Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dimecres, 1 de febrer de 2012

UNA VOZ

Durante seis largos años estuve trabajando a 80 quilómetros de mi domicilio. Iba y venía cada día. Tan solo en tres o cuatro ocasiones al año me quedaba a dormir, con motivo de alguna evaluación que acababa tarde o de alguna reunión. Los demás días, los primeros años en coche y luego en tren, regresaba a Barcelona al término de mi jornada laboral.

Los primeros años tenía coche, y es por ese motivo que conducía los quilómetros de ida y de vuelta. Con el coche ganaba en comodidad y en horas de sueño, puesto que la combinación con transporte público no era muy buena, y me obligaba a madrugar mucho. Pero cierto día tuve un accidente. Un accidente aparatoso. No sufrí ninguna secuela física, afortunadamente, pero sí psicológica. Desde aquel día no conduzco. Por ese motivo a partir de aquel momento comencé a trasladarme en tren.
Para entenderlo habrá que decir que el accidente fue aparatoso. El coche se me salió de la carretera, se disparó hacia la cuneta, saltó un pequeño terraplén, y dio una vuelta de campana para acabar del revés. Una de las cosas que más recuerdo es la imposibilidad de quitar el contacto del coche, puesto que al estar boca abajo debía girar la llave hacia el lado contrario del habitual. Además todo estaba al revés: el volante y el contacto arriba y yo hecho un ovillo en el techo convertido en base. Recuerdo que salí por la ventana, que afortunadamente se quedó sin cristal. A gatas, nervioso, sin entender muy bien qué había pasado. Recuerdo que temía sobre todo que el coche se incendiara de un momento a otro, o aún peor, que explorara, como en las películas. Recuerdo también alejarme, sacudiéndome la tierra de los pantalones como si un poco de tierra fuera lo más importante. Recuerdo que me di la vuelta y observé mi coche convertido en un acordeón gigantesco (siniestro total, dijeron luego los técnicos, como uno de mis grupos favoritos de juventud). Un coche se paró a lo lejos, del cual salió una chica que vino corriendo hacia donde yo estaba con las manos literalmente en la cabeza. Soy muy malo con las caras, malísimo. Pero aquella cara no se me olvidará nunca. Era la cara del terror. Una chica guapa, no muy delgada, con apariencia de buena persona. Llegó a mí y me cogió de los hombros, y no cesaba de preguntarme si estaba bien, y de decir con la voz temblona que era un milagro que estuviera vivo. Y yo, por toda paga, le pedí que entrara por la ventanilla y quitara el contacto, que yo no atinaba y temía que se incendiara. Sé que resulté muy poco caballeroso. Ella, por el contrario, fue muy obediente. Se agachó, se puso a cuatro patas, entró por la ventanilla y apagó el motor. Bendita muchacha.

Luego llegó una ambulancia que yo no quería, pero como funcionamos por protocolos tocaba entrar en ella y que me llevaran al hospital comarcal. Tras unas radiografías me dijeron que no me había hecho absolutamente nada. Lo cual, ratificaron, era poco menos que uno de esos milagros que afortunadamente ocurren a diario.


Pero hay dos cosas que todavía no he contado. La primera es que tres años después, todavía en el mismo instituto del mismo pueblo, vi entrar aquella cara por la puerta. La cara de la chica que me había socorrido, la que si no me diera miedo resultar cursi definiría como mi ángel de la guarda. Andábamos el uno hacia la otra porque yo salía y ella entraba. Pero cuando estuvimos a metro y medio nos detuvimos ambos, nos señalamos con el dedo y sin decir nada nos dimos un abrazo. El destino me permitió hacer algo que no hice cuando ella me socorrió: darle las gracias. Durante los tres años que habían transcurrido muchas veces lo había pensado: ¿cómo encontrar aquella chica de la que no sabía siquiera el nombre para poder darle las gracias? A veces el destino hace bien las cosas.

Lo segundo que me falta por contar me da, incluso, más apuro. Porque muchas veces me he preguntado qué sucedió allí, en ese momento. No se trata de un secreto, lo he contado a algunas personas en algunos momentos, pero casi nadie ha hecho ningún comentario y me ha parecido que les incomodaba mi sinceridad. También me incomoda a mí, o mejor, también me incomodó durante mucho tiempo. En síntesis: el día que tuve el accidente no fue el primero en que los frenos me fallaron. En dos ocasiones anteriores, al frenar, el coche se me desvió levemente hacia la derecha. Me preocupó pero no lo suficiente. Porque el día del accidente, tras pasar un cambio de rasante, descubrí que había una máquina pintando las rayas de la carretera. Mi velocidad debía de ser superior a la permitida porque, tras frenar, el coche se me desvió hacia la derecha pero esta vez no pude controlarlo. Vi claramente que me salía, que no había nada que hacer, que tenía delante el terraplén, que el accidente era inevitable. No pude maniobrar, no sirvió para nada. El coche iba solo. Tuve el inicio de un ataque de terror, o algo parecido. Pero entonces escuché una voz. Juro que la escuché.

No fue una voz que resonara dentro del coche. No fue como un efecto especial de bajo presupuesto. Fue algo interior pero fue tan claro que supe que no era yo quien había pronunciado aquello. En catalán, mi lengua materna y paterna, la voz me dijo literalmente (y no puedo evitar un temblor extraño al recordarlo):  tranquil, no et passarà res, tranquilo, no va a pasarte nada. Eso fue lo que me dijo la voz.

Seguramente fue mi propio subconsciente. No lo sé. Sólo sé que esa certeza, la seguridad tremenda que me aportó aquella voz, me vino muy bien porque supe, sencillamente supe, que no me iba a pasar nada.

Los primeros años pensé mucho en aquel extraño episodio. ¿Fue mi mente? ¿Era yo esquizofrénico y no lo sabía? ¿Tenemos un ángel de la guarda que nos habla en ciertos momentos límites? ¿Lo que me sucedió tenía algo que ver, ni que fuera lejanamente, con esas experiencias cercanas a la muerte que cuentan algunos? Me preocupó durante mucho tiempo. Hoy, aun y sin entenderlo, me preocupa menos. Aquello sucedió, siquiera en mi mente. No ha vuelto a ocurrir más. No importa que se cumpliera el pronóstico; nadie me asegura que la voz no le dijera lo mismo a alguien que murió en un accidente. Lo que importa es que aquella voz me dio cierto punto de serenidad que de otra manera no hubiera tenido. Cuando estaba a punto de salirme de la carretera, con las manos en el volante, el coche ya fuera de control, tras haber escuchado la voz, cuando estaba ya todo perdido cerré los ojos, literalmente los cerré, y esperé a que terminara todo. La voz me tranquilizó. Supe que nada malo iba a sucederme.

La lógica de la vida, la ley de causa y efecto, nos enseña todo lo que vamos aprendiendo. Me pregunto si a veces crecemos también por el camino inverso: por el camino de lo inconsciente, de todo lo ilógico, de todo lo extraño que nos rodea.

45 comentaris:

Anna jorba ricart dimecres, 01 de febrer, 2012  

M'ha agradat la teva personal entrada d'avui, aquesta experiència de l'accident que no s'arriba a oblidar mai .... i aquesta intrigant veu interior que et va tranquil-litzar ... que podria molt bé ser la veu del "esperit de supervivència" .. . potser en aquesta ocasió pels pèls et va agafar ... i millor així, perquè aquests frens sense revisar, haguessin pogut causar un desastre encara més gran, implicant a altres persones...
"Escapar de la quema", mai millor dit .... i me n'alegro per moltes raons, entre altres perquè ens ho pots explicar, amic.
Petons

Pilar dimecres, 01 de febrer, 2012  

Me ha gustado saber de tu "momento de protección". Así los llamo. Esa voz existe; está en nosotros y sirve para serenarte y continuar adelante con una gran sonrisa.

◊ Dissortat ◊ dimecres, 01 de febrer, 2012  

Esa voz es la que tu mente crea para que el ataque de pánico sea menor y por supuesto te habla en tu lengua, no faltaba más, si no no la entenderías y no te "calmaría". Yo también curraba a mazo km. de casa y quedé harto. Ahora estoy lejos otra vez, pero no tanto. Conduzco bien, pero demasiado deprisa, lo confieso, eso sí, el coche siempre está en su punto. Soy muy escrupuloso para eso. Lo tuyo con los frenos me parece temerario si ya te habían fallado en un par de ocasiones. Respecto del reencuentro con la chica me parece muy bonito y casi milagroso, porque en ese tipo de situaciones es muy difícil coincidir de nuevo.

Una mala experiencia ciertamente. Sería bonito eso de tener un ángel de la guarda, pero me da que al igual que el hada madrina, solo es cosa de la imaginación.

Saludos y me alegro de que todo quedase en un gran susto, porque no todos pueden contarlo.

yraya dimecres, 01 de febrer, 2012  

Son cosas que a lo mejor (no lo sé), llevabas dentro y que ha llegado el momento de sacarla a la "luz", eso es bueno, bajo mi punto de vista.
Que gran suerte tuviste, de oír esa voz que llego a tranquilizarte, encontrarte con esa persona que te tendió su mano y que el destino haya querido que la volvieras a ver.
Has despertado mi sensibilidad.
De verdad que me alegro.
Un abrazo

MAMÉ VALDÉS dimecres, 01 de febrer, 2012  

Si en la vida todo tuviera una explicación lógica no sería vida, hay sensaciones que no hay una forma concreta de buscarle los significados, es más a cada persona que le pregunte te puede dar una versión distinta.

En cuanto a tu historia y el famoso encuentro es de película y lo mejor que lo puedes contar, un saludo y estaba claro que te merecías una segunda oportunidad, ¡Aprovelaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!

Neuriwoman. dimecres, 01 de febrer, 2012  

Toda una experiencia la que cuentas, reencontrar a tu ángel de la guarda tres años después y sobre todo esa voz interior que te acompaño en aquel instante.

Realmente creo que en situaciones límite se producen fenómenos difíciles de explicar y que desde luego nada tienen que ver con ningún trastorno.

Un saludo.

Lluís Bosch dimecres, 01 de febrer, 2012  

El relato, ya sea verdadero o ficticio (o las dos cosas a la vez, qué importa) es emocionante y además tan bien narrado... Tiene algo de Paul Auster, y lo digo con admiración.
No sabría (o podría) decir si tenemos un ángel de la guarda, al margen de nuestra fe o nuestra vergüenza en reconocerlo.
Me ha gustado especialmente esa forma de decirlo: "sencillamente lo supe". Hay una forma de conocimiento no racional y que no sabemos de donde viene, ni me interesa mucho llegar a tener un día la explicación de un neurológo. Algunas cosas parece que se nos "dan" como en una revelación, y quizá esa forma de conocimiento ha dado lugar a lo lago de la historia a muchas ideas religiosas, quién sabe. La vida está -por fortuna- llena de misterios en la frontera de lo desconocido y maravilloso.

mariajesusparadela dimecres, 01 de febrer, 2012  

Tengo la certeza absoluta de que esa voz existió. Pero quién podría hablarte de su procedencia es, seguramente emejota.
Y, en caso de no existir, si te tranquilizó ¿que importancia tiene negarla o asumirla?: todo lo que nos ayuda no necesita ser cuestionado.
La racionalidad es discutible, si conviene.

El tejon dimecres, 01 de febrer, 2012  

Una vivencia muy bien relatada y con una gran carga emocional, por lo menos es lo que me ha transmitido al leerlo, será porque yo también he vivido una sensación parecida aunque sin oír ninguna voz interior.
Saludos.

Felipe dimecres, 01 de febrer, 2012  

Ramón,conforme iba adentrándome en tu relato real iba pensando infinidad de cosas.Hasta he llegado a pensar que la chica que luego vistes en el IES llegó a ser tu futura pareja.¿Qué cosas,verdad?

Soy ateo,no creo,pero sí pienso en que nuestro subconsciente pueda llegar a ser nuestro "ángel de la guarda"

Bienvenido a la vida aunque hag ya mucho tiempo de ello.

Saludos

Antonio dimecres, 01 de febrer, 2012  

Yo, amigo Ramón, tengo una experiencia similar aunque menos desastrosa para el coche. Una vez derrapé en una carretera comarcal, era otoño, había llovido un poco y el polvo se hizo barro, cuando me iba a la cuneta me acordé de un amigo que se había matado al intentar esquivar la cuneta, pasando al otro lado donde había un precipicio por el que cayó y murió. Yo, en ese momento, sentí como mi mente fríamente hizo cálculos, cómo decidí ir a la cuneta y no dar el volantazo y pasar al otro lado, donde había un terraplén y como le dije a mis acompañantes “agarraos que nos vamos a la cuneta”. El coche quedó volcado, pero pudimos salir con esfuerzo y miedo. Luego las piernas me temblaban, como ya se sabe, después del aplomo que mostré en el acto del accidente. La factura 125.000 Ptas.
Nuestra mente calcula y ve las cosas con mucha más rapidez de la que tenemos para comprendernos.
Un abrazo

Reyes dimecres, 01 de febrer, 2012  

Tu post me ha puesto los pelos de punta pero quiero que sepas que confirma mis teorías y/o creencias intuitivas de que somos algo más que la carcasa que portamos.
Mil gracias por contarlo,te quiero un montón porque no todo el mundo se atreve a compartirlo.
Me alegro de haberte conocido,señal inequívoca de aquella supervivencia.
Petoncillos.

Alfonso dimecres, 01 de febrer, 2012  

Puf que experiencia. Yo tuve un accidente de moto con quince años y volé por los aires. Magulladuras sin importancia. Yo no escuché voz. Lo que recuerdo fue la rápidez.Pensé, me la pego, con un coche que se saltó un ceda el paso, y en nada, estaba yo en el suelo.
La mente todavía no la conocemos.Yo pienso que fue tu mente. Como ese túnel que van las personas en las experiencias cercanas a la muerte.
De todas formas, ¿no te has planteado volver a conducir? En mi trabajo pasó igual, una compañera vio un accidente y desde entonces no condujo. En fin... ¡qué experiencia!

Cabopá dimecres, 01 de febrer, 2012  

No me extraña que no hayas vuelto a conducir, menuda experiencia...

La narración de los hechos me ha sobrecogido, eso de "la voz" da para mucho. Yo de ti seguiría escribiendo, No todos los días se oye una voz tranquilizadora cómo la que tu escuchaste....

¿Y la chica? Esto sí que es de película como tu bien cuentas. Otro día nos hablas de ella...je,je..

Me ha encantado esta entrada
Besicos.

Montserrat Sala dimecres, 01 de febrer, 2012  

Una entrada preciosa Ramón. has estat molt valent d'explicar aquesta vivencia tan intima, i vull dir-te en primer lloc, que m'al-legro molt del desenllaç, final.
Ara bé, que va ser una trompada, ben grossa, segur. Degut al gran impacte que vas tenir, cofeses, que ja no has conduït més. Aixó es ben revelador i concloent. La Veu va fer el seu efecte tranquil-litzador, i va ser molt impotant, vingués de ón vingués.

Isabel Martínez Barquero dimecres, 01 de febrer, 2012  

Estoy sobrecogida, Ramon.
Sabía lo de tu accidente, porque tú mismo me lo habías contado, pero más por encima, no con tantos detalles.
Ahora, tras leer este recuerdo tan bien narrado, me estremezco y te entiendo, te entiendo mucho.
Es como si hubiera ido conduciendo a tu lado, lo he visto como en una película, ay.
La chica, tan maja, y esa voz, esa voz desconocida, quizá la del instinto alerta para salvar la vida, qué sé yo, porque es bien cierto que existen cosas inexplicables, sucesos que a la razón le cuesta admitir, pero están ahí y nos tocan y conmueven.

Creo que el hecho de haber escrito esta entrada es bueno para ti, para asimilar totalmente un hecho tan terrible como lo es un accidente.
Y entiendo que no conduzcas. A mí me costó muchísimo volver a coger un coche tras el accidente y, desde entonces, le he perdido el gusto a eso de conducir, que lo hago por necesidad y no por placer. Incluso, en los viajes largos, antes era yo quien más conducía y, ahora, es al contrario: conduce más él. Porque está claro que sufrir un accidente marca mucho a nivel psicológico.

Ocurrió hace años, Ramon, pero te abrazo con mucho cariño, que para mí ha ocurrido hoy con todos los detalles.

emejota dimecres, 01 de febrer, 2012  

Me he leído tu entrada con mucho gusto así como los diversos comentarios. Me hace gracia el de M.Jesús, hombre, algo aprendí y medio recuerdo, pero tan poco y encima depende tanto del enfoque que le queramos dar, pero si, conozco esa sensación, lo mío nunca han sido voces, sino impresiones, en el clavo han dado hasta ahora, aun estoy esperando que yerren, resultaría muy indicativo. Puede que tan solo sea cuestión de hipersensibilidad natural.
En cuanto a lo de la chica, pues te puedo decir que se podría encontrar el nexo en vuestras geometrías astrales, y también añadir que la sincronicidad existe. Solo hay que vivir abierto, sin miedo ni corazas.... y saberla interpretar, evidentemente. Sí, también pura experiencia. Ya tendremos ocasión de departir ;).
En cuanto a lo de conducir, no te preocupes, que ya me encargo de hacerlo por ti y por mi con estos perritos que el destino me ha deparado. Lo del tren resulta una magnífica idea, tan cómodo y puedes dormir o leer y hasta escribir. Bs.

RGAlmazán dijous, 02 de febrer, 2012  

Una historia tan real como emotiva e íntima. Difícil explicar ciertas cosas. Basta saber que de nuestro cerebro dicen que sólo hemos desarrollado el 10% y que hay cosas que no podemos explicar.
Seguramente esa voz vino de tu incosciente, pero ¿quién lo puede asegurar?

Salud y República

Antònia Pons Valldosera dijous, 02 de febrer, 2012  

Això és una experiència paranormal. I si la vas sentir, la vas sentir. Jo et crec. D'altres persones han tingut experiències inexplicables.
Pel que fa a la noia que et va ajudar i que us vau tornar a veure a l'institut, ben segur que no va ser una casualitat. Les coses passen perquè han de passar. Aquell dia no vas poder donar-li les gràcies i ben segur t'ho vas retreure mil vegades fins que la vida te'n va donar l'oportunitat.
Una abraçada.

Isabel dijous, 02 de febrer, 2012  

Gracias por contarlo, se nota que está escrito desde la verdad y me ha impresionado todo: el accidente, el milagro de salir ileso, la chica, la voz.
Sobre esto lo que he leído es que no conocemos aún la fuerza que tiene el inconsciente, de él depende muchas cosas que hacemos o pensamos y parece ser que nos la dicta sin percatarnos.

Me alegro mucho de que salieras ileso.

Anònim dijous, 02 de febrer, 2012  

Quina experiencia Eas!! Entenc aquest sentiment de por, jo també vaig patir un accident amb volta de campana, era jove i la veritat inconscient. Per això que dius de la inconsciència, tothom vivim part de tot i de res. La realitat de cadascú és diferent en cadascú i en el moment. Jo si crec en aquesta veu, i també crec en els àngels, tots en tenim un, i ara per ara, es veu que encara no s'ha completat la feina que has vingut a fer en aquest pas terrenal... jaja.. jo sempre tinc molta fe i esperança, i crec en el meu àngel. UN PETÓOOO!!! Felicitat

El Joven llamado Cuervo dijous, 02 de febrer, 2012  

Oh! Sin dudas, a veces pienso que "algo" inasequible para nuestra comprensión en ocasiones nos arranca de las garras de la muerte o el dolor. Es extraño, ese inconsciente, como si fuese "otro" el que lo dice.
Un abrazo, Ramonazo!

Encarni dijous, 02 de febrer, 2012  

Me ha sobrecogido tu entrada. Me ha hecho recordar algo que me ocurrió con uno de mis hermanos. Él llevaba un mes de carnet y yo me lo estaba sacando, cuando tuvimos un accidente llegando a Málaga, cerca de una fábrica de cemento con una curva muy pronunciada y con desnivel.Mi hermano llevaba una velocidad inadecuada y los dos vimos que nos estrellabamos contra la mediana, intentó frenar pero derrapó y el coche se subió a un quita miedos abrazando una torre eléctrica. Cuando vi que el coche abrazaba la torre y chocaba en el lugar del conductor, yo atraje a mi hermano hacia mi, cerré los ojos y lo vi todo luminoso, con una luz blanca que me tranquilizó, cuando el coche paró y abrí los ojos y vimos que el coche estaba siniestro y nosotros estabamos bien me entró una risa nerviosa. Después de aquello tardé mucho en sacarme el carnet. Y hace tiempo que no cojo el coche, no me gusta conducir.

Me ha gustado mucho como has contado tu experiencia, yo te podría contar algunas bastante extrañas, que hasta a mi me dan miedo.

Un abrazo.

Montse dijous, 02 de febrer, 2012  

Una experiencia inolvidable, tanto por el accidente en sí como por esa voz tranquilizadora, que posiblemente fue la que te salvó si consiguió tranquilizarte. Yo me pregunto si esa sensación o voz, como en tu caso, puede transmitir cosas diferentes en función de la forma de ser de cada persona, si es más positiva o negativa. Me alegro mucho de que todo acabara bien y se quedara sólo en un gran susto. Un abrazo.

nocheinfinita divendres, 03 de febrer, 2012  

Hay accidentes de circulación que realmente si sales ileso es un milagro, me alegro que no te pasara nada.
Yo no conduzco, le tengo pánico a los coches, y nunca he tenido un accidente grave (al menos en esta vida).
Y sí que hay personas que tienden su mano al necesitado y estoy segura que también existen esas voces tranquilizadoras.

Un beso

Txema divendres, 03 de febrer, 2012  

Yo también he creído en un momento que acabarías emparajado en la chica. Veo demasiadas películas.

un abrazo

Luarna divendres, 03 de febrer, 2012  

De dondequiera que procediera la voz, reflexionarla te hizo crecer. Crecer hacia dentro, donde no hay espacio para raíces hasta que adviertes que has comenzado a echarlas. Un saludo.

Anusky66 divendres, 03 de febrer, 2012  

impactante historia y sobre todo por todo el sentimiento que desprenden tus palabras .me ha emocionado lo que cuentas de la voz y transmites muy bien ,la calma que te produjo escucharla y el encuentro casual con tu ángel guadian me ha provocado una gran sonrisa .
Unbesazo

Lembranza divendres, 03 de febrer, 2012  

Gracias Ramón, por contarnos un trocito de tu vida, tan personal. Segundos que, por suerte para ti, y también para nosotros, no te paso mas que un susto tremendo.
Pues no se si fue tu YO interior, ni ese Dios que para algunos esta tan presente, lo cierto es que tú, pasaste del pánico a, dejarte ir y saber que todo estaba bien, y que no iba a pasar nada.
Aunque secuelas siempre quedan, las psicológicas, esas en las que no puedes volver a coger el coche, no eres el único, hay mucha gente, yo conozco algunos que, después de tener un accidente, han pasado por una terapia, y todavía ahora, no pueden hacer viajes largos, cuando llevan un poco de tiempo conduciendo, empiezan a sentir un sudor frío, las manos les tiemblan, tienen que parar el coche y esperar a que se les pase el ataque de pánico.
Un abrazo

José Vte. divendres, 03 de febrer, 2012  

Una experiencia de las que no se olvidan nunca. Lo importante es que lo pudiste contar. La voz, si uno se pone a analizar seguro que le encuentra explicación, el subconsciente, el deseo de supervivencia que más dá, lo importante es el efecto que causa en uno mismo y como en ocasiones cambia la percepción que uno tiene de las cosas y desde luego de la vida.
Me ha encantado que pudieras volver a verte con esa joven "tu algel de la guarda".

Yo también tengo una experiencia de cuando era niño y un suceso, también un accidente de toda la familia, y unicamente a mi de los nueve que íbamos en ese coche por una circustancia inesperada me cambió la vida para siempre. Es algo que tengo pensado contar algún día. Pero no en el blog.

Me alegro mucho de poder escribirte este comentario, significa que estás bien.

Un abrazo

J. G. divendres, 03 de febrer, 2012  

me ha resultado inquietante, y bastante.

Higorca Gomez Carrasco divendres, 03 de febrer, 2012  

¡Extraordinario! Una experiencia inolvidable ¿quién no ha tenido alguna?
Me ha encantado pasar por este lugar ¿puedo seguir? Abrazos

JOAQUIN DOLDAN dissabte, 04 de febrer, 2012  

un gran milagro
una gran historia llena de ángeles

Tarántula dissabte, 04 de febrer, 2012  

los psicólos tienen la teoría de que la paz infinita que sientes aquellos clínicamente muertos está dada por el inconsciente para poder sobrellevar un minuto tan intenso y cumbre con aquel de la agonía que precede a la muerte, el más terrible de nuestras vidas.
A pesar de esto, los psicólos han constantado que los relatos de personas clínicamente muertas, de diferentes culturas se parecen. ¿Es que acaso hay un inconsciente colectivo común, como nos decía Jung?
La puerta, aún de los científicos está abierta con respecto a este tema, yo opino que la mente produce este tipo de cosas. Pero también sé y he experimentado situaciones que no tienen ninguna explicación lógica, creo que creer en lo sobrenatural es sano, la vida no debe ser tan lógica.

Josep dissabte, 04 de febrer, 2012  

Ramon, esto de las voces yo lo he encontrado siempre extraño, pero creible. Extraño porque no se porque pasa en un accidente y no cuando está a punto de morir de alguna enfermedad, trasplante, etc. Y creible si, porque desde que me pasó esto de la neuropatia periférica, yo preguntaba, como lo pregunto todo, y hablando con un doctor, decia que esto suele ocurrir a un 3 o 4% de la población.Y logicamente son impulsos electricos que tu los conviertes en voz. De origen no es un idioma. Yo a raiz de esto ya no conduzco, no hizo falta que nadie me lo dijera.
Y en cuanto a accidentes solo uno, y aunque fue espectacular no se hizo daño nadie.
Mi enhorabuena Ramón, no todos tienen la misma suerte.
Una abraçada

NINA dissabte, 04 de febrer, 2012  

Me hiciste lagrimear...

Los ángeles de la guarda, existen.

si no, no estaría yo escribiendo aquí. Lo que no sabía es que también hablaban sin estar presentes.
Me imagino es susto que te habrás dado con tremendo accidente, y celebro qe hayas encontrado a tu angel.
Yo tengo al mío viviendo re cerquita de mi casa, y nada de lo que hago para agradecerle, me parece suficiente.


BACI!

Larisa diumenge, 05 de febrer, 2012  

Te creo y punto.

Ahora, como los que me preceden, también podría hablar del accidente de tráfico que sufrí yo, las vueltas de campana, las sensaciones, todo. Sin embargo, no toca. Este momento es tuyo, este espacio es tuyo, y lo que has contado es sagrado.

Biquiños para ti y un saludo a la voz, por si nos está leyendo.

MariluzGH diumenge, 05 de febrer, 2012  

Querido niño, una experiencia así marca de por vida... y sobre la voz, yo no me preocuparía mucho; conocemos muy poco de nuestras posibilidades paranormales y tal vez, tu propia necesidad de saber que nada te iba a ocurrir, generó una cacofonía cerebral; la autosugestión hace verdaderos milagros. Por otro lado ¿quién dice que no existe una fuerza superior que nos protege de ciertas cosas en ciertos momentos de nuestra vida?

Un abrazo grande y agradecido por la confianza que nos has mostrado

Ciberculturalia diumenge, 05 de febrer, 2012  

Ramón acabo de leer tu entrada que me ha dejado muy conmocionada. La intensidad de tu relato, tus reflexiones posteriores, tus recuerdos de aquellos intensísimos instantes... todo.
Lo mejor que lo puedes contar. Comprendo que a partir de ese momento seas usuario del transporte público.
Aquella voz era tu propio yo, serenándote, tranquilizándote.

Un abrazo fuerte y especial.

Anònim diumenge, 05 de febrer, 2012  

Seguro que cuando recuerdas lo que te paso, te planteas que todo no es tan cuadrado, como lo ves y lo vives en tu vida cotidiana. Si vives, es porque tienes una mision que cumplir, no tengas miedo... puedes DUDAR, plantearte que espera la vida de mí.

Jose Lorente dilluns, 06 de febrer, 2012  

Peligroso trabajo el de pintador de líneas de carretera: estaría bien conocer si él también oyó una voz en ese instante.

Supongo que habrás sabido explotar ese poder de persuasión con las mujeres: nos fácil que obedezcan tan sumisamente incluso en las situaciones más extremas.

Sin conducir se vive mejor, no me cabe duda, pero si conduces, tan importante como no beber es revisar los frenos.

Al ver el título del mensaje y comenzar a leer la entrada he pensado que nos ibas a hablar de algún Sinatra que escuchabas en tus viajes en coche.

Mucho mejor esto, y que todos nuestros encuentros con un siniestro total vengan de Galicia.

Un abrazo, i tranquil.

Lola Mariné dilluns, 06 de febrer, 2012  

Un relato impresionante.
Esa voz, para mi que tiendo a racionalizarlo todo, supongo que es un recurso del inconsciente que ayuda a mantener la calma en momentos así, y el propio deseo de que se haga realidad.
Saludos

Maripaz Brugos dilluns, 06 de febrer, 2012  

Uf, que experiencia Ramón.También yo tuve un accidente una noche fria de mi tierra. El coche fue a parar a un rio que para mi tranquilidad no era muy profundo- no se nadar- Todo sucede en cuestión de segundos,no escuché la voz,pero puedo asegurarte que me agarré fuertemente a unos varoniles brazos que me rescataron en medio de un silencio sepulcral cuando lograron vernos. Tambien para mi aquella persona de alguna manera fue mi angel.
Me gusta como escribes,tienes una capacidad enorme de trasmitir sensaciones muy variadas en mi interior cuando te leo.
Comprendo que no hayas vuelto a conducir.

genetticca dimarts, 07 de febrer, 2012  

Querido Ramón. Hoy he leido tu entrada y me he quedado un poco kao,porque yo publiqué una sobre ángeles de la guarda sin haber leído ésta.
En mi respuesta a tu comentario,(sin ninguna broma)admito que existen.
El ser humano necesita siempre explicaciones comprobadas, pruebas feeficientes de que una cosa es real porque se palpa, se ve.
Pero yo podría contar cosas que me han sucedido que no se las cuanto a nadie, por increibles que son.
Ir más allá de lo que dá de sí la mente humana es introducirse en el mundo de lo paranormal,así lo llaman,pero si prestásemos atención a todos los milagros que así llamamos por incomprensibles, veríamos que existe algun razonamiento que se nos escapa, porque le anteponemos la incredulidad.
Los milagros no están relacionados necesariamente con religión alguna, son fuerzas de la nasturaleza que nos asisten cuando aun no ha llegado nuestra hora definitiva o cuando necesitamos esfuerzos sobrenaturales para lidiar alguná poblemática cuestión.
La "voz" interior es nuestro particular sistema de alarma y a mi se mne ha activado muchas veces, no tan solo para prevenir, si no también para actuar.
Me alegro de que hayas podído contar ese accidente como anécdota y que seguramente cambió tu vida, aunque no haces mención de ello.
Es hermoso comprobar que en este mundo de blogueros, donde todos dejamos nuestro pequeño mensaje, hay personas tan cercanas como las estrellas, a las que vemos y sentimos en nuestra propia composición, a pesar de ser intocables y parecer lejanas.

Un fuerte abrazo .

Juglar dimarts, 07 de febrer, 2012  

Tu entrada me ha emocionado.
La he leído dos veces, atentamente, para no perder detalle.
Ese día, amigo mío, volviste a nacer. No sufriste daño alguno después de un accidente tan aparatoso.
Y por supuesto, creo que existen "ángeles de la guarda", o como quieras llamarlos. Algunos los vemos físicamente, como la chica de tu historia y otros se presentan de otras maneras, como esa voz que te trajo la serenidad que necesitabas en aquel difícil trance.
Gracias por compartir tu historia. Es un regalo que valoro mucho.
Un abrazo afectuoso.

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