Para todos los amigos que aún no lo sepan he abandonado este blog y he abierto otro. Ahora me encuentro en Accés a Maians, lugar en el cual voy colgando las nuevas entradas y donde me gustaría encontraros a todos.

dijous, 30 de desembre de 2010

NOCHEVIEJA EN PARÍS

Por vez primera he decidido alejarme de las uvas y pasar la nochevieja en otro entorno. París era el lugar adecuado. Porque París es elegante y europeo, pero cuando te cansas de tanta elegancia y europeidad, París es también gamberro, romántico y artístico.

Conocía París de una estancia veraniega. Los meses de frío no dan para tantos paseos, o dan quizá para otro tipo de paseos, más tranquilos, no amenizados ni por el helado ni por el botellín de agua, sino por el café con leche, por el té o por la merienda desde el otro lado de los cristales. También por eso, porque París tiene excelentes "otros lados de los cristales", París era también el lugar adecuado.

Siempre lo es. Así como infinito (obligatorio leer París no se acaba nunca). Desde París os mando un abrazo y os deseo un feliz año.

(Cuando vuelva tendré una gran alegría. Han quitado ese tostón que era CNN+ y en su lugar han puesto el 24 horas de Gran Hermano. He luchado por tener ese canal toda la vida: afortunadamente nos han escuchado. No ha sido fácil: hemos tenido que soportar doce años de escasez informativa sobre ese reality show. Cuando vuelva, España será más justa, más seria, un país mejor informado. Por eso volveré de París. Para poder estar bien informado.


Es lo que le faltaba a un país como el nuestro. Afortunadamente cada vez más centralismo, menos jueces como Garzón, más buenos augurios para el PP, cadenas católicas como la impagable 13 TV, jubilación a los 67, pérdida de derechos, un Tribunal Constitucional que arregla los estropicios de los catalanes, militarización para que nadie mueva un dedo... No entiendo ni cómo me marché, ni que fuera para cinco días. Viva España y que viva el 2011 de la moderación.)

((No, no, ahora en serio, ahora en serio. Que nada sea tan malo como anuncian los augurios y que seamos todos muy felices. Feliç 2011 per a tots!))

diumenge, 26 de desembre de 2010

BARCELÓ Y LA SOLEDAD

Una de las pocas cosas buenas que circula más o menos libremente por las españas es las exposiciones. Y no todas. Ya me gustaría poder disfrutar de muchas que nacen y mueren en la Villa y Corte (también le gustaría poderlas disfrutar a alguien que vive en Sevilla, o en Bilbao, o en A Coruña, pero ya sabemos que el centralismo es un mal que beneficia a pocos y perjudica a muchos, y lo digo desde la crítica propia, pues también es tremendamente centralista esta Barcelona respecto a otros enclaves catalanes, lo constato con pesar).
Hace muy poco estuve visitando en el CaixaForum de mi ciudad la exposición sobre ese mallorquín universal que se llama Miquel Barceló. Una exposición impresionante que llegaba procedente del CaixaForum madrileño.

Recuerdo que mi primera aproximación a la enorme plasticidad de Barceló se produjo hace la friolera de doce años, cuando el MACBA (Museu d'Art Contemporani de Barcelona) organizó una muestra. Me sorprendí con las sopas, ese raro invento que Barceló pintaba tirado por el suelo de su estudio, dándole vueltas al pincel y a las manos, girando como si removiera una sopa de colores y de sensaciones. Plazas de toros, por ejemplo, o plazas urbanas, cualquier elemento circular le era bueno para mezclar y transmitir. Lo que en pequeño hubiera resultado anecdótico en las grandes dimensiones, gigantescas casi, de algunos de sus cuadros, se convertía en verdadero estallido.

En doce años ha mejorado, pienso. Y lo más importante: ha evolucionado enormemente. Acudir a la retrospectiva del CaixaForum sirvió para darme cuenta de que ya no pinta sopas sino texturas, en una pintura que evoluciona y se redescubre casi constantemente (había cosas muy recientes, que ya anuncian otro camino). Si la primera vez, hace doce años, Barceló llamó poderosamente mi atención, ahora se ha convertido en un verdadero referente, en un pintor excelso. Su cuadros trascienden las dos dimensiones y salen literamente del marco, creando ondulaciones que sustituyen las mezclas de antes. Decía la comisaria que su gran problema es que pinta mucho: claro, las obras pierden valor ante una obra abudante. Pero yo lo celebro. Jamás podré comprarme un cuadro de Barceló, así que cuanto más pinte más posibilidades tendré de poderlo disfrutar, y más caminos habrá él ensayado.

Las fotos pertenecen a cuadros recogidos en la exposición que comento, "La solitude organisative, 1983-2009" y están tomadas de internet.

divendres, 24 de desembre de 2010

NADAL

(Y Susana, en nombre de todos quienes somos o hemos sido lobos, nos desea también unas felices fiestas desde Grito)

dimecres, 22 de desembre de 2010

¿DÓNDE?

He hablado recientemente de democracia en Grito de Lobos mientras parafraseaba (en el título) el verso de Gil de Biedma "De la vida me acuerdo, pero ¿dónde está?" . Os remito a mi entrada en ese blog colectivo, y os remito también a Gabilondo, y al Dúo Dinámico, y sobre todo a los comentarios de los compañeros, que siempre iluminan. Pasad y veremos si estáis o no de acuerdo conmigo.

Esta es la entrada original:

Una buena manera de mirar el mundo ahora que el año acaba (o de mirar el año ahora que el mundo acaba, que uno ya no sabe) es ver el siguiente vídeo de Iñaki Gabilondo. Lo vi por primera vez, hace ya unos meses, en el blog del amigo progresista de Madrid (el Diario) y pensé entonces que resumía perfectamente lo que llevábamos de año. La crisis, los mercados, todo eso. Pero desde entonces hasta ahora ha seguido lloviendo. Y asistimos a la concreción de nuevas medidas deliciosas. Los sesenta y siete. La ley Sinde. La pérdida de derechos. Que, aunque cueste de tragar, seguimos militarizados. Que cada día más los mercados continúan gobernándolo todo. Que continuamos avanzando por el camino del pensamiento único. Que el neoliberalismo está de moda. Que algunas izquierdas lo hicieron muy mal. Que está en peligro la libertad de expresión. Que Assange tiene un pie en Guantánamo, digo en USA. Que la misma cadena que recogió el vídeo que hoy os traigo va a desaparecer en menos de diez días para acoger algo tan delicioso como los mejores momentos de Telecinco o algo peor. Vean el vídeo pero que nadie se hunda luego.


Pero uno es optimista. A pesar de los pesares es optimista. A pesar del pesimismo terrible, uno es optimista. Convenzámonos de ello, aunque nos cueste. Porque nos engañaron. No sé en qué momento del camino, pero nos engañaron.

Queda solamente la rabia que nos hace mantener en pie: sigue habiendo gente que no se vende y juro que les admiro locamente, como la cosa rara que son. Ellos son mis líderes. Lo proclamo.

Y espero que para terminar se me permita ponerme almodovariano, que a veces sienta bien. Ya sé que poca gente traga al Dúo Dinámico, pero Pedrooooo es otra cosa. Además los himnos son necesarios porque nos dan fuerza. Aquí está. Porque vamos a resistir a pesar de todo, ¿verdad?

dissabte, 18 de desembre de 2010

DISCOGRAFÍA INICIAL

Todos tenemos una banda sonora. La mía comienza con las canciones de los payasos de la tele, que un día sin duda me gustará recordar, y las sintonías de algunas series míticas de mi infancia, en aquellos tiempos en que sólo existían dos canales, la primera (lo de La1 vino después) y la UHF (lo de La2 perteneces a esta época contemporánea y yo estoy hablando de la edad antigua). Series que yo me bebía con verdadera fascinación, como Los ángeles de Charlie o Con ocho basta. (De Starsky y Hutch, otra de mis preferidas, curiosamente no me quedó grabada su música).


Y series que, no sé si por horario, no sé si por violentas (me río ahora de la violencia de aquellos años) quedaban restringidas por culpa de los rombos: sobre todo la mítica Los hombres de Harrelson.

Pero todas estas músicas quedan cercanas a mi presente si las comparamos con algunas otras, las de aquellas sobremesas de los sábados en que descubríamos una ficción que era capaz de aglutinar a toda la familia alrededor de la mesa. La primera serie que recuerdo de aquellos sábados es una que yo supongo antiquísima, puesto que mi recuerdo no es nada nítido: Pinocho. De esa serie recuerdo básicamente tres cosas: la belleza sorprendente de una mujer, Gina Lollobrigida (la Lollo, la llamaban algunos), una música que se me antojaba tristísima, y la panza gigantesca de un ballena. Escuchar la canción de Pinocho consigue todavía ponerme triste. No es para menos...


Una de las consecuencias de la vida es desdibujar los límites.

Así, ahora, no consigo descubrir qué fue primero, si el huevo (Pippi) o la gallina (Heidi). Creo que primero fue el huevo, la historia de un niña excéntrica y peligrosa, la niña de las coletas, que vivía sola en una casa con un mono, un caballo y su magia. Todos atendíamos a Pippi Calzaslargas, cuyas salidas de tono nos parecían muy divertidas.

Heidi era otra cosa. Los dibujos animados nunca me han gustado demasiado, ni siquiera en mis años infantiles, pero Heidi era un culebrón. ¿Cómo no sorprendernos con una música tipo tirolesa, con sus gorgoritos, y con un mensaje tan optimista, de esos que te reconcilian con la vida? ¿Cómo no aprender a amar las montañas y la naturaleza tras ver esas postales? ¿Cómo no comprender el valor de la antítesis narrativa, de la semiótica estructuralista incluso, viendo el devenir de esas parejas Clara/Heidi, abuelito/señorita Rottenmayer, campo/ciudad, etc?

Marco no nos llegó tanto. Demasiado lacrimógena (y mira que Heidi no se quedaba atrás). Demasiado lenta, también, porque Marco deseaba ir en busca de su amada mamá pero nunca se ponía en marcha, y cuando lo conseguía era desesperante observar cómo cruzaba Argentina y ciudad a la que llegaba, ciudad de la que su madre hacía un mes escaso que había partido. De todas formas, aunque sabías que al final acabaría bien, ¿cómo no querer asistir a tan aplazado encuentro?

Más tarde llegó Orzowei. De esta serie recuerdo poco. Era una especie de tarzán juvenil. Lo que sí puedo recordar todavía, con verdadero horror, es el programa de economía doméstica que la tele nos proponía antes: El canto de un duro, que yo hubiese jurado que presentaba la inefable Adela Cantalapiedra (¿alguien la recuerda?) pero que resulta que no, que la presentadora era Mari Carmen García Vela. Jamás he odiado tanto un programa: era larguísimo, lo cual implicaba que nunca llegase la serie esperada.

Por aquellos años también llegó Mazinger Z, serie que inauguraba el gusto por los robots y por una estética decididamente más gamberra que la de Heidi o Marco. Con Mazinger Z se rompía de golpe la unión familiar entorno a una serie de televisión. Era, por tanto, una serie más adolescente, o preadolescente, que infantil. Por tanto quizá Mazinger inaugure, en cierta medida, una nueva etapa de mi vida.

Finalmente, de esos primeros años, recuerdo la sintonía que iniciaba una serie mítica española, Curro Jiménez, y la de otro programa de Televisión Española no menos mítico: El hombre y la tierra. Ambas merecen su lugar en este espacio dedicado a mi Discografía inicial.


Y a esas series, a muchas de ellas, van unidos dos recuerdos adyacentes. El de los cromos que compartíamos en el patio del colegio (tengui, falti) y que comprábamos, junto con el álbum, en los quioscos. De ellos permanece un olor, el del pegamento fresco con que pegábamos los cromos, que ahora sería un olor sospechoso de drogadicción. En aquellos lejanos tiempos a nadie se le podía ocurrir que los niños nos colocáramos con tanto pegamento. Y también otro recuerdo, el de los discos pequeños, de 45 revoluciones (llamados singles) con las sintonías de algunas de estas series. Recuerdo que en mi discografía ocupaban un lugar de honor las canciones originales de Orzowei (¿lo cantaba Enrique, de Enrique y Ana?) y la versión, que ahora me parece espantosa, de Mazinger Z.

dimarts, 14 de desembre de 2010

CUANDO FUI ENCUESTADOR

De todos mis trabajos eventuales me quedo con el de encuestador. No porque me gustase, que era horrible, sino porque simboliza mi juventud.

Cuando era estudiante, puesto que en casa me podían pasar poco dinero, traté de buscarme la vida con las encuestas. Una amiga argentina (ilegal, naturalmente) me habló de las encuestas de Cloti, cierta muchacha que daba trabajo a ilegales pagando verdaderas miserias (una parte, supongo, de lo que le pagaban a ella). Como no tenía nada mejor me presenté en la casa de Cloti, en el centro de Barcelona y salí de allí tras un curso de formación de veinte minutos que la propia Cloti impartía en el comedor de su casa y con la primera encuesta bajo el brazo. Yo era el único trabajador catalán de la empresa. El resto, negros, árabes y sudamericanos. Listos, formados, pero fatalmente ilegales.

De aquella época han pervivido varias cosas. La primera, el axioma terrible: "Jamás te creas (del todo) una encuesta". Es cierto. Si la encuesta oficial consistía en quince páginas de preguntas pesadas y reiterativas lo que hacíamos todos era resumirla y preguntar cuatro cosas. Nos inventábamos el resto. Por ejemplo, preguntábamos: "¿Está mucho, poco o nada satisfecha (en femenino, que el mercado es muy sexista) con su detergente Ariel?" y a partir de la respuesta (y de la efusión en la respuesta) llenábamos todas las páginas con ochos, con cincos o con doses. Por tanto, de las encuestas es mejor creerse solamente el sentido general: los detalles son pura invención.

Las mejores eran las de bancos, que se pagaban bien. Pero también aprendí ahí lo mentirosos que pueden llegar a ser. Nos daban unas hojas en que constaban sus clientes de una zona determinada y las cuentas que tenía cada cliente, así como su grado de solvencia. Nuestra obligación era ir a sus domicilios como por casualidad y preguntarles: "¿Tiene usted alguna cuenta en el Banco X?". Naturalmente nos decían que sí, y entonces nosotros, gratamente sorprendidos, aprovechábamos para preguntar. En cierta ocasión llevaba pocas, unas diez, cuando me encontré por la calle con un moro de la empresa, que era listo como el hambre. Y me quejé de mi falta de eficacia. Me dio el truco. Nada de fingir la casualidad. El truco estaba en llegar, llamar por el interfono y anunciar solemnemente: "Buenas tardes. Soy un interventor del Bilbao Vizcaya. Sabemos que tiene usted una cuenta (o dos, o tres) con nosotros y nos gustaría poder hacerle unas preguntas para mejorar nuestra atención y recoger posibles quejas". Te abrían todos y te hartabas de rellenar y cobrar. Siempre he pensado en la sorpresa de la gente que, tras abrir la puerta, se encontraba con que el interventor del banco que le visitaba en su casa se llamaba Ahmed y llevaba unas zapatillas medio destrozadas.
Otras encuestas agradables eran las de leche fresca (regalábamos una bolsa de plástico con leche, de las de antes). Las peores, las de aseguradoras (la gente huye con esa palabra). También recuerdo las de la Administración, las de coches, las de cerveza, las de detergentes... En una ocasión me mandaron a encuestar sobre Sanidad Privada a la calle Robadors, que para quien no conozca Barcelona diré que, de antiguo, ostentaba el sobrenombre de carrer de les putes. Todos los pisos estaban realquilados y era habitual encontrarse en las estrechas escaleras montones de parejas que subían y bajaban, o que se parapetaban en un rincón sin tiempo a llegar arriba.

Lo peor de las encuestas era que luego llamaban para asegurarse de que era real, de que nadie se la había inventado. Solían llamar a un diez o quince por ciento. Lo único bueno es que llamaban al cabo de un mes y medio, o a veces dos, y la gente ya no recordaba con precisión lo que había contestado. Lo malo era mucho más. Sobre todo darse cuenta de que la ley de Murphy existe y que, si te habías inventado una, seguro que llamaban. Naturalmente, de cada nueva remesa, yo me hacía una a mí mismo. Tenía un papel al lado del teléfono en que había escrito los personajes que debía representar dependiendo de donde llamaran. Si llamaban por la encuesta del Banco Urquijo, yo tenía cuarenta años y era asesor literario. Si llamaban por la de Leche Pascual, le había hecho la falsa encuesta a mi madre que, naturalmente no estaba en casa. Si llamaban por la de Catalana Occidente, yo tenía entonces cincuenta y cinco y era un prejubilado de telefónica. Y además, en cada nueva remesa, encuestaba siempre a mis amigos y a mis familiares. Falsas encuestas, por supuesto. Llamaba a mi tía y le advertía: "Si te llaman de Colgate, que lo usas y te gusta mucho". "Si te llaman de La Caixa, que consideras que podrían limpiar más a menudo los ceniceros". En una ocasión compaginé dos encuestas. Una para viejos y otra para adolescentes. Las de ancianos eran muchísimo más fáciles, porque te invitaban a entrar en su casa y te invitaban a café con leche con galletas. El problema de compaginar fue que, en una ocasión, le hice la encuesta para adolescentes a un anciano de noventa años, con dificultades para expresarse. Juro que no me di cuenta hasta llegar a los datos personales, cuando leí: "¿Estudias o trabajas?". Sentí que el mundo se me venía encima. Pero pensé, "bah, sería mucha casualidad que la revisaran.". La revisaron, y me llevé el broncazo del siglo. Cloti me dijo que jamás había pasado tanta vergüenza.

Permanece mi simpatía por estos esforzados trabajadores. Si me pillan, nunca tengo un no, porque sé lo que revientan los nos. Les contesto varias, en nombre mío, de mis padres, de mis amigos inventados, y a todas les enchufo mi teléfono. El otro día una chica, tras tenerme veinte minutos contestando sobre cierto Peugeot que yo quería comprar por indicación suya, me miró con cara triste y me dijo: "Ahora, lo que me vendría que ni te figuras es que tu mujer me contestara una sobre Don Limpio". "¿No puedo ser yo?", le pregunté. "No, ha de ser una mujer". (Así de machistas siguen siendo los mercados). Lo tuve claro: "Venga, dispara. Me llamo Margarita y uso Don Limpio de toda la vida". Ella se asustó: "No, no... necesito una Margarita que no use Don Limpio". Como puede verse, contribuyo, sin mala conciencia, a la gran mentira comercial.

dissabte, 11 de desembre de 2010

VERDI, SHAKESPEARE, HUGO, LE ROI Y RIGOLETTO

Se ha convertido en lugar común señalar que entre Verdi y Shakespeare es el segundo quien expresa con mayor intensidad y profundidad el sentir del alma humana. Pero es que Shakespeare es Shakespeare, lo mismo que Cervantes es Cervantes. Luego, música y literatura son caminos diferentes para llegar a la emoción y al cuestionamiento. A la inquietud. A la exaltación. Y probablemente a la sabiduría.

De todas formas me gustaría recordar una anécdota que habla de la ópera como de forma privilegiada para expresar la complejidad afectiva, uniéndola y creando belleza. Se trata del famoso cuarteto Bella figlia dell'amor del Rigoletto de Verdi. La obra está inspirada en el drama Le roi s'amusse de Victor Hugo. El novelista y dramaturgo asistió a una representación de la ópera de Verdi para ver qué había hecho el músico con sus personajes. Le gustó mucho. Y una cosa tuvo que reconocerle.

El momento del Bella figlia ocurre en dos escenarios contiguos. Por un lado, el interior de una posada, donde el duque de Mantua, libertino y burlador, le canta a la prostituta Maddalena, que coquetea con él. En la calle, Rigoletto, furioso, ha llevado a su hija Gilda para que vea que efectivamente el duque la engaña. Asistimos a la unión de las cuatro voces típicas (tenor, soprano, barítono y mezzo) conformando, desde expresiones emocionales totalmente diferentes, el más famoso cuarteto de la historia de la ópera. El duque se muestra chulesco y libertino. Maddalena juega con él y coquetea burlona. Rigoletto, sosteniendo a su hija, clama venganza entre dientes. Y Gilda ofrece un lamento lleno de desengaño y rabia.

Cuando Victor Hugo vio lo que había hecho Verdi no pudo menos que quitarse el sombrero y reconocer que él, en el teatro, en la literatura, nunca podría conjugar cuatro voces tan distintas en una misma melodía, y unificar, de esta forma, tan dispares sentimientos. Yo también me quito el sombrero, como Victor Hugo. Ahí, en esas mezclas, la música puede unos extremos donde la literatura no llega.

(Versión en concierto, con las voces destacadas de la Netrebko y la Garanca en los papeles femeninos, el espléndido tenor Ramón Vargas y el barítono Ludovic Tézier)

dimarts, 7 de desembre de 2010

DIÁLOGO DE POETAS

El diálogo con los poetas siempre es fructífero. Me gusta leerlos al caer la tarde o antes de acostarme. No hace falta mucho. Coger un libro y abrir una página al azar, y extasiarse durante unos minutos, los que dura la lectura y el posterior análisis rápido, si es que lo hay.

De esta forma, casi un juego, uno descubre poemas que son como centellas, como estrellas que pasan. Se me dirá que de esta forma caprichosa se conoce mal a un poeta, de forma desordenada, y nunca su obra completa. Seguramente es cierto. Pero uno ha descubierto que es imposible llegar a saberlo todo. Por eso celebro tanto lo que sé como lo que ignoro. Porque todo lo que ignoramos nos está esperando para ser descubierto en cualquier momento.
Otras veces observamos que habíamos aprendido mal, o de forma incompleta. Y cuando llega ese descubrimiento, el poema que antes no habíamos comprendido del todo adquiere su verdadero significado y uno se siente un poco menos tonto. Y un poco más afortunado. Un ejemplo. Había leído, emocionado, un poema de Martí i Pol hace muchos años. Iba dirigido a un tal Antonio. En la edición (barata) de estudiante que me acompañó unos años no me daban más datos. Pensé que era alguien de la fábrica, o de su pueblo (la poesía de Martí i Pol siempre es muy biográfica). Y ahora acabo de descubrir, en otra edición que hace años que corría por casa, ese mismo poema ya completo. Ese Antonio a quien le escribía el catalán no era otro que Antonio Machado. Qué sorpresa y qué riqueza.

Decía al principio de esta entrada que el diálogo con los poetas es siempre fructífero. También lo es, de forma especial, el diálogo entre poetas, que es de lo que se trata aquí. Yo he hablado en otras ocasiones, bastantes, de don Antonio, y no quería glosarle hoy porque quedan muchos poetas extraordinarios que compartir. Pero la sorpresa hace que me recuerde a mí mismo ante la tumba de Antonio Machado y comprenda más y mejor a Miquel Martí i Pol. Por eso os hablo hoy, con la sola voluntad de compartir un poema que por fin ha encontrado su verdadero sentido y que ha conseguido emocionarme más si cabe.

No t'he dut flors, Antonio, t'he portat
un silenci amorós, per no interrompre
el teu íntim diàleg amb la mort
que fa tants anys que dura. Compartir-te
ha estat deturar el temps, per retrobar-me
més ingenu que mai i amb un sanglot
a flor de pell, com una criatura.
No t'he dut res, Antonio, però estimo
més que abans aquest mar que m'ha vist créixer
i prop del qual confio de morir
d'ençà que he vist que tu m'hi acompanyaves.


(Traducción bienintencionada mía)

No te traje flores, Antonio, te he traído
un afectuoso silencio, para no interrumpir
tu diálogo íntimo con la muerte
que dura desde hace tanto. Compartirte
ha significado detener el tiempo, para reencontrarme
más ingenuo que nunca y con un sollozo
a flor de piel, igual que un niño.
No te traje nada, Antonio, pero amo
más que antes este mar que me vio crecer
cerca del cual confío en morir
desde que vi que tú me acompañabas.

divendres, 3 de desembre de 2010

DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE

La necesidad interior nace de tres causas místicas y está constituído por tres necesidades místicas:

1. Todo artista, como creador, ha de expresar lo que le es propio (elemento de la personalidad).

2. Todo artista, como hijo de su época, ha de expresar lo que le es propio a esa época (elemento del estilo, como valor interno, constituido por el lenguaje de la época más el lenguaje de la nación, mientras ésta exista como tal).

3. Todo artista, como servidor del arte, ha de expresar lo que le es propio al arte en general (elemento de lo pura y eternamente artístico que pervive en todos los hombres, pueblos y épocas, se manifiesta en las obras de arte de cada artista, de cada nación y de cada época y que, como elemento principal del arte, no conoce ni el espacio ni el tiempo).

Basta con penetrar en los dos primeros elementos con los ojos espirituales, para que se nos haga patente el tercer elemento. Entonces comprendemos que una columna “toscamente” labrada de un templo indio está animada por el mismo espíritu que cualquier obra viva “moderna”.

Se ha hablado, y se sigue hablando mucho, del factor personalidad en el arte, y de vez en cuando y con mayor frecuencia cada día se habla del estilo futuro. Aunque estas cuestiones son muy importantes, vistas desde la perspectiva de los siglos y de los milenios pierden urgencia e importancia.

Sólo el tercer elemento de lo pura y eternamente artístico tiene vida eterna. No pierde sino gana fuerza con el tiempo. Hoy, una escultura egipcia seguramente nos conmueve más a nosotros que a sus contemporáneos: las características vivas de la época y de la personalidad, al mismo tiempo que mitigaban su fuerza, la unían con lazos muy estrechos a los espectadores de su tiempo. Por otro lado, cuanto más fuerte sea la participación de los dos primeros elementos de una obra de arte “actual”, tanto más fácil será el acceso al alma de sus coetáneos, y cuanto mayor sea la participación del tercer elemento en la obra “actual”, tanto más se debilitarán los otros dos y será difícil su acceso al alma de los coetáneos. Por eso a veces tienen que pasar siglos hasta que el sonido del tercer elemento llegue al alma de los hombres.

El predominio del tercer elemento en una obra de arte es, pues, un signo de su grandeza y de la grandeza del artista.

Las tres necesidades místicas enumeradas son los tres elementos necesarios de la obra de arte, y están fuertemente trabados (...)


Kadinsky; De lo espiritual en el arte (1911), Barcelona, Labor, 1991, págs.72-73

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