piratea, sino en lo mal que se lo han sabido montar, por avaricia, algunos. Y al final, como siempre, los perjudicados son los de siempre: los escritores en este caso.

Nada, que os recomiendo el e-book.

En otro orden de cosas me gustaría comentar dos páginas. La primera se llama Minileaks, una iniciativa que tomando el modelo del famoso Wikileaks propone recoger denuncias de circunstancias cotidianas realizadas por los afectados. Una interesante propuesta que nos hace sentir menos vulnerables. (Clicando aquí encontraréis una entrevista con su creador). La segunda es una crónica que La Vanguardia le hizo a un eminente químico, en la que soltó algo tan tremendo como: "Muchas de las grandes farmacéuticas han cerrado sus investigaciones sobre antibióticos porque curan a la gente y lo que estas empresas quieren es un fármaco que haya que tomar toda la vida. Puedo sonar cínico, pero las farmacéuticas no quieren que la gente se cure." Un motivo más para meditar.

Feliz semana.

dilluns, 29 de novembre del 2010

UNA LECTURA

Observo en prensa y televisión que, desde España, se interpretan los resultados de las elecciones catalanas en clave básicamente española. Evidentemente se trata de una lectura sesgada e interesada. Es posible ver, claro, un ascenso del PP y un descenso acusado del PSC. Eso existe, y supongo que responde, en parte, a lo que ocurre en la política española. Pero hay bastante más.

En Catalunya son muchos los enfadados con el PSC. Parte de culpa es de la crisis, pero no toda (desde el propio PSC se ha reconocido esto). La tozudez socialista ha hecho que, desde diferentes sectores, haya personas enfadadas con las políticas cotidianas. Los socialistas generalmente han actuado con engreimiento e intransigencia en algunos aspectos. Han mantenido posiciones férreas y antipopulares, porque siempre han presumido de tener experiencia de poder. Esas posiciones han costado mucho dinero extra al erario público y han reportado una cierta antipatía al proyecto socialista catalán, francamente poco dialogante. No hablaré de autovías del litoral, de túneles, de infraestructuras, porque se desconocen estas pequeñas polémicas fuera. Además, hay también un enfado de base. Si ZP fue presidente en buena medida por el apoyo entusiasta del electorado catalán, ¿dónde estaban Chacón y Corbacho cuando muchos catalanes salimos a la calle en julio? ¿Sólo se nos quiere para apoyar a ZP? ¿Para cuándo el grupo parlamentario propio? ¿Era necesario que Montilla se resistiera a ponerse tras una pancarta que rezaba que Catalunya era una nación? ¿Se es una nación solamente cuando lo permiten desde Madrid? Son esas pequeñas cosas que, sumadas, terminan justificando el hartazgo.

La caída tremenda de ERC puede explicarse, entre diversos factores, por el monumental enfado de los republicanos a causa del apoyo del partido a los socialistas en 2006. Recuerdo que cuando Montilla fue proclamado President algunos republicanos se paseaban por la calle con un pin-senyera en la solapa junto a un lacito negro. Me pareció una exageración descomunal. Lo fuera o no, ellos no lo han olvidado. Y naturalmente, dejando de lado los votos de Esquerra que han ido a CIU, otros tanto se han juntado al proyecto de Laporta. Es el voto independentista enfadado con sus padres.

Algo indiscutible es la derechización del panorama político. O el resultado notable de los fascistas y racistas de Plataforma per Catalunya. Yo soy de los que piensan que si se hacen cosas mal hay un sector que se rebela. Y se rebela de forma ignominiosa, desde luego, porque son unos nazis. Que tomen nota todos y que hagan las cosas bien para que semejantes partidos no crezcan. Pero están ahí y, como decía hoy Ciber, "Ojo".
Observo también una polarización notable entre dos bloques de los que prácticamente nadie habla: por un lado el grupo de partidos constitucionalistas (PP, PSC y Ciutadans) y del otro los nacionalistas (cada vez más independentistas porque, claro, el nacionalismo acaba siendo independentista; CIU, ERC y Solidaritat). Los nacionalistas han pasado de sumar 69 escaños en 2006 a los 76 actuales. Si el gran logro del tripartito fue mezclar ambas tendencias, lo cual era bueno para España aunque España no se enteró, el fracaso del tripartito ha exaltado la polarización. El voto nacionalista se intercambia (nadie duda que parte del voto de ERC ayer fue a parar a CIU) y se agudiza (el propio Mas se ha definido como independentista). También se intercambia en el otro grupo (¿cuántos votos socialistas del cinturón rojo de Barcelona se han pasado al PP?). Y en medio de ambas tendencias IC, que pretende también cambiar la constitución y evolucionar hacia el federalismo (y que tampoco sería, por tanto, exactamente constitucionalista).

Cuando leo los titulares madrileños, que hablan solamente de Rajoy y de ZP, pienso que se están perdiendo parte de la película. Probablemente porque no la quieren mirar. ¿Se vieron en España las esteladas de la gente que aplaudía a Mas? En El Mundo y ABC la imagen de cabecera era Mas y señora ante lo que parecía sospechosamente una rojigualda (naturalmente era una senyera convenientemente recortada). Ellos van a lo suyo: que si los socialistas se derrumban, que si los populares están a un paso de la Moncloa. Es lo de siempre: a los periféricos se nos quiere solamente para fortalecer su feudo. No solamente no se nos entiende sino que además se utiliza nuestra voz para afianzar posiciones. Nos usan y luego nos leen como quieren. Es una muestra más de la falta de respeto que como catalán percibo.

diumenge, 14 de novembre del 2010

¡SAHARA YA!

Llevo tiempo, mucho, pensando en dedicar una entrada al conflicto del Sahara pero no sabía cómo. Este no es un blog estrictamente político o de actualidad, aunque lo político y la actualidad se asomen en bastantes ocasiones. Trato de no seguir la actualidad estrechamente. El far de Maians, como antes Ramon. Eastriver, pretenden recoger anhelos, pensamientos, experiencias diversas, recuerdos, según mi apetencia y mi tiempo disponible. Al principio me dije que no iba a comentar nada de actualidad, pero de repente uno lee algo y no puede evitar dar su opinión. Y bueno, no me parece mal integrar también la actualidad en este cajón de sastre que pretende ser esto.

Decía que hacía tiempo que pensaba dedicar una entrada al conflicto del Sahara sin saber cómo hacerlo. ¿Qué decir? ¿Qué novedad aportar? Tras leer Sahara Ponent, de Antònia, por ejemplo, uno piensa que es mejor callarse, porque en su blog aporta voces en primera persona y aporta opiniones muy documentadas. También otros blogs que he ido conociendo gracias a ella. Como el excelente Últimas noticias sobre los territorios ocupados.

O, ya de forma no específica, Ciber habla con su rabia y su ironía del tema en alguna entrada. O Rafa Almazán, Kabila. Y otros muchos amigos, en estos días, como la entrada de yraya recientemente. Es bueno cuando ocurre esto; cuando comienzas a abrir blogs y de repente todos hablamos de lo mismo. Es bueno porque significa básicamente que todos estamos de acuerdo y que el grito es grande, intenso, fuerte (porque convendremos que somos todos algo así como exponente de lo que se cuece bajo la superficie, si se me permite usar tan unamuniana metáfora).
No sabía cómo hablar del Sahara. No sabía y no sé. Porque no tengo nada nuevo que decir. Pero en cambio tengo la sensación imperiosa de que debo gritar. Tampoco tenía nada nuevo que decir cuando mataron a Miguel Ángel Blanco y aquella muerte me horrorizó, como a todos. Tampoco tuve nada que decir cuando mataron a Ernest Lluch, cuando mataron a tantos otros. Cuando Aznar, el despreciable, puso las patas encima de la mesilla auxiliar de Bush. Cuando los curas y la derechona salieron en procesión homófoba para criticar las libertades que poco a poco vamos consiguiendo. Cuando el Partido Popular le dio unas tijeras nuevas a ese órgano deslegitimado y partidista que es el Tribunal Constitucional.

Pero si en aquellas ocasiones grité porque sentí que debía hacerlo no puedo quedarme ahora callado. Alguien ha hablado recientemente de limpieza étnica. Mientras tanto asistimos impotentes al olvido y a la aniquilación de un pueblo maltratado. España no quiere líos y se calla. Francia ya sabemos con quien se alinea. Estados Unidos lo mismo. ¿Existe justicia en este mundo? ¿Qué puede hacer un pueblo pobre que no tiene el apoyo de tres importantes países? ¿Continuar muriéndose olvidado de todo el mundo?

Muchas son las injusticias que asolan el planeta. En estos días me llega, como un alarido, la retransmisión de la muerte de un pueblo. Muerte con tiros, con silencio, con censura. Y me resisto a callarme aunque no tenga nada nuevo que decir.
(También me maravilla la inmensa desfachatez del PP. ¿Eran ellos quienes estaban en la manifestación de Madrid? ¿O soy yo que ya veo cosas imposibles? Lo que es moverse por un puñado de votos. Es como si Sarah Palin se manifestara a favor del salario digno... Increíble significa que nadie se lo cree.)

dilluns, 8 de novembre del 2010

SUBSIDIO

Siempre he defendido el estado del bienestar.

Para mí, hoy en día, ser de izquierdas significa en realidad unas pocas cosas. Un compromiso con los otros y con la sociedad, por ejemplo. Con el medio ambiente y la sostenibilidad. Una lucha contra el silencio y la mentira, y una apuesta por la libertad, por unas normas que sean iguales para todos, para repartir derechos que nos igualen realmente, que en definitiva las obligaciones y los derechos sean los mismos. Para mí ser de izquierdas significa también una apuesta por la igualdad de todos y una intención de ayudar a los más débiles. Concibo ser de izquierdas, finalmente, como un prurito inexcusable de ser mejor individualmente, de luchar por una coherencia interna, de desterrar los prejuicios del tipo que sean, de rechazar siempre la hipocresía y el mercadeo.

Y todo esto, que es la base de la sociedad que yo quiero, resulta imposible sin lo que se ha llamado el estado del bienestar. Sanidad y educación para todos, eso para empezar. Ayudas a los más necesitados, a los desprotegidos, a los menos fuertes. Potenciar, incluso económicamente, la discriminación positiva. Pero también un subsidio para cuando las cosas van mal.

Lo que voy a decir ahora no es algo que haya percibido de forma residual. Son muchas, muchísimas, las personas que conozco que integran el subsidio del paro en su vida diaria. Como un año y pico de vacaciones pagadas. El otro día una persona me lo comentaba sin empacho ninguno:

- Esperaré a diciembre, a que se me termine el paro, para buscar una nueva ocupación. Es que el dinero que te dan está muy bien y francamente resulta difícil renunciar a él alegremente, teniendo en cuenta que se trata del 80% de tu sueldo. Quiero decir que resultaría una imbecilidad renunciar, sinceramente.

Esta conversación real no es un detalle. Es mucho más que eso. Conozco personas que, llevándolo al extremo, trabajan el tiempo necesario para cubrir el cupo. Una vez logrado se las apañan para quedarse sin trabajo y vivir del paro el tiempo que dura. Es decir, han integrado el paro a su forma habitual de vida laboral, exigiéndolo incluso, algo así como unas vacaciones que les pertenecen porque han cotizado. Otros no llegan a ese extremo: se limitan, si les llega el paro, a gastarlo como un premio que nadie puede discutirles.

Es evidente que se trata de un abuso. Tanto lo uno como lo otro. No puedo entenderlo, me cuesta comprender ese egoísmo extremo. Yo, que no he cobrado jamás ni un duro del estado que no me haya ganado, y que por no estar no he estado de baja más que una vez (dos meses, por una lesión), siento que soy sinceramente un imbécil. Quizá la razón la tengan ellos y no yo. Quizá ya sea hora de reclamar también mis dos años de vacaciones pagadas. Soy funcionario y eso no va a ocurrir nunca. Afortunadamente, dirán algunos. Afortunadamente seré de los que trabajaré siempre para que algunos impresentables puedan vivir de gorra. ¿Cómo no me va a enfadar?

¿Qué va a ocurrir? Probablemente que los abusos de muchos acabarán con algo que, bien usado, es un beneficio tan grande que seguramente ni nos damos cuenta.

¿Y a mí? ¿Qué me va a ocurrir? ¿Voy a dejar de estar a favor del estado del bienestar del cual muchos abusan? No creo. Ocurriría solamente si un día me diese por dejar de ser de izquierdas, lo cual lo juzgo harto improbable.

Lo que sí me ha ocurrido ya es que mis sueños de juventud se han visto alterados por el empuje de la vida y de sus tramposos moradores. Con el subsidio del desempleo me está ocurriendo lo mismo. Exijo un control más férreo, la verdad. Me resisto a pagarles a algunos sus abusos, esos mismos que luego tienen la desfachatez de criticar mis dos meses de vacaciones. De lo contrario, si veo que un sinfín de personas se aprovechan de algo en lo que creo firmemente, no me quedará más remedio que alinearme con aquellos que dicen que el estado del bienestar es una sangría imperdonable que acabamos pagando siempre los mismos.

Somos nosotros mismos muchas veces quienes destruimos los sueños que decidimos habitar.

(Tengo amigos que están en paro. Es evidente que no me refiero a ellos: me refiero a los caraduras que abusan. Esos caraduras que pueden hacer que la gente legal no se pueda aprovechar de algo lícito y que yo defiendo.)

dijous, 7 d’octubre del 2010

RESPETO Y GENEROSIDAD

(Al principio de mi vida (b)lógica escribía en catalán, pero la gran cantidad de amigos de lengua española que se fueron sumando hizo que redactara paulatinamente en castellano. Ningún problema: yo sí puedo decir que soy bilingüe (o lo más parecido posible a esa etiqueta ideal). Ahora el catalán, en el blog, ha quedado reducido a entradas ocasionales. Y cuando me apunté a esta convocatoria, un amigo señaló que si de verdad hablábamos de convivencia (y respeto, por tanto) se debía entender y respetar que yo la escribiera en mi idioma materno. Algo así, dijo. Creo que tiene razón. Pobre será la convivencia europea si no somos todos capaces de respetar las otras realidades lingüísticas. Debajo, está traducido al castellano)
Perdre’s en un diccionari etimològic pot ser quelcom molt divertit. No en sóc pas un expert, ni de bon tros, així que si hi ha alguna errada en la meva dissertació, demano disculpes.

L’origen de les paraules és, sovint, una metàfora sobre el seu significat actual. Quan vaig saber que l’origen de la paraula treball era tripalium vaig pensar que un humorista actual no hagués gosat a dir-la tan grossa. Perquè el tripalium era una estructura formada per tres pals on s’hi lligaven els esclaus per tal d’atonyinar-los. És la nostra creu la feina, vaja (que duem gustosament els qui en tenim, afegeixo abans de que algú em digui un cop més que sóc molt afortunat).

Tanmateix l’etimologia de la paraula company, segurament coneguda per alguns, és de les curioses. Ve de cum panis, quelcom semblant a menjar-se el pa amb. Compartir el pa, per tant. Una bonica forma de veure-ho.

La paraula conviure, que és la que ens interessa ara, significa planerament viure amb (i fer-ho bé, afegeixo). Aquesta paraula, en origen, implicava alhora una referència a la taula, a l’àpat, al fet d’alimentar-se. Pels romans conviure significava, doncs, compartir taula, ser company. Alhora conviure tenia un significat semblant a convidar. Conviure i convidar varen ser gairebé sinònimes durant molt de temps. No es podia conviure sense convidar. No hi havia, doncs, convivència sense generositat. Ni sense respecte.

Segurament aquesta afirmació segueix sent vàlida. Encara més quan parlem d’altres cultures, que és el que jo he sentit que bullia en el rerefons del tema proposat. Convivència = respecte + generositat.

Anem més lluny, però. Quan convidem algú (un amic, un familiar, potser un conegut) fem un esforç per tal que el convit estigui a l’alçada. No som generosos amb les engrunes; ho som amb el millor de casa nostra. Cal que sigui així. Per bé que qui seu a la nostra taula ha de valorar allò que rep i adaptar-se als nostres temps i costums. Quan el convit ocasional ha esdevingut temporal, quan el convidat s’ha convertit en un més de casa, tot plegat segueix sent vàlid. I tots han d’acceptar amb gust les diferències.

Quan parlem de convivència amb nouvinguts d’altres països acostumem a queixar-nos del seu insuficient esforç d’adaptació, de què fan la seva, de què no accepten les nostres normes. Pot ser que sigui cert. La qual cosa és un error, doncs la seva obligació és adaptar-se. Només conviurem bé si tothom s’esforça. Per què, però, enlloc de queixar-nos sempre, si bé puguem tenir raó de vegades, no fem autocrítica més sovint per tal de veure si realment estem a l’alçada? És possible que acabem descobrint que hem d’arreglar la casa dels nostres principis per tal de poder exigir els altres la coherència que nosaltres no sempre tenim.
Perderse por un diccionario etimológico es algo tan divertido que lo aconsejo a todos. Desde luego no soy un experto, ni mucho menos, así que si deslizo algún error de detalle, pido disculpas.

A veces el mismo origen de las palabras es una metáfora sobre su significado actual. Cuando supe que trabajo venia de
tripalium pensé que un humorista actual no lo hubiera hecho mejor. Porque el tripalium era una estructura formada por tres palos donde se ataba a los esclavos para azotarlos. Vamos, que es nuestra cruz (que llevamos gustosos quienes lo tenemos, apunto antes de que alguien me salte diciéndome lo afortunado que soy).

De la misma forma la etimología de compañero, como sabrán algunos, es de las curiosas. Viene de
cum panis, algo así como comer el pan con. Compartir el pan, en síntesis. Bonita forma de verlo.

La palabra convivir, que es la que nos interesa, significa llanamente vivir con (y hacerlo bien, añado). Esta palabra, originariamente, implicaba también una referencia a la mesa, a la comida, al hecho de recibir alimentos. Para los romanos convivir implicaba compartir mesa, ser compañeros por tanto. Es por eso que convivir coincidía en significado originario con una palabra que se ha especializado en obsequiar en la mesa: convidar. De hecho, convivir y convidar fueron prácticamente sinónimas durante mucho tiempo. A nadie se le ocurría que se pudiera convivir bien si alguien no era capaz de convidar generosamente. No era posible la convivencia sin la generosidad. Ni sin respeto mutuo.

Seguramente, esta aseveración sigue siendo válida. Más aún cuando hablamos de otras culturas, que es lo que yo he sentido que latía en el fondo de este tema. Convivencia = respeto + generosidad.

Pero vayamos más lejos. Cuando convidamos a alguien (un amigo, un familiar, un conocido) nos esforzamos para que el convite esté a la altura. No somos generosos con las migajas sino con lo mejor de nuestra casa. Es honorable que así sea. Recíprocamente, quien se sienta en nuestra mesa debe valorar lo que le damos y acceder respetuoso a nuestros gustos. Cuando el convite ocasional ha tomado un cariz temporal, cuando el invitado se ha convertido en uno más de la casa, todo ello sigue siendo válido. Y todos deben aceptar de buen grado las diferencias.

Siempre que hablamos de convivencia con personas recién llegadas a nuestro país solemos quejarnos de su poco esfuerzo de adaptación, de que van a la suya, de que no aceptan nuestras normas. Probablemente sea cierto. Lo cual es un error, pues su obligación es adaptarse. Sólo conviviremos bien si todos nos esforzamos. Pero, ¿por qué en lugar de quejarnos siempre, aunque tengamos razón a veces, no ejercemos más a menudo la autocrítica y tratamos de ver si tampoco nosotros estamos a la altura? Probablemente descubriremos que debemos arreglar primero la casa de nuestros principios para poder exigir a los demás la coherencia que no siempre tenemos.

(Las imágenes están tomadas de internet. Si alguien me informa que alguna está, de algún modo, protegida, la suprimiré inmediatamente)

dissabte, 25 de setembre del 2010

CANDIDATA DEL PUEBLO

Descubro en la prensa un sondeo sorprendente. Si Belén Esteban se presentase a las elecciones quedaría en tercer lugar, tras PP y PSOE, hundiendo a IU en la miseria (más todavía: con el 7% para Belén y un exiguo 3% para IU). Dicho sondeo se realizó en un programa de TV esta pasada semana. Podemos pensar que la cosa no es seria. O pensar que, dejando la seriedad de lado, un resultado real se acercaría bastante a lo que dice el muestreo. Dicho programa glosó, más todavía, la figura grotesca de este personaje (del cual no pongo foto porque ya aburre). Lo peor es que el resultado me parece fiable. El programa, sin ser líder, obtuvo un buen índice de audiencia (muchísimo peor en Catalunya, con orgullo lo apunto).
No ceso de preguntarme cómo es posible que el país esté así. Nos habían dicho que el índice cultural había subido, que estábamos construyendo un país serio. En lugar de eso tenemos una televisión de pena (tampoco peor que en otros sitios, todo hay que decirlo) en la cual lo que impera son los gritos, la mala educación, la insolencia, la ordinariez. La mentira. El otro día quedé estupefacto ante un concursante al que le preguntaban: ¿Es verdad que ha mantenido relaciones sexuales con un miembro de su propia familia? Y el hombre, aparentemente avergonzado, decía que sí. Una voz decía que eso era verdad y todo el mundo se ponía a aplaudir, incluida la propia familia, porque eso significaba que había ganado. ¿Hay alguien que pueda creerse que eso es real? Claro, mucha gente que, acrítica, lo toma como se lo sirven. Pero lo peor: ¿alguien se ha quejado de que semejantes productos, y muchísimos otros, se emitan en horario infantil? Porque veamos, ¿esta bien que los niños tengan acceso a semejante mierda? ¿O preferimos que la infancia siga siendo ese espacio protegido para poder crecer con seguridad y dignamente ? Me callo ya porque todavía asomará un pepero que, dándoselas de liberal desvergonzado, me acusará de prohibicionista.
Vuelvo a la encuesta. Me acuerdo de Ciccolina, la que enseñando las tetas se convirtió en diputada italiana. Como tenemos ese poco apego al norte, es posible que en lugar de imitar a las naciones que podrían enseñarnos algo, acabemos imitando a Italia. Sería gracioso. Sobre todo por una cosa, por la única. Porque Belén iba a barrer a Rosita, mi amiga pizpireta de la UPD. Y eso sí que sería grande. No sería tan grande que, puestos a imitar, acabásemos teniendo un Berlusconi en casa. Lo cual, siguiendo por este camino, no me extrañaría nada.

dissabte, 21 d’agost del 2010

BOUS EMBOLATS

Hace muy poco tuve una gran alegría que algunos están ya luchando por neutralizar: el Parlament de Catalunya prohibía la fiesta de los toros (moratorias aparte). Naturalmente expuse mi alegría en este blog.

De aquella excelente iniciativa popular que acabó triunfando permanecía solamente un lunar que no quise entonces que me amargara la alegría: los bous embolats y demás fiestas que siguen basándose en el sufrimiento de un animal. Por motivos claramente electorales (estas fiestas que critico se celebran sobre todo al sur de la provincia de Tarragona y en la Comunidad Valenciana) permanecieron fuera de la prohibición. Como no soporto mezclar cuando la mezcla no lleva a ninguna parte (y mezclar ahí equivalía a aguar una excelente noticia) no dije nada. Tiempo habría de seguir luchando.
Ha llegado ese tiempo. He visto ahora en la tele esas imágenes que cada año me avergüenzan: algunos tirando del rabo de los toros, colocándoles teas de fuego en la cornamenta, el sufrimiento del animal (quemazones en los ojos, agresiones, golpes...). Entre un ser humano y un animal, un ser humano siempre. Indudablemente. Pero el respeto a los animales también nos hace mejores a nosotros. Respetarlos equivale a construir un mundo mejor.

Cuando hace un mes el Parlament prohibió las corridas hubo muchos que, seguramente sensibilizados por el animal lo mismo que yo, priorizaron el tema identitario. En lugar de alegrarse por la prohibición acentuaron la paradoja: mientras se prohibían los toros se continuaban permitiendo otras fiestas. Esa paradoja la vimos todos. Pero acentuarla entonces era otra forma de hacer política, no una forma de avanzar.
Me da exactamente igual si un animal es agredido en Pamplona o en Sant Feliu de Guíxols. Me opongo frontalmente a esa forma de entender la vida y la fiesta. Me molestan también las personas que cuando algo bueno se consigue no dudan en acentuar la contradicción en lugar de alegrarse hoy para seguir luchando mañana.

Es exigible una ILP contra los bous embolats y es exigible que quienes votaron entonces contra la fiesta nacional voten también ahora, en coherencia, contra estas otras formas de maltrato.

Os dejo dos canciones de Ska-p, un grupo mucho más interesante que los que suenan en Los 40 principales. La primera canción (Wild Spain, Salvaje España) carga contra estas fiestas populares que se basan en el sufrimiento animal, no sólo contra la "puta fiesta". Y la segunda, Torero asesino, sería un equivalente en Ska de las viejas canciones protesta; un poco panfletario si se quiere, pero todas las luchas, incluso las que tienen más razón, lo son.

(Quiero advertir que algunas de las imágenes del primer vídeo son especialmente horribles. Me gustaría que quien defiende que los toros son arte mirara entero el vídeo y luego tuviera huevos de mantenerlo.)





diumenge, 1 d’agost del 2010

COLOSAL

Encontrábame en la isla griega de Rodas sabiendo que no hallaría ni rastro del Coloso, aquella gigantesca estatua del dios Helios que daba entrada a la ciudad, cual puerta monumental. Sobre esa isla me gustaría escribir otro día, porque es una isla con escaleras que no llevan a ninguna parte, toda ella mero decorado maravilloso.

Encontrábame en Rodas sin buscar al Coloso cuando me llegó, casualidades de la vida, una noticia colosal: el Parlamento de Catalunya acababa de prohibir la fiesta de los toros. Un sms de Esther me informó puntualmente (me consta que también Susana me mandó uno, pero por esas cosas de las compañías de telefonía móvil, no me llegó). Y aquí se me permitirá que recuerde algo.

Tenía yo quince años, quizá uno menos, cuando cierto día, regresando del instituto, me encontré con una escena atroz. Las autoridades caninas de mi ciudad (las autoridades siempre son caninas, pero a veces lo son específicamente) recogían un perro abandonado. Nos paramos un grupito, sorprendidos por un espectáculo que no habíamos visto nunca. Y sentí que algo se rompía en mi interior cuando observé la crueldad con que era tratado el pobre animal. Llegamos a casa, con una amiga de la época (Alicia, la inolvidable Alicia, recuperada recientemente gracias a ese invento llamado facebook) y redactamos una carta que mandamos a La Vanguardia, y que La Vanguardia tuvo a bien publicar.

A partir de entonces y hasta hoy mismo la lucha por los derechos del animal ha ocupado parte de mis inquietudes. Y he ido viendo cómo desaparecían espectáculos atroces y terribles. La cabra que tiraban desde cierto campanario despreciable. Los pollos colgados cabeza abajo para que los lugareños pasaran corriendo a caballo y trataran de arrancar cuantas más cabezas mejor. O el de los patos lanzados a un río que debían ser cazados, a lo bestia y tras ser ahogados, por los aguerridos mozos unicejos de la entrañable aldea. Otros espectáculos siguen existiendo, por desgracia, como el toro de Tordesillas, acribillado por varios hombres muy hombres que se dedican a torturarlo hasta la muerte. Y uno asiste a la justificación imposible de espectáculos como ese, y llega a la conclusión de que el eslabón perdido existe, y que no anda lejos.

Por eso la noticia que me llegó a Rodas fue colosal. Queda mucho por hacer, pero que se prohiban espectáculos que, se mire como se mire, son básicamente pura salvajada, es un motivo de gran alegría. Mirad, mirad el corto que pone Ciberculturalia en su blog y descubriréis que existen múltiples maneras de decir lo mismo. O leed la entrada de Susana y sabréis otros motivos que han contribuido a que la noticia me parezca estupenda (sí, se trata de una iniciativa popular...).
Y bueno, finalmente ahí asoma de nuevo el PP, que más que un partido político ya se me antoja una pesadilla. Dice que pretende conseguir que lo que ha decidido libremente un parlamento quede, nuevamente, en papel mojado. No me diréis que no resulta agotador hasta la extenuación. Pero de momento la inmensa alegría no nos la quita nadie. Y uno tiene la intuición de que con esto no van a poder...

Al día siguiente, todavía feliz, marché de Rodas a Creta y pensé que nuevamente algo mágico estaba uniendo mi viaje a la prohibición que comento. Porque fue justamente en Creta donde cierta reina tuvo amores justamente con un toro, de cuya unión nació... En fin, no repetiré la historia.

Solamente una anécdota para terminar. Cuando hablé con mi amiga Rosa y comentamos la gran noticia, sus palabras fueron enormemente precisas. Señalé mi gran alegría por la prohibición y ella me respondió que ni siquiera íbamos a notarlo porque, en realidad, ¿quién iba a los toros en Catalunya? Nadie, la verdad. Una sola plaza en toda Catalunya y comúnmente vacía (menos cuando se fletan autocares desde otros rincones de la piel de toro). Es cierto, no va nadie. Quizá por eso se nos ha criticado desde algunos medios europeos y mundiales. Catalunya, tierra de prohibiciones, se ha dicho.
Pero yo sí me alegro. Me alegro de que algunas cosas estén prohibidas. Me alegro de que se prohiban las peleas de gallos, por ejemplo. O las peleas de perros. Me alegra que se prohiba tirar animales desde campanarios. Me alegra que se prohiba arrancar de cuajo la cabeza de las aves. Me alegro, y ahora que lo escribo ni me lo creo, me alegro de que en Catalunya se prohiba torturar un animal hasta su muerte, convertida en espectáculo, en una plaza. Espero que cunda el ejemplo, de verdad que lo espero.

(Y hoy domingo día 1 de agosto puedo decir bien alto que me alegro también de que entre en vigor la convención que prohibe las bombas de racimo, otra muestra más de la enorme crueldad humana que queda, espero, desterrada, aunque no todos los países la hayan firmado...)

ACTUALIZO: El domingo día 1 de agosto se celebró una corrida en la Monumental. Se preveía polémica y seguramente multitudinaria, dada la reciente normativa aprobada por el Parlament. Pues no. Esta es la imagen... Y sobran las palabras.

diumenge, 11 de juliol del 2010

YO ESTUVE

Podrán decir lo que quieran. Pero no podrán decir que somos pocos. Desde luego muchísimos más que hace unos años. Pero se empeñan en no escuchar y parece que nadie se preocupe por construir un país en que todos nos sintamos cómodos. "Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora", según don Antonio.
Sin rabia, sin nacionalismos, por mera coherencia democrática y porque estoy muy cansado, porque me siento muy solo, porque no quiero justificarme más, porque quiero más, porque no quiero que nadie niegue que mi nación es una nación, porque no me gusta que cuatro sabios recorten lo que construyeron parlamentos democráticos y que yo voté, porque no sirve para nada ser pedagógico puesto que España va a la suyo, porque me dicen que soy provinciano por defender lo que cualquiera defendería (su lengua, por ejemplo), porque España me ha ido alejando con su desprecio, su vacío, su orgullo negacionista, porque siento que no quepo en una constitución que me excluye, porque no renuncio al más elemental derecho democrático, que es el derecho a decidir, por todas esas razones, entre otras, yo estuve.
Sé que ésta será una entrada muy impopular que seguramente nadie comentará. Pero debo decir que me ha extrañado mucho no haber leído nada en estos días contra la sentencia del Estatut en los blogs que frecuento, más si tenemos en cuenta que visito blogs de izquierdas en que se reacciona inmediatamente frente a la injusticia, denunciándola. En la inmensa mayoría de los casos, frente a la sentencia del Estatut, silencio. Naturalmente cada uno comenta lo que le da la gana en su blog, faltaría más. Y lo respeto totalmente. Pero permanece esa sensación de ignorancia, de indiferencia, de que a los españoles ya les va bien cómo están las cosas. Luego, permitidme que lo diga, cuando cuatro de aquí nos quejamos un poco, resulta especialmente desagradable escuchar que te tachan casi de provinciano, de cerrado, de nacionalista excluyente. Ahí no. Comprenderéis que pida que encima no se nos den lecciones de modernidad. Con todas las distancias que se quiera es como si yo me quejara de esos chechenos, de lo provincianos y cerrados que son, con lo bonita que es la inmortal Rusia. Es facilísimo criticar cuando se es tan claramente parcial y más cuando nadie cuestiona ni tu parlamento, ni tu lengua, ni tu identidad.
Da igual. Será una entrada muy impopular pero yo llegué a casa muy contento. Somos unos cuantos. Entre los que fuimos y quienes lo vimos por la tele, somos unos cuantos. Claro, entendí, por eso han de meter ocho veces lo de la indisoluble nación española en el Estatuto. Ocho veces. Porque, en el fondo, saben que esto no es ninguna broma.
(Corrección posterior: no son ocho, me dicen, sino catorce.)

Som una nació. Nosaltres decidim.

dissabte, 19 de juny del 2010

EL FARO DE MAIANS

En los actuales terrenos del puerto de Barcelona, donde empieza el barrio de la Barceloneta, durante la época medieval apareció una isla. Los sedimentos del río Besós la habían creado de forma natural. La llamaron "Isla de Maians". Las obras de creación del actual puerto hicieron que esa isla extraña desapareciese, pero no porque la tierra sucumbiese al agua sino justo por lo contrario. Los diques, que detenían los sedimentos, hicieron que la isla creciese y creciese, se uniese a la costa y fuese incluso más allá, más hacia el este, dando lugar a un barrio nuevo.
Jamás existió un faro en Maians. Las mismas dimensiones diminutas de la isla lo hubiesen impedido. Maians se mimetizó en barrio, en parte, en todo. No existió faro en Maians porque Maians mismo fue faro de aquello en lo que se había de convertir. Fue precognición, fue hipótesis, fue posibilidad. Fue creación y anulación a la vez.
Porque su enorme paradoja fue que mientras crecía, mientras se afirmaba, estaba desapareciendo. Sus límites, por lo crecidos, acabaron uniéndose a otros límites, trascendiendo la misma idea de límite. Si Maians, como todo lo que acabó transformándose, sigue existiendo, también existe el faro que fue quien le indicó el camino. Territorio de locuras y sensateces, de chiringuitos, de playas y barrios de chabolas, de pescadores y cuartos de casa, de arena y de brisa, en Maians perviven lo alto y lo bajo, lo sublime y lo grotesco, lo elevado y lo raso. El tratarse de una isla de la imaginación permite dotarla de cuanto se desee: de un faro confuso, por ejemplo, como la vida misma.
El faro apunta hacia la paradoja o la confusión. O quizá sencillamente señala otro camino posible. (Y por eso me propongo ir plantando cosas y amigos en la isla que ya tiene un faro. Lo primero, como hice también en mi anterior blog, una noria y un carrousel. Porque Maians es mi lugar de los sueños y porque quiero decorarla con todas las cosas que me gustan, con los gritos que siento, con los afectos, las palabras, las complicidades, los deseos, las ilusiones, los amigos).

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