EN CATALÁN TAMBIÉN
Fijaos en una cosa: todo lo que afecta a las lenguas minoritarias siempre lleva polémica. Es cansino. Nada que afecte al español la conlleva. Es como que tenemos asumido que el español es la lengua. Las otras son otras lenguas. Por tanto, que no nos cuesten dinero y que se ocupen de ellas los lugareños.
Pero, vamos a ver. ¿Nos hemos creído en algún momento que catalán, vasco y gallego son también lenguas españolas? Porque si es así, supongo que será deber de todos protegerlas, como deber de todos es proteger las manifestaciones culturales aunque se celebren en Ceuta, digo yo.
Para mí el estado español es un estado formado por cuatro comunidades culturales (diría naciones pero ya veis, no se puede): la castellana, la catalana, la vasca y la gallega. Y no necesariamente en ese orden. ¿O sí? Cuando muchos españoles contemplan el catalán como un problema que no tiene nada que ver con ellos, o no entienden la complejidad de su propio país, o no les gusta la complejidad de su propio país.
¿Cuál es el problema? O mejor, ¿cuál es uno de los problemas principales? Yo pienso que querer igualar España a una de esas comunidades culturales. Que España sea castellana. Y luego se preguntan muchos por qué hay algunos que no se sienten cómodos. Pocos parecen darse cuenta de que puede ser debido a que, esos que no se sienten cómodos, básicamente no son castellanos. No quiere decir que tengan manía a lo castellano. Quiere decir que no son castellanos. Con la misma naturalidad con que no son franceses o rusos. Llanamente. Sin más. Y sin acritudes.
El intento eterno de igualar España a lo castellano parece que se ha conseguido casi del todo en Valencia. El empeño es apurado en Galicia. Yo lo veo casi como una campaña en favor del uniforme. ¿Quién se ocupa de uniformar, de intentar acabar con la diversidad que no les gusta?, se me preguntará. El PP, dirán muchos. Y se equivocarán. Contribuye a ese intento toda persona que no comprende que España debe ser federal. Contribuye a ese intento toda persona que no acepta el legado vasco, gallego y catalán como propios, lenguas incluidas. Contribuye a ese intento quien no comprende que la uniformidad del país sólo podrá ser posible a partir de la aniquilación de otras culturas que se hablan, eso sí, en la intimidad cuando conviene. Todas esas personas, quiero decir, todos esos millones de personas, contribuyen a falsear la realidad y seguir empeñándose en que España es castellana. Desde esta óptica, lo demás molesta. Hay siempre que acomodar la realidad a lo que uno quiere.
La polémica sobre el Senado y las lenguas españolas vasca, gallega y catalana (¿son españolas, no?) es sencillamente asquerosa a mi modo de ver. ¿Para qué traducir?, se preguntan muchos aparentemente llenos de buena intención. Cuesta un dineral y en castellano nos entendemos todos. Ese es el argumento. Irreprochable. Visto desde fuera dices, claro, vaya tontería. Pero lo que se discute, y muchos no han querido verlo, o sí han querido verlo pero hacen trampa, es el modelo de estado que queremos. ¿Un estado castellano? ¿O un estado diverso, con varias lenguas? Claro, un estado castellano. Eso es lo que se quiere potenciar. Nadie parece discutir que España se gaste millones largos en equipar a todo lujo la vivienda del embajador de un país sudasiático que casi no recibe turistas españoles. Sí discutimos, sin embargo, lo que cuesta un traductor que no significaría ampliar la dotación económica existente para Congreso y Senado. Seguramente si una parte de ese dinero se dedica al traductor, podrán desayunar menos durante sus provechosas comisiones. Porque es eso, no otra cosa.
Más (con acento). Siempre que desde Catalunya se ha pretendido que el catalán sea lengua oficial en el Parlamento de Bruselas (lo cual tampoco significaría un coste adicional sino una redistribución presupuestaria) siempre han contestado lo mismo: No vengan a pedir a Bruselas lo que no les da su propio Estado. Muy natural.
Resultado: si tuviésemos que hacer caso a los del NO sistemático mi idioma hubiera desaparecido ya, o se hubiera acabado reduciendo a un uso folclórico y graciosísimo, lo cual sería la antesala de la desaparición. Quiero decir que no vamos a cejar en nuestro empeño, le moleste a quien le moleste. No, no pido opiniones favorables o desfavorables a este texto. Ya, a estas alturas, no espero ni comprensiones, porque lo de ir de víctima me da mal rollo. Catalunya ha tratado de ser pedagógica sobre los beneficios de un estado federal en muchas ocasiones y no ha servido para nada. Se cargaron un Govern de izquierdas porque era demasiado independentista y han conseguido lo que nunca tuvimos (ni con Pujol, ni con Maragall, mucho menos con Montilla): un President manifiestamente independentista. De derechas, eso sí. Brillantes que son.
Pero no dependemos de cosas tan pasajeras como los presidentes. La voluntad es muy clara. No sé si lo vamos a conseguir. Pero seguiremos dando la lata defendiendo lo nuestro. Conseguiremos una cosa: que al menos mientras se lucha no desaparezca una lengua, aunque a muchos les gustaría. Porque el sueño de construir un estado multicultural e incluso multinacional me parece a mí que se ha perdido por el camino. O mejor, sólo lo creímos cuatro imbéciles.
Algunos me dirán: los catalanes solamente reivindicáis la españolidad cuando os interesa (porque ese es otro argumento típico de quien pretende la castellanización de España). Veamos: los catalanes reivindicamos unos una cosa, y otros otra, que somos muy diversos. Pero sí que hay algo en lo que solemos ponernos afortunadamente bastante de acuerdo: en la defensa de nuestra lengua. Mientras seamos España tenemos derecho. Porque también podríamos decir aquello de que solamente se nos quiere en la medida de que dejemos de ser nosotros mismos.
No. Ya no pido. Exijo. Exigimos. Tenemos derecho. Mentre Catalunya sigui Espanya, en català també.
(Hoy nos hemos madrugado con una bonita portada, la de Público. Zapatero, ese ángel terrible de las antítesis, ese repartidor de arena y de cal a partes desiguales, ayer defendió lo mismo que defiendo yo. ¿Buscará apoyos? No seamos malos. Pues nada... que lleve adelante sus palabras y que comience a enhebrar la aguja del ansiado estado federal. De hecho, no he hablado de otra cosa a lo largo de este texto.)
