Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dissabte, 23 d’abril del 2011

RETORNO PARA HABLAR DE LAS CONSULTAS

Hace un mes y medio me tomé un descanso de este blog. Pero dije también que seguiría unido al blog colectivo Grito de Lobos, publicando alguna entrada ocasional, como hago desde hace más de un año.

Ahora acabo de poner allí una entrada sobre la consulta independentista de Barcelona del 10 de abril. Si estáis interesados en saber qué pienso sobre ese tema, os llevo directamente a la entrada en cuestión. Y os saludo muy afectuosamente, como siempre.

Podéis leerla AQUÍ.

Artículo originalmente publicado en Grito de Lobos:

El domingo 10 de abril se vivió en Barcelona un referéndum sobre la independencia de Catalunya. Pero, seamos sinceros, no era exactamente un referéndum. Ya sé que los referéndums no son necesariamente vinculantes, pero suele suceder que tienen a los partidos políticos detrás, que tienen también su consiguiente campaña de petición de voto en uno u otro sentido, una abundante y cargante campaña mediática con publicidad institucional en la tele y la radio y pasquines por todas partes, su jornada de reflexión, sus colegios electorales, una jornada previa que recibe el nombre de jornada de reflexión, debates televisivos y radiofónicos, entrevistas a los líderes, mítines multitudinarios y encuestas de prospección de voto... El referéndum del día 10 en Barcelona, que no tuvo ninguna de esas cosas, no fue por tanto un referéndum. Por no tener, no tuvo ni colegio electoral propiamente dicho. El colegio electoral era un tendal para guarecerse del sol, porque las urnas (eso sí había) estaban en plena calle, en pequeñas plazas, en cruces de calles. Más que un referéndum fue algo así como una colecta de firmas sobre un tema determinado. Una Iniciativa Popular o algo parecido.

Algunos podrían pensar que sí hubo campaña mediática. Pienso que, si la hubo, fue paupérrima. Y abundantes posicionamientos a favor de la no participación. Por ejemplo, el segundo periódico más importante de Catalunya (El Periódico) pidió dos días antes, desde la portada ni más ni menos, la abstención. Aquel “Així, no” invitaba también, en caso de votar, a hacerlo por el no. El primer periódico (La Vanguardia) pasó de puntillas toda la semana sobre el tema y no le dio ninguna importancia. TV3 sí lo comentó, pero sin llegar a animar a nadie para que acudiera a votar. Los periódicos Ara y Avui, los únicos que hicieron campaña más o menos activa, son ciertamente muy minoritarios. Quienes animaron, los únicos casi, fueron Pujol y Mas que, con su voto, contribuyeron a poner ese referéndum sobre la mesa. Sin ellos es indudable que se hubiera hablado mucho menos de esta especie de pseudo-referéndum.
Resultaba esperable que sólo acudirían a ¿votar? los muy convencidos de la independencia. Los independientes radicales, si es que tiene algún sentido decirlo así. Era lo esperable. Pero el viernes antes, al despedirme de una compañera de trabajo claramente independentista, le pregunté si acudiría a votar y me dijo que no, que esta votación “és com un acudit” (parece un chiste). Si ni siquiera los muy convencidos votan, pensé, esto será un desastre.

El mismo domingo del referéndum, ya de buena mañana, se vio que de desastre nada. Y el resultado final es de los que hacen pensar. Me corrijo: deberían hacer pensar, porque ya sé que muchos no se tomarán siquiera la molestia. Un 18% sobre censo, un 21% sobre votantes, en cualquier caso más de 250.000 barceloneses. Nunca me hubiese atrevido a sospechar una cifra tan alta, ciertamente.

A veces hay momentos sin una importancia especial que se nos quedan grabados en la mente con una nitidez inusitada. Por ejemplo, una ocasión en que con un grupo de amigos, hará cosa de diez o quince años, especulamos con la cantidad de gente que acudiría a votar en Barcelona a un hipotético referéndum sobre la independencia. Recuerdo que tomamos la cifra inicial de cien mil hipotéticos votantes como cifra redonda. ¿Acudirían cien mil barceloneses a las urnas? La respuesta fue masivamente negativa. Treinta mil nos pareció una cifra más ajustada. Treinta mil independentistas en Barcelona (porque siempre pensamos que el independentismo era algo más propio de la Catalunya rural). Ya sabemos que el resultado en este pseudo-referéndum ha sido de 230.000 afirmativos. Lo que ya no sé es si el independentismo barcelonés estaba muy escondido o ha crecido alarmantemente en estos últimos años.

¿Qué pasaría en un referéndum serio, con sus colegios electorales, su campaña, su jornada de reflexión, su movilización mediática? ¿Qué ocurriría en un referéndum oficial, en un referéndum de esos en que votan tanto para el Sí como para el No los no necesariamente muy convencidos?

Da igual. En el fondo no vale la pena seguir por ese camino, el de la especulación política. Más interesante resulta seguramente el del análisis. ¿Por qué tanta gente votó por el SÍ? ¿Cómo es que tantos catalanes se han hecho independentistas? Recordemos que de los 947 municipios catalanes se han celebrado consultas en 554, y que el número de votos afirmativos se eleva a más de 800.000. Es decir, más de 800.000 catalanes que han optado por votar en un referéndum que no sirve absolutamente para nada. Hasta los huevos estarán, como mínimo.

Lo percibo desde hace bastante tiempo: el independentismo va en aumento en Catalunya. Porque el encaje de Catalunya en España es, me parece a mí, conflictivo, no está resuelto, no parece que nadie lo quiera resolver y, mientras tanto, no contenta a nadie. Porque la sentencia del Tribunal Constitucional diciendo que Catalunya no es una nación aquí nos sonó a traición absoluta. Porque observamos cómo España sigue queriendo una España castellana frente a una España verdaderamente plural y plurinacional. Lo noté también en las últimas elecciones autonómicas: se está dando, como en Euskadi, una agrupación en dos grandes bloques, los nacionalistas y los constitucionalistas. Y algo que es seguramente más notable aún: hace años el independentismo pertenecía a las filas de Esquerra Republicana. Hoy ya no: lo hay en las filas de otros partidos históricos como Convergència, Unió, Iniciativa e incluso PSC (muy solapado aún), amén de nuevas formaciones como Solidaritat o Reagrupament. Es decir, se ha extendido. En la misma proporción con la que se ha extendido el malestar.

¿Saben qué es lo que ocurre en Catalunya? Que, como en todas partes, depende de quién te cuenta la historia, te la cuenta de un modo o de otro. Los que se sitúan en el lado de los constitucionalistas no piensan que nada sea tan grave, ni que lo que dijo el Constitucional fuera tan malo, ni que en el fondo haya tanto independentismo en Catalunya. En cambio quienes se sitúan del lado del soberanismo conforman un grupo de personas que se sienten mal en su relación con España, que no se sienten respetados, que perciben que pagan muchísimos impuestos y no ven demasiado claro que la distribución sea luego justa del todo, que se sienten molestos con infinidad de cosas y campañas anticatalanas, que están cansados de tanto hacer pedagogía y de tanto defender evidencias, que sienten que el maltrato histórico indudable pervive. Y lo que es peor: que todo ello les duele (porque a quienes no les duele son quienes se sitúan del otro lado, y santas pascuas).

No sé si esto tiene solución. No sé si Catalunya será algún día independiente (en el fondo, creo que no, porque para conseguir la independencia se precisa rabia, y eso creo que sí que afortunadamente no existe). No sé si las aguas volverán a su cauce y la efervescencia independentista desaparecerá. Lo que sé es que hay mil cosas que no ayudan. Las declaraciones de ZP riéndose casi del 18% de barceloneses que votaron, eso, por ejemplo, no ayuda. Y tantas otras cosas.

¿Y yo? ¿Qué hice yo el 10-A? (Lo cual equivale a contestar en cuál de los dos grupos antes comentados me sitúo). Yo voté.

He apostado toda mi vida por el entendimiento con España. Por el Estado Federal que nos permita estar cómodos a todos. Pero este sueño se aleja, o más claramente no se acerca. Y ya estoy cansado de dos cosas: de esperar y de hacer pedagogía.

El independentismo es una opción política que merece respeto. Difícilmente se puede ser demócrata si no se permite a los pueblos que libremente puedan elegir, si así lo piden. Y la ruptura de los lazos directos no implica ningún otro tipo de ruptura. Verán qué quiero decir.
En septiembre de 2010 el Ayuntamiento de Barcelona invitó a un gran poeta bilingüe, llamado Joan Margarit, a que dictara el pregón de las fiestas. Y todo el mundo se llevó la sorpresa del siglo. Porque Margarit, que no era independentista, que jamás lo había sido, soltó de repente una perorata a favor del independentismo. Como tantos otros, se había pasado de bando. Valió la pena ni que fuera para intuir la incomodidad que sentía ese impresentable que se llama Jordi Hereu.

Quiero rescatar un párrafo de ese pregón memorable y dedicarlo a todos los amigos de fuera de Catalunya.

“Pero este cambio de relación (con España, que él acababa de proponer en su discurso) tendrá como elemento fundamental lo que me dijo mi amigo y gran poeta castellano Luis García Montero cuando terminamos una de nuestras conversaciones sobre este tema: `Joan, garantízame que tu amistad nunca se independizará de nosotros´”

Como bien sabe García Montero una cosa son las fronteras, que pueden cambiar, y otra los afectos.

En cualquier caso, muchos catalanes sentimos que ha llegado ya el momento de reivindicar, en afortunada expresión de Lluis Llach, nuestras propias "primaveres lliures".

dilluns, 7 de març del 2011

ELECTRA / CRISÓTEMIS

(Este texto fue originariamente publicado en el blog Grito de Lobos)

Los grandes clásicos nos ilustran, nos explican, nos ayudan a pensar. Y siempre podemos encontrar algún acomodo entre sus líneas.

De las obras clásicas siempre me ha fascinado la historia de Electra, retratada por Eurípides o Sófocles (retomada por tantos otros, a veces con mucha fortuna), hija del rey de Micenas Agamenón y de Clitemnestra. Durante el tiempo en que Agamenón estuvo luchando en la guerra de Troya, Clitemnestra comenzó una relación con Egisto que, al regreso del rey, se resolvió con el asesinato de éste en manos de su esposa.
Crisótemis es otra hija de Agamenón y de Clitemnestra, hermana de Electra por tanto. Ambas hermanas saben que su madre es quien ha matado a su padre, ambas esperan, aunque con diferente grado de ímpetu, a Orestes, el hermano que debe vengar al padre, pero la actitud de las dos es completamente diversa. Ejemplifican, hasta un cierto punto, las dos actitudes diferentes que podemos tomar frente a la injusticia.

Electra simboliza la furia, la rabia desmedida, la lucha para cambiar las cosas:

"¿Qué mujer bien nacida podría soportar la desgracia paterna, aguantar desvergüenzas que crecen, día tras día, sin ver su final? (...) Cada día en mi casa me cruzo con los dos asesinos impíos que a mi padre querido mataron."

Crisótemis, por el contrario, se enfrenta a su hermana por su actitud que ella identifica con un rapto de locura.

"¿Qué andas diciendo, hermana, por ahí? ¿Sigues con tus quimeras sobre el resgreso de nuestro hermano? ¿No has aprendido aún, en tantos años, a resignarte?"

Resignación es, seguramente, la palabra que mejor define a Crisótemis. Frente a la bravuconería de Electra, el juicio y la mesura de su hermana:

"Prefiero, cuando los vientos me son contrarios, navegar con las velas recogidas, sin vanos alardes de amenazas que no podré cumplir. Yo sé que tu conducta es más correcta y que es más justo hacer lo que tú haces pero, si quieres vivir con libertad, conviene obedecer a los que mandan"

A nadie se le escapa que estas palabras definen el proceder de muchos, de muchisimos, y sería ético pensar incluso que, con las gradaciones que se quiera, responden a una actitud juiciosa en momentos en que no es posible hacer otra cosa. Escuchemos lo que le recrimina Electra a su hermana:

"No hablas por ti, Crisótemis, por tu boca está hablando tu madre."

No cabe mayor desprecio: por la boca de los mesurados hablan los tiranos. Y sigue Electra:

"Hay que elegir, hermana; no se puede ser prudente y justa a la vez. Si eres justa te toca sufrir; si eliges ser prudente traicionas la memoria de tu sangre. ¿Qué puedo yo ganar dejando mis lamentos? ¿Me tratarán mejor? No me interesa. Mis lloros les molestan. (...) Tú, en cambio, no te engañes, gusto das a los que asesinaron a tu padre"

Tras un diálogo lleno de amenazas Crisótemis le pregunta a su hermana:

"¿No te importa perder lo que tienes?"

Permitidme ser parcial y dejarlo aquí. La obra sigue y debe de ser una gozada verla representada. Pero ni que sea en la lectura reconocemos (nos reconocemos) Electras o Crisótemis, la una o la otra, a veces alternativamente la una y la otra.

Confieso algo: Electra, siempre con lo mismo, acaba haciéndose un poco pesada, como seguramente todos tenemos la sensación de hacernos en ocasiones, de tanto defender una idea. Pero mi admiración va por ella, por la pesada, porque es la que no se vende.

Textos citados pertenecientes a la Electra de Sófocles, traducción de Pedro Sáenz Almeida.

dimecres, 2 de març del 2011

PUNT (I SEGUIT)

(Versió en català)

No calen motius. No els tinc. Vull fer un punt i seguit, o potser un punt i apart, en la meva relació amb el bloc.

Ni estic més enfeinat del que és habitual, ni tinc cap projecte entre mans, ni sortosament tinc cap problema. Senzillament em ve de gust descansar una mica, i com això no és una feina de la que depengui econòmicament, ho puc fer. Mala cosa quan el que és una distracció enriquidora es converteix en una obligació, o en quelcom de semblant.

El bloc, per a mi, no és una altra cosa que una manera de compartir inquietuds, i de pas, enriquir-me amb els comentaris dels lectors. I, sempre que sigui possible, conèixer gent interessant. Compartir aficions ha estat gratificant. Enriquir-me amb els vostres comentaris ha estat una realitat (també amb els vostres blocs). I finalment, he conegut gent molt interessant. Objectius acomplerts, doncs. Amb nota.

Per aquest motiu això és un punt i seguit, o potser un punt i apart. No tinc pas la intenció de que es converteixi en un punt i final. Mentrestant continuaré, això sí, coordinant el projecte de bloc comú Grito de Lobos, i colaborant-hi. Projecte que, per cert, està en ple procés de canvis, de creixement, d'aparició de noves firmes i de modificació estètica.

Qualsevol dia hi tornaré, des d'aquest Far. Qualsevol dia reemprendrè el que vaig començar primer al bloc Ramon.Eastriver i després en aquest, El far de Maians. Gràcies per tot i fins aviat.


(Versión en castellano)

No son necesarios los motivos. No los tengo. Quiero hacer un punto seguido, o quizá un punto y aparte, en todo lo referente a mi relación con el blog.

No tengo más trabajo del habitual, ni estoy ocupado con ningún proyecto, ni afortunadamente tengo problema alguno. Sencillamente me apetece descansar un poco, y dado que esto no es un trabajo del cual dependa económicamente, me apetece hacer una pausa y la hago. Es mala cosa que una distracción enriquecedora se convierta en una obligación, o en algo parecido.

El blog, para mí, no es otra cosa que una forma de compartir inquietudes y, de paso, de enriquecerme con los comentarios de los demás. Y siempre que sea posible, de conocer gente interesante. Compartir inquietudes ha sido gratificante. Enriquecerme con vuestros comentarios, una realidad. Y finalmente he conocido gente muy interesante. Objetivos cumplidos. Y con nota.

Por este motivo esto es un punto seguido, o quizá un punto y aparte. No tengo la intención de que se convierta en un punto final. Mientras tanto seguiré, eso sí, coordinando el proyecto de blog común Grito de Lobos y colaborando en él. Proyecto que, por cierto, está en pleno proceso de cambios, de crecimiento, de aparición de nuevas firmas y de modificación estética.

Cualquier día volveré a las andadas desde este Faro. Cualquier día voy a reemprender lo que comencé primero en el blog Ramon.Eastriver y después en éste, El far de Maians.Gracias por todo y hasta pronto.

dilluns, 28 de febrer del 2011

LA LUCHA Y LA MUERTE DE FERRER

(En una entrada anterior hablé de la llamada Setmana Tràgica de Barcelona. En ella comenzaba explicando cómo se iniciaba una guerra en Marruecos a la que eran convocados los hombres españoles pero que servía, como muchas guerras, para intentar asegurar los intereses de la minoría que llevaba la batuta. El pueblo, consciente del abuso que estaba sufriendo, convertido en carne de cañón para asegurar los intereses de una minoría, se amotinó dando lugar a lo que se conoce como Setmana Tràgica, en julio de 1909. En ella se cometieron abusos, sobre todo contra la Iglesia. Una Iglesia que había ayudado perpetuar un sistema que propiciaba todo tipo de abusos contra los más débiles.)
En manos de la Iglesia estaba la educación española. Una educación pobre, escasa y que no pretendía potenciar la crítica ni pretendía exterderse hasta alcanzar la gran mayoría de capas desfavorecidas. Las niñas prácticamente no iban al colegio, los niños iban los primeros años hasta que, en edad de trabajar, eran reclamados por las fábricas y los empresarios. Hasta entonces se limitaban a enseñarles a leer y escribir, sumar y restar, un poco de geografía, mucha religión y una moral que les llevara al sometimiento.

El gobierno no ayudaba. No existía una verdadera voluntad política para mejorar la situación de la enseñanza, ni para hacerla obligatoria hasta ciertas edades. Ni para desvincular cultura de religión. Ni para potenciar un pensamiento crítico que pudiera acabar siendo peligroso para sus intereses.

Un hombre de personalidad interesante y arrebatada, un anarquista no violento (porque en la época ser anarquista violento era prácticamente sinónimo de terrorista, y muchos anarquistas querían dejar clara su vocación pacifista) decidió hacer algo. Era pedagogo y se llamaba Francesc Ferrer i Guardia. Creo la Escuela Moderna. La primera estuvo situada en la calle Bailén de Barcelona. Luego se crearon otras sucursales. Pretendía formar niños y niñas libres a partir de técnicas pedagógicas modernas y europeas, con una educación socialmente comprometida y desvinculada totalmente de lo religioso. Pero el poder no iba a tolerarlo.
Les vino muy bien que en 1906 uno de los trabajadores de la Escuela Moderna, el bibliotecario Mateo Morral, natural de Sabadell, se decidiera por su cuenta a lanzar una bomba a Sus Majestades durante la ceremonia matrimonial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Los Reyes se salvaron, pero muchas personas murieron y Ferrer i Guardia se vio fatalmente señalado. Aunque parece probado que no tuvo nada que ver con el atentado, el hecho de que un empleado suyo fuera un terrorista que había intentado un regicidio fue suficiente para colocarlo en el punto de mira.

Poco a poco Ferrer i Guardia pudo reemprender las tareas pedagógicas laicistas de la Escuela Moderna, pero las autoridades y los religiosos seguían observando cómo la amenaza que suponía Ferrer se resistía a desaparecer. Y decidieron que a la mínima iban a acabar con él.

La mínima fue la Setmana Tràgica. Parece documentalmente fuera de toda duda el hecho de que Ferrer no tuvo nada que ver con ese estallido violento en Barcelona. Barcelona, como dije, era la rosa de foc, ciudad que ya en 1893 vio prácticamente volar por los aires el emblemático Teatre del Liceu por una bombas de otro anarquista mítico, Santiago Salvador. Las autoridades quisieron aprovechar la Setmana Tràgica para acabar con el anarquismo. Necesitaban un chivo expiatorio a quien culpar. Fue Ferrer. Pedagogo, anarquista, librepensador y fundador de la Escuela Moderna. Si acababan con él, el peligro de una verdadera escuela laica desaparecía.

Lo culparon de algo que no había cometido (inspirar la revuelta), lo encarcelaron, lo juzgaron y lo mataron. De un tiro. En el Castillo de Montjuïch, emblemático escenario de la represión centralista de Barcelona.
He estado leyendo en estos días un libro extraordinario. Se trata de un informe escrito por el periodista William Archer. El revuelo internacional del caso Ferrer fue enorme. Este periodista inglés fue enviado por su revista en 1910 para que redactara un reportaje de investigación sobre el caso. Archer llegó a Barcelona en 1910 y publicó su informe ahora hace cien años, en 1911. En tanto que inglés, su punto de vista es suficientemente objetivo, ajeno a las pasiones hispanas del momento. Y su veredicto es tan limpio como cabía suponer: Ferrer no tuvo nada que ver con la orquestación de la Semana Tràgica. Sencillamente la aprovecharon para acabar con él.

La muerte y la desaparición son, a veces, la mejor forma para acabar con una disensión, al menos temporalmente. Nos queda un consuelo: el paso del tiempo, que muchas veces acaba trayendo lo que en otra época fue visto como pervesión, como amenaza, como agresión. Pero para ello las figuras precursoras son necesarias. Como Ferrer, precursor del laicismo por el cual seguimos luchando todavía.

dimarts, 22 de febrer del 2011

UNOS ME LLAMAN CHAVAL Y OTROS ME DICEN CABALLERO

Seguramente todos acabamos repitiéndonos. Lo digo porque ya puse esta canción en mi blog anterior, pero integrada en un texto sobre los Panero (y sobre sus películas, y sus poemas, y sus alucinaciones y sus abusos, y sus metáforas). En aquella ocasión, hace dos años, hablé de la historia de los Panero que hace unos meses, un buen blog pillado al azar, me recordó mientras glosaba la figura (fascinante) de Felicidad Blanc. Ya hablé de los Panero en aquella ocasión y no deseo repetirme tanto. Así que hoy recupero la canción con que cerraba aquella anterior crónica en mi blog Ramon.Eastriver.

Es una canción que no entiendo todavía por qué consigue ponerme tan triste. Es absolutamente decadente, es cierto, pero mientras que otras no surten su efecto, ésta sí. Decadente como El desencanto o sus secuelas. Curiosamente me gusta mucho esta canción, también es cierto, aunque puedo ver perfectamente esa teatralización de profundidad y marginalidad, de canutos, de alcohol, lo transgresor convertido en postura. Pero me gusta igual, a pesar del vídeo terrible, terrible. Y sin embargo le cae bien: es un vídeo absurdo para una canción absurda para una vida absurda. La de Michi, la de los Panero, la de Nacho Vegas o la de todos nosotros. Probablemente sea eso lo que me pone triste; la concepción carente de sentido de toda vida. Esa frase que se parece tanto a una maldición: "cuando esto acabe no habrá nada más, fue bastante ya".

No me considero especialmente depresivo. Tampoco veo la vida de esta forma, quien me conoce lo sabe. Quizá se trate de ese afán catártico que nos lleva a situarnos cómodamente frente a lo que nos desasosiega. El caso es que no me importa asomarme, a veces, sólo a veces, a ciertos abismos mientras estos sean meramente estéticos. Aún así, procuran en algunas ocasiones desgarros realmente serios. Todos lo sabemos.

En definitiva, lo que nos gusta es tan personal como nuestra propia cara. Y sobre todo es personal aquello que no nos gusta nada y, sin embargo, a ratos, nos gusta un poco mucho. Paradojas que es mejor asumir... En esta última categoría, la de aquello que no nos gusta y sin embargo nos gusta, cae este tema de Nacho Vegas; El hombre que casi conoció a Michi Panero. Aviso a los navegantes: es de un decadente que asusta.

dissabte, 19 de febrer del 2011

AFICIONADOS

Kabila, desde su blog esencial, llamaba la atención el otro día sobre lo que podríamos llamar la corrupción fiscal de los equipos de fútbol. Contestándole, se me ocurrió que existía, además, otra vergüenza de todos conocida. Menos profunda, menos arcana, muchísimo más tópica, por tanto mucho más ruidosa. No tiene que ver con los directivos, ni con los grandes clubes, ni con vergonzosas cantidades, sino con la actitud que exhiben muchos aficionados. Y con el hecho de que nadie parece inquieto por ese ambiente en el que se mueven muchos jóvenes. Por un lado, todos estamos teóricamente preocupados por la educación. Por el otro, exhibimos productos televisivos indignantes y climas futbolísticos indecentes. La preocupación pedagógica es, como la angustia por el hambre en el mundo, el horror por el negocio armamentístico internacional o la destrucción del planeta, como tantas otras cosas, una verdad a medias. En el fondo, a todo el mundo le importa una porra la educación de los jóvenes.
Recuerdo que ese día, cuando leí el texto de Kabila, había visto un informativo donde mostraron la actitud de unos aficionados contra el barcelonista Piqué, supuestamente relacionado con Shakira. Fueron a darle donde más dolía. Los gritos se convirtieron en cantos, y la letra del nuevo himno rezaba, a lo bruto, "Shakira es una puta". Independientemente del partido que fuera (cada dos meses hay un nuevo partido del siglo importantíiiisimo) se trataba de una muestra de machismo imperdonable. ¿Qué hacer? ¿Parar el partido? Pues, ¿por qué no?

Si fuera una excepción podría pensar que los árbitros no supieron cómo reaccionar. Pero me acuerdo de otros episodios por los que tampoco nadie protesta, al menos de forma seria. En ocasiones, al que tiene la pelota, para desanimarle, se limitan a gritarle que se muera. Una expresión que puede justificarse como mero recurso retórico. Otras resultan menos ambiguas.

En una ocasión Etoo amenazó con abandonar el partido si el público continuaba profiriendo insultos racistas. De hecho, todos los jugadores de color (o negros, no me parece nada insultante decirlo sin eufemismos) han sufrido los insultos en el campo de juego. Y todos sabemos que el jugador madridista Guti, en sus tiempos en el Real Madrid, debía escuchar los gritos que le acusaban de "maricón" de forma contundente en casi todos los partidos.

Es antipática la moda de lo políticamente correcto, es cierto. No conviene ir de estrechos, pienso, ni procurarle al lenguaje una profilaxis que no tiene la vida. Pero el extremo que comento queda muy lejos. Queda en la zona del insulto, de la mala educación, de todo aquello que una sociedad enferma exhibe sin complejos y sin voluntad de erradicación.

dimecres, 16 de febrer del 2011

EL FONTANERO

Soy algo aficionado a perderme por hemerotecas, y más ahora que resulta tan cómodo. Y, a veces, lo que nos encontramos resulta como mínimo sorprendente.

dissabte, 12 de febrer del 2011

LOCA

En mi época de Universidad tuve una profesora que todos sabíamos que estaba lo que vulgarmente se dice un poco p'allá. Nos explicaba Humanismo y Lírica renacentista y, en plena apoteosis petrarquista de Herrera, detenía el comentario y soltaba una queja, un lamento pastoril. La cosa era que la señora aspiraba a una cátedra que por perversos intereses iba a parar siempre a otras manos cuando ella la merecía más. Se había convertido casi en una figura patética que lloraba por los rincones la inquina que le tenían todos y que, en alguna ocasión en que la rabia la ahogaba, se la sacaba de encima con algún comentario de crítica, con alguna deprecación, con algún insulto elegante hacia algún compañero del departamento.
Nadie dudaba de que podía tener razón pero no entrábamos en semejantes análisis. Nos quedábamos con la parte externa: la profesora era un muñeco vapuleado por la vida y encarnaba la eterna figura del perdedor sin ninguna épica. Sonreíamos cuando la veíamos pasar musitando algo en soledad. O esperábamos en cada clase que aquel día sí, que aquel día decidiese soltar alguna perla. Las horas del bar se llenaban con la última anécdota de la loca.

Pero cierto día su salida de tono se convirtió en algo diferente. Detuvo la clase, como siempre hacía. Cambió el tono y clamó una sentencia. Nos quedamos muertos. Nadie hizo atisbo ninguno de sonreír. Porque tras su locura habíamos vislumbrado, acaso, una verdad. La verdad suprema que conocen los locos, los desengañados, los perdedores. Y eso no da risa: eso inspira respeto.

Casi como una sibila, había detenido la clase e, impostando la voz, había clamado:

- Señores, ustedes llegarán tan lejos como tragaderas tengan.

Se hizo el silencio. No osamos ni mirarnos porque la voz había tronado como inapelable. Tras un par de segundos en tensión todos respiramos y ella continuó la clase (Santa Teresa, creo). Yo, y sé que muchos de los compañeros que aquel día estábamos tomando apuntes en aquel aula, nos acordamos a veces de esa frase. Entonces, cuando me acuerdo, miro a mi alrededor. Y voy contando.

dijous, 10 de febrer del 2011

POR LOS PELOS

Se confirma que las peluquerías tienen nombres muy originales. El pelo da para mucho. Hay más: podéis confirmarlo en esta entrada de mi anterior blog.

dimarts, 8 de febrer del 2011

VERBOS

Me detengo. Miro a mi alrededor. Observo.

Vivo los coletazos de la llamada revolución de los jazmines, ahora transportada a Egipto. Hoy no he mirado todavía las noticias, no he leído nada, así de largos son algunos de mis días.

Observo, pero recuerdo. Recuerdo la reciente conversión en neomarqueses de dos personajes que me son indiferentes: un entrenador-marqués, un escritor-facha-marqués. Y comprendo por qué la monarquía me resulta tan lejana (y tan indiferente).

Espero. Espero al viernes, que Marsé publica su nueva novela. Y recuerdo, mientras espero, la frase suya que leí el sábado en Babelia.

Me sorprendo. Por mil cosas pero básicamente por las decisiones del lehendakari López. Por cierto, a ver si ahora con el nuevo partido, está a la altura. O si, como me temo, continuará jugando al juego del Partido Popular, gracias al cual come.

Y finalmente me enfado. Con millones de cosas, que enfadarse significa estar vivo. Pero, concretando, con los sindicatos y sus cosas que no puedo entender. Porque me siento comúnmente vendido, o exageradamente arrastrado.

Y recomiendo, por fin. Dos artículos de Txema, a propósito de los sindicatos.

(Esto no es un poema vanguardista pésimo. Es sencillamente una invitación a leer mi entrada que he colgado en el blog Grito de Lobos. Si la leéis, entenderéis)

Copia del artículo publicado en Grito de Lobos:

Nadie duda de la densidad de todo cuanto vivimos. No pretendo convertir esto en un diario, ni siquiera en un apunte de urgencia, pero se me permitirá que reseñe algunos de los aspectos que informativamente me/nos ocupan. Está la revolución de los jazmines que se ha extendido a Egipto, por ejemplo. Desde fuera pareciera un movimiento libertador que apoyo sin ninguna duda. Pero sirve también para darnos cuenta de lo mal que se hacen las cosas: Europa y USA defendieron durante años a los gobiernos dictatoriales de estos países porque suponían un freno al islamismo radical. Obviamente el islamismo radical me gusta tan poco como a ellos, pero ¿la mejor forma de combatirlo era apoyar esas dictaduras o dictablandas? Creo que está claro que no.

Ha sido también muy divertido observar el papel ridículo de Europa: aquí nadie habló hasta que lo hizo Obama. Luego sí, cuando tienen el permiso del jefe, todos nos llenamos la boca y decimos las cosas más altas y más claras que nadie. Pero primero tiene que hablar el jefe.

Hemos tenido en estos días también una nota graciosa, como un chiste inofensivo: la ascensión al marquesado de un entrenador de fútbol y de un escritor estupendo, aunque facha. Es como de broma, no me digáis. Yo me alegro porque con estas cosas ridículas y tontas lo monárquico se parece cada vez más a una opereta mala.

De lo mejor de estas semanas: la inminente publicación de una nueva novela de mi querido y admirado Juan Marsé: Caligrafía de los sueños. Y vuelve a lo que nos gusta de él: las aventis y el barrio de la Salud, la posguerra, los sueños convertidos en alucinaciones colectivas. Regresa al retrato genial de los personajes y a la creación de un clima gamberro y al límite. En una entrevista del sábado en Babelia reivindicaba Marsé la ficción. En ella, leí una afirmación poderosa: "A veces hay más verdad en la ficción literaria que en la realidad cotidiana. Por ejemplo, a menudo leo cosas en la prensa que no me las acabo de creer. Lo diré de otro modo: para mí, Madame Bovary es más real que doña Esperanza Aguirre". Genial la frase. Estoy de acuerdo con Marsé. De hecho, yo creo que Esperanza Aguirre ni siquiera existe.

No todo está siendo tan meridianamente claro. Tenemos, por ejemplo, al lehendakari López que es uno de esos socialistas que me desaniman y me dan mal rollo. Lo de pactar con el PP tiene delito, pero más si cabe su particular defensa del euskera, lengua que teóricamente debería ocuparle sin ambages. Ha propuesto para que forme parte del consejo asesor de la lengua vasca al impresentable y chaquetero Jon Juaristi, amigo íntimo de la susodicha Esperanza, y que tiene en su haber frases tan inmortales como "Nunca volveré a hablar vuestro ingrato euskera", "para mí es un idioma del pasado" o "si desapareciese pues, tendría un disgusto, pero tampoco muy grande". Bien lo va a defender, por lo que se ve. Bueno, una vez más los socialistas facilitándole las cosas al PP y haciendo que el bloque independentista crezca. Son unos ases.

Y lo último que deseo glosar tiene que ver con cierta polémica que está de actualidad estos días en BCN. El sindicato UGT cedió por normativa un solar que tenía en la Villa Olímpica de Barcelona para la construcción de pisos protegidos, esos pisos que luego se entregan por sorteo. Ha querido la suerte que dos de esos pisos hayan ido a parar a dos directivos del sindicato, y un tercero a la hermana del secretario general. El asunto, titulado en algún medio como Chanchullo en la UGT, no hace más que confirmarnos en el desánimo que nos invade. Para quien le interese, estas son algunas páginas que hablan detalladamente del asunto: 1, 2 y 3.

Siempre he aplaudido a quienes contribuyen, con enorme coherencia, a hacernos la vida mejor. Jamás caeré en la denigración sistemática del político o sindicalista. Hay muchos buenos. Pero esto no está reñido con mi enfado con algunos sindicatos y con la denuncia necesaria de ciertas actitudes. También en Barcelona existe una pugna entre varios sindicatos que se pelean por un metro más o un metro menos, y otros sindicatos que exigen a las arcas del estado instalaciones modernas y a todo confort. Supongo que lo sabía y que es lógico, pero recordar el otro día que las instalaciones de los sindicatos las paga el Estado me dio mal rollo: no es la mejor forma de hacerlo, no es la más limpia. El tema de la financiación de los sindicatos, del que tan poco se habla, deberá ponerse algún día sobre la mesa. O cada día los trabajadores harán menos caso de sus indicaciones.

Txema, en su blog, tiene un par de entradas que cuando las leí este fin de semana pensé que complementaban parte de lo que he querido decir yo aquí. Las enlazo porque él me dio su permiso (ésta y ésta). Su visión crítica pero constructiva me parece ese justo medio que todos necesitamos, en ese tema y en otros. Sea como fuere, feliz semana.

divendres, 4 de febrer del 2011

LA GRAN MEADA ROMANA

De entre los muchos poetas españoles maravillosos hay uno que tiene, por ritmo, mucho que ver conmigo. Siempre que lo leo me fascina su verso, la musicalidad que se percibe, el inesperado mundo que retrata, los colores que lo habitan. Se trata del inmenso Rafael Alberti.

De Alberti me gusta su poesía social, cómo no. Fue un verdadero maestro en ella. Lo social se tiñó, a menudo, de sarcasmo, de burla despiadada. Otras veces, de protesta constructiva. Pero también me gusta su poesía biográfica. Lo biográfico en Alberti está siempre mediatizado por el mito íntimo, no por el realismo intenso ni por la experiencia poetizada. Su primer libro es emblemático: Marinero en tierra. Pero ahí los tonos neopopulares dan una nueva dimensión al conjunto. En cambio en los maravillosos Retornos de lo vivo lejano se entiende más lo que digo.


Impactante me parece también su apuesta, en un momento de su vida, por la experiencia poética de vanguardia. Leer Sobre los ángeles y Cal y canto es una experiencia enormemente intensa. Qué gran poeta fue Alberti, cuántos palos supo tocar magistralmente, qué dominio en cualquier caso del verso como materia primera del andamiaje poético. Efectivamente, Alberti tiene algunos de los sonetos más bellos de la literatura española del siglo XX.
Me centro hoy en otro libro que la crítica destaca menos pero que a mí me encanta: Roma, peligro para caminantes. No sé si es por el tono desengañado, no sé si por sus juegos de hombre que está un poco de vuelta de todo, no sé si por su retrato desengañado (ese tráfico) de una ciudad que me fascina. Por lo que sea, la Roma de Alberti me parece divertida y lo suficientemente emotiva. En su periplo de hombre exiliado (siempre en compañía de su mujer, María Teresa León) acabó residiendo en Roma, quizá porque la cercanía a España se le hacía muy necesaria tras tantos años lejos.

Tiene en ese libro un poema donde habla de su pasado. Roma queda personificada y el poeta se dirige a ella pidiendo que no defraude sus anhelos de hombre acostumbrado a la despedida.

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

El poeta mira la ciudad con ojos sorprendidos. El bullicio de la ciudad (vivía en el Trastevere), por ejemplo, o las fuentes que huían de sus límites y formaban riachuelos por las callejas. Riachuelos sospechosos, puesto que muchos de ellos no se debían a las fuentes ornamentales sino a otro tipo de fuentes: la insana pero extendida costumbre romana de mear por las calles. Es el gran poema a la meada. Porque la poesía puede también hablar de estas cosas. Lo incluyo aquí porque, cuando toda la poesía que aparece en blogs y en los medios habla de amores y de primaveras, conviene recordar que también de meadas se alimenta el aliento poético, si se me permite la expresión. Grande Alberti. Tanto como la inmortal meada que nos legó.

Verás entre meadas y meadas,
más meadas de todas las larguras:
unas de perros, otras son de curas
y otras quizá de monjas disfrazadas.

Las verás lentas o precipitadas,
tristes o alegres, dulces, blandas, duras,
meadas de las noches más oscuras
o las más luminosas madrugadas.

Piedras felices, que quien no las mea,
si es que no tiene retención de orina,
si es que no ha muerto es que ya está expirando.

Mean las fuentes… por la luz humea
una ardiente meada cristalina…
y alzo la pata… pues me estoy meando.


(Las fotos están sacadas de internet. La primera, una hermosa calle romana, es de Josema Azcona, que tiene varias excelentes en su página de Flickr)

dilluns, 31 de gener del 2011

LA CIUDAD QUEMADA

(Tengo redactada esta entrada desde hace algunas semanas. Quién me iba a decir a mí que ahora, con todo lo ocurrido en Túnez, con todo lo que ocurre en Egipto, iba a adquirir un nuevo sentido. También ellos viven su Semana Trágica.)


A principios de julio de 1909 se produjo una gran revuelta en Marruecos, en la zona del Rif (alrededores de Melilla), donde se estaba construyendo un ferrocarril. Bastantes eran los políticos de la época que se aprovechaban notoriamente de dicha empresa. El gobierno español del momento, presidido por Antonio Maura, no estaba dispuesto a ver peligrar sus inversiones en la zona y sospechó de una inmediata guerra en Marruecos. Llamó a filas a los reservistas españoles. Los reservistas eran hombres de mediana edad que habían acabado los dos años de servicio militar obligatorio y que en aquellos momentos estaban ya casados y con hijos la mayoría. Todos los reservistas y soldados españoles se desplazaron a Barcelona, lugar desde donde iban a salir en dirección a Marruecos, a combatir en una más que probable guerra.

Barcelona se llenó de soldados y reservistas. Y de odio. De odio porque se enviaban a miles y miles de hombres jóvenes a luchar en una guerra que escondía miserables intereses económicos de una minoría afortunada. De odio porque ningún rico iba a la guerra (pagando 1500 pesetas de la época se libraban). De odio porque se decía que también la Iglesia, que apoyaba a los ricos como ha hecho casi siempre, tenía intereses económicos en la zona. De odio porque las burguesas repartían escapularios y sonrisas a los pobres desgraciados que hacían cola en el Puerto de Barcelona para subirse a un barco que les llevaría a una muy probable muerte.

Barcelona en aquellos años era la rosa de foc, una de las almas del anarkismo europeo. El proletariado catalán estaba enormemente politizado y sentía un gran odio hacia una Iglesia que se había posicionado vergonzantemente del lado de los bien peinados.

El resultado fue que se declaró una huelga y que cierta mañana, llenas de esa hipocresía que a algunos nos pone de los nervios, las emperifolladas damas de la burguesía catalana fueron a repartir rosarios y crucifijos a los malhumorados hombres que dejaban atrás mujeres e hijos. Las esposas, las hijas, las amigas de esos hombres fueron quienes iniciaron la revuelta. Comenzaron a insultar a las damas burguesas, esas mismas que bendecían crucecitas y daban cariñosos abrazos pero que habían pagado las 1500 pesetas pertinentes para que ni maridos ni hijos fueran a perder la vida a la guerra del Rif. Los hombres se sumaron a los gritos de las mujeres y comenzaron a tirar los rifles al mar, las cruces, los abrazos. Probablemente hasta a alguna burguesa la tiraron al mar (me gusta imaginarlo así). Y salieron luego, sin atender a la autoridad que les llevaba a una muerte interesada, a quemar conventos e iglesias ("La única Iglesia que ilumina es la que arde") porque ya estaban hartos de tanto ser el burro de carga que recibe todos los golpes. Fue lo que se llamó La setmana tràgica.

Barcelona ardió. Se desentarraron tumbas, se profanaron cadáveres de benditas sores y benedictos frailes, se escupió a más de un cura, alguno caería fruto de la rabia que había cosechado pacientemente durante tantos años. ¿Se cometieron injusticias? Seguramente. Casi con toda seguridad. Pero el pueblo tiene un límite y cuando se sobrepasa se tiran piedras que no siempre reciben los que debieran. La violencia no puede justificarse nunca, pero a veces, cuando mandan a tu padre a la guerra y escuchas a la vecina rica como se marcha riendo, se entienden muchas cosas. La gran lección de aquellos días es que la paz se construye sobre las bases de la justicia. O no hay paz.

Y fue en aquellos días en que apareció una figura emblemática y querida, un hombre honesto y justo. Murió, claro. Asesinado por el poder político en el Castillo de Montjuïch. Le hicieron responsable de todo cuando su única responsabilidad había sido intentar cambiar las cosas y construir un mundo más justo. En una próxima entrada hablaré de él (y de un libro excelente que he leído estos días).

(Las imágenes están, obviamente, tomadas de la red. Y el texto de esta entrada complementa a otras entradas que puse en mi otro blog, hace bastante tiempo. Me preguntaba en aquellas ocasiones (ésta y ésta) por qué todas las revoluciones barcelonesas, o casi todas, se habían dado durante el mes de julio, empezando por la setmana tràgica.)

dijous, 27 de gener del 2011

CUBELLS: TODOS A LA CALLE

Abril de 1980. Unos coches llegaban a un pequeño pueblecito leridano. Los ocupaban personas teóricamente en son de paz (enviadas por el obispo de la diócesis y por el Ministerio de Cultura), pero el pueblo en pleno salió a la calle, cortó la carretera y no dejó que los coches se acercaran a su población. Los ocupantes, con sus mejores sonrisas, venían a recoger unas imágenes religiosas custodiadas en las iglesias del pueblo para llevarlas a algún museo y, teóricamente, protegerlas. El pueblo no lo permitió. Hubo gritos, amenazas y miedo. Y los funcionarios del ministerio y los curas se tuvieron que volver por donde habían venido con las manos vacías.

Ese pueblo se llama Cubells y es el pueblo donde nací yo. ¿Cómo es posible que un pueblo de paz reaccionara de forma tan violenta frente a unos visitantes que pretendían solamente (teóricamente, añadiría yo) recoger sus muestras artísticas para protegerlas de posibles depredadores? La explicación, como en casi todo, se encuentra en la historia. Cubells había atesorado grandes muestras artísticas que muchos sacerdotes no habían tenido empacho ninguno en vender al mejor postor. De esta forma actualmente tenemos muestras de arte original de mi pueblo en museos de Barcelona, Bilbao o Chicago, por nombrar algunos. Siempre se hizo con teóricas buenas intenciones: proteger las muestras artísticas, tratar de evitar su robo, conseguir un dinero para el pueblo... Pero la realidad es que en 1980 en Cubells casi no quedaba nada de todo el arte que había tenido. Y las últimas piezas iban a recogerlas, ese día de abril de 1980, varios miembros del ministerio y de la diócesis.

Se montó una marabunta descomunal, los niños no fueron a la escuela, el pueblo acudió en masa para cortarles el paso a los representantes oficiales y cuentan las crónicas que el coche de los representantes religiosos fue alzado a peso por los vecinos. Uno de los curas amenazó con que iba a venir el obispo (ingenuo... estábamos ya en 1980 y el obispo ya no asustaba a nadie). Y, siempre según las crónicas, como en uno de los mejores relatos carpetovetónicos de Cela, una de las más notables beatas tronó a voz en grito: "Eso, eso, que venga el obispo, que le vamos a cortar los cojones". Excelso.

Cuando hace un par de años estuve en NY visité The Cloisters, un edificio de claustros originales pirenaicos llevados piedra a piedra a Manhattan, donde además pueden apreciarse numerosas muestras de arte sacro catalán, navarro y francés. Los habitantes de Cubells sabían que esas cosas ocurrían: que con buenas intenciones se llevan lo que tienes y que probablemente luego alguien se llena los bolsillos con ello.

Como podéis ver la cosa apareció en la prensa. Imagino que de haber existido los actuales programas de cotilleo hasta en la tele hubiera aparecido. Y cierto periodista, muy señor y muy burgués de Barcelona, bienpensante y promuseístico, ventiló el asunto diciendo que se había tratado de una quijotada. No entendió nada el señor. O probablemente lo entendió todo. Una gran quijotada de un pueblo unido defendiendo lo que es suyo.
También se generaron cartas al director, algunas a favor de la actitud fuenteovejunesca del pueblo y otros a favor de las autoridades. Naturalmente la gente de bien se puso del lado del pueblo. Sólo los rancios levantaron el dedo.

Es importante acabar esta entrada diciendo que en la actualidad las imágenes y demás objetos artísticos que un día el pueblo defendió siguen felizmente en Cubells. Nadie volvió a intentar llevárselas. Cambiaron la llave de las iglesias, multiplicaron las medidas de seguridad, aseguraron las imágenes con protección de hierro a las centenarias paredes de las iglesias y esperaron que no volvieran más ni obispos ni ministros. Así fue. De momento habían descubierto que, a veces, es importante saber enseñar los dientes a tiempo.

dilluns, 24 de gener del 2011

CRUCEIROS

(Esta entrada es la continuación de la entrada dedicada a Galicia y los hórreos , puesta a principios de enero)
Tras la maravilla de los hórreos, otros detalles curiosos que me sorprendieron durante mi estancia gallega: las galerías por ejemplo. No he visto en ningún otro lugar del mundo esas galerías enmarcadas en madera blanca, con los cristales formando esos pequeños cuadrados desde los cuales es posible ver el mundo. Las casas de cristal de A Coruña son el paradigma, pero existen multitud de ejemplos.
Pero sobre todo los cruceiros. Qué sorpresa los cruceiros. Son cruces de piedra que aparecen, mágicas, sorprendentes, en las esquinas, en las plazas, en los lugares más inesperados. En principio no me extrañaron, porque también en Catalunya las cruces de piedra marcaban los límites de los municipios y todavía existen, testimonio del pasado. Pero en Galicia observé que había muchas y que no podían limitarse a marcar lindes. Recuerdo que lo pregunté a un guía: ¿para qué servían los cruceiros? El buen hombre no supo decirme. Me habló de tierras, de cruces, de supersticiones. Pero no me dijo nada claro. Todo era muy confuso. Y mira que odio los tópicos, pero al final pensaba, gallegos tenían que ser estos cruceiros tan misteriosos.
Probablemente la razón no sirva para nada a ciertas alturas. Probablemente, frente a la belleza, lo mejor sea contemplarla y disfrutarla. Pero quien me conoce sabe que difícilmente puedo evitar satisfacer la inquietud, y sabe también que en muchas ocasiones la razón me es fundamental para disfrutar con mayor intensidad de la belleza. Los cruceiros me siguen fascinando. Y ahora sé algo más de ellos. Gracias, debo decirlo, a María Jesús, de Paradela, y a Dilaida de Groucho. Estas dos gallegas claras, clarísimas, me han explicado que el cruceiro está considerado una de las muestras más hermosas de la arquitectura popular. Que tienen un origen gótico, impulsado por el barroco, cuando construir un cruceiro fue un modo de conseguir indulgencias. Que casi siempre tienen una relación muy directa con la sacralización del espacio, por lo cual se colocaban generalmente en el lugar en que había ocurrido algún episodio terrible, sanguinario, y que aportaban ese valor mágico que era capaz de ahuyentar a los espíritus malignos. Son, por tanto, protección y guía de caminantes. Que los hay de varios tipos (a saber; cruceiros de término, para marcar los límites de las parroquias, de encrucijada, en los cruces de caminos, de parada, para que la procesión los rodee y pueda regresar por donde ha venido, los devocionales y expiatorios, los cruceiros de muerte, levantados donde ocurrió una muerte trágica, entre otros). Que, de entre todos los cruceiros gallegos, uno de los más hermosos es el de Hío. Que la cruz ocupa un lugar central en toda la iconografía gallega, y que corona incluso los hórreos como forma de proteger el contenido. Y me hablaron de santos, de romerías, de lagartijas, de lagartos, de muertos y de vivos.
A veces, cuando me marcho de un sitio, tengo claro que regresaré a esa tierra. Ocurre cuando algo muy interior se removió durante la estancia, o cuando uno sabe que algo muy interior se removerá en el futuro, a raíz de la estancia. Galicia asoma desde la profundidad de su nombre lleno de sugerencias. Supongo que si los cruceiros me hablaron quiere decir que me habló Galicia. Así me gusta pensarlo. Aunque tuvo razón María Jesús cuando me dijo que quedaba pendiente conocer "Galicia desde dentro".

dijous, 20 de gener del 2011

EN CATALÁN TAMBIÉN

Fijaos en una cosa: todo lo que afecta a las lenguas minoritarias siempre lleva polémica. Es cansino. Nada que afecte al español la conlleva. Es como que tenemos asumido que el español es la lengua. Las otras son otras lenguas. Por tanto, que no nos cuesten dinero y que se ocupen de ellas los lugareños.

Pero, vamos a ver. ¿Nos hemos creído en algún momento que catalán, vasco y gallego son también lenguas españolas? Porque si es así, supongo que será deber de todos protegerlas, como deber de todos es proteger las manifestaciones culturales aunque se celebren en Ceuta, digo yo.

Para mí el estado español es un estado formado por cuatro comunidades culturales (diría naciones pero ya veis, no se puede): la castellana, la catalana, la vasca y la gallega. Y no necesariamente en ese orden. ¿O sí? Cuando muchos españoles contemplan el catalán como un problema que no tiene nada que ver con ellos, o no entienden la complejidad de su propio país, o no les gusta la complejidad de su propio país.

¿Cuál es el problema? O mejor, ¿cuál es uno de los problemas principales? Yo pienso que querer igualar España a una de esas comunidades culturales. Que España sea castellana. Y luego se preguntan muchos por qué hay algunos que no se sienten cómodos. Pocos parecen darse cuenta de que puede ser debido a que, esos que no se sienten cómodos, básicamente no son castellanos. No quiere decir que tengan manía a lo castellano. Quiere decir que no son castellanos. Con la misma naturalidad con que no son franceses o rusos. Llanamente. Sin más. Y sin acritudes.

El intento eterno de igualar España a lo castellano parece que se ha conseguido casi del todo en Valencia. El empeño es apurado en Galicia. Yo lo veo casi como una campaña en favor del uniforme. ¿Quién se ocupa de uniformar, de intentar acabar con la diversidad que no les gusta?, se me preguntará. El PP, dirán muchos. Y se equivocarán. Contribuye a ese intento toda persona que no comprende que España debe ser federal. Contribuye a ese intento toda persona que no acepta el legado vasco, gallego y catalán como propios, lenguas incluidas. Contribuye a ese intento quien no comprende que la uniformidad del país sólo podrá ser posible a partir de la aniquilación de otras culturas que se hablan, eso sí, en la intimidad cuando conviene. Todas esas personas, quiero decir, todos esos millones de personas, contribuyen a falsear la realidad y seguir empeñándose en que España es castellana. Desde esta óptica, lo demás molesta. Hay siempre que acomodar la realidad a lo que uno quiere.

La polémica sobre el Senado y las lenguas españolas vasca, gallega y catalana (¿son españolas, no?) es sencillamente asquerosa a mi modo de ver. ¿Para qué traducir?, se preguntan muchos aparentemente llenos de buena intención. Cuesta un dineral y en castellano nos entendemos todos. Ese es el argumento. Irreprochable. Visto desde fuera dices, claro, vaya tontería. Pero lo que se discute, y muchos no han querido verlo, o sí han querido verlo pero hacen trampa, es el modelo de estado que queremos. ¿Un estado castellano? ¿O un estado diverso, con varias lenguas? Claro, un estado castellano. Eso es lo que se quiere potenciar. Nadie parece discutir que España se gaste millones largos en equipar a todo lujo la vivienda del embajador de un país sudasiático que casi no recibe turistas españoles. Sí discutimos, sin embargo, lo que cuesta un traductor que no significaría ampliar la dotación económica existente para Congreso y Senado. Seguramente si una parte de ese dinero se dedica al traductor, podrán desayunar menos durante sus provechosas comisiones. Porque es eso, no otra cosa.
Más (con acento). Siempre que desde Catalunya se ha pretendido que el catalán sea lengua oficial en el Parlamento de Bruselas (lo cual tampoco significaría un coste adicional sino una redistribución presupuestaria) siempre han contestado lo mismo: No vengan a pedir a Bruselas lo que no les da su propio Estado. Muy natural.

Resultado: si tuviésemos que hacer caso a los del NO sistemático mi idioma hubiera desaparecido ya, o se hubiera acabado reduciendo a un uso folclórico y graciosísimo, lo cual sería la antesala de la desaparición. Quiero decir que no vamos a cejar en nuestro empeño, le moleste a quien le moleste. No, no pido opiniones favorables o desfavorables a este texto. Ya, a estas alturas, no espero ni comprensiones, porque lo de ir de víctima me da mal rollo. Catalunya ha tratado de ser pedagógica sobre los beneficios de un estado federal en muchas ocasiones y no ha servido para nada. Se cargaron un Govern de izquierdas porque era demasiado independentista y han conseguido lo que nunca tuvimos (ni con Pujol, ni con Maragall, mucho menos con Montilla): un President manifiestamente independentista. De derechas, eso sí. Brillantes que son.

Pero no dependemos de cosas tan pasajeras como los presidentes. La voluntad es muy clara. No sé si lo vamos a conseguir. Pero seguiremos dando la lata defendiendo lo nuestro. Conseguiremos una cosa: que al menos mientras se lucha no desaparezca una lengua, aunque a muchos les gustaría. Porque el sueño de construir un estado multicultural e incluso multinacional me parece a mí que se ha perdido por el camino. O mejor, sólo lo creímos cuatro imbéciles.

Algunos me dirán: los catalanes solamente reivindicáis la españolidad cuando os interesa (porque ese es otro argumento típico de quien pretende la castellanización de España). Veamos: los catalanes reivindicamos unos una cosa, y otros otra, que somos muy diversos. Pero sí que hay algo en lo que solemos ponernos afortunadamente bastante de acuerdo: en la defensa de nuestra lengua. Mientras seamos España tenemos derecho. Porque también podríamos decir aquello de que solamente se nos quiere en la medida de que dejemos de ser nosotros mismos.

No. Ya no pido. Exijo. Exigimos. Tenemos derecho. Mentre Catalunya sigui Espanya, en català també.
(Hoy nos hemos madrugado con una bonita portada, la de Público. Zapatero, ese ángel terrible de las antítesis, ese repartidor de arena y de cal a partes desiguales, ayer defendió lo mismo que defiendo yo. ¿Buscará apoyos? No seamos malos. Pues nada... que lleve adelante sus palabras y que comience a enhebrar la aguja del ansiado estado federal. De hecho, no he hablado de otra cosa a lo largo de este texto.)

diumenge, 16 de gener del 2011

MENTIRA UNO: LA MENTIRA DE UN LIBRO

En esta época de desencantos conviene tener presentes las grandes mentiras que nos contaron. No para extasiarnos con ellas y hundirnos aún más. Para lo contrario. Para que las mentiras que fuimos descubriendo (las pequeñas, las grandes, las enormes) nos recuerden, por contraste, que la vida también está compuesta de grandes certezas.

Hoy comienzo con una pequeña mentira, de las que no te llevan a ningún desengaño, sino de las que quedan guardadas en el pequeño rincón de las anécdotas. La actualidad de este enero me la ha recordado. Pretendo que sea la primera mentira de mi vida que recuerde aquí, en el blog.
Hace cinco años y medio que dejé de fumar. Estaba a punto de aprobarse la primera ley antitabaco. Yo dejé de fumar en previsión de malestares futuros. Tan crudo me lo pintaban que pensé que no me quitaría nadie de fumar; que me quitaría yo mismo.

Yo era (soy, supongo que siempre seré) un toxicómano de la nicotina. Había comenzado a fumar cuando tenía quince años. Recuerdo (juro que parece otra mentira, y en cambio es totalmente verdad), recuerdo que fumaba en el instituto, en plena clase. Era un alumno de primero de BUP y mientras me peleaba con las mates o con la literatura encendía mis Fortuna, Ducados, Winston, Marlboro, Camel, Lucky o lo que se terciara (rubio o negro, daba igual). Fumábamos todos en clase, profesores y alumnos. A la salida, más tabaco. Siempre tabaco. Mientras leía, mientras escribía, mientras veía alguna película, cuando tomábamos algo con los amigos, cuando paseábamos. Recuerdo los mareos descomunales con los primeros cigarrillos: al volver a casa, dando tumbos, de un lado para otro de la calle, como si me hubiera bebido un coñac tras otro. Hasta que me acostumbré a la nicotina, lo que ocurrió a las pocas semanas.

Fumé durante años y años de forma compulsiva. Y la ley de Zapatero (la primera) me dio tanto miedo que decidí dejarlo antes de pasarlo mal. Decidí pasarlo mal por propia voluntad. Porque sufrí horrores, lo nunca escrito. El tabaco se había colado en mi vida, en mi ropa, en mi pelo, en mis sueños y en mis pesadillas. Nunca olvidaré el último cigarrillo. Hace casi seis años. Domingo por la noche, antes de acostarme. Quedaban cinco en la cajetilla. Si había decidido que a partir de la mañana siguiente no iba a fumar más debía acabar los cinco que quedaban en una hora y media. Fumé sólo cuatro, porque el quinto ya no me atreví a encenderlo, casi al borde de la intoxicación.

Hice una cosa bien: conocerme un poco. Supe que con el estrés cotidiano del trabajo servidor sería débil y no podría. Así que lo dejé en verano, al inicio de las vacaciones (me daba rabia también, porque pensaba que me las estaba amargando). Y, como ocurre a veces en la vida, me conocí un poco más y supe que era fuerte. Porque a pesar del horrible sufrimiento lo conseguí.
Lo único que utilicé fue chicles de nicotina durante una semana. Cuando vi que me estaba enganchando a los chicles los dejé también, ya al borde del abandono. Hubo otra cosa que pensé que me iba a ser de gran ayuda (y he aquí la mentira del título): leer el libro que por aquel entonces leía todo el mundo: Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo de Allen Carr.

Jamás he odiado tanto un libro. Lo leí antes de ponerme, como si se tratase de una terapia (en el fondo lo era). Me escamaron afirmaciones espantosas: en un momento el autor llegaba a decir que el tabaquismo era peor que las armas atómicas porque había matado a más gente. Solté el libro con rabia. Siempre he pensado que esta afirmación, aunque sea verdad, no es otra cosa que una sandez, ni que sea por el potencial peligro que supone la energía atómica, y más aplicada a la espantosa industria armamentística.

Fue una mala entrada con el libro. Y tuve una peor salida. Porque cuando estaba retorciéndome de sufrimiento, por el mono, me acordaba de él y pensaba que no existe nada peor que la mentira. El autor había mentido bellacamente. Se podían decir mil cosas. Que dejar de fumar es saludable, que conviene hacerlo, que se puede conseguir. Pero decir que es fácil es una soberana tomadura de pelo. Para mí no fue fácil en absoluto. Estoy contento de haberlo dejado, lo recomiendo absolutamente a todo el mundo, pero jamás le mentiría a nadie diciéndole que es fácil. Le diría que no se arrepentirá. Y que el esfuerzo habrá valido la pena. Eso sí.

Supongo que cada persona necesita sus propias estrategias. Para algunos ciertas mentiras acaban siendo una ayuda, porque todos nos acabamos convenciendo a veces de que nuestras mentiras son grandes verdades. Nos agarramos a ellas para seguir caminando. Yo prefiero la versión cruda. Que no me digan que subir la montaña es fácil. Que me digan que es una tortura pero que el espectáculo que se divisa desde lo alto vale la pena por encima de todas las cosas.

dijous, 13 de gener del 2011

BUSCANDO A LA MAGA EN PARÍS

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine...


... al arco...




...que da al Quai de Conti...

...y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua...



...Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente...


...entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas...



"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."

Inicio de la novela Rayuela (1963) de Julio Cortázar

(Como dijo Miguel Ángel, la Maga es París)

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