IMÁGENES DE LA NAVIDAD EN BARCELONA
A mí no me gustaba nada la navidad cuando era adolescente. Representaba entonces lo que sigue representando: el consumismo, la hipocresía y la ñoñez. Pero un año, cuando ya había dejado atrás la adolescencia, cuando ya trabajaba, me encontré un cinco de enero parado por la calle viendo como pasaba la cabalgata de los Reyes Magos. Entonces me acordé de mi mismo sobre los hombros de mi padre, viendo pasar los Reyes. Y recordé esa ilusión infantil. Pensé también en mi familia, en la navidad que acabábamos de pasar. Y supe que al día siguiente por la tarde comenzarían a retirar las luces y todos los escaparates se vestirían de rebajas, y yo tendría que madrugar nuevamente porque el trabajo estaba esperando y la buena vida había acabado ya. Y en esos momentos, cómo no, maldije el tiempo que se iba y maldije no haberlo aprovechado. Porque, lo supe entonces, la navidad representa también la familia, significa los amigos, significa pararse a disfrutar de una tarde viendo una peli. Significa el invierno, que me gusta mucho. Y significa la infancia.

(En la foto de arriba podéis ver los galets gigantes de decoración que han colocado en Rambla de Catalunya. Son los mismos que el ayuntamiento esparció hace unos años por la ciudad. Así de original era el Ayuntamiento socialista de Barcelona, ejem. Los galets es la pasta típica para la sopa del día de Navidad. Como se sabe los catalanes celebramos el día de Navidad y no la Nochebuena, aunque a la hora de la verdad y puestos a celebrar, uno acaba celebrándolo ya todo.)


(Las dos fotografías inmediatamente superiores corresponden a la pista de hielo que han puesto este año en la plaza Catalunya. Sí, la misma plaza que un día se vio invadida por los indignados recoge ahora una atracción con clara finalidad consumista. Sonriamos de todos modos...)
(Una de las citas ineludibles del periodo prenavideño en Barcelona es la Fira de Santa Llúcia, delante de la Catedral, que se celebra desde épocas muy antiguas, dedicada básicamente a la venta de belenes y objetos de decoración navideña. La fotografía de arriba es de la entrada a la fira este año.)
(Y otro emblema es la decoración de El Corte Inglés, claro está. En esta foto se puede ver la gran cantidad de fotógrafos aficionados que plantaron sus trípodes delante de los grandes almacenes para fotografiar la decoración de la plaza. Yo les fotografié a ellos)
Es por eso que ese día, viendo pasar los Reyes supe que aquel a partir de entonces nunca más iba a decir que no me gustaba la navidad, no fuera a arrepentirme más tarde, cuando el tiempo haya hecho más estragos. Al contrario, iba a vivir intensamente las próximas, disfrutando en cada momento de la gente querida.
Desde ese año cuando comienzan a poner las luces en Barcelona espanto los pensamientos inevitables y me quedo con los planes pequeños de lo que voy a hacer con los míos: esa cena entrañable, el brindis, las luces de la decoración, los padres, alguna salida, la gente que quiero... Porque ese año supe que si la navidad es una época en que los sentimientos están más a flor de piel, aunque sean previsibles, vale la pena aprovecharlos para ser un poco más feliz. Y vivirlo intensamente. Porque la vida, al final, son los buenos momentos que hemos pasado y no las cosas que hemos adquirido.
Que tengáis unas felices fiestas y que sepamos verle siempre lo positivo a todo. Para ello os paso este enlace (gracias Mateo Santamarta) en el que se recogen los cinco arrepentimientos más comunes en las personas que están en el tramo final de sus vidas. Para que no lo perdamos de vista. Y para que sepamos aprovechar todos los instantes, incluidos los buenos momentos que nos trae la Navidad.


(Y finalmente mis mejores deseos: Bones Festes)





































