El día que traigo grafiti, traigo un grafiti. Pero hoy pongo cuatro. Porque son cuatro grafitis temáticos y porque desde que me estoy haciendo de derechas las verdades me asaltan desde las columnas.
Lo de las columnas me llevó a una hermenéutica muy inspirada. Puesto que la misión de toda columna es sustentar el edificio, la metáfora está cantada. Necesitamos sustentarlo todo, con columnas recias, con mensajes rotundos en ellas. Ese es el camino. Lo mismo que San Pablo también yo me metamorfoseé cuando me caí del caballo de la progresía y me encontré con cuatro columnas diciendo verdades como puños.
Hombre, mi tesis tiene fallos, la verdad. La primera que las columnas estén pintadas de rojo. Les daría ya mismo una capa de pintura. Pero borraría los grafitis y me niego. Y la segunda son las faltas de ortografía. Para que no se me llame clasista, voy a callarme. Que las derechas aceptamos de buen grado cualquier grito anti Zapatero, venga de donde venga.
Me puse a interpretar y se me ocurrió otra cosa. Las cuatro columnas me llevaron a pensar en las cuatro columnas de la guerra (cosa de las izquierdas, que con tanta memoria nos llevan al guerracivilismo). Falta una, claro. La quinta columna. La que permaneció dentro de Madrid para facilitarle el trabajo al Dictador. Éste, en pago, no bombardeó el barrio de Salamanca. Me erijo en quintacolumnista por si el día de mañana hay otra fiesta, que al menos se respete el Guinardó.
